Federico Vite

  • Carácter, de Federico Vite | Gregorio Cervantes Mejía

    Acuérdate de Acapulco

     

     

    Federico Vite, Carácter, Ediciones Monte Carmelo / conaculta / Secretaría de Cultura del estado de Guerrero, México, 2015, 144 p.

     

    Para quien conozca la obra narrativa de Federico Vite (Acapulco, 1975), se encontrará en las primeras líneas de Carácter con un escenario ya conocido: recorridos por cantinas, referencias musicales a lo largo de la narración, amores tormentosos y/o pasajeros. Una voz narrativa que reflexiona entre trago y trago, que se pierde por espacios turbios mientras su percepción de la realidad se obnubila debido al alcohol ingerido, que nunca parece ser suficiente. read more

  • Como la ginebra con un chorro de vermú | Federico Vite

    (WEB)

    Pink Martini es una agrupación de Oregon que se ha caracterizado por crear un sonido vintage: fusiona los beats bailables del lounge con la elegancia orquestal de las bandas de los años 40 del siglo pasado. Thomas Lauderdale y China Forbes son los responsables de este grupo que reúne a once músicos egresados de conservatorios prestigiosos. La banda se abrió camino dando conciertos en diversos festivales de norte América, en 1994; en Europa, debutó en el glamour del festival de cine de Cannes. Su primer disco se publicó en 1997, hablo del afamado Sympathique, proyecto que logró vender aproximadamente 720 mil copias en Francia, Turquía, Grecia, Suiza y Canadá. A los habitantes de esos países se les hizo bastante curiosa la manera en la que Pink Martini tocaba ‘¿Dónde estás, Yolanda?’, ‘Brazil’, ‘Andalucía’, ‘Lullay’, ‘Qué será, será’ y ocho composiciones más mundialmente conocidas. read more

  • Un remix para el alma | Federico Vite

    Si la intención de la música es hacer un mundo distinto, no más ordenado ni menos convulso, sólo armonizado de otra forma, James Barron, mejor conocido en el oropel del mundo de los dj’s como Ron Basejam, se ha encargado de dotar, desde 2005 a la fecha, de imaginarios audibles y bailables el inconsciente colectivo de quienes aprecian la música electrónica. read more

  • El groovie sonido porn | Federico Vite

    (WEB)

     

    El soudtrack de una de las películas más importantes de la industria pornográfica, Deep Throat, es considerado un clásico del porn groove, acompañamiento musical de películas para adultos de los 70, estilo que se caracterizó por la utilización excesiva de una guitarra eléctrica, sonido asistido por un pedal (el recurrente wah-wah) y eventuales participaciones de la batería e incluso del saxofón. Aparte de la estridencia progresiva de la lira, se enfatizaba el momento del esfuerzo físico vigoroso con golpes suaves de platillo, rítmicos y acompasados. Eso era toda la ingeniería de audio para una empresa cultural que desbocó sus jinetes en pos de la carne, excluyó en un principio la vitalidad del sonido. read more

  • Efecto Mancini | Federico Vite

    (WEB)

     

    Era 1957. Henry Mancini (Enrico Nicola Mancini ) hacía música para películas de serie B en los estudios Universal. Tenía 37 años, no veía su futuro con bonanza ni mucho menos imaginaba que sus colegas lo tratarían con respeto. Era gris. Escuchaba con ahínco a los jazzistas y creía que nutriéndose de ese género musical lograría un estilo personalísimo y masculino, buscaba un sello que lo diferenciara del resto de los compositores que trabajaban para la industria cinematográfica de Estados Unidos. read more

  • Acapulco Gold | Federico Vite

    (WEB)

    Acapulco Gold, disco escrito y producido en 2012 por el venezolano Andrés Astorga, alias D. J. Trujillo, reúne cuatro composiciones en las que participan dos enormes de la música electrónica: Ron Basejam y Cosmic kids. read more

  • Vidrios Rotos de Orlando Ortiz | Por Federico Vite

    Ninfa que simula crecer

     

    Orlando Ortiz, Vidrios Rotos, uanl/27 Editores, Monterrey, Nuevo León, 2013, 99 p.

     

    La pujante empresa 27 Editores se dio a latarea de publicar novelas breves y, como parte del catálogo de ese proyecto, reeditó este año Vidrios rotos, de Orlando Ortiz, libro que documenta la metamorfosis de un grupúsculo de personajes que padecen sus errores trágicos read more

  • Parábola de la cizaña de Federico Vite

    Los estigmas y la tormenta

    Federico Vite, Parábola de la cizaña, Universidad Autónoma Metropolitana, México, 2012, 104 p.

