francesca dennstedt

  • Operación al cuerpo enfermo, de Sergio Loo | Francesca Dennstedt

    Estar mal hecho

     

    Sergio Loo, Operación al cuerpo enfermo, Universidad Autónoma de Nuevo León/Ediciones Acapulco, México, 2015, p. 83.

     

    Desde la publicación de Illness as metaphor (1978), de Susan Sontag, han surgido múltiples obras literarias cuyo leitmotiv se centra en desmantelar las fantasías que rodean a ciertas enfermedades. Para la propia Sontag, y teniendo ella misma cáncer, entender la enfermedad en términos metafóricos —como un castigo o una maldición— inhibe tanto al paciente como a los propios médicos la búsqueda del mejor tratamiento posible porque las metáforas ocultan lo que verdaderamente es el cáncer: una enfermedad. Siguiendo esta línea, en Operación al cuerpo enfermo, un libro entre el ensayo literario, el tratado médico y la poesía, Sergio Loo propone entender la enfermedad ya no en términos metafóricos sino performativos. Este ajuste le permite, entre otras cosas, cuestionar si en verdad todo cuerpo debe estar sano —“¿No puede uno simplemente estar mal hecho?”, se pregunta Loo— explorando la relación entre los cuerpos anómalos, la sexualidad y la identidad. read more

  • Amor que se atreve a decir su nombre | Por Francesca Dennstedt

    Amor de un solo nombre

     

    Mario Muñoz y León Guillermo Gutiérrez (comps.), Amor que se atreve a decir su nombre, Universidad Veracruzana, Xalapa, 2014, 303 p.

     

     

    Desde el boom editorial de El vampiro de la colonia Roma, y con la emergencia de una nueva identidad gay a mediados de los setenta, el género ha sido una cuestión más o menos visible en la literatura mexicana. Hace casi dos décadas se publicó De amores marginales (1996), la primera antología de cuentos mexicanos de tema gay. read more

  • El taller de no ficción de Bruno H. Piché | Por Francesca Dennstedt

    El peligro del ensayo

    Bruno H. Piché, El taller de no ficción, Libros Magenta/CONACULTA, México, 2012, 253 p.

    No soy muy asidua a leer ensayos. Tengo la manía de querer dominar las cosas y aunque el ensayo es un género hospitalario a menudo termina por convertirse en un callejón sin salida. read more

  • Poemas de terror y de misterio de Luis Felipe Fabre | Por Francesca Dennstedt

    Poesía sin agujeros

     

    Luis Felipe Fabre. Poemas de terror y de misterio. México: Almadía, 2013. Pp. 102.

     

