Crítica 153

  • Ana Rossetti: cuando las primeras caricias son verbos

    Al igual que la vida,

    discurres en un germen invisible

    y a través de los seres, eres interminable.

    “La palabra”, en Llenar tu nombre

    Poesía. ¿Pasión, revolución, acción? La búsqueda constante del cómo —y la renuncia al impaciente por qué— a través de un camino interminable como la vida. ¿Qué poética no ha pretendido dar una respuesta? ¿Qué poeta no ha discurrido en su germen invisible? La desesperación por llenar ese nombre ha sumergido a la humanidad en “la inminencia de una revelación, que no se produce.”[1] read more

  • Malagueta, Perus y Bacanazo de João Antônio

    Es marketing

     

    João Antônio, Malagueta, Perus y Bacanazo, Adriana Hidalgo, Argentina, 2012, 232 p.

     

    Ciertos libros me obligan a pensar más en las circunstancias de su edición que en su contenido. Algunas veces es precisamente la sensación de falta de sustancia, o su ausencia, la que me empuja a su puerto de origen. Malagueta, Perus y Bacanazo me planteó este problema en dos ocasiones, pues al tratarse de una traducción hay algo así como una repetición de decisiones editoriales que no comprendo del todo. No obstante, me parece que tengo más claras las circunstancias que rodearon a la edición brasileña que las que motivaron a Adriana Hidalgo a publicarlo en español. De alguna manera, lo que pretendo hacer al escribir esta reseña es explorar la pregunta¿por qué reeditar Malagueta, Perus y Bacanazo? Ya sabemos que la recepción de la literatura brasileña, por lo menos en México, no es muy buena. Uno puede culpar a las barreras del idioma, a la falta de interés de las editoriales que puede remitirse a la rivalidad histórica entre España y Portugal o a la falta de lectores de textos que, como este, se presentan con el traje de gran literatura y no dejan de ser el escritor promedio brasileño. Para ponerlo en términos más simples: ¿por qué un alemán elegiría leer a Elena Garro si tiene la posibilidad de leer a Inés Arredondo?, ¿por qué leer a Fogwill si tienes a Borges? O, siendo más dramáticos, por qué elegir a Carlos Fuentes si se tiene un Juan Rulfo. Con esto me refiero a que esperaba más de una editorial como Adriana Hidalgo, que se ha dedicado a difundir en hispanoamerica a Clarice Lispector, Guimarães Rosa o João Gilberto Noll. No sé si estoy exagerando pero las circunstancias que rodean al libro me dan motivos suficientes para cuestionarlo.

    tapa Cuentos Joao Antonio copyJoão Antonio tenía 26 años cuando se publicó Malagueta… Su edad sorprendió a la crítica, que inmediatamente le dio el reconocimiento por su obra excepcional otorgándole dos premios Jabutí —hecho inédito en la historia de la literatura brasileña—. Lo que me llama la atención es que su supuesta excepcionalidad se debe a que “su libro marcaba el fin de una cierta subrepresentación de la capital paulista en la literatura brasileña”, a una envidia por el auge de la literatura en Río de Janeiro donde convivían autores como Machado de Assis y Lima Barreto. Incluso las regiones inhóspitas del Brasil prometían gran literatura: el antes mencionado, Guimarães Rosa y Graciliano Ramos. Pareciera que la crítica paulista necesitaba con desesperación encontrar a su escritor prodigio. Además, un incendio quemó los manuscritos del cuento que cierra el libro y que le da nombre. La verdad es que el cuento no se perdió del todo como algunos quisieron afirmar. Se salvó casi por completo a través de transcripciones que el propio autor había hecho para editores y amigos. Pero los rumores sirvieron como estrategia publicitaria, pues sugerían que la genialidad del autor era tal que había reescrito el cuento de manera perfecta. Cuando un amigo lo cuestionó sobre la situación y el título del libro, João Antônio respondió: “Quédate tranquilo, Caio. Es marketing.”

