Rocío Cerón

  • Borealis, de Rocío Cerón | Daniel Bencomo

    El fiordo, el cielo, el presidio

     

    Rocío Cerón, Borealis, FCE, México, 2016, 96 p.

     

    Borealis, de Rocío Cerón, sugiere desde el título una escritura que se vincula a un fenómeno natural cuya percepción implica, como condición, la distancia: un acto contemplativo en el que se usa la vista como sentido primordial y sólo accesible en los extremos del mundo, común a los habitantes de las zonas nórdicas y evento extraordinario para los observadores privilegiados que, por alguna circunstancia favorable, puedan presenciarlo. read more

  • Cinco movimientos en un gesto de aire | Rocío Cerón

    12:56

    Sobre pliegues la edad, curso de tiempo que anticipa: la vida, lo que se estabiliza, lo que se desestabiliza (en la contracción ya se anuncia una historia, realidad que será ficción: ficción plegada a piel/ a pulso). El lugar del muslo, un nudo donde se guarda una constelación, universo donde se cierne toda la vestidura de la epidermis. Cantata.

     

    Lunar, sinfonía de lunares en brazo izquierdo. Partitura de signos donde se craquela la fe. Gesto y roce donde los cuerpos se amparan mutuamente. read more

  • Somos un punto de esa distancia por Rocío Cerón

    I

    No es. No. La gravedad que mata. La intención que acalla. La ascensión y el oro dentro de Catedral. No es el proverbio. La entonación del canto. El gallo. La insólita gota que perdura en capelo. No. Brilla la boca, roja, Carmen de cármenes. El rayo que sale entre sí es lo que exige la piedra.

     

    Se levanta también él. Bálsamo de Ferabrás entre sus manos.

     

    II

    Carmenta. Luz de sílbido, madera en corte de estaca o pluma salvaje que hiende sobre costado. Carmenta. Escalofrío en la nuca, padecimiento de estancia en terraza nórdica. Sobre las aguas no había ya huesos, los lobos habían enmudecido a los corderos. Cuerpo celeste donde sobrevive el nombre del hijo. Pisada ligera de las que tuvieron nombre en el verano. Árboles de hojas firmes y frutos breves. Su piel era una montaña, su sangre, espesa. Los nudillos tocaban las puertas de los mudos. Carmenta. Espejo acuoso frente a diamante negro. La herida sobrevive a toda cura. Taza humeante de ruibarbo. Sobre el mármol helado de la habitación plumas, ave hembra enunciada en rastros. C a r m e n t a.

     

    III

    Manto multicolor sobre cuerpo tendido. Escarcha de sudor y vino. Entre las pisadas ligeras del verano una reliquia de santo. Aurora boreal bajo el brazo. Espejismo del desierto en tierra nevada. Conocido territorio de la infancia.

     

    Come trufas silvestres hasta perder el sentido.

     

    Celebración de plegarias,

    rezo para los ciervos.

     

    Aerostático sobre línea metálica hasta alcanzar un punto de  e s a  distancia.

     

    Texto publicado en la edición 154 de Crítica


    Escrito por Rocío Cerón

    Nació en Ciudad de México en 1972. Ha publicado los libros de poesía Estas manos (Mixcóatl, 1997), Litoral (Ediciones filodecaba- llos, 2001), Basalto (ESN-CONACULTA, 2002) y Soma (Ediciones Eloísa, Buenos Aires, 2003). Es coautora de El decir y el vértigo. Panorama reciente de la poesía hispanoamericana (1965-1979). Obtuvo el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2000, en el género de poesía. Es confundadora de Motín Poeta y editora de Ediciones El billar de Lucrecia.

  • Crítica 154

    Revista-154

    Además de Juan Villoro, en el número más reciente de “Crítica”, mayo—junio, número 154, han sido publicados Matías Serra Bradford, Josu Landa, Leonarda Rivera, León Félix Batista, Felipe Vázquez, José Aníbal campos, Víctor Armando Cruz, Daniel Bencomo, Samuel Putman, Hugo César Moreno, Rocío Cerón, Rubén Gil, Balam Rodrigo, Félix Terrones, Álvaro Luquín, Rafael Mendoza y, en la sección de libros “La vigilia de la aldea” Luis Vicente de Aguinaga, Héctor M. Sánchez, Gregorio Cervantes, Ángel Ortuño, Alejandro Badillo, Miguel Hernández, Eduardo Sabugal y Silvia Eugenia Castillero.

    Haz clic en la imagen para leerla.

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  • Diorama de Rocío Cerón

    La cámara estenopeica no utiliza lentes; tiene apenas una minúscula perforación. Mientras menor sea el tamaño de ésta, mayor será la nitidez de la imagen. El tiempo de exposición debe ser, por el contrario, mucho mayor que el de las cámaras fotográficas convencionales. Una diferencia de tempi conocida para los lectores de poesía: un pequeño poemario suele requerir mucho más tiempo de lectura que una voluminosa narración. read more

  • 13 formas de habitar una esquina

    I

    Huyen avestruces —hay mujeres cuyas palabras son fresnos. Sombras hilvanan puertos de aire. Entre la estampida reposa la mano sobre el talud de una rodilla. Habano y humo. Rojizo ciprés el sueño. El olor sigue más allá del borde. Desde el buró —poder, sonríe destruida/ tiento ocre, cuerpo estrófico en el quicio. Vestíbulo.

     

    II

    Donde los náufragos cantan apunta el ojo. Hacia el rabillo austral de la mirada —dorada agua de la memoria— el tono plomizo del frío. Uno podría ser entendimiento crepuscular, avanzada furiosa de jauría humana pero el vórtice detiene la rebelión. Gotea aún el rompevientos. Y entre el invierno de milnovecientosetentaydos y el presagio del dosmildocefindelmundo un día y el otro. Gramática de Babilonia. Descenso.

     

    III

    Caramelos y una hormiga. Breve ataque de asma. Sedosas las patas recorren un dedo meñique. Este paisaje no es política: hueco, centro de bala o poema. Dos muros hacen un baldío entre sí. Menta, el caramelo es sabor menta. Huella.

     

    IV

    A ambos lados de la vía, —párpados inestables, lozam de 2 mg— la superficie de las cosas: tubos de acero, mosaicos (opus tessellatum), textiles sintéticos de corte abstracto. Dolor en el lenguaje. Monopolio cromático. Todo cuerpo desnudo mata a la teoría. Rota el espacio. Cielo.

     

    V

    Un punto un punto en particular un punto un punto esquivando su propio punto un punto que arroja otro punto el punto que aniquila su sombra un punto el punto en punto:

    linde.

     

    VI

    Lluvia sobre penumbra. Pelaje y lamido. Ensoñación y notas en brote de murmullo. Herida que sostiene. En el trazo de un sonido veloz —cielo abierto sobre cuerpo, lengua —partículas de azul Berlín. Desliz en el cerco de la boca. Plexo.

     

    VII

    Al ojo el vuelo, petrel negro. Caminar sobre precipicio claramente delimitado. Colinas, nubes, bosque boreal. Mujer desvistiéndose sobre cama helada. Bajo los pliegues de su ropa una constelación de aguanieve. Arden las corvas. Barbera o Bonarda, fuerte sabor en boca. Filo.

     

    VIII

    En el cuerpo sésil de una hoja, apenas adherida, resplandece el estrato del mundo. Flujo audible. Inflexiones sostenidas por insinuación —dosel amazónico en medio del cuarto. Las hormigas deducen siempre el estado de las cosas. Intensidad de una figura dentro de otra, sonoridad del bulbo de luz, silbido en tono sordo. La cerveza cae al suelo. Tokonoma.

     

    IX

    Baúl en madera de fresno, motivos vegetales y geométricos en perfecta simetría. Pies móviles para elevarlo del suelo, cerradura con llave, asas en los costados que facilitan su transporte. Periodo: siglo XVIII. Nadie olvidará el color del brazalete. La economía a gran escala destruye voluntades. Un hombre anuncia que desaparecerá. Trino.

     

    X

    Ángulos óseos, formas y cuesta donde radica el ritual. Quién teme al aire. Fisura donde hay. Puerta pulida. Naturalezas muertas, humo de tabaco. Cruce. Un poema es una lima un día bisiesto un 31 de marzo un esquema mental un pinar. Retenes silenciosos demarcan umbral. Aire, pulmones saturados. Oxígeno para abastecer el cerco. Cercanía de pieles ante el viento. Jaula.

     

    XI

    Un punto, paraguas negro, bolígrafo de tinta azul, orden para no pensar en la muerte, una mancha seca de sangre, garabateo cadmio en algodón, arca con motivos repetidos sistemáticamente —clavel del monte o calta palustre. Toda la potencialidad del mirar: herida supurante espalda nupcial de un hombre labio bajo de grosor excitante cuerda que flota del fresno en vaivén madreperla ópalo de fuego luz diurna sobre escena movimiento y rastros. Cauterización.

     

    XII

    Júbilo y adoración en paréntesis. Sobre el cabello largo de esa mujer, vista en Baden Baden, sobresale una galaxia. No anillos de satélite. No corona de santidad. Réplica. Varios tañidos de campanas (no provincia eclesiástica) susurran una verdad a medias. Blancos y agrietados. Los labios. Se necesita una nueva contraseña para regresar a tiempo al mundo. Mientras la palabra aparece, ella dibuja sobre el agua una espiral. Resplandor.

     

    XIII

    Circulan autos en pulgada y media. Espacio hendido. Ladra un perro al fondo. Oropel. Pastelillo de arándanos y chispas de chocolate. Píldora sintética de felicidad. No era sólo balanceo de cumbia salsa samba. Gozne entre realidades, “mira tu cuerpo iridiscente, azulmoradoverde iridiscente”. Lenguaje. Territorio para la aparición de parques paisajísticos zonas urbas rehabilitadas laderas de casas con techo metálico piedras nucleicas espacios sacrificiales. Cajas y capas, espacio vital de pulgada y media. Nación.

     

    Texto publicado en la edición 148 de Crítica


    Escrito por Rocío Cerón

    Nació en Ciudad de México en 1972. Ha publicado los libros de poesía Estas manos (Mixcóatl, 1997), Litoral (Ediciones filodecaba- llos, 2001), Basalto (ESN-CONACULTA, 2002) y Soma (Ediciones Eloísa, Buenos Aires, 2003). Es coautora de El decir y el vértigo. Panorama reciente de la poesía hispanoamericana (1965-1979). Obtuvo el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2000, en el género de poesía. Es confundadora de Motín Poeta y editora de Ediciones El billar de Lucrecia.