luis vicente de aguinaga

  • Tres poemas de Luis Vicente de Aguinaga

     THE LAST WALTZ

    Pelear por todo y contra todo.

    Por el amanecer y en contra suya.

    Por el agua y los números.

    Obra gráfica de Alejandro Santiago

    Obra gráfica de Alejandro Santiago

    Contra los números y el agua.

    Contra el dos imposible

    que se acumula en unos y más unos.

    Contra el punto y la i.

    Contra el tronco y las ramas.

    Contra las ramas y el follaje.

    Contra el follaje y las raíces.

    Pelear, principalmente, sin motivos,

    a favor con un pie

    y en contra con el otro,

    como se baila un vals de despedida.

     

     

    COSA DE NADA

     

    De qué. De nada estamos hechos.

    De trapos. De materias corroídas.

    De colores inciertos,

    de sílabas aisladas

    y olores no identificables.

    De zapatos gastados y uñas rotas.

    Todos. Por tierra o cielo. Del nombre al apellido.

    Pulgares. Intestinos. Billeteras.

    De cuáles. De porqués. De quiénes.

    De café sin azúcar. De migajas.

    De puertas que se abren y migajas.

    De puertas que se cierran y migajas.

     

     

    TOP SECRET

     

    Quién eres tú. Cuál cantas. Qué te sirvo.

    Dónde andas, desde cuándo y en qué lengua.

    Si la muerte va o viene, si el futuro

    es todo menos esto y la memoria

    es cadáver o polvo, sombra o nada,

    es top secret aún, conocimiento

    reservado. No esperes que lo sepa.

    No esperes. No sepas. La realidad

    es todo el mundo hablando al mismo tiempo.

      Texto apare­cido en la edi­ción 156 de la revista Crítica.


    Escrito por: Luis Vicente de Aguinaga

    Ha pub­li­cado cinco libros de crítica y ensayo lit­er­ario y diez de poe­mas: Frac­tura expuesta (poe­mas), 2008; Trece (poe­mas), 2007; Otro can­tar. Invitación a la crítica lit­er­aria (ensayo), 2006; Sig­nos vitales. Verso, prosa y cas­carita (ensayo), 2005; La migración inte­rior. Abecedario de Juan Goyti­solo (crítica lit­er­aria), 2005; Lám­para de mano. Sobre poe­mas y poetas (crítica lit­er­aria), 2004; Reducido a polvo (poe­mas), 2004; Por una vez con­tra el otoño (poe­mas), 2004; Cien tus ojos (poe­mas), 2003; Rumor de la ciu­dad al hundirse. Lec­tura de ‘Paisajes después de la batalla’ de Juan Goyti­solo (crítica lit­er­aria), 2003; La cer­canía (poe­mas), 2000; El agua cir­cu­lar, el fuego (poema), 1995; Piedras hun­di­das en la piedra (poe­mas), 1992; Nom­bre (poe­mas), 1990; Noc­tam­bu­lario (poe­mas), 1989.

  • Crítica 154

    Revista-154

    Además de Juan Villoro, en el número más reciente de “Crítica”, mayo—junio, número 154, han sido publicados Matías Serra Bradford, Josu Landa, Leonarda Rivera, León Félix Batista, Felipe Vázquez, José Aníbal campos, Víctor Armando Cruz, Daniel Bencomo, Samuel Putman, Hugo César Moreno, Rocío Cerón, Rubén Gil, Balam Rodrigo, Félix Terrones, Álvaro Luquín, Rafael Mendoza y, en la sección de libros “La vigilia de la aldea” Luis Vicente de Aguinaga, Héctor M. Sánchez, Gregorio Cervantes, Ángel Ortuño, Alejandro Badillo, Miguel Hernández, Eduardo Sabugal y Silvia Eugenia Castillero.

    Haz clic en la imagen para leerla.

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  • Dos mínimos apuntes

    I

    “Aunque el objetivo de la forma no sea la belleza, al facilitar la comprensión, la produce”, afirma Arnold Schoenberg en “Adiestramiento del oído mediante la composición”. read more

  • La memoria inconforme de Luis Vicente de Aguinaga

    Casi tan original como inventar el agua tibia es proclamar que todo lector de poesía es, en tanto sujeto, el espacio donde se dan cita, enriqueciéndose, un texto leído en el presente y muchos otros leídos —recordados, oídos, comprendidos— en el pasado. No hacen otra cosa, en realidad, los aficionados a la música, la pintura o el cine: percibir, en la obra que se oye o se ve, no sólo un tema ya expresado en por lo menos otra obra, sino igualmente una técnica, un ritmo y una tonalidad emocional que, aunque indispensables para entender la obra en cuestión, proceden o se asemejan a los de obras anteriores. Esto, que por lo tanto es aplicable a cualquier experiencia de recepción artística, le da sustento y razón de ser a toda tradición. Las tradiciones, en consecuencia, son fenómenos que, nutridos en la comunidad, incluso en la colectividad, sólo adquieren forma cuando acceden a una subjetividad y, al acceder a ella, colaboran en su plural e incansable configuración.