     

    En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: Acláranos la parábola de la cizaña en el campo. Él les contestó: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del Reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será el fin del tiempo: el Hijo del Hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su Reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.

    Mateo 13, 36-43

     

    parábola de la cizaña

    COMPRAR EN PROFÉTICA

    Según la tradición cristiana, Francisco de Asís fue el primero en recibir los estigmas en sus manos, como señal de su unión con Cristo. Las marcas aparecieron en los mismos sitios del cuerpo donde, de acuerdo con los evangelios, Jesús fue herido. Además del de Francisco, el catolicismo apenas ha reconocido como auténticos un puñado de casos, pero el tema parece haber sido visitado con más frecuencia por el cine de suspenso.

    Parábola de la cizaña, de Federico Vite (1975), retoma este motivo para construir la historia de Xavier, un ladronzuelo que recibe tales marcas en sus manos y su frente a la par que se intensifican las voces que le ordenan alimentar a una jauría de perros y anunciar un cataclismo, voces que él atribuye a un origen divino, pero que siempre oscilan entre la sacralidad y la locura.

    Justamente, el primer capítulo de la novela abre estas dos posibilidades: “Al ver los estigmas en la mano y en la frente, cualquiera de los ahí reunidos hubiera pensado que ese cuerpo fue la geografía de una batalla entre dos misterios que se impactaron sin tregua: la demencia y la fe.”

    Xavier no es precisamente un hombre de fe, si bien descubrimos que las voces —que el narrador atribuye a Tomás de Aquino— vienen de un pasado más lejano al comienzo de la historia. Albañil que, en compañía de Luis, aspira a dar un gran golpe, la existencia de Xavier transcurre entre el consumo de droga y el deseo por Karla, la mujer que comparte con su compañero de correrías.

    Todas estas circunstancias son descubiertas por el lector a manera de recuento, porque Federico Vite lo instala, desde la primera página, en la conclusión de la historia: el momento en que Xavier muere decapitado por una lámina desprendida durante una tormenta. Su cuerpo mutilado a mitad del patio de la prisión es, a la vez, el cierre de la historia y la imagen inicial para que el lector, en una especie de rebobinado, recorra los acontecimientos precedentes.

    De esta manera, Parábola de la cizaña parece hacer uso de estrategias narrativas ya presentes en “Viaje a la semilla”, de Alejo Carpentier”, al narrar los acontecimientos en sentido inverso al desarrollo natural de las acciones, o de Rayuela, de Cortázar, al dejar abierta la posibilidad de más de una secuencia de lectura.

    Y tal vez en este juego es donde se encuentre el sentido del título de la novela. Porque si bien, en primera instancia, “Parábola” remita a un relato con una intención moral o edificante, también alude a una curva simétrica respecto de un eje, que se traza alrededor de un solo foco. Pareciera que los acontecimientos narrados en la novela de Federico Vite se ajustan más a la definición geométrica de la parábola: los acontecimientos, narrados en retrospectiva, abren y cierran con la misma incertidumbre sobre la demencia y la fe anunciada en el primer capítulo. Y es este conflicto, justamente, el que hace las veces de directriz de la parábola.

    Vite apuesta por los capítulos breves, centrados en una sola escena, como si la historia pretendiera ser contada a partir de una secuencia fotográfica donde cada una de las piezas muestra los elementos esenciales para que el lector reconstruya los espacios faltantes.

    Esto deriva en un lenguaje que busca la intensidad a partir de la síntesis. Así, el primer capítulo comprime en ocho líneas los elementos centrales de la historia: la estancia de Xavier en prisión, la tormenta que se convertirá en el leit-motiv de la novela y, finalmente, el conflicto interno del protagonista que se debate entre la fe y la locura.

    La tormenta que acaba con la vida de Xavier es el elemento que enlaza las historias de lo demás personajes quienes, a semejanza del protagonista, son acuciados por señales y voces similares que les advierten sobre la catástrofe o sus sobre sus propios destinos. No hay uno solo de los personajes de Parábola de la cizaña que no se vea afectado, de una manera u otra, por aquéllas.

    Luis, el cómplice de Xavier, abre/cierra la cadena de señales en el último capítulo de la novela: “—¿Crees en Dios, parna? —pregunta Luis a Xavier, quien observa con lujuria las piernas de Karla, recostada en la cama, metros atrás del sillón en el que Luis se dispone a consultar a sus espíritus—. ¿Dime la verdad, crees en Dios?”

