óscar alarcón

  • Entrevista a Pita Ochoa | Óscar Alarcón

    El infrarrealismo es más que Roberto Bolaño. Es cierto que el escritor chileno es la cara pública, sin embargo hay otros escritores. Se trata de una generación amplia. También olvidada. El 31 de julio de 2015, la librería Etcétera y María Villatoro organizaron una charla con Pita Ochoa, integrante de los infrarrealistas, quien conociera muy bien a Mario Santiago Papasquiaro, a Roberto Bolaño, a Piel Divina y a todos los poetas Infras.

    En punto de las cinco esperábamos que llegase Pita Ochoa. Le llamó a María Villatoro para avisarle que había tráfico pero que estaba entrando a Puebla. Para hacer menos larga la espera, María Villatoro leyó el manifiesto escrito por José Vicente Anaya y, a la mitad de la lectura, Pita Ochoa apareció en la librería.

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  • Entrevista a Mónica Maristain | Por Óscar Alarcón

    (Web)

    Óscar Alarcón. He visto que tienes una actividad impresionante en las redes sociales, trabajas, escribes para Sin embargo, hay notas diarias en el portal y en tu facebook, ¿a qué hora escribes? Y lo más importante, ¿en qué momento lees para escribir? read more

  • Entrevista a Magali Tercero | Por Óscar Alarcón

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    Óscar Alarcón y Magali Tercero

    óscar alarcón. Cuando llegaron los bárbaros. Vida cotidiana y narcotráfico es sobre un tema que desafortunadamente está de moda y que, sin duda, tiene una implicación social no sólo para la gente de Culiacán sino de todo el país, ¿cómo surge el libro?

    magali tercero. La pregunta principal que les hice a los casi cien entrevistados fue, ¿cómo se ha transformado tu vida cotidiana a partir de la llamada guerra contra el narcotráfico? No es un libro de entrevistas, es un libro de crónicas de los cinco viajes que realicé a Los Mochis, Badiraguato, Culiacán, Navolato, Topolobampo y Mazatlán. Son crónicas de viajes en donde una periodista anda preguntando: “¿Qué pasó con tu vida?”

     

    óscar alarcón. Además una periodista sin miedo.

    magali tercero. Yo no soy una periodista que haga libros o reportajes de denuncia abierta o que cubra las fuentes políticas. Me he especializado más en las crónicas con temas sociales, ese género anfibio —a mitad de camino entre el periodismo y la literatura, pero que no es literatura—. Cuando preguntas sobre vida cotidiana, siento que no te expones, pero debes preguntarle a las personas adecuadas: eso sí requiere de olfato.

    Imagínate que llegue con el Chapo Guzmán a preguntarle sobre su vida cotidiana.

     

    jorge durán. En tu trabajo como escritora, ¿cómo fue que llegaste a la crónica?

    magali tercero. La crónica no se estudia, es algo a lo que te lleva tu propia escritura, tiendes a ella. Empecé haciendo crónica en 1990, gracias a la revista Milenio, de Fernando Fernández —que no tenía nada que ver con el diario actual—. Fue una casualidad pues el reportero que les iba a hacer un reportaje, que se llamaría “Una noche de putas”, les falló. Entonces me hablaron y acepté: la idea era ir al “Bar Bas”, que está en la calle Londres de la colonia Juárez, en la ahora muy tristemente célebre Zona Rosa en el D. F.

    Estuvimos en el bar la primera parte de la noche y terminamos en la casa del dueño de la revista. Después de pasar la noche completa con tres chicas, me di cuenta de que el resultado de la escritura era una crónica.

    jorge durán. En Cuando llegaron los bárbaros… se menciona que “cuando algo toca el lenguaje, ya tocó todo”. ¿Qué tan cierto es?

    magali tecero. Precisamente eso lo dice uno de mis entrevistados, el escritor sinaloense Geney Beltrán Félix, que vive en el D. F.

     

    óscar alarcón. Tu libro rescata gran parte de la oralidad y, por ende, se rescata la invención de los mitos.

    magali tecero. Ahora se le llama leyenda urbana, y en todo el país conocemos muchas. Por ejemplo, está la leyenda urbana en la que llega el Chapo Guzmán a un restaurante, lo cierra, recoge los celulares, coloca a sus guardias por todo el lugar y les dice a los comensales que la cuenta va a ser pagada pero que no pueden salir. Resulta que esta leyenda urbana, que hasta hace un tiempo todos pensábamos que no era verdad —lo mismo la he escuchado en Morelia, Veracruz, San Luis Potosí, Sinaloa, Tijuana o el D. F.—, sí ocurrió: el periodista Javier Valdez Cárdenas, del periódico Ríodoce, afirma que ocurrió en Culiacán. Sin embargo, se ha convertido en una leyenda, pues lo mismo puedes escucharla en Ciudad Juárez. La sociedad necesita armar cierta mitología para resistir esta abundancia de balazos.