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  • Obra entera. Poesía y prosa de Rafael Cadenas

    La identidad silenciosa por Luis Vicente de Aguinaga

    Nacido el mismo año que Juan Gelman y Francisco Urondo, un año antes que Antonio Gamoneda y María Victoria Atencia y un año después que José Ángel Valente y Enrique Lihn, Rafael Cadenas (Venezuela, 1930) parece confirmar en cada una de las páginas que ha publicado aquello que Samuel Beckett insinuara en su ensayo sobre Marcel Proust, a saber: que no decir “yo”, al escribir, es imposible. Adversario, sin embargo, de la egolatría, Cadenas por lo general se plantea la escritura como la última intemperie genuina de la humanidad. “No quiero estilo, / sino honradez”, ha escrito en uno de sus poemas. También ha escrito, a contrapelo de casi todo lo que se haya opinado en el mundo acerca de la poesía, que “no hace falta música / para un dicho / real”.

    El yo de Cadenas, por lo tanto, se quiere silencioso y escueto. Como en los mejores libros de Valente y de Gamoneda, en los mejores de Cadenas —pienso en Memorial, en Amante― aparece, al trasluz, el rostro de un hombre serio, de pocas palabras, firme a la hora de negar, parco a la hora de afirmar, incapaz de humoradas o desplantes. Como en los mejores libros de Gelman y de Lihn, en los de Cadenas el discurso no se confirma en su fluir sino en su interrumpirse. Propenso al aforismo, a la sentencia, Cadenas evita proferir, con todo, verdades enormes o regañinas generalizadoras, limitándose (lo digo con perfecta conciencia: limitándose) a verificar la existencia del mundo en sus manifestaciones más humildes, a la manera del que acepta que un modesto rayo de sol a través de la persiana basta para confirmar el vigor de todas las estrellas.

    Dispuesto, así, a tomar el pulso de unos pocos objetos y personas, Cadenas apoya su pensamiento en la incertidumbre y su palabra en la cortedad, infundiendo en su lector ―ha sido mi caso, por lo menos― un sentimiento de insatisfacción que, tras algunos esfuerzos y tanteos, lo compromete finalmente a trabajar en el cumplimiento del poema. Y no es que haya que descifrar ni aclarar nada en la poesía de Cadenas, que no se atarea con referencias ocultas ni consiente misterios artificiales. Más bien ocurre que las nociones mismas de construcción y de composición parecen impacientar a Cadenas al punto de hacerlo concebir la poesía como una renuncia, incluso como un abandono. Su energía, su entusiasmo ―un entusiasmo ceremonial, afín a ciertas formas de atención o concentración en lo sagrado―, son asimilables, por todo ello, a la felicidad paradójica de los que asisten a su propio vaciamiento y a su propia desintegración, habiéndolos propiciado casi siempre por vía religiosa: “Si callas / todavía te oyes tú, / el muy lleno, / que nada vales / (o sólo vales en tu errancia).”

    Ésta, la segunda edición de la Obra entera de Cadenas, básicamente se distingue de la primera en la incorporación de una docena de poemas que, titulados Desde Boston, acaso datan de la estancia del poeta en dicha ciudad a fines del siglo pasado. También añade al prólogo de José Balza otro de Darío Jaramillo Agudelo. Complementarios, ambos prólogos constituyen sendos recorridos lineales por la vida y la obra de Cadenas (más por la obra, el de Jaramillo Agudelo; más por la biografía, el de Balza) y, cada uno en su estilo, invitan a leer esta Obra entera de principio a fin. Lo cual es factible, pero no indispensable: la coherencia de los poemas, notas, aforismos y ensayos de Cadenas radica no tanto en la eventual concatenación de sus libros como en la reiteración y desarrollo de una misma convicción, de una misma fe que, de tan milimétrica y frágil, apenas logra manifestarse de manera explícita en versos esporádicos o en poemas brevísimos como éste, de Memorial: “Un momento separado de todos los momentos / tiene años esperándote fuera de los años.”

    El tú al que se dirigen las palabras que acabo de citar, así como el tú invocado en el poema que reproduje más arriba, es desde luego uno mismo con el yo que dice no querer “estilo”, sino “honradez”. Esta penetrante y sencilla herramienta expresiva ―presentar el yo como un tú― es tal vez la única que Cadenas emplea sin desconfianza. Cualquier otro asomo de retórica le parece una veleidad, cuando no una imposición inadmisible. Los dos volúmenes de aforismos (Anotaciones y Dichos) y los dos ensayos de aproximación al hecho literario (Realidad y literatura y En torno al lenguaje) que Cadenas ha escrito, así como sus profundos Apuntes sobre San Juan de la Cruz y la mística, en última instancia pueden leerse como lanzas rotas en pro de la sencillez y la desnudez de la palabra.

