José Sánchez Carbó

  • Noviembre, de Jorge Galán | José Sánchez Carbó  

    Ética y estética de la novela

     

    Jorge Galán, Noviembre, Planeta, México, 2015, 255 p.

     

    Jorge Galán (San Salvador, 1973), exalumno de la Universidad Centroamericana Siméon Cañas y uno de los poetas más reconocidos de El Salvador, ha recibido premios a nivel nacional e internacional por su obra de creación literaria: poesía, narrativa y literatura infantil. A finales del 2015, Planeta le publicó Noviembre, novela sobre el asesinato de seis jesuitas en El Salvador. read more

  • Anoche dormí en la montaña de Héctor Manjarrez | Por José Sánchez Carbó

    Desarraigos

     

    Héctor Manjarrez, Anoche dormí en la montaña, México, ERA, 2013, 186 pp.

     

     

    Después de varios años, Héctor Manjarrez (1945) vuelve a transitar los senderos de la narrativa breve con Anoche dormí en la montaña (2013). Anteriormente había publicado los libros de relatos Acto propiciatorio (1970), No todos los hombres son románticos (1983), Ya casi no tengo rostro (1996) y El horror es familiar (2001). Si bien también ha incursionado en el territorio de la novela, la poesía y el ensayo, buena parte de su reconocimiento público lo ha obtenido por sus cuentos, como lo demuestran los premios Xavier Villaurrutia por No todos los hombres son románticos y el José Fuentes Mares por Ya casi no tengo rostro.
    Hijo de diplomático, melómano e irónico militante de la contracultura, durante su juventud recorrió varios países europeos y radicó en Milán, Yugoslavia, Madrid, Turquía, Bruselas, París y Londres –donde residió seis años–, para retornar al convulso México de los setenta, decisión que lo sumergió en un complicado y largo proceso de adaptación. Entrevistado por Reinhard Teichman explicaba que regresar a su país “fue un desastre durante dos o tres años. No entendía yo nada, o me negaba a entender casi todo (…). Todo era muy confuso y enloquecedor. Por todas partes veía yo masacres inminentes. México era un país muy difícil entonces, y yo era un persona acostumbrada a vivir en países extranjeros”.
    Su juvenil etapa como extranjero, así como su contacto con las culturas europeas y los movimientos sociales y políticos de su tiempo (hipis, drogas, rock, comunas, militancia, feminismo, ideales, manifestaciones estudiantiles), los ha retomado en su producción literaria presentándolos las más de las veces a través de formas irónicas o paródicas, experimentales o realistas.
    Dentro de la vertiente realista, Anoche dormí en la montaña revalida la calidad narrativa demostrada por el escritor en cuentarios anteriores. El lector, en principio, tendrá en sus manos un libro con un excelente cuidado editorial y una colección de doce relatos divididos en cuatro secciones: “Infidelidad”, “Polis”, “Anoche dormí en la montaña” y “Antaño”. Cada una de estas secciones desarrolla atractivas historias con personajes entrañables y complejos en las que es posible atender trasfondos sentimentales, sociales e históricos. Estas historias prueban haber sido escritas con paciencia, maestría y sensibilidad así como con honestidad, sabiduría, astucia y humor.
    En la primera sección, “Infidelidad”, como el subtítulo lo indica, los dos relatos narran sendos triángulos “amorosos” civilizados, liberales, ligeramente dramáticos y flemáticos, es decir, contienen los ingredientes necesarios para bautizar la mezcla como bien londinense. Las tramas de “La esposa y el esposo y el amigo y el otro” y “La mujer, el amante, el marido y el hermano” (títulos que evocan una conocida película del galés Peter Greenaway) están contadas desde la perspectiva masculina. Lejos del estereotipo, los papeles representados por los protagonistas son los del esposo engañado y el amante que, en ambos casos, se resignan a aceptar, en ocasiones sin cuestionar, las decisiones y las condiciones impuestas por sus mujeres. Estos dos hombres, entre ellos un escritor mexicano, están casi siempre dentro de la casa. Ahí permanecen sin aspavientos cuando la esposa se marcha o, en el segundo relato, cuando una atractiva y simpática mujer un día toca a la puerta –una fantasía sexual materializada– y, después de un tiempo, desaparece un día sin más explicación. Incluso ahí mismo, en el espacio privado, donde pasaron con sus respectivas parejas placenteros momentos, establecen complicidades con el supuesto amante o con el esposo celoso y devastado, según la perspectiva y el papel que asume cada uno de ellos.