     

    óscar alarcón. Podemos descubrir que se nos revela cierto realismo mágico en lo que la gente te contó o en lo que viste, como la tumba del Panteón Jardines del Humaya, en la que hay osos de peluche y hasta un carrusel, y donde el espacio es tan grande que puede vivir una familia entera.

    magali tecero. Tienes razón. Esa tumba es de una niña. El padre le mandó a hacer casi una juguetería de lujo, como si estuvieras en las mejores tiendas de Londres, como si fuera una casa con aire acondicionado: con un tiovivo, caballitos, vestiditos, moños, juguetes de niña, muñecas.

     

    óscar alarcón. O el narcotraficante que pide ser enterrado con su camioneta.

    magali tecero. Ésa no es leyenda urbana. Eso me lo contó un señor de 37 años que, por razones de trabajo, ha tenido mucho contacto con los campensinos. Me habló del delincuente que quiso ser enterrado con su camioneta, no porque quisiera llevársela al otro mundo, ni porque no se la quisiera dar a su parentela, sino porque para él era su identidad: su Hummer también era él.

     

    jorge durán. Algo más que podemos notar en el libro es que las personas no se refieren a los narcotraficantes como “los narcos”, sino que les dicen “ellos”.

    magali tecero. Prefieren no usar esas palabras. Pronunciar las palabras “narcotraficantes”, “delincuentes” o “narquitos”, les produce miedo. Prefieren evitarlo, bajan la voz y te dicen “por ahí andaban esos”, te dicen cualquier cosa excepto esas palabras.

    Cuando vives en Sinaloa, me dijeron allá, la muerte te está siguiendo los pasos, te matan por un pestañeo. Mencionarlas es motivo de violencia.

     

    óscar alarcón. Ahora que dices que te pueden matar por cualquier cosa, describes que al llegar a Sinaloa chocaste con una chica en un oxxo. ¿Qué fue lo que ocurrió?

    magali tecero. Fui a comprar pilas para la grabadora y, en el mostrador, la mujer puso su bolsa Louis Vuitton de tal forma que me empujó: fue un choque de hombros y bolsas. Lo que percibí fue un ambiente de tensión en la tienda. Acostumbrada a contestar como se contesta en el D. F., le dije –un poco irónica–: “pásaalee”, y la cajera se puso más tensa. La mujer se apenó y dijo “perdón”. Cuando se fue, me dijeron que nunca piden perdón. Supongo que vio que yo era fuereña. Digamos que es una cultura rural trasladada a la urbe: son los campesinos serranos y sus maneras son rudas.

     

    óscar alarcón. Hace un momento te decía que eres una periodista sin miedo, pero en el libro mencionas que sí tuviste miedo, incluso dices que, al estar comiendo, te quedaste tan sorprendida que le pusiste azúcar al menudo.

    magali tecero. Llegué nerviosa a Badiraguato —que, se supone, es la cuna del narcotráfico—. Estuve tres días, pero yo tuve una experiencia totalmente bucólica. La persona que me llevó —que transporta a muchos de los periodistas— iba mucho más tensa que yo y me fui contagiando al grado de que me sorprendí echándole azúcar al menudo blanco en lugar de ponérsela al café: fue un signo de que estaba nerviosa. Y hubo nervios a posteriori al recordar alguna situación, pero nunca me sucedió nada.

     

    óscar alarcón. Chalino Sánchez fue de los primeros “levantados” por del narcotráfico y, gracias a su caso se comenzó a hacer denuncia de personas desaparecidas.

    magali tecero. Fue uno de los primeros “levantados”, como les decimos ahora, porque en realidad debemos decirles asesinados. Él inició el narcocorrido. Nació en la sierra de Badiraguato. Conocí a una cocinera que trabaja en casa de gente muy acomodada y me contó que fueron amigos de la infancia, que el papá de ella tenía sembradíos y que contrataba de peón a Chalino Sánchez. Su fama vino a raíz de los corridos que hizo mientras estuvo encarcelado.