    Ya se ha comentado que el último libro de Luis Felipe Fabre, Poemas de terror y de misterio, presenta –en palabras de Sergio Téllez-Pon– una poesía en rigor mortis: el uso de dos puntos, el corte abrupto de los versos, la reiteración, las enumeraciones, el humor predecible y demás recursos estilísticos tradicionales de su poesía, invaden el texto con una soltura problemática. Quiero decir: lo que antes se presentaba como una especie de ruptura, hoy parece ser el espacio de lo tradicional. Utilizo esta palabra a propósito porque el autor comenzó a ganarse un lugar especial en la poesía actual mexicana al presentarse como un poeta que atentaba contra la tradición, como un poeta que estaba dispuesto a tirar el último cascarón del tabú al piso. A mi juicio, este afán por atentar contra la tradición es uno de los aspectos que alimenta el ingenio de su poesía. Por ejemplo, una de las lecturas que admite La sodomía en la Nueva España es que el travestismo genérico –juego de disfraces entre el teatro, el ensayo y la poesía– resulta novedoso cuando se dialoga con la tradición barroca, estética culta por antonomasia. A su vez, el barroco cobra sentido cuando se piensa como una estrategia para reivindicar al sodomita en la historia. En Poemas de terror y de misterio los zombis y otra clase de monstruos, como la propia sor Juana, son las herramientas que pretenden desestabilizar la poesía. Pero se necesita algo más que una catástrofe zombi para sacudir el texto de su monotonía: parecer ser que la madurez poética no le ha sentado del todo bien a Fabre.
    El problema mayor del libro no es el uso abusivo de una retórica conocida sino que parece ser que los agujeros se han llenado. Para Fabre la poesía siempre ha sido una herramienta para ensayar la propia poesía: ¿esto que estoy leyendo es un poema?, ¿cómo se sostiene un “bello decir” dadas las circunstancias? En sus anteriores libros ha quedado claro que la poesía en la actualidad tiene que ser algo más que lenguaje. Quizá sea cierto que Poemas de terror y de misterio es el texto de Fabre donde mejor se ajusta la necesidad poética a la realidad del mundo, sin embargo ésta última parece devorar todo intento por ensayar la poesía: no hay huecos –salvo los que dejan los zombis– para leer en el poema. O más bien, no me gusta la respuesta que parece llenar el agujero: la poesía ha dejado de ser lenguaje y se ha convertido en un remake, en película gore. Mientras que en La sodomía… Fabre apostaba por travestir la poesía, por hacer un juego transgenérico donde lo barroco y el sodomita fueran los principales participantes, en Poemas de terror y de misterio la apuesta queda en manos de seres putrefactos y en un par de rimas desgastadas. Por otro lado, en el texto, se deja entrever una necesidad meramente mercantil, una voluntad por convertir la poesía en un best seller. No me queda del todo claro hasta qué punto Fabre pensó el tema de lo comercial. De entrada, no hay un diálogo con el género del best seller ni se nos presenta como una estrategia para desmantelar el poema: los zombis aparecen porque pueden aparecer. Y es justo en este punto donde el libro comienza a funcionar un poco.
    Al igual que en el cine gore, Fabre se aprovecha de los códigos visuales del zombi para hacer del miedo un exceso risible. Cuando hablo de miedo no me refiero a estos monstruos sino a la situación específica de violencia que se vive en México: “ahora setenta mil zombis asolan México según cifras oficiales”. El zombi representa a la humanidad desconocedora de sí misma, ese miedo a perder toda idea de sujeto y perderse en la colectividad. El zombi es un ser que ya no busca el placer sino la necesidad, que representa el estado putrefacto de las cosas. Fabre nos indica que somos muertos vivientes acostumbrados a vivir en un estado de alerta constante, una alarma que se ha convertido en mera ficción narrativa:
    Dicen
    que los zombis
    son una estrategia del narco
    para aterrorizar al gobierno. Dicen que
    los zombis son una estrategia del gobierno para
    aterrorizar

    a la población. Dicen que los zombis son una estrategia
    de la población para aterrorizar al narco. Dicen
    que los zombis son una estrategia del gobierno
    para aterrorizar al gobierno. Dicen
    que los zombis son una estrategia
    del narco

    Dentro de la catástrofe zombi, una de las preguntas clásicas es: ¿saben los zombis que están muertos, que son zombis? En Poemas de terror y de misterio pareciera que la respuesta es no, que el zombi se erige como articulación del cambio. Evidentemente no estamos hablando de un cambio en la realidad sino en la escritura. En su ensayo Filosofía zombi, Fernández Gonzalo habla del zombi como un problema de escritura, como una manera de infectar nuestros códigos culturales y sus signos para pensarlos nuevamente. El zombi como articulación del cambio: no se sustituye lo viejo con lo nuevo sino que se fragmenta, se recompone. Así, el zombi se erige como una nueva forma de pensar la poesía, el poema sobre la violencia:

    Últimas noticias: cerca de ochenta personas
    que se manifestaban en pro de los derechos de los zombis
    frente a las puertas de Palacio Nacional
    fueron devoradas por una horda de muertos vivientes
    sin que la policía ni el ejército interviniesen en su auxilio.

