Sizigias y cuadraturas lunares

  • El encuentro | Tom Lee

    Traducción de Víctor Roberto Carrancá

     

    La última vez que vi a mi hijo fue en la Estación de Waterloo. Había pasado como un año desde nuestro encuentro anterior, una situación que, ordinariamente, no terminaba bien. En aquella ocasión me envió una postal, una fotografía arrugada de un vulgar resort de playa español, timbrada en Bath, con un breve mensaje en el que anunciaba que pasaría por Londres y me preguntaba si podíamos vernos ahí. Esto era algo común para él –ni una llamada, correo electrónico o dirección para responder–. Su presunción me irritaba. Reconocí todo aquello que solía molestarme sobre su persona: esa mezcla de mansedumbre y arrogancia, la perversidad y la probable petición de dinero prestado que vendría después. Consideré llamar a su madre para obtener más información al respecto; pero estas situaciones no solían ameritar tal agravio y decidí acudir al encuentro. read more

  • Tratado de las espirales, de Víctor Roberto Carrancá | Judith Castañeda Suarí

    La arquitectura de lo onírico

     

    Víctor Roberto Carrancá, Tratado de las espirales, Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla/Ediciones Atrasalante, 2015, 105 p.

     

    Los sueños. De ellos se ha dicho que escapan a la voluntad y a la responsabilidad de quien los genera, que son las almas, libres de la prisión de la materia, o procesos inútiles para quien los tiene, sin más. En los sueños también se ha tratado de encontrar un segundo rostro desde hace siglos, algo que puede ir de la predicción de nuestro destino a la consecuencia de un trauma olvidado, dándoles así una razón de ser.

    No sólo desde las artes adivinatorias o el psicoanálisis se intenta la exploración de este sitio y su libertad. En la literatura, un ejemplo se encuentra en Tratado de las espirales, libro de cuentos de Víctor Roberto Carrancá. Aquí, como en El espejo del solitario, su obra anterior, Carrancá se adentra en la narrativa fantástica, dándole a los sueños una forma distinta. Pueden ser una especie de tumor, la razón de los celos de una anciana o la vívida y larga visión de un asesinato, pero todos, al final, forman parte de la misma estructura, aglutinándose alrededor de un solo personaje, el Dr. Gabriel Sarcise, quien en este volumen ocupa el lugar que en El espejo del solitario perteneciera a José el Solitario. read more

  • Lorenzo García Vega. Apuntes para la construcción de una no-poética, de Carlos A. Aguilera | Víctor Roberto Carrancá

    (WEB)

    Carlos A. Aguilera, en esta laberíntica obra que explora textos, cartas, ensayos, en torno al personaje-autor de Lorenzo García Vega, nos habla, entre numerosos tópicos, acerca del gran descubrimiento cubano: ¿qué es la literatura, sino descubrir y redescubrir?, ¿explorar pantanos, océanos y ciénagas? Este autor, de pluma y voz propias (a pesar de que estas se enfocan en ese otro, mucho más inasible, que es García Vega) nos dice que quien se va de Cuba deja de pertenecer a la “literatura cubana”. Aun así, es difícil imaginar unas letras cubanas que prescindan del exilio. Las suyas, son las grafías del ostracismo. Desde José Martí hasta contemporáneos como Zoé Valdés y Eliseo Alberto, quien, por cierto, vivió sus últimos años en México.

    A pesar de su título (Lorenzo García Vega. Apuntes para la construcción de una no-poética), debe saberse que el recorrido ensayístico de Carlos A. Aguilera, breve aunque no exento de minucia cultural, no solo versa sobre Lorenzo García Vega. El autor hace buen recuento de la Cuba literaria, a través de diversos textos, con conformación tan variada como ese manojo de cartas que se exhiben al final de la obra, que discurren, con humorismo, en opiniones sin censura. Aguilera se adentra en esa locura inherente al escritor, materia de estudio, así como de aquellos otros que conforman eso que el autor describe como “una poética de lo alucinado”. De ese modo, los ensayos y cartas que conforman esta obra, se desmigajan en disquisiciones sociales, políticas y hasta psicológicas[1] (por esa latencia de conceptos freudianos en la propia literatura y vida de García Vega). read more

  • Profesores, Gabriel Wolfson | Víctor Roberto Carrancá

    Extraños placeres: la obsesión lingüística de Wolfson

     

    Gabriel Wolfson, Profesores, conaculta, México, 2015, 94 p.

     

    La línea entre la prosa y la poesía: frontera inevitable (sea solamente ficción de críticos, sirena cantada por marinos igual de esquivos que sus musas), es desvelo de muchos escritores que, como Gabriel Wolfson, se obsesionan con desmenuzar el lenguaje, hacerlo propio, transformar la narrativa en cavilación sintáctica, batalla entre el significado y el significante. read more

  • Oficio de estar solo, de Daniel Fragoso | Víctor Roberto Carrancá

    Entre el polvo y el tedio

     

    Daniel Fragoso, Oficio de estar solo, Tierra Adentro, México, 2014, 72 p.