     

    óscar alarcón. Sabemos que en otros países han ocurrido casos similares de violencia, como en Colombia. Sin querer hacer un vaticinio ni decir que tienes una bola mágica para predecir el futuro, ¿en qué tiempo crees que esta espiral de violencia pueda descender?

    magali tecero. Es una pregunta muy difícil de contestar, porque lo primero que me viene a la cabeza es esto: en México no estamos tomando medidas tan adecuadas como las que se tomaron en Colombia. En México hay un error de concepto, comenzando por la guerra misma, la cual no se planeó. Es un error de concepto porque no hay estrategia para el lavado de dinero, que es lo que verdaderamente –según yo– habría que combatir.

    En Colombia, algunos presidentes municipales lograron recoger todas las armas y convertirlas en objetos útiles para la sociedad. Aquí no estamos tomando medidas de ese tipo. Por eso es difícil pensar para cuándo. Esto va cada vez peor y peor, desafortunadamente.

     

    óscar alarcón. Recuerdo que caminábamos en San Andrés Cholula, después de presentar tu libro, cuando nos habló por teléfono Rodrigo Durana para decirnos que había visto en las noticias que el avión del secretario de gobernación, Francisco Blake Mora, se había caído. ¿Qué tanto ha cambiado México, en un año, con el regreso del priismo?

    magali tecero. Esa pregunta cae perfecta porque el día de hoy me encontré con la noticia de que entraron alrededor de cincuenta criminales a la sierra tarahumara y arrasaron con un pueblo. Eso pasó ayer. No hay cambios, lo que vemos son anuncios de cambios de estrategia, de crítica al anterior presidente. Aparentemente habrá cambios pero no hay control de nada.

     

    óscar alarcón. En ese sentido, ¿se justifica la presencia de la violencia en la literatura?

    magali tecero. Yo creo que sí. Si corresponde a un deseo auténtico de un autor, a una necesidad auténtica de hablar sobre ella, creo que sí. Porque nos refleja, nos muestra. En la literatura tiene que estar toda la gama de emociones.

    Como occidentales podemos mencionar diez emociones, pero en la ópera china se pueden contabilizar hasta cincuenta emociones diferentes. ¡Qué sutileza! Tengo que averiguar cuáles son esas emociones porque en la ópera china se han manejado siempre.

    Se tiene que retratar lo que existe. No sé si deba hacerse como parte de la coyuntura. Creo que hay gente que se metió a escribir sobre la violencia porque se dio cuenta de que era vendible, aunque no por la literatura. También existen personas que lo han hecho de manera honesta, no podemos generalizar.

    Por ejemplo, Lolita Bosch, catalana-mexicana que dirige el sitio Nuestra aparente rendición, hace una historia novelada del narcotráfico en México con datos que, los que hemos leído sobre el tema, ya conocemos porque ella no hizo un reportaje sino una investigación histórica. En su caso es evidente el interés por combatirlo y por trabajar a favor de la sociedad. Claro que es necesario hablar de ello.

    Acabo de leer Say her name (Di su nombre), del estadunidense de origen guatemalteco Francisco Goldman, en donde se habla de otro tipo de violencia: la que sufres cuando se te muere un ser querido en un accidente, por la violencia de la naturaleza. Su esposa muere en un accidente en el mar, en Mazunte, Oaxaca. Ésa es otra forma de violencia, es un libro magnífico. Te cura duelos por el poder del arte; eso descubrí en mí misma.

     

    óscar alarcón. Entonces el arte sigue salvando.

    magali tecero. Sí, lo acabo de experimentar en carne propia. Sin darme, cuenta trabajé con un duelo de mil años atrás; de repente te das cuenta de que ya tienes una actitud distinta ante el asunto. Fue liberador. Se lo recomendé a una fotógrafa que está trabajando el tema porque perdió a su padre y a sus últimas dos tías en muy breve tiempo. Me contó que se quedó el fin de semana leyendo y llorando. El arte cura.

     

    óscar alarcón. Y de la gente que se ha sentado a escribir por encargo de las editoriales, ¿podríamos decir que existe el marketing editorial de la violencia?

    magali tecero. Aunque no me gustaría generalizar, me parece que sí. Incluso autores y periodistas que toda su vida han escrito sobre el narcotráfico se han dejado envolver por la prisa del marketing. (Ya te he dicho que nunca fue mi fuente, ni la política. Ahora la fuente política es la del narco, ya no es la nota roja. ¡Es increíble!)

