Verónica Gerber

  • Conjunto vacío, de Verónica Gerber | Eduardo Sabugal

    El trazado de un conjunto vacío

     

    Verónica Gerber, Conjunto vacío, Almadía, México, 2015, 215 p.

     

    La soledad es invisible, se atraviesa sin saberlo, sin darnos cuenta. Al menos esta de la que hablo. Es una especie de conjunto vacío que se instala en el cuerpo, en el habla, y nos vuelve ininteligibles.

    Verónica Gerber

     

    Pienso el libro de Verónica Gerber como algo silenciado que intenta hablar, o como una energía que vibra entre lo visible y lo invisible. Y lo pienso también como una poética de los trazos, o como el archivo de diferentes trazos inconclusos o, para seguir ampliando la metáfora en círculos expansivos, pienso el libro de Gerber como el trazo del trazado de líneas que imposiblemente (nos) definen y definen (nuestras) relaciones. Trazos momentáneos y entrecortados que terminan siendo vagas señales de que allí hubo un flujo turbulento. read more

  • Poco claro | Por Guillermo Núñez Jáuregui

    Con tres años de retraso leo Mudanza de Verónica Gerber (México DF, 1981) donde –como ya todo mundo sabe– se aborda la obra de autores –Vito Acconci, Ulises Carrión, Marcel Broodthaers, Öyvind Fahlström– que abandonaron la escritura, o cierto tipo de escritura, para explorar otros tipos de escritura (más vinculadas con las acciones emprendidas desde otras esferas creativas, como las artes visuales). También, en el ensayo “Capicúa”, a través de los intercambios entre Paul Auster y Sophie Calle, se exploran las difíciles comunicaciones entre la literatura (entendida como una disciplina artística con límites más o menos claros) y las artes visuales.

    El título despista –se cuela la idea de que algo se ha clausurado definitivamente– pero creo que es preciso, pues también habla de un movimiento hacia otras zonas que no son del todo ajenas. Como explica claramente Gerber al final del libro «todas las piezas reunidas en los ensayos tienen por objetivo darle vuelta a la literatura para reencontrarse con ella como si fuera la primera vez; solamente al trasladarla, al verla desde otro lugar, es como puede sorprendernos su simpleza y mostrarnos sus agujeros».

    El trabajo reciente de Gerber (Biblioteca Ciega o Trail, ambos de 2012; o el importante apoyo editorial que ha dado a la colección Anómalos de Tumbona –donde sigue en marcha la conformación de un archivo de la obra de Carrión y de miembros del grupo Fluxus–) pueden explicarse con Mudanza, pero también es cierto que no necesitan de la claridad de esa prosa ensayística (y quizá sería exagerado pensar en esta breve colección de ensayos como un título estratégico) lo cual es, claro, el punto.

    La escritura no necesita muletas. Pero es un malentendido creer que escritores como Gerber buscan muletas en esas otras zonas: lo contrario, se aspira a una situación riesgosa, sin apoyo. Se busca una forma de escribir alejada del peso de la precisión, la comunicabilidad o la tradición que a muchos molesta cuando escuchan o leen el término “literatura” (se habla de formas anquilosadas, de espíritus conservadores, etcétera, que necesitan ser revividos con la fuerza del arte conceptual, por ejemplo, como si la conceptualización fuera un invento de las vanguardias históricas). En todo caso, se busca, gozosamente o no, algo (quizá otra tradición, otra historia de la literatura, lo cual me recuerda que debo leer los dos volúmenes de The Novel: An Alternative History de Steven Moore). Es la razón también por la cual escritores (¡narradores de prosa!) como Mario Bellatin o César Aira insisten en que son escritores, amanuenses o escribientes, pero no literatos –el primero ha incursionado en “otras formas de escribir” (la ópera, el cine, la curaduría…) y ambos prestan atención al procedimiento y el empobrecimiento de la anécdota.

    Todo esto provoca más dudas que certezas, lo cual siempre es digno de celebrarse.

    aira_bellatin

     

    Texto exclu­sivo de la ver­sión dig­i­tal de esta revista.


    Escrito por Guillermo Núñez Jáuregui

    Lec­tor y escritor. Jefe de redac­ción en La Tem­pes­tad.