    Malagueta, Perus y Bacanazo es un libro de cuentos que, a grandes rasgos, hablan de los bajos mundos de la capital paulista. Sus personajes son jugadores de snooker, soldados o aficionados al arte de patear corcholatas. De alguna manera, la mayoría de los textos reunidos pertenecen a la literatura del malandragem, ese género cuyo parentesco sería la picaresca española, pero que en el periodo del modernismo brasileño se convirtió en una estrategia más para representar el folclor: el malandro, más que ser un anti-héroe, es el héroe del bajo mundo por excelencia. Siguiendo la estética malandra, João Antônio presenta a sus personajes por medio de un narrador en tercera persona que en ningún momento los juzga. A diferencia de libros como el Lazarillo de Tormes, en Malagueta… los personajes no aprenden ninguna lección y existen porque son parte esencial de São Paulo. En este sentido, la narrativa de João Antônio me recuerda a Rubem Fonseca, aunque en este último sí se podría decir que existe una crítica a la sociedad burguesa: sus personajes siguen siendo personajes-tipo. Algo que me llama la atención en los textos es la especie de promiscuidad que hay entre el narrador y sus personajes: por medio del estilo indirecto libre y de un lenguaje que no intenta ser fiel al cotidiano sino que busca la estilización para representar, en este caso, su crudeza, borra la noción de alta cultura y cultura marginal, para que tanto narrador como personaje compartan un mismo espacio. Por otro lado, la estructura del libro es sugerente; se divide en tres partes: “Cuentos generales”, “Cuartel” y “Snooker”. Digo esto porque el libro comienza con cuentos sencillos, con personajes poco desarrollados y con un lenguaje promedio, para después pasar a textos más complejos. La verdad es que se trata de una estrategia más de marketing —como en casi cualquier texto literario— que no termina de funcionar. Siento que más que un libro de cuentos, es decir, un libro seleccionado y diseñado por el propio autor que pretende seguir algo —sea lo que sea que este algo signifique—, es el resultado de premios literarios, como bien señala el propio autor: “Podría hablar de todos los cuentos del libro. Citar que casi todos ganaron premios aquí y allí, más allá.”

    Volvamos a la edición de Adriana Hidalgo. Es la primera vez que me encuentro un libro de esta editorial con apartado crítico. Mi primera impresión fue grata porque creo que las editoriales interesadas en publicar literatura no comercial deberían de prestar más atención a esto tipo de detalles y brindarle al lector algún tipo de contexto. Aquí haré una interpretación maliciosa: ¿por qué elegir Malagueta, Perus y Bacanazo como el libro que necesita contextualizarse?, ¿por qué abrir con un ensayo —bastante superficial, por cierto— de António Cândido, el crítico brasileño por excelencia? No lo sé. Me suena a que, de alguna manera, los editores sabían que el libro podía ser un riesgo y necesitaban que algo más lo sustentara. Y ahora voy a ser más maliciosa. Aparte del ensayo de Cândido y el epílogo escrito por Rodrigo Lacerda, hay un texto del propio João Antônio que se publicó por primera vez en la tercera edición del libro. Copio un fragmento:

     

    Sobre mi nombre podrán oírse las mejores y las peores cosas. Jamás las crean. Unos suelen decir: “No sirve para nada.” Otros: “Es una buena persona.” Incluso hay quienes dicen que escribo bien. Estén tranquilos, que esos tres tipos son inofensivos como pajaritos. Sólo buena gente que habla de más. Ahora, hay un grupo que se expresa: “Es un lindo muchacho.” En cuanto a estos, yo les recomiendo, en confidencia, “¡mucho cuidado!” Allí están los que hacen elogios tontamente y traición crudamente.

    Para comenzar, diré que temo el juicio de esta conversación de quien esto escribe. Probablemente dirán que estoy posando y armando una burda fanfarronada para entretenerlos y, una vez aparecido mi libro, encuentre en las prosas blandas aquí expuestas un vehículo que los llevará a las librerías.”

    Me permito la cita larga porque es un excelente ejemplo que resume mi postura ante el libro. Debo admitir que el autor entiende de mercadotecnia y sabe que no puede ser fanfarrón deliberadamente o perderá credibilidad. Pero ahí está: todo lo que rodeó a la publicación del libro en Brasil fue un vehículo para llevarlo a las librerías. Obviamente, estamos hablando de un mercado editorial con necesidad de la publicidad para sobrevivir. Pero ¿qué pasa con la publicación en español?, ¿por qué publicar un libro cuyo éxito literario reside en el orgullo paulista? Y más relevante aún, ¿hay lectores reales para Malagueta, Perus y Bacanazo? Supongo que la estrategia de markenting seguida por la editorial argentina tendrá que ser muy buena, por lo menos en México, si quiere que Malagueta, Perus y Bacanazo llegue a las librerías[1].