    Están publicando libros al vapor: uno cada seis meses o cada año, y su calidad se ve reducida porque no puedes fabricar un libro bien escrito cada seis meses. Ni aunque seas el mejor reportero del mundo. Esos mismos autores, aunque sean honestos, caen en esa prisa mediática y, como muchos de ellos trabajan en periódicos, hacen compilaciones apresuradas de textos ya publicados.

    Sigo leyendo todo lo que se refiere al tema y estoy encontrando todavía muchos datos mal puestos. A pesar de que hay gente a la que le he dicho que esos datos estaban mal, vuelven a poner datos no comprobados en la segunda o tercera edición. Es la prisa y la presión de los editores y la necesidad de ganar dinero publicando libros, algo más sustancioso que el free lance periodístico.

     

    óscar alarcón. Algunos escritores se han reunido en torno a estos temas, como en el libro La Generación del Bang. El libro arranca con una cita de Daniel Sada sobre el miedo a la verdad de los mexicanos.

    magali tecero. Son escritores menores de 40 años. El título te dice mucho, aunque hay gente muy seria. La viuda de Daniel Sada me acaba de decir que él se negó a escribir sobre la literatura del narcotráfico y que, al final, la realidad se le impuso y terminó escribiendo sobre el tema, pero que él le tenía alergia. Él quería hablar de la complejidad en términos mucho más amplios. Esa antología que mencionas incluye a periodistas que escriben sobre la violencia.

    óscar alarcón. Precisamente, hablando de El lenguaje del juego, la novela póstuma de Daniel Sada, pareciera ser que el tema central es el narco. Desde mi perspectiva, no lo es. Yo creo que es una novela que habla sobre los daños colaterales del narco, como la desintegración familiar, la insensibilidad de la sociedad ante la violencia. ¿Crees que esa haya sido la intención de Daniel al escribir esta novela?

    magali tecero. Creo que, como escritor de cepa que era, se le imponían los temas. Al escritor de este tipo los temas se le imponen desde dentro, se le convierten en obsesiones. Se dice que hay autores de un solo libro, aunque hayan publicado veinte; es porque se trata de una sola obsesión que los ha guiado. En el caso de Daniel, creo que era lo suficientemente honesto y por eso los temas se le impusieron desde dentro.

    Recuerdo que cuando Daniel estaba escribiendo la novela me preguntó algunos datos, detalles sobre situaciones concretas que él quería tocar: ya estaba en la investigación.

     

    óscar alarcón. Desde hace mucho tiempo Daniel trabajaba en la reinvención del lenguaje.

    magali tecero. Ésa es una gran diferencia de los escritores de cepa. Como Yuri Herrera, quien evita dar nombres a todos estos fenómenos porque quiere darle una amplitud mayor, una universalidad al tema. Habla de los músicos que van a tocar a las fiestas pero no te menciona directamente los asuntos.

     

    óscar alarcón. Y que al igual que en El lenguaje del juego, en donde el tema central es la desintegración familiar, en el caso de Trabajos del reino, la novela de Yuri Herrera, el tema central puede ser el amor y no el narco.

    magali tecero. Exacto. Otro caso es el de Alejandro Páez Varela —él ha escrito dos novelas y no le gusta que lo etiqueten como “narcoautor”—, quien puso un subtítulo para dar a entender que está hablando del amor en estos tiempos violentos.

    A muchos escritores no les están gustando los autores que bordan sobre el narco, pero eso no quiere decir que los escritores etiquetados sean malos: por ejemplo, el lenguaje de Élmer Mendoza es maravilloso.

     

    óscar alarcón. Mónica Muñoz Cid, artista plástica poblana, tomó las primeras frases que aparecen en tu libro Cuando llegaron los bárbaros… para crear una pieza: Hemos metido al narco en nuestras camas, extendemos la mano para que nos dé dinero. ¿Qué piensas de los puentes que tu literatura puede tender con otras artes?

    magali tecero. Me parece excelente porque amplía la comprensión no sólo de la artista o la mía, sino de todas las personas que vean la pieza: expande la comprensión porque hay más ecos de uno y otro lado. La frase es del periodisa Javier Valdez Cárdenas, uno de los más serios y de los pocos que no ha caído en el coqueteo con la fama —es muy fácil caer en ello, pues la vanidad es tan humana.