    Cadenas habita sus poemas en la medida que los entiende como espacios abiertos, potencialmente acogedores. Obsérvese de qué manera se refiere a la palabra: “palabra, / casa sin atavíos”. Obsérvese, luego, cómo habla del cuerpo (del suyo propio y de todo cuerpo humano): “Lugar de la presencia, / lugar del vacío”. Cobra sentido, así, que para Cadenas el poema sea el punto donde logran juntarse palabra y cuerpo, donde la más estricta realidad exterior se hace interior, y donde, por lo mismo, la identidad personal responde a la enorme sencillez del universo.

     

    Texto publicado en la edición 137 de Crítica


    Rafael Cadenas, Obra entera. Poesía y prosa (1958-1998), prólogos de Darío Jaramillo Agudelo y José Balza, Fondo de Cultura Económica, México, 2009, 2ª ed., 733 p.


    Escrito por Luis Vicente de Aguinaga

    Ha publicado cinco libros de crítica y ensayo literario y diez de poemas: Fractura expuesta (poemas), 2008; Trece (poemas), 2007; Otro cantar. Invitación a la crítica literaria (ensayo), 2006; Signos vitales. Verso, prosa y cascarita (ensayo), 2005; La migración interior. Abecedario de Juan Goytisolo (crítica literaria), 2005; Lámpara de mano. Sobre poemas y poetas (crítica literaria), 2004; Reducido a polvo (poemas), 2004; Por una vez contra el otoño (poemas), 2004; Cien tus ojos (poemas), 2003; Rumor de la ciudad al hundirse. Lectura de ‘Paisajes después de la batalla’ de Juan Goytisolo (crítica literaria), 2003; La cercanía (poemas), 2000; El agua circular, el fuego (poema), 1995; Piedras hundidas en la piedra (poemas), 1992; Nombre (poemas), 1990; Noctambulario (poemas), 1989.

    Su blog: http://aguinaga.blogspot.com

  • A la espera

    Por ahora
    no estoy muriéndome.

    No estoy cantando
    ni despidiéndome de nadie
    ni llorando por gracias o de nada
    ni compartiendo el pan o el vino
    por ahora.

    Ya sé que no tengo razón,
    que le pido al serrucho
    que haga un árbol con trozos de madera
    y al martillo, en silencio, que acaricie.

    Pero en dónde, como no sea en la sombra,
    puedo siquiera buscar luz
    o nada más buscar
    y encontrar, por ahora, lo que sea.

    Estoy a la espera de señales
    claras, explícitas, rotundas
    en el tiempo, en el agua, en una nube
    o en los asientos del café:

    señales que desmientan
    que, hasta la fecha, nada
    quiere decir ni ha dicho nunca nada.

    Los extraños escondites de la pasión

  • De la nada

    Apareces,
    te asomas de la nada,
    y el sol, tras la tormenta,
    parece respaldarte como un cómplice.

    Yo pienso de inmediato en otros tiempos:
    recuerdo con ternura
    la mirada inicial de aquel otoño
    y desempolvo aromas, paisajes, ocurrencias
    y charlas animadas —dijera el novelista.

    Hoy, lo que son las cosas,
    paso a tu lado sin mirarte,
    cuidándome, ya que no el corazón,
    sí ―no me culpes―
    la bolsa del dinero.

    Tortuga 2009

  • Luis Vicente de Aguinaga

    Ha publicado cinco libros de crítica y ensayo literario y diez de poemas: Fractura expuesta (poemas), 2008; Trece (poemas), 2007; Otro cantar. Invitación a la crítica literaria (ensayo), 2006; Signos vitales. Verso, prosa y cascarita (ensayo), 2005; La migración interior. Abecedario de Juan Goytisolo (crítica literaria), 2005; Lámpara de mano. Sobre poemas y poetas (crítica literaria), 2004; Reducido a polvo (poemas), 2004; Por una vez contra el otoño (poemas), 2004; Cien tus ojos (poemas), 2003; Rumor de la ciudad al hundirse. Lectura de ‘Paisajes después de la batalla’ de Juan Goytisolo (crítica literaria), 2003; La cercanía (poemas), 2000; El agua circular, el fuego (poema), 1995; Piedras hundidas en la piedra (poemas), 1992; Nombre (poemas), 1990; Noctambulario (poemas), 1989.

    Su blog: http://aguinaga.blogspot.com