     


    [1] Ignoro cuál sea la recepción en Argentina. De entrada, puedo decir que el libro tiene más posibilidades de ser leído puesto que la relación entre ese país y Brasil es mucho más cercana. Además, tiene una tradición de literatura picaresca mucho más fuerte que en México. Pienso, por ejemplo, en Roberto Arlt. Sin embargo, y tomando esto en cuenta, sigo dudando de que Malagueta, Perus y Bacanazo sea un escritor impresindible en lengua castellana que se pueda equiparar a los otros autores brasileños publicados por la editorial.

    Texto publicado en la edición 153 de Crítica


    Escrito por Francesca Dennstedt

    (Tijuana, 1988) es estudiante de Literatura en la Universidad de las Américas Puebla. Ha publicado crítica en la revista Separata. Revista de pensamiento y ejercicio artístico. Ha participado en diversos talleres de creación literaria. Actualmente trabaja en una tesis sobre la poesía de Luis Felipe Fabre.

  • Paul Celan: “la leche negra del amanecer”

    No soy un lector de poesía experimentado. Desgraciadamente mi vida de lector (profesional y aficionado) se ha centrado poco a poco, y me temo que de manera definitiva, en la prosa. Sin embargo, mi flaca memoria detiene obstinadamente algunos poemas, o fragmentos de poemas, que relegan miles de páginas prosaicas al reino de lo banal. read more

  • Fuga de la muerte

    Versión de Andreas Kurz

     

    Leche negra del amanecer la bebemos al atardecer

    la bebemos al mediodía y por la mañana la bebemos en la noche

    la bebemos y bebemos

    cavamos una fosa en los aires ahí se yace cómodo

    Un hombre vive en la casa quien juega con las serpientes quien escribe

    cuando oscurece escribe a Alemania tu cabello dorado Margarete

    lo escribe y sale de la casa y brillan las estrellas y silba por sus perros

    silba por sus judíos y deja que caven una fosa en la tierra

    nos ordena toquen para el baile

     

    Leche negra del amanecer te bebemos en la noche

    te bebemos por la mañana y al mediodía te bebemos al atardecer

    bebemos y bebemos

    Un hombre vive en la casa quien juega con las serpientes quien escribe

    cuando oscurece escribe a Alemania tu cabello dorado Margarete

    Tu cabello de ceniza Sulamith cavamos una fosa en los aires ahí se yace cómodo

     

    Grita caven más hondo en la tierra los unos los otros que canten y toquen

    alcanza el fierro en su cinturón lo agita sus ojos son azules

    claven más hondo las palas los unos los otros que sigan tocando para el baile

     

    Leche negra del amanecer te bebemos en la noche

    te bebemos al mediodía y por la mañana te bebemos al atardecer

    bebemos y bebemos

    un hombre vive en la casa tu cabello dorado Margarete

    tu cabello de ceniza Sulamith juega con las serpientes

     

    Grita toquen más dulce la muerte la muerte es un Maestro de Alemania

    grita toquen más oscuro las cuerdas de los violines entonces suben como humo al aire

    entonces tienen una fosa en las nubes ahí se yace cómodo

     

    Leche negra del amanecer te bebemos en la noche

    te bebemos al mediodía la muerte es un Maestro de Alemania

    te bebemos al atardecer y por la mañana bebemos y bebemos

    la muerte es un Maestro de Alemania su ojo es azul

    te alcanza con una bala de plomo te alcanza con precisión

    un hombre vive en la casa tu cabello dorado Margarete

    nos acosa con sus perros nos regala una fosa en el aire

    juega con las serpientes y sueña la muerte es un Maestro de Alemania

     

    tu cabello dorado Margarete

    tu cabello de ceniza Sulamith

  • Como naipes por Claudia Hernández de Valle-Arizpe

    Multiplicado en su caos el día pone

    énfasis en los ruidos de la avenida

    Xola que sin verde y con tránsito

    incendiada por el sol de abril

    colapsa y revive una y otra vez

    organizada como un plexo

     