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    óscar alarcón. ¿La cotidianidad de la que se habla en el libro hace que estés más cerca de expresiones en la plástica, como las de Marta Palau o Teresa Margolles, que de la literatura que habla del narco?

    magali tecero. Es interesante tu pregunta porque es la primera vez que mis dos vertientes como cronista —sobre temas sociales y urbanos, y sobre arte (mis dos columnas lo reflejan)— se unen con toda naturalidad, porque el arte contemporáneo está muy preocupado por lo cotidiano. No hay pena ni vergüenza por tratar los temas que no son los grandes temas del arte tradicionalmente. No me siento influida pero ha sido una parte natural, que corresponde a una tendencia emocional de toda la vida.

    En este momento me encuentro con el arte contemporáneo o arte conceptual, o como se le quiera llamar —porque también las etiquetas tienen la trampa de que no siempre definen lo que quieren definir: nos sirven para organizarnos mentalmente—, y se insiste tanto en el periodismo narrativo, cuando la verdad es que éste ha existido siempre: primero hubo crónica y luego hubo historia. Tucídides fue un gran cronista, primero, y luego un gran historiador.

    En mi crónica sobre temas sociales hay mucha influencia del cine de los noventa: Robert Altman narraba fragmentariamente, aunque él no era el primero que lo hacía. Recuerdo una película de los años cincuenta con Sofía Loren y Marcello Mastroianni, que era en sí una narración fragmentaria en donde se contaban tres o cuatro historias en diferentes planos. Eso me impresionó mucho —vi el filme a los 16 años en la televisión—: recuerdo haber querido escribir de esa manera en un periodiquito escolar que hacía yo en un mimeógrafo. El cine es una gran influencia sobre muchos autores de todas las edades.

    Muy probablemente el arte contemporáneo esté haciendo lo suyo. Aunque hay muchos problemas porque se dividió en dos bandos, casi como Felipe Calderón quiso dividir al pueblo mexicano: el bando de los buenos y el bando de los malos. Así se dividió el arte tradicional y el arte conceptual. Y existe la misma guerra, sólo que no hay armas de por medio; pero la violencia con la que unos hablan de los otros es la misma, sobre todo el odio que se manifiesta desde la trinchera del arte tradicional —y digo “trinchera” con toda la mala intención— contra lo que los artistas jóvenes están haciendo es tremenda, igual que la incomprensión, la ausencia de deseo de abrirse y recibir algo de los recién llegados al mundo del arte.

    En el capítulo segundo de mi libro quise desaparecer del mapa como autora.  Juego con la estructura: hay gente que ha leído el libro como si fuera una serie de viñetas o notas, lo cual es absurdo, pues sólo en el segundo capítulo recurrí a la cita directa sin prolegómenos. Quise desaparecer para dar voz plena a la gente que fue afectada en su vida cotidiana. Lo que está bien dicho no se vuelve a decir con tus propias palabras, por muy buen autor que te creas: se edita y organiza. Pero es sólo mi opinión.

    Por otra parte, hay lecturas que se te quedan grabadas para siempre: las que haces entre los ocho y los 20 años. Muchas cosas de tu escritura se definen en esa etapa. Tengo esa teoría pero nunca la he comprobado. Estás tan fresco y tan ávido. Recuerdo haber leído muy niña los primero capítulos de La divina comedia —y eso porque me dio hepatitis y tuve que quedarme en casa—. Noto que hay influencia: imágenes que viven conmigo. Las menciono cada vez que se puede: siempre está el Virgilio que me guía a lo largo de mis crónicas. En Cien freeways… siempre hay un Virgilio que me lleva a la cárcel de mujeres, que me lleva con las prostitutas del Bar Bas en el D.F.; siempre hay alguien, como un taxista que me platica la vida de un niño al que maltrata su madre o un rockero que me descubre el trasfondo del Tianguis del Chopo.

     

    óscar alarcón. Pero se trata de un nivel extraliterario, pues no es algo que tú inventes sino que simplemente ocurre.

    magali tercero. Así es. Lo uso menos porque ya se volvió un lugar común dentro de mi escritura. La primera vez que me ocurrió, sí escribí “mi Virgilio” porque resultaba novedoso para mí. Claro que, veinte años después, decir que tengo a mi Virgilio estaría cayendo en un lugar común no sólo mío sino de toda la literatura.