    Pero estas mismas inquietudes sobre la existencia y voluntad divinas, así como la inminencia del cataclismo están presentes en los demás personajes cuyas vidas se conectan directa o accidentalmente con la de Xavier: el enano que se vuelve confidente suyo en prisión y que comparte los últimos instantes de su vida; Francisco, el taxista asaltado por Luis y quien sueña con reconstruir su familia; Catalina, pareja del taxista, que refiere aquel sueño premonitorio sobre su muerte, la cual será ejecutada, tal como la vislumbró, por uno de sus vecinos; el periodista que cree haber encontrado una lógica oculta entre la serie de acontecimientos violentos ocurridos durante los últimos días en la ciudad y que planea preparar un reportaje para dar cuenta de ello.

    De esta manera, Parábola de la cizaña se convierte también en una reunión de personajes videntes, atormentados por esos atisbos de futuro que no alcanzan a comprender y que obstruyen el desarrollo de sus propios anhelos individuales: ninguno de los personajes conseguirá acercarse siquiera a esos sueños que los sacarían de la marginalidad.

    En este sentido, la novela ofrece una mirada uniforme, sin contrastes. La llegada de la tormenta apocalíptica es inminente y nadie lo duda. El carácter de castigo divino de ese fenómeno meteorológico es compartido también por cada uno de los personajes: no hay, ni de lejos, alguna explicación diferente que permita dudar por un momento sobre las aseveraciones de Xavier o de cualquiera de los personajes.

    Incluso dentro de prisión, aunque Xavier es objeto de las burlas de los demás presos, éstas se acallan con facilidad apenas empiezan a manifestarse las primeras señales de la tormenta. Pareciera entonces que todo el mundo contenido en Parábola de la cizaña está convencido de la inevitabilidad del fenómeno que vendrá a poner fin a lo que conocen.

    A poner fin y no a redimir, porque la posibilidad de la redención parece descartada desde el inicio mismo de la novela. Aunque Xavier parece pretenderla y Luis, en las páginas finales, plantea la posibilidad de un castigo o un arrepentimiento, éstos no tienen como finalidad la transformación de la vida de ningún personaje sino, en todo caso, su término.

    Dos personajes parecen ser los únicos que entrevén la posibilidad de transformar sus vidas: Francisco y Catalina hacen planes, la víspera de la muerte de ella, para viajar juntos a conocer a la familia de él, para establecerse y formar una familia, pero el asesinato de la mujer trunca esta posibilidad.

    Incluso el primer capítulo, que narra el cierre de la historia, enfatiza esta nulidad del sacrificio de Xavier: apenas un cuerpo a mitad del patio inundado de la prisión, bajo una tormenta que no cesa y que, pese al tono apocalíptico con que se le anuncia a lo largo de la novela, parece tener efectos únicamente en las vidas de los personajes pues del entorno sólo sabemos generalidades: las calles y las casas inundadas, los vehículos y los cuerpos arrastrados por la inundación, pero ningún asomo de otros sobrevivientes más allá de quienes, a lo largo de la novela, han sido transmisores de las señales que vaticinaban el desastre.

    Como si la tormenta y la consecuente inundación de la ciudad fueran tan sólo el escenario indispensable para mostrar los conflictos individuales de los personajes de la historia, quienes, en menor grado que Xavier, por supuesto, se debaten todo el tiempo entre la demencia y la fe.

    Parábola de la cizaña, entonces, resulta más una exploración de las luchas espirituales de los personajes que el desarrollo de una trama apocalíptica o una historia de suspenso religioso.

    Texto publicado en la edición 154 de Crítica


    Escrito por Gregorio Cervantes Mejía

    Actualmente es redactor de la revista Crítica, de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Es autor del libro de cuentos Cambios de Estación (Secretaría de Cultura de Puebla, 2001). Fue incluido en las antologías Los mejores cuentos mexicanos, edición 2002 (José de la Colina, ant.; Joaquín Mortiz); Antología de narradores en Puebla, Insólitos y Ufanos (Jorge Arturo Abascal Andrade, ant.; UAP, México, 2003); De claro en claro… Cuentos sobre el Quijote (AA. VV., Ediciones de Educación y Cultura, México, 2005); Fuego cruzado. Jóvenes narradores de la zona centro del país (Fondo Regional para la Cultura y las Artes, Zona Centro/Conaculta, México 2006).