    La burla y el carácter zombificado no sólo del espectador sino del propio poeta que se entrega a esa horda de seres putrefactos, de poesía sin agujeros. Es evidente que Fabre se preocupa por el destino de la poesía. De alguna manera, intuye que no puede desligarse totalmente de la violencia en México, pero hacer un poemita más de este tipo parece absurdo: propone un cambio, una literatura z; es decir, apuesta por un pop real, intenta borrar la línea entre alta cultura y cultura popular. El problema está en que ya no hay una propuesta formal: el poema se ha sacrificado ante la tradición para entregarse, sin medir consecuencias, a este famoso pop de lo real. A mi juicio, debe de haber otro camino donde el fondo no sacrifique a la forma.
    Un último aspecto llama mi atención. Hay un poema titulado “El poema de mi amiga”, que habla del interés del público por este nuevo género de la poesía mexicana: el poema de violencia. La amiga interroga a la voz poética: “¿qué a ti no te importa lo que pasa en este país?” Le recrimina su falta de lágrimas y deduce que el poco interés en los secuestrados, en los desaparecidos, se debe a simple envidia: la voz poética no puede escribir un poema sobre la violencia. Poemas de terror y de misterio es una respuesta a ese poema, parece ser que todo se resume a la imposibilidad de escribir la violencia, de contar los muertos con versos y rimas. El poema llama mi atención porque no se si la voz poética, que a estas alturas bien podemos identificar a Fabre en ella, se ha entregado con resignación a la nueva moda y ha escrito su poemita sobre la violencia o erige la resistencia al convertir el horror en risa. Ninguno de los dos puntos me convence: me niego a pensar en Fabre como un poeta entregado a la tradición, que ha dejado de ser propositivo, pero tampoco encuentro una resistencia satisfactoria. Fabre necesita sacudir su poesía de ese rigor mortis. Mientras tanto, espero con ansias su siguiente trailer.

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    Escrito por Francesca Dennstedt

  • De huecos, puertas y poesía

    Toda antología busca llenar huecos, hacer agujeros y abrir ciertas puertas. Lo primero es relativamente fácil cuando se trata de antologar poesía: hay espacios que necesitan ser rellenados y una selección arbitraria puede tapar el agujero, o están tan llenos que necesitan ser depurados. read more

  • Paso del macho de Juan Carlos Bautista

    Hace algunos meses, en la presentación de un libro, un escritor se quejaba de que gran parte de la crítica se había dedicado a señalar lo cómico y divertido como una de las principales virtudes de su narrativa. Con supuesta profundidad, el autor intentaba explicar al público que la verdadera importancia de su obra radicaba en la complejidad de la misma y no en unos cuantos chistes. Con estos comentarios, el autor parecía afirmar que lo cómico no puede ser complejo, que la buena literatura es aquella donde el lector rara vez disfruta la primera lectura porque está demasiado preocupado por entender de qué trata el libro; o más bien, parecía sentenciar que la literatura no puede plantearse como finalidad ser un texto divertido. Se quejaba, en suma, de que su libro no se había leído con el cuidado ni con la seriedad debidos. Paso del macho apuesta por esa otra clase de lectura, que invita al lector a dejar la seriedad de lado y sumergirse en la putería. Es un libro que espera —como ya lo mencionó Juan Carlos Bautista en una presentación— ser definido como un texto divertido y jocoso.

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  • Crítica 146

     

    El último número de la Crítica del 2011 es el 146. La abre el escritor colombiano Luis Miguel Rivas, que participará en el programa de la FIL, “Los 25 secretos mejor guardados de América Latina”. Además nos acompañan Andrea Kurtz, Idalia Mojerón Arnaiz, Reynaldo Jiménez, Juan Villoro, Rafael Zamudio, Alberto Chimal, Eduardo Padilla, Gerardo Piña, Pablo Sánchez, Julián Herbert, Carlos A. Aguilera, Fabio Morábito, Felipe Vázquez, Alejandro Badillo, Carmen Boullosa, David Cortés Cabán, Luis Fernando Cruz Carrillo, Carlos Ulises Mata, Daniel Bencomo, Gregorio Cervantes Mejía, Víctor Hugo Martínez Bravo, Eduardo Sabugaln y Francesca Dennstedt.

