Jesús Ramón Ibarra

  • Teoría de las pérdidas, de Jesús Ramón Ibarra | Jorge Ortega

    Nuevo libro de Job

     

    Jesús Ramón Ibarra, Teoría de las pérdidas, FCE, México, 2015, 68 p.

     

    La madurez de un poeta se calcula tanto por el reconocimiento público de su obra como por la aptitud de ésta para ir amasando progresivamente un sistema de correspondencias que supongan la conformación y la confirmación de un mundo propio. Me refiero a la recurrencia de un puñado de registros que dialoguen entre sí bajo distintos contextos a lo largo de una bibliografía, o bien, a los coeficientes de un discurso en el tiempo. Rachel Phillips hablaba del común denominador que constituyen en la vertiente lírica de Octavio Paz la reincidencia del instante, la presencia, el mediodía, la transparencia, el espejo; pero igual pudiera pensarse en las piedras y los pájaros de Neruda, o en el llano, la espada, el laberinto, la luna o el también espejo de los versos de Borges. read more

  • Tres poemas | Por Jesús Ramón Ibarra

    MANÉ O DEL ALIENTO
    AL ENTRAR en su cuerpo
    Mané quema las naves
    Deja ceniza a orillas del misterio
    Un túmulo amansado
    y la resignación
    de los que no salen indemnes
    de la guerra
    Al entrar en su cuerpo
    Mané se instala en los rincones
    Fija su hiel entre sombras
    Pasea los perros de su lengua
    Donde la voz
    cruenta
    elabora dictámenes precisos
    Al reconocer las galerías de su cuerpo
    Mané busca la sangre
    De un bolero enconado
    La miel grávida de su nota
    Y el pulso inamovible de su caza
    ELSA SOAREZ se despidió cantando.
    En la noche, un bolero izó su velamen
    y se dispersó en silbos
    por la escollera.

    Elsa Soarez se despidió
    con notas de su sangre cautiva.
    Caminó –incondicional vigía del viento–
    por el malecón y su voz de colmenar,
    su voz de avispero en la noria,
    su voz de arena movida por el peso del aire
    alimentó la playa de Sao Paulo
    y tomó el camino de los misterios.

    Elsa Soarez no pensaba en Mané,
    ni en su triste condición de enfermo
    que atraviesa a caballo una fiebre de pájaro roto.

    No pensaba en aquellas tardes,
    juntos, entre el cauce del fontanar,
    en un jardín de Ámsterdam,
    y los cuerpos acunados en un mismo
    y doloroso temblor de amantes
    que se despiden.

    Ella se despidió cantando y el bolero
    –un barco de luz marchitada,
    un bajel de piedras vivas y flores–
    se la llevó consigo entre la niebla de un otoño lento.
    Interminable.
    AL FUEGO de la voz
    Se cocinaba el hambre
    Al fuego de la sangre
    Oscuros bocados palpitaban
    Al fuego de la lengua
    Donde la tensa nota
    Desplegaba su tizne
    El hambre
    Transitaba con lauro
    Abrazaba las piedras
    de la casa
    Le daba flor y polvo
    A sus cimientos
    Al transitorio gesto de los hijos
    Al aullido tenaz en que dormían


    Escrito por Jesús Ramón Ibarra