    Pagodas en medio del parque

    elevan a otra altura el periférico de

    kilómetros de extensión gris

    índigo —plata tornasol— y ella

    norteada otra vez perdida como siempre

     

    Mejor resguardarse de ellos de

    él no ver a nadie en estos días como

    xilógrafo abandonado

    inspeccionar los bordes las ranuras de la pared

    cansada de este confinamiento que poco a poco

    otorga el miedo

     

    Para llegar al mercado de pinceles y papel

    escoge el taxista la ruta más larga otra vez

    kilómetros de ignorancia la engañan al oír su

    ínfima pronunciación en mandarín

    ni hao saludan mientras juegan con ella

     

    Miedo a un asalto a un secuestro mejor el

    éxodo pero hacia dónde a qué lugar de

    xenón incoloro y anestésico de tanta

    inmundicia que nos rodea

    como si nada pasara como si fuera normal la

    oblea de la muerte violenta en nuestra boca

     

    Patos vuelan sobre el lago y

    encienden el aire como lámpara de

    kerosén que transforma la alcoba en una

    ínsula casi biombo de sombras

    naciendo al centro del mercado en tinieblas

     

    Madruga la ciudad su aire su agua hedionda su

    éter descalzo en las calles con la acidez del

    xoconostle picado por insectos que

    invade el alma de quienes viven a intemperie

    congregados por la miseria como si fuera normal esa

    oblea de su hambre en nuestra boca

     

    Pasillos como ofrendas

    enjambre de cera flores frutas ante sus ojos

    kakis rojísimos de haber llorado Qué

    ímpetu cuando se enoja ¡Mañana

    no salgo! le advierte a una anciana indiferente

     

    Muerdan su brazo y pellizquen con el

    ébano de otros ojos su corazón sediento

    xerografía de un órgano enfermo de ver e

    incapaz de alterar la injusticia en

    cada esquina en tantos sitios donde

    ondean su bandera el terror y la muerte

     

    Perennes los árboles del lago en

    el reflejo de ese hombre que fuma

    kif recargado sobre un tronco con su

    índice apuntando al cielo

    nocturno como dragón

     

    Muertos y más cadáveres aparecen donde

    él o ella (todos) se vuelven

    Xiuhtecuhtli sin luz sin resurrección que

    impida el miedo a la hora en que caemos y

    caemos ya sin ti sin mí sin el

    oro del día que amábamos

     

    Pekín amanece blanca de plomo y humo

    elevando espirales desde las chimeneas de

    kafkiano tamaño que observa tras el

    íntimo refugio de su habitación

    —no salgo hoy le dice a nadie—

     

    Mar entre dos ciudades aire entre

    ésta y aquélla entre sus mapas como

    xantomas que extienden su enfermedad

    imparable de personas que

    corren todo el día a todas horas

    obsesionadas con llegar o con irse

     

    Puentes imaginarios para salvar la distancia

    entre México y Pekín puentes como ráfagas de

    kilómetros que ni en sueños recorrería

    índole extraña su naturaleza de

    nombres y sitios con historia

     

    México de agua subterránea

    émbolo que impulsa a no perderse en la

    x de cualquier encrucijada que

    impida ver del otro lado

    cerros pelones que la estrangulan en su

    océano de casas y de luces

     

    Pasan ciclistas como insectos bordeando

    estanques rocas sobre el agua y el reflejo del

    kiosco en el temblor que alarga su

    ípsilon hacia el cielo de esta

    noche

     

    Parada tras ellos percibe

    estrías sobre la superficie del lago

    Kunming con su puente que flecha una

    ínsula del otro lado allá donde templos de jade

    narran leyendas

     

    Madruga la ciudad su aire su agua hedionda

    pisada en charcos donde tiemblan

    edificios con letreros de neón Desde temprano se

    enluta el día con las noticias de más caídos:

    Xóchitl Ernesto su papá su hijo

    Karla Juan Ramón Alicia el

    índice de muertos desborda la página y no es

    imaginario no es ficción mientras ve cómo

    cae el ángel de su columna y se hace añicos

    nada sucede mientras todos respiramos en la

    oscuridad

     

    Texto publicado en la edición 153 de Crítica


    Escrito por Claudia Hernández de Valle-Arizpe

  • Tu materia son los huesos de Andrés Téllez Parra

    La memoria enterrada

    Andrés Téllez Parra, Tu materia son