     

    óscar alarcón. Recientemente participaste en una mesa sobre mujeres periodistas y cronistas en el Palacio de Bellas Artes, ¿no te molesta que la perspectiva de género siga dividiendo el trabajo profesional? ¿Por qué no llamarles simplemente cronistas?

    magali tercero. Sí, me molesta, y tuve la intención de comentarlo. Elsa Cross, en los años sesenta, rechazaba participar en cualquier evento o conferencia a la que fuera invitada y que dijera “Ciclo de Mujeres” o “Conferencia de Mujeres”. Y tenía razón. ¿Por qué seguimos dividiendo al mundo en hombres y mujeres? Me recuerda mi escuela primaria de monjas.

    Me gusta mucho tu pregunta porque esta situación estuve a punto de mencionarla en la conferencia, pero después vi que la narradora Raquel Castro —la organizadora del ciclo— se estregaba tanto a su trabajo y estaba siendo tan honesta, que me pareció mal decirlo delante del público.

    Por otra parte, no soy tan extrema; las feministas del siglo pasado tenían que ser radicales. Ahora hay otros logros que no tienes que gritar. Observa a algunas chicas de 25 años: ahora ellas son las machas misóginas. No puedo generalizar pero lo he visto. Esto está cambiando para bien y para mal.

     

    óscar alarcón. ¿A qué crees que se deba que Gabriela Mistral sea la única mujer latinoamericana que ha ganado el premio Nobel de Literatura?

    magali tercero. Yo te daría una respuesta sencilla: es parte de la realidad. Así como tú, que al escribir el primer libro de entrevistas te topaste sólo con hombres, no existía la noción de cuotas. Por ejemplo, decidir que el Senado tenga una cantidad de senadoras mujeres. Eso ha sucedido en Mauritania, en donde tuvieron la apertura, y el 45% de senadoras son mujeres. Es un país excepcionalmente abierto. Aunque la realidad es que todavía hay más escritores que escritoras, y aún hay gente que considera importante que haya ciclos sobre mujeres —porque también es una forma de llamar la atención del público sobre un tema que nunca termina de ser pensado.

    La respuesta es que sigue siendo un reflejo de la situación actual. Si las mujeres en los ochenta pensábamos que la situación para los noventa o los dos mil iba a mejorar, de lo que te das cuenta al encender la televisión es que las mujeres somos más objetos que nunca. Ponte a ver los videos de MTV, ¿qué imagen te dan de la mujer en la música en general? Creo que nunca como ahora se habían realizado tantas cirugías plásticas, ni tantas mujeres se habían muerto en el quirófano. Por ejemplo, con liposucciones. Parece que hubiera un fracaso rotundo del feminismo. Al observar mujeres de 23 años, como mis alumnas o mis sobrinas, no percibo que estén mucho mejor en sus relaciones amorosas que las mujeres de mi generación. Existen blogs de mujeres muy jóvenes donde claman por lo mismo que pedíamos hace 25 años. Es triste.

    Escribí un texto a los 18 años diciendo que la rebeldía masculina ante la llamada liberación femenina iba a ser todavía más fuerte cuando las mujeres encontraran su lugar, y dije que habría más misoginia y tristemente lo comprobé: observo de cerca las relaciones amorosas de chicas de 23 años y muchas son maltratadas, pero lo más impresionante es que lo permiten —no te digo que todas. Pensé que ya no lo iban a permitir, que vendrían con otro chip.

     

    óscar alarcón. Siendo mujer, ¿qué tan difícil es escribir en una ciudad como la Ciudad de México?

    magali tercero. Nunca he sentido esa dificultad, ni cuando empecé ni ahora. Tal vez periodistas a las que admiro mucho y que denuncian —porque mi trabajo como cronista no es denunciar abiertamente o buscar personas como el Chapo, porque de antemano sé que me van a mentir como los políticos— y arriesgan la vida, como mujeres son más vulnerables.

    Maya Goded —cuyas fotos aparecen en mi libro Cien freeways: DF y alrededores— tuvo problemas en un hotel de Ciudad Juárez, le robaron su equipo, la amenazaron y sólo estaban ella y otra persona en el hotel. Se tuvo que cambiar. Estuvo cerca de la violencia.

    Hoy leí una entrevista con un fotógrafo mexicano que está en Siria: señala que se siente mucho más inseguro haciendo trabajo sobre la guerra —porque te puede caer una bomba y en cualquier lugar te puedes morir— que en México con el narco, en donde si eres un blanco lo sabes y tomas tus precauciones. Se me hizo muy interesante su comentario.