    SUMARIO:

    Luis Miguel Rivas
    Escribo para que no se me olvide 3Andreas Kurz
    Confesiones de un racionalista 9Idalia Morejón Arnaiz
    Elogio del folletín 18

    Reynaldo Jiménez
    Tres Poemas 23

    Juan Villoro
    Escribir cartas: pedir que el tiempo exista 30

    Rafael Zamudio
    Las vías insomnes 54

    Alberto Chimal
    Generación Z 64

    Eduardo Padilla
    Cuatro poemas 77

    Gerardo Piña
    Oráculo 83

    Pablo Sánchez
    El liderazgo de la ficción 97

    Julián Herbert
    Cuatro poemas 105

    Carlos A. Aguilera
    El estremecimiento de los intelectuales:
    entrevista a Idalia Morejón Arnaiz 115

    Fabio Morábito
    Prosas 124Felipe Vázquez
    Seis notas sobre la poesía de Morábito 127Alejandro Badillo
    La señal 137

    Carmen Boullosa
    Cincuenta cuerpos extraordinarios 145

    David Cortés Cabán
    Seis poemas 156

    Luis Fernando Cruz Carrillo
    Diablo 159

    Carlos Ulises Mata
    La mirada hermenéutica 167

    Daniel Bencomo
    La dicha de lo dicho 173

    Gregorio Cervantes Mejía
    El peso de los recuerdos 176

    Víctor Hugo Martínez Bravo
    Con un cuerno de chivo en Wall Street 178

    Eduardo Sabugal
    La caja verde de Cristina 184

    Francesca Dennstedt 
    Un ejemplar de chotería 188

  • Venenos de Dios, remedios del Diablo. Las incurables vidas de Villa Cacimba de Mia Couto

    Traducir desencuentros por: Francesca Dennstedt

    Venenos de Dios, remedios del Diablo: una escritura hace por sobrevivir en un país que, desde su reciente independencia, aspira a crear no sólo su historia sino también su lengua e identidad. Para Mia Couto, la literatura juega un papel importante dentro de la búsqueda de un lenguaje que sirva tanto para comunicarse como para traducir la cultura; es decir, un lenguaje que mezcle, de manera natural, el portugués de Portugal con el de Mozambique y con las lenguas nativas, lleno de neologismos propios de la palabra oral, y que, de forma constante, aluda al folclor mozambiqueño. Tal parece ser la línea central en que se desarrolla la propuesta literaria de este escritor, con la cual se ha ganado la atención de la crítica y la comparación con escritores como Guimarães Rosa y Mario de Andrade.

    En Venenos de Dios, remedios del Diablo, el escritor busca poner a prueba el discurso de la traducción y hacer explícitas sus implicaciones; no necesariamente por medio de juegos con el lenguaje ni mediante la creación desmesurada de neologismos, sino poniéndolo a prueba a la hora de interactuar como mediador entre dos culturas. La novela narra la historia de Sidonio Rosa, un médico portugués que llega a Villa Cacimba buscando a Deolinda, una mulata que conoció en Portugal y de quien se enamoró. El médico rápidamente se entera de que la mulata está fuera del pueblo; decide esperarla mientras ayuda a curar un brote de meningitis. A partir de entonces, Sidonio comienza a frecuentar la casa de doña Munda y Bartolomé Sozinho —padres de Deolinda— con el pretexto de curar a Bartolomé, quien supuestamente agoniza desde hace tiempo, encerrado en el cuarto y convencido de que morirá de la misma manera que su abuelo: convertido en lagarto. Desde el primer capítulo, el lector asiste a un diálogo entre Sidueño —nombre que el doctor recibe en la Villa— y Bartolomé Sozinho, un diálogo lleno de tensiones entre la cultura portuguesa y la mozambiqueña, donde el portugués quiere imponer su discurso mientras busca recurrir a imágenes familiares para entender el de los habitantes de la Villa. Por ejemplo, la gente del pueblo cree que la enfermedad es causada por encargo o por maldición, y llaman a los enfermos desandariegos; pero Sidueño afirma que “las enfermedades poseen causas objetivas” y que, aunque “es un bonito nombre: desandariegos…”, la enfermedad se llama meningitis. De esta forma, el portugués —tanto el personaje como la lengua— se enfrenta a la inventiva capacidad lingüística de Villa Cacimba, a sus diferencias culturales, que no siempre se pueden entender o traducir, aunque hablen el mismo idioma:

    —¿Llovía en el sueño?

    —Ay, Doctor, usted sufre de un exceso de poesía, ¿acaso llueve en los sueños?

    —¿Yo? ¿Poesía?

    —No es un mal reciente. Ya anda poeteando desde hace mucho tiempo. Por ejemplo, cuando me aconseja que corte las bebidas…

    —¿Cree que eso es poesía?

    —¿Entonces no lo es? ¿Cortar la bebida? Uno puede cortar los árboles, cortar la ropa, cortar no sé dónde, pero dígame, Doctor, ¿qué cuchillo corta el líquido? Sólo el cuchillo de la poesía.

    —Usted es el que anda muy inspirado estos días, mi querido Bartolomé.

    —¡Ah, es verdad! Hay otra más: dice que beber me provoca gota. Sabiendo los litros que bebo, Doctor, es necesaria mucha poesía para hablar de gotas…

    El lenguaje también funciona en la novela como una forma de resistencia para no perder la memoria. Desde el comienzo de la historia, tanto los lectores como Sidueño nos enfrentamos a una trama compleja de recuerdos que se contradicen y se reinventan a través de la imaginación, para poder sobrevivir en un país que está enfermo, ya sea por el exceso o la falta de memoria. Nos enfrentamos a un rompecabezas que podemos o no armar, pero ante el cual nos descubrimos limitados: “el portugués confiesa sentir envidia de no tener dos lenguas, y poder usar una de ellas para perder el pasado. Y otra para burlarse del presente”.

    Doña Munda y Bartolomé Sozinho mantienen a Sidueño en la Villa con la promesa de que Deolinda está por regresar. Por medio de cartas que doña Munda le entrega, la mulata le pide a Sidueño que cuide de sus padres y les regale, entre otras cosas, una televisión. A lo largo de la trama, el doctor se da cuenta de los engaños de la pareja: Deolinda está muerta. La trama se complica y se desdobla: ella pudo haber sido violada por Bartolomé, quien puede o no ser su padre; o bien, está muerta por causa de un aborto o por alguna enfermedad no tratada. La pareja inventa o no estas historias para conseguir la ayuda del extranjero: “Que el extranjero entendiese la razón y perdonase el motivo. Pedir es mejor que robar. Y si Dios no nos ayuda, ¿cómo rechazar la ayuda del diablo?” Finalmente, Sidueño se percata de que en África él no es una persona, sino una raza a la que se puede manipular porque no entiende cómo funciona y sobrevive la gente de Villa Cacimba.

    Hacia el final de la narración, bajo los efectos de una flor llamada besos de mulata, Sidueño deja de verse a sí mismo para incorporarse a la niebla o Cacimba que, de manera constante, cubre la ciudad. A través de esa alucinación, el doctor logra develar los secretos de la Villa: “Por eso le habían convocado; por eso había desembarcado en el pueblo. No eran los habitantes los que estaban enfermos. Era la casa”. La novela está dividida en dieciocho capítulos, pero se omiten casi todos los eventos ocurridos fuera de casa de los Sozinho. Sólo se mencionan unos cuantos: la breve conversación de Sidueño con Suexcelencia, la huida de Bartolomé Sozinho y, por último, la alucinación y partida de Sidueño. Es importante aclarar que la casa no es un personaje, como puede ocurrir en Kafka o en Beckett, sino un espacio que sujeta y construye a los personajes. De esta manera, la casa funciona como metáfora de un país, en este caso un país sin historia ni identidad definidas.