  • El sabor de la Costa Chica

    Más que un grupo, son un símbolo. Estos tipos se anuncian en bailes y presentaciones fuera de Guerrero de la siguiente manera: La internacionalmente conocida, Luz Roja de San Marcos. read more

  • Todo por una dama

    Para Martina y Matilda

    Sólo alguien que lleva en la sangre el soul puede cambiar su vida cuando escucha en voz de Elvis Presley “It’s now o never”. Eso le pasó al querido Barry Eugene Carter, mejor conocido como el poeta del amor ilimitado: Barry White.

    Sus biógrafos destacan la etapa de pandillero juvenil, el ingreso a la cárcel y, en especial, la detención a los 15 años de edad. Así que este hombre, entrado en las artes del hurto y la utópica manutención del agandalle, al salir de prisión cambió de vida. El barítono de voz coqueta narró en The Barry White Story aquellos años de encierro de la siguiente manera: “Yo era un miembro entregado a mi banda. Hacía todo lo que hacen los adolescentes de ese entorno y edad: robaba en casas, coches, me peleaba. Fui a la cárcel por robar. Cuando estuve dentro sufrí porque me habían quitado la libertad y mi modo de vencer ese obstáculo fue pensar que si Barry me metió aquí, Barry tenía que sacarme. Fue difícil, pero ser capaz de sobrevivir te convierte en una persona especial. No tenía oficio ni beneficio, sólo creía en mí mismo y en la música”.

    Este hombre creó en el 69 Love Unlimited, agrupación que reunía a tres coristas (Diana Taylor, Goldean y Linda James) y posteriormente se aventó la chambota de coordinar a 40 instrumentistas en Love Unlimited Orchestra, pero a White se le tiene presente por la sensualidad de su voz y de su música, por la cachondería con la que cantaba frases que fortifican las tramas sentimentales: “Baby, i love just the way you are”. ¿Quién no ha oído a White y siente que la vida puede ser mejor? No mientan. Es el tipo que dirigía la Orquesta del Amor Ilimitado, algo sabía del tacto y de la suavidad extrema que implica habitar lo que uno ama. Con esa voz nos hace más humanos; incluso seduce hasta las mismísimas serpientes, según la versión de Los Simpsons.

    Aparte de vocalista, The Maestro fue compositor; algunas de sus canciones más celebradas son “Walkin’ In The Rain With The One Love”, “You’re the first, the last, my everything” y “Can’t get enough of your love, babe”.

    ¿Pero cuál es la clave del ritmo de Barry? El mismo ha referido que la combinación de la batería, la melodía de los bajos, de las guitarras, de los metales y de las cuerdas deben ajustarse a un mismo tiempo, al tiempo que el vocalista impone, puede ser suave, pero nunca lento. El tiempo que proponga el vocalista es la clave, dijo. Pienso en “Let the music play” y me viene a la cabeza una frase de White: la música es el poder, siempre lo será.

    Los dejo con una tanda de música acariciable.

    Barry White – Walking in the rain

    Barry White – Can’t get enough of your love baby

    Barry White – Loves Theme

    Barry White cantando en Los Simpson


    Escrito por Federico Vite

    Federico Vite (Acapulco, 1975) es autor de Bajo el cielo de Ak-pulco, novela que obtuvo el premio nacional Una vuelta de tuerca (Instituto Queretano de la Cultura y las Artes, 2015), de

    Carácter, premiada en el certamen nacional de novela Ignacio Manuel Altamirano (Monte Carmelo/ Secretaría de Cultura de Guerrero, 2015), de Cinco maneras de incendiarse (Praxis/ Secretaría de Cultura de Guerrero, 2015) y de Carne de cañón (Cuadrivio, ciudad de México, 2015).

    En 2013 publicó Le freak c’est chic (Instituto Veracruzano de Cultura), Parábola de la cizaña (UAM, 2012), Apportezmoi Octavio Paz (Moisson Rouge, Francia, 2011), De oscuro latir (Universidad de Guanajuato, 2008), Fisuras en el continente literario (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2006 y 2007) y Entonces las bestias (Fondo de Cultura Aguascalientes, 2004).

    Fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas, el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, el PECDA Guerrero e ingresó al Sistema Nacional de Creadores en 2013.

    La novela Ak-pulco aparecerá este año en Francia y Parábola de la cizaña en el mercado editorial de Egipto.