     

    óscar alarcón. Eduardo Huchín Sosa dice que los narradores buscan críticos, los poetas gruppies, los ensayistas lectores, ¿qué buscan los periodistas?

    magali tercero. Un periodista honesto siempre va a hacer una denuncia de lo que considera anómalo. El periodismo señala la anomalía, en este caso es la violencia —aunque desde el punto de vista literario la violencia no es la anomalía—, pero un periodista honesto, o cronista, siempre tendrá en mente lo que no debe ser y buscará interlocutores.

    En este momento hay un movimiento generado por Gabriel García Márquez —y a mí me gustaría más que un periodista lo hiciera—, que es buscar la buena escritura. Yo aprendí a escribir leyendo el periódico El País de los ochenta, así como a todos los exponentes del Nuevo Periodismo y la Novela Real (Tom Wolfe, Truman Capote, Norman Mailer). Son periodistas que no se dicen cronistas pero que son grandes escritores. Por ejemplo, Maruja Torres es una gran cronista de guerra.

    En España no se le llamaba crónica, pero el periódico siempre estuvo lleno de grandes cronistas, y creo que mi generación aprendió a escribir ahí. Ahora, con el movimiento generado a partir del Nobel García Márquez y su Fundación de Nuevo Periodiosmo Iberoamericano, comienza a llamarse crónica y periodismo narrativo al texto informativo escrito como si se tratara de una narración. Vicente Leñero hablaba en México de “escribir reportajes como cuentos” en los años sesenta. En “Sábado” de Uno más Uno, en donde hice mis primeras colaboraciones con Huberto Batis, había muchos jóvenes autores sensibles a la buena escritura.

    Me preguntas por la diferencia entre el cronista y el periodista. El cronista se acerca más a la buena escritura en la medida en la que está interesado en la literatura, en que tiene lecturas y en que toda la vida le ha importado el buen uso del lenguaje y el buen manejo de la historia. Y esto no es pretencioso, es una verdad: quien bien piensa bien escribe. En la crónica te debe de importar el uso del lenguaje, la cadencia; en este momento hay mucho periodismo pretencioso y mal escrito. Con la etiqueta “crónica” se está metiendo en la bolsa a gente que no escribe bien.

     

    óscar alarcón. ¿Las becas hacen escritores?

    magali tercero. No fabrican escritores pero sí dan un espacio para escribir. El que de verdad quiere escribir lo hace con beca o sin beca. En el 2000 me pidieron un reportaje sobre becarios, y gente que trabaja mucho como Magali Lara hizo maravillas con su beca de tres años. Pero hubo gente muy conocida y muy famosa —que ya murió—, la cual era vista derrochando la beca por todos lados e incluso produjo muy poco.

    Se han puesto muchos candados. Sé de gente a la que se le ha retirado el apoyo porque no presentó un informe suficiente el primer o segundo año. Lo he visto —porque alguna vez me invitaron como jurado de los proyectos para realizarse durante estancias de tres meses en otros países—: hubo un caso en que la persona no pudo concursar porque entregó el informe de una beca anterior dos meses tarde. Ese autor, de quien tres jurados habíamos dicho que presentó muy buena propuesta, se quedó sin su estancia.

     

    óscar alarcón. De tu libro Cien freeways…, ¿cuál es la crónica que más te gusta?

    magali tercero. Me gusta muchísimo la del cumpleaños número 25 del Tianguis Cultural del Chopo, que es un lugar en donde encuentras un mundo alternativo muy extenso, aunque ahora sea un espacio más comercial. Está ubicado cerca de la estación Buenavista, cerca de San Cosme, y encuentras no sólo música sino performance, pintura, galerías improvisadas, conciertos, producciones de disqueras, botas “Doctor Martínez” en lugar de las famosas “Dr. Martens”.

    Si le preguntas a un vendedor cuál es el libro más vendido, casi te mienta la madre. Yo lo hice y me respondió: “Oye no estás en Sanborns.” Entonces le dije: “Bueno, ¿qué es lo que te pide la gente?” Me dijo que los anarcopunks piden muchos libros específicos, y que también están los místicos y los New Age como públicos particulares.

    Llegar al Chopo fue una curiosidad del cronista. Por alguna razón que no recuerdo, me subí a un camión en Insurgentes y encontré a dos alemanes punks no mayores a los 25 años con unos adornos increíbles en el cabello, el atuendo y el cuerpo. Comencé a observarlos y decidí seguirlos porque quería seguir viéndolos. Me di cuenta de que se iban a bajar cerca del Tianguis Cultural del Chopo.