    Todos los personajes de la narración —a excepción de la esposa de Suexecelencia, doña Esposita— son personajes con cualidades y defectos que en algunos momentos de la trama sirven como remedios y, en otros, como venenos. En este sentido, Sidueño es a la vez remedio y veneno para la familia Sozinho. Por un lado, busca curar a Bartolomé por medio de sus conocimientos científicos de la medicina mientras que, por otro, su raza y su falso título de doctor lo convierten en veneno. Otro ejemplo es doña Munda, quien de forma constante le pide al médico un remedio que la cure a ella, es decir, algún veneno que mate a su marido y la deje viuda. Sin embargo, el personaje de Suexcelencia es quien mejor encarna esta dualidad: a veces es el típico político ignorante que busca combatir la pobreza haciéndose rico; otras veces es víctima de la corrupción del sistema y una persona que, por honesta, termina perdiendo su puesto. Esta dualidad se explica de manera histórica: los personajes están viviendo el cambio de la colonia hacia la independencia. Mia Couto parece preguntarse cuál es el precio de dicha independencia: ser una colonia es lo mismo que tener un remedio, que estar sano. Por ejemplo, para Bartolomé significa ser empleado en la Compañía Nacional de Navegación, trabajo que pierde tras la independencia. Para doña Munda y doña Esposita la transición no significa nada, ya que siguen sujetas a su condición de mujeres. Para Suexcelencia, es la oportunidad de acabar con la pobreza. Y para el país entero, como señaló el crítico Padilha, la independencia es heredar una tierra cubierta de niebla, es estar exiliado de la propia tierra.

    Me gustaría señalar un último punto de la novela: la habilidad y el sentido del humor por medio del cual se construyen los diálogos de Venenos de Dios, remedios del Diablo. Es gracias a este humor que temas tan discutidos por la literatura y por otros muchos discursos —el racismo, la misoginia, la pobreza e incluso el tema central de la novela, la poscolonialidad—, consiguen desarrollarse sin caer en el lugar común y en la caótica acumulación de exotismos para merecer la atención del lector. Este humor va desde lo simple —la ironía que encierra el nombre de doña Esposita— a situaciones más complejas, como la vergüenza que siente Bartolomé de que se le caigan los calcetines porque son lo único que sostiene sus partes privadas. O como el remedio que solicita Suexcelencia: “un producto para la eliminación radical de la transpiración. No un desodorizante sino un anulador definitivo de sudores”, porque el sudor es un defecto de los pobres y no de quien combate la pobreza. Quizá la originalidad de Mia Couto no radique sólo en la creación de un lenguaje,* sino en la forma en que consigue actualizarlo y hacer con éste una literatura de este siglo.

    * A propósito de este punto, me habría gustado poner a discusión la originalidad de su lenguaje, porque tengo la impresión de que podría reducirse a una imitación de Guimarães Rosa. Pero leí la traducción al español, así que sería arriesgado afirmarlo. De la misma manera, aprovecho para mencionar que la traducción me resulta sospechosa, desde la elección de algunos adjetivos hasta la decisión de traducir algunas palabras y otras no, como en el caso de los nombres de los personajes.


    Mia Couto, Venenos de Dios, remedios del Diablo. Las incurables vidas de Villa Cacimba (Trad. de Ana María García Iglesias), Almadía, México, 2010, 200 p.


    Escrito por Francesca Dennstedt

    (Tijuana, 1988) es estudiante de Literatura en la Universidad de las Américas Puebla. Ha publicado crítica en la revista Separata. Revista de pensamiento y ejercicio artístico. Ha participado en diversos talleres de creación literaria. Actualmente trabaja en una tesis sobre la poesía de Luis Felipe Fabre.