    La sección “Polis” mira críticamente en tres relatos, en ocasiones con elevadas dosis de ironía, a la izquierda latinoamericana mediante tres mujeres singulares y tres geografías paradigmáticas: Edna y Nicaragua; Florencia y Cuba; Amalia y México. En “Una pura y dura”, un corresponsal mexicano, enviado a Nicaragua para cubrir los primeros años del gobierno sandinista y las ofensivas de la contra, pasa una inolvidable noche de juerga con Edna, una imponente mujer, por su belleza, inteligencia y carácter, miembro de los servicios de inteligencia sandinista. En “Florencia en La Habana”, una joven cineasta mexicana vive dos momentos memorables. Primero tiene la oportunidad de establecer una breve conversación con un Fidel Castro que mira a la compañera mexicana con “curiosidad y un poquito de sexualidad” y a quien inevitablemente invita a hacer cine revolucionario. El segundo sucede días más tarde cuando descubre en la cama a su futuro marido, un reconocido dramaturgo cubano, con otro hombre; esto da pie a una hilarante e inolvidable escena de equívocos, justificaciones, amenazas y acuerdos donde ella significa el pasaporte de salida de la isla. El tercer relato, “La mujer del parque”, un explícito homenaje a Juan Carlos Onetti, trata sobre el exilio de Amalia y, por extensión, de cientos de sudamericanos y centroamericanos que salieron “huyendo en medio de la noche para que los militares no los secuestraran, torturaran y mataran”, para encontrar refugio en México, en ese entonces “el país menos peor de América Latina”, y que, ante la caída de las dictaduras, tuvieron la oportunidad de retornar a sus países aunque algunos “no tardaron mucho en devolverse acá, pues sentían que se ahogaban en los lugares que tanto habían añorado”.
    La parte que le da el título al libro, conformada con seis relatos integrados, quizás en algún momento un proyecto de novela, tiene como protagonista a Concha, una antropóloga que ya había aparecido en otra novela de Manjarrez: El otro amor de su vida (1999). En esta oportunidad los cuentos narran la experiencia vivida por Concha al asistir a la celebración de la Semana Santa y la comunión del peyote o jícuri en una pequeña población de la Sierra Madre Occidental. Los relatos “En el bordecito del horizonte”, “El café París”, “Medios y fines”, “Repetida mente”, “Una carta de amor” y “La fuerza de la devoción” forman una cronología de la tradicional celebración de los días santos que termina con el Sábado de Gloria y da inicio al “tiempo profano, que resulta una escandalera deliciosa para los montañeses que viven en el silencio”. Este ambiente pleno de contrastes detona en Concha dilemas personales, profesionales, filosóficos y espirituales respecto a la religión, el papel de las mujeres en sociedades tradicionales, la justicia, la violencia, las relaciones de pareja, el tiempo, la identidad y el conocimiento. Los rituales en los que participa, las curaciones observadas, la ingesta de la planta mágica, como parte de un ritual iniciático le enseñan y hacen reflexionar a tal grado que el “mundo y la vida ya nunca volverán a ser como han sido hasta esta Semana Santa”.
    El último cuento, “Amelia”, es la historia del amor imposible de una niña que junto con su familia es obligada a abandonar su pueblo en el norte de México con el estallido de la Revolución. Ella recorre con su mamá y hermanos algunas poblaciones del país enfrentándose a distintas costumbres y tradiciones en cada región. En uno de estos lugares conoce a su primer pretendiente, un adolescente que le promete buscarla al cumplir su mayoría de edad. Sin embargo, el constante peregrinar de la familia lo aleja de él, llevándola hasta la Ciudad de México donde pierde contacto con su prometido y, por si fuera poca la pena, es obligada a casarse con un profesor. Décadas después el destino los vuelve a reunir pero Amelia sólo logra reconocerlo horas después cuando se han despedido como dos desconocidos y ella lee el recado que le ha entregado escrito en una tarjeta su antiguo pretendiente.
    En los cuentos de Anoche dormí en la montaña destaca un par de aspectos bastante relacionados entre sí. Por una parte está un interesante y heterogéneo grupo de personajes femeninos y, por otra, el relato de distintas formas del desarraigo voluntario o involuntario. En la totalidad de los relatos la participación de una mujer es decisiva, ya sea cuando representa a la esposa desilusionada de la apatía emocional de su cónyuge, la amante liberal que cansada de la violencia huye con destino desconocido, la insumisa militar que lidia contra el típico machismo de la guerrilla centroamericana, la cineasta desinhibida y enamorada de un homosexual en una sociedad homofóbica, la exiliada nostálgica que pierde la memoria, la antropóloga militante o la mujer de provincia emancipada de la costumbre. Asimismo es común que estas mujeres encaren situaciones poco comunes en contextos y culturas ajenas como la europea (Londres), las latinoamericanas (Cuba, Nicaragua, México) o las nacionales (Sierra Madre Occidental y la capital para una mujer de provincia). En ellas observamos distintas formas de desarraigos (emocionales, geográficos, culturales) pero, como se cuestiona Concha, “¿puede uno real y totalmente dejar el mundo en que creció?”
    Estas muestras de la habilidad narrativa y la sensibilidad social de Héctor Manjarrez no decepcionarán a los lectores que han seguido su trayectoria y pueden ser, seguro, como indica la contraportada, la puerta de entrada “para empezar a leer a este escritor” más comprometido con la literatura que con los contratos editoriales.


     

    Escrito por: José Sánchez Carbó