A la nueva hora por Adolfo Castañón

A la nueva hora[1]

 

Comíamos a la una de la tarde, a la
francesa, para desesperación e irritación
de mi padre, que seguía el bárbaro horario
mexicano y español.

Octavio Paz, “Silueta de Ireneo Paz”.
Postfacio a Algunas Campañas.

 

Adolfo Castañón[2]

Las grandes mudanzas vienen con paso de paloma y un solo acto puede acarrear con su reiteración con su reiteración transformaciones incalculables. ¿Qué pasaría, por ejemplo, si Uno, digamos el Presidente de la República —sea cual sea su nombre, credo y filiación partidaria— en lugar de sentarse a comer “a mediodía” a las 3 ó 4 de la tarde consumiera sus alimentos entre las 12 y las 13 horas? ¿Cómo se transformaría el país si la institución del desayuno político fuese abolida y ya no se observase ese curioso horario de trabajo que inicia a las 11 a.m. (“después del desayuno”) y concluye “por la mañana” a las 14 p.m., hora en que es preciso salir corriendo para atravesar la ciudad y llegar a las 15.30 p.m. angustiado y hambriento a una “comida de negocios”? ¿Y si el tiempo de juntas se aprovechase para masticar en lugar de abreviarlas para salir disparado a quién sabe qué festín remoto? read more