    En cinco minutos se me desaparecieron porque había mucha gente pero al final, y luego de seis meses de visitas sabatinas, encontré una crónica. Vi un performance: un artista de fin de semana —los demás días es mecánico— que utilizó un corazón de cerdo y un público de más de cuarenta personas exclamando: “ahh”, “ohh”, “uhh”. Los espectadores estaban asombrados porque él narraba una historia de amor con ese corazón y jugaba con un maniquí hecho con alambres y lo vestía de novia. Después citaba versos de Leopoldo Panero, poeta español que vivió, o vive, en un psiquiátrico. Todo era muy Chopo. Ahí me di cuenta de que tenía una crónica. Finalmente se publicó en la segunda edición de A ustedes les consta, antología de la crónica en México. La antología de Carlos Monsiváis.

    óscar alarcón. ¿Quiénes son tus cronistas favoritos?

    magali tercero. Me gusta muchísimo Guillermo Prieto, Manuel Gutiérrez Nájera. Me gusta, mucho aunque nadie lo lee, José María Marroquí, que era un hombre gordo —fue cónsul en España—, obsesionado por conocer todas las historias de las casas del centro de la Ciudad, y caminaba por todos lados. Iba jadeando, aflojándose la corbata por el calor y tocando los timbres de las casas. Dejó tres tomos farragosos pero muy interesantes sobre la Ciudad de México. Yo viví en esa calle entre los seis y los ocho años. Ya adulta me di cuenta de que viví en una calle con el nombre de un cronista exhaustivo.

    Creo que ahí nació la cronista: el Barrio Chino estaba al lado, íbamos a los restaurantes chinos, me asomaba desde el quinto piso y veía unas cucarachas inmensas —perdón por asociarlas con la comida china.

    Normalmente un cronista tiene mucho amor por la literatura. Tengo dos vertientes de escritura y ambas tienen que ver con la crónica: la vertiente de cronista de los temas sociales y urbanos, y la vertiente de cronista del arte, que tal vez suene a algo muy viejo, pero eso es lo que considero que hago yo aunque no siempre lo logre. Siempre me ha interesado el arte.

    óscar alarcón. Cronista del arte, más que un término viejo, me parece que refresca el mundo del arte. Escribiste un libro con Teresa del Conde.

    magali tercero. Ella hizo un capítulo de cincuenta cuartillas y yo hice otro. Mi capítulo se llama “Frida cyborg”, porque encontré en Kahlo una parte cibernética y una teoría de lo que está ocurriendo actualmente. Como en la película Crash, donde el erotismo se presenta por medio de accidentes de autos. A eso se le llama “la Nueva Carne”: por ejemplo te ponen la córnea de otro señor o implantan metales.

    óscar alarcón. Si pudieras hacer una recomendación a Peña Nieto, Felipe Calderón y a Elba Esther, ¿qué libro les recomendarías?

    magali tercero. A Maquiavelo, porque se nota que no lo leyeron. Tengo un amigo escritor que considera que el error de Peña Nieto en el que no pudo nombrar a los autores de los libros en la Feria de Guadalajara fue marketing del pri, porque necesitaba que se hablara del candidato. Y eso no me suena descabellado, porque pudo haber contestado que había leído la Constitución o la Biblia, pero parece que la intención fue provocar que se hablara del error.

    El poder es sumamente retorcido. Lo sabemos todos.

    Texto apare­cido en la edi­ción 156 de la revista Crítica.


    Escrito por: Óscar Alarcón, en colaboración con Jorge Durán

    Óscar Alarcón (Puebla, México, 1979). Narrador y periodista. Realizó estudios de posgrado en Historia del Arte en la UNAM. Fue editor de los suplementos culturales Una Theta y La Señorita T que se publicaron de 2004 a 2009 en la ciudad de Puebla. Ha publicado Polimastia (BUAP, 2008), su primer libro de cuentos. Ahora, junto con el fotógrafo Pascual Borzelli Iglesias, dirige el blog abartraba.blogspot.com. Es director de la revista electrónica Neotraba. Y desde mayo de 2011 dirige el programa Neotraba Radio que se transmite a través de pueblaprioridad.com.

    Nunca revela sus secretos, jamás ha ganado un premio y está aprendiendo a tocar el bajo. Es cien por ciento guajolotero y bailador, pertenece al movimiento literario llamado Ultracostumbrismo y se autonombra el primer escritor Ultracostumbrista Ecléctico.