Pedro Serrano

  • Seis poemas de Pedro Serrano

    CARDENAL

     

    Un diminuto sol recién salido

    de adentro de la tierra,

    un carbón al rojo aventado al aire

    en la cresta diurna reflejando

    entre los sicomoros y la luz,

    adviento en la perplejidad, mi padre,

    testigo del milagro en una urna,

    clavel en el corazón clavado en alas

    dentro de la armería parda del bosque.

     

     

    NO ES LA CORNEJA

    (CUERVO Y NIÑO)

     

    Un cuervo gris, ceniza en el áspid de la palmera

    como si toda la socarronería del mundo

    lo hubiese puesto ahí,

    en la lengua de la mañana,

    a punto de volar o caer.

    Una piedra asida a la rama

    tras los ronquidos del mar.

    Cáscara de granizo en un fruto pesado,

    granada más que ennegrecida.

    Picotea el cuervo la laja de agua,

    para que de allí surja el frescor

    con que un almendro se sostiene.

    Chirría antes de volar.

    Detrás, un niño avizora el amanecer,

    como un sol único en la arena.

     

     

    CONCENTRACIÓN

     

    En el centro de la primavera

    las bestias recorren el camino del mundo

    llevando orugas y cencerros, olores y pulgas,

    su rumiar y mascar, las bestezuelas

    (quería meter así,

    con ternura arcaica y franciscana,

    esta palabra, curruca, se acurrucan)

    a la altura del sol que se somete.

    Calcinada mondando la orilla del bosque

    estás en el parpadeo de lo que llamamos día,

    recogiendo la violencia de la luz,

    sometiendo su resplandor

    al acecho de las hojas,

    a la oscuridad fresca con que los árboles la tejen,

    misma iluminación y sombra estática

    en el billar del universo.

    Como un golpe de suerte

    pega un tordo contra la ventana,

    su pecho naranja primavera.

    Se alza la catedral húmeda y verde

    como un trapo mojado

    en las manos inmensas del universo.

     

     

    EL AÑO QUE VIENE

     

    Ha caído una nevisca, no la esperaba.

    Todavía oscuro, creí que llovía, que

    lo que golpeaba en el techo translúcido

    era la lluvia,

    y pensé en el día gris que venía.

    De repente vi la pureza blanca,

    el asomo a una paz, lo quieto del jardín

    cubierto por una pelusa,

    una gasa de blancura entredejando manchones verdes,

    desde la cocina,

    en pendiente hacia arriba, hacia la calle

    entre las ramas ahora peladas,

    desde el oscuridero.

    En el césped queda el trazo fino del venado,

    que hace cuna en la película de nieve,

    su huella al descubierto.

    Lo blanco es una ligereza.

    Atrás, una capa de cuentas desparramadas

    en la terraza de cristal. Me asomo.

    No se puede pisar sin que suene.

     

     

    EL AÑO QUE LLEGA

     

    Como una plancha de plata bulle el día,

    un pescado en la sartén del amanecer

    crepitando entre frío y calor

    en la marea naranja que lo baña,

    inundando mástiles y truenos,

    blanqueando el horno del paisaje.

    Un aceite de niebla lame las varas del romero,

    los aros de cebolla chisporroteando,

    la hojarasquería que ruge.

    No es hambre lo que bulle en las tripas

    en esta olla de invierno,

    sino la proyección de caldos continuos,

    la carne blanca y las espinas y huesos,

    en el halo plateado de las hojas,

    en el aura que nos desvanece.

    No es hambre lo que nos trae aquí

    sino el vaho común que se concentra,

    la cocina crujiente en su consumación,

    su producción en todo.

     

     

    JOGUINA

     

    Como una joguina

    de torres garcía

    se desprendería

    maría, maría,

    se caería el sombrero,

    se caería la vida,

    se caería en pedazos

    el juguete entero.

     

    Las piernas, la risa,

    el torso, los brazos,

    todo el hecho en tierra

    de tu vida entera,

    María, María,

    como una joguina

    de torres garcía

    te desprenderías.

    Texto publicado en la edición 155 de Crítica


    Escrito por Pedro Serrano

  • Crítica 155

    Critica-155En el número 155 de nuestra revista nos acompañan escritores como Ernesto Lumbreras, Francisco Serratos, Efraín Bartolomé, Raúl Renán, Eduardo Sabugal, Pedro Serrano, Josú Landa, Gabriel Wolfson, Alberto Chimal, Alejandro Badillo, Daniel Bencomo, entre otros.

    Haz clic en la imagen para leerla.

    read more

  • Pedro Serrano: arqueología del poeta moderno

    En La construcción del poeta moderno, Pedro Serrano ofrece un documentado registro de las estratagemas y maniobras ejecutadas por T. S. Eliot y Octavio Paz para entronizarse como gerifaltes de la poesía y la cultura en el siglo xx. read more