    ¿Es la soledad lo que muchas veces determina nuestro oficio? ¿O es el oficio lo que nos hace sentir solos? La fórmula, colóquense las premisas como gusten, no importa. La búsqueda de la respuesta es el verdadero sentido de la pregunta. Búsqueda inagotable, reiterada, circular, determina a su vez que la poesía siempre se pierda al interpretarse (más todavía, cuando alguien intenta reseñarla). read more

  • El espejo del solitario de Víctor Roberto Carrancá | Por Alejandro Badillo

    Un mundo con sus propias reglas

    Víctor Roberto Carrancá, El espejo del solitario, Ficticia/ Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla, 2014, 142 p.

    Luciano de Samosata, escritor sirio nacido en el año 125 de nuestra era, refiere en la introducción de su extraordinaria Historia verdadera que las páginas que ofrece al lector están llenas de mentiras. Al contrario de otros autores que basan sus libros en ambigüedades y verdades a medias, Luciano acepta desde el principio que no tiene ningún respaldo verídico y que todo es fruto de su imaginación. read more

  • Jupiter y la placidez escatológica | Por Víctor Roberto Carrancá

    En este caso, abandonaremos el planeta. Dejaremos por un momento el territorio joviano y nos trasladaremos a Ganémides, el tercer satélite de Júpiter y la luna más grande de nuestro sistema.
    Ahí, en esta superficie gélida, encontramos el hogar de Lord Running Clam, un hongo ganimediano filatélico, importador de gemas sin tallar, comerciante de oro y, como descubrimos, de ciertas sustancias prohibidas.
    Este es el personaje que describe Phlip K. Dick en su desestimada novela Los clanes de la Luna Alfana. En ella, encontramos una civilización que nace en el Sistema Alfano cuando convirtien a una de sus lunas en un hospital psiquiátrico para los inmigrantes provenientes de la Tierra.
    Algunos años después, el asentamiento, abandonado a su suerte, crea una sociedad conformada por enfermos mentales, cuyas profesiones y clases sociales son definidas según la psicopatología que padecen.
    La demencia se convierte en un factor sociológico determinante.
    Mientras tanto, en la superficie terrestre, el hongo ganimediano se encarga de manipular a los personajes con sus poderes telepáticos. Ofrece estimulantes talámicos de tipo hexoanfetamínico mismos que, aunque ilegales en la Tierra, el hongo puede obtener a través de sus contactos extraterretres.
    Aunque la trama se intrinca hasta el límite de lo risible, leer a K. Dick siempre implica, de alguna manera, conciliar la visión escatológica de un soñador (quizás un demente) que sabe romper cualquier prejuicio sobre la ciencia ficción.
    Aun así, la presencia de este hongo, narcotráficante a niveles interplanetarios, nos lega este mensaje: K. Dick es religión. Su obra conforma un tratado sobre las verdades últimas, las Postrimetrías, el dogma y el cosmos, a través de una ligera (e innegable) dosis de psicodelia. Leer a este autor es, por tanto, ingerir una sustancia más extraña que cualquiera que pueda proveernos un hongo ganimediano.
    Si trasladamos esta facultad de extrañamiento (en donde la droga sirve de vehículo de conocimiento) al terreno de la escatología, encontramos que Philip K. Dick es una especie de Dante que crea un universo durante su ascenso/descenso por la (ir)realidad humana.
    En este sentido, donde la extrañeza y cognición se suman en el tema de la ciencia ficción, es imposible no transponer otra imbricación religiosa, relacionada con Júpiter.
    En la visión de Arthur C. Clarke (superada, creo yo, por la genialidad cinematográfica de Kubrick), aparece una estructura negra de dimensiones matemáticamente perfectas, que apela, por completo, a la inconmesurabilidad divina.
    El insólito “monolito” de 2001, Odisea en el espacio, que aparece en cuatro momentos cruciales de la película (uno de ellos, en la cercanía de Júpiter, cuando la nave Discovery, en compañía del célebre HAL, se dirige hacia allá), se nos muestra como una presencia sublime que supera, incluso, cualquier ámbito de religiosidad humana.
    En el monolito está la evolución, el desarrollo, el temor, la eternidad.
    Esta figura enigmática termina, de hecho, por suplir el mismo concepto de Dios, puesto que lo sujeta a las posibilidades paradimensionales que existen en un Universo, tan infinito como desconocido.
    Aunque es difícil pensar que Arthur C. Clark tenía “visiones” similares a las de K. Dick, lo cierto es que ambos encuentran un sentido teológico en lo que algunos calificarían como simple Space Opera.
    El mensaje, empero, es mucho más grande.
    La psicodelia se une al horror sobrenatural y dan muestra de que el sentido de la existencia (se encuentre en Júpiter, Ganimedes o en cualquier otro sitio del Universo), supera, por completo, la racionalidad humana.

    Júpiter 1 copy


    Escrito por Víc­tor Roberto Carrancá

    (Ciu­dad de Méx­ico, 1984).  Egre­sado de la Escuela de Escritores de la SOGEM, tiene estu­dios de Maestría en Letras Iberoamer­i­canas y diver­sos cur­sos y diplo­ma­dos en cien­cia fic­ción, ter­ror, así como en crim­i­nología apli­cada al cine y la literatura.

    Ha obtenido diver­sos pre­mios lit­er­ar­ios, como el Primer Lugar en el Cuarto Con­curso de Cuen­tos sobre Ale­bri­jes (INBA y MAP), Men­ción de Honor en el Primer Cer­ta­men Pan­his­pánico de Relato Breve Letra Tur­bia (España), entre otros.

    Ha pub­li­cado en diver­sas revis­tas y antologías de cuento e impar­tido talleres de creación lit­er­aria, cien­cia fic­ción y ter­ror. El espejo del Soli­tario (Fic­ti­cia, 2014), es su primer libro de cuento

    Fotografía de Mónica Resa

  • La tinta, el papel y la navaja de afeitar

    La literatura es el espejo de la soledad.

    El suicidio, un tópico demasiado recurrente, encuentra fascinante la intimidad que ahonda entre las hojas de los libros. read more

  • Ucronía mexicana

    El día que los nazis conquistaron la tierra (Reboot)

    La historia no existe.

    Relatar, compilar e interpretar hechos históricos es, simplemente, un proceso de ficcionalización  similar al que se emplea cuando tejemos un cuento.

    La llamada “crisis de la historia” lo demuestra: el sinfín de posibilidades que pudieron ocurrir en un distinto plano de existencia, ha generado igual número de dimensiones alternas.

    El universo es al final, un multi-verso cuyas estrofas conforman una infinita y muy sublime, poética contrafractual.

    En incontables ocasiones, la literatura ha imaginado la hipótesis de la multidimensionalidad como la yuxtaposición de realidades especulares.  Un encuentro de existencias opuestas. Lo que aquí es, allá, en algún otro sitio, sucede de modo distinto.

    Para entender esto último no es necesario acudir a filósofos petulantes o teorías enmarañadas. Basta, solamente, visitar el mundo de los comics y entender que “crisis del tiempo”, “infinitas tierras” y “universos paralelos”, son temas cotidianos para Linterna Verde o Superman.

    Por su parte, la literatura ha abordado el tópico desde una perspectiva distinta: alterar un hecho histórico del pasado para conjeturar sobre las posibilidades del presente.

    Aparece así, la llamada ucronía.

    Quizás la más popular corresponde al autor norteamericano Philip K. Dick, quien en su novela, El hombre en el castillo,  imagina un mundo donde las Potencias del Eje ganaron la Segunda Guerra Mundial.

    Quizás la más popular.

    Sin duda no la primera.

    Veinte años antes de la publicación de El hombre en el castillo, Diego Cañedo, en El réferi cuenta nueve, construye un México invadido por el Nacional Socialismo Alemán.

    Su visión futurista, como el resto de las visiones que emergen en los géneros literarios menos convencionales, se hundió, inmediatamente, en las aguas del intelectualismo revolucionario.

    O tal vez navegó hasta llegar al océano de una dimensión alterna.

    Probablemente, en algún otro sitio, El réferi cuenta nueve es considerada una obra invaluable, modelo de literatura nacional.

    Se trata de otro México; uno en donde imaginarse sometidos a la voluntad de una potencia foránea resulta impensable e inclusive, algo cómico. Un lugar donde las ucronías escritas por mexicanos, adornan las estanterías de las bibliotecas más mediocres.

    Y en donde un columnista (quizás, en este caso, uno exitoso) escribe sobre la posibilidad de que hay un mundo paralelo en el que nadie ha leído la obra de Diego Cañedo.

    Fotografía: Adrián Duchateau


    Adrián Duchateau (Fotógrafo)

    Adrián Duchateau

    Ha tenido colaboración con revistas como Elle, Gatopardo, Travesías, 192, Periódico FRENTE, Escala, Quien, Ok; Participación en el libro Sonidos Urbanos, Exposición septiembre 2010 Ya-ax condesa, proyecto Recolecciones, Exposición Mayo 2011, Rompope Gallery. Postproducción de fotografía en proyectos de publicidad para Axe, Movistar, Harpic, Superama, Oreo, Ritz, Bimbo, Flanax, Pirwi, Copertone, Nes-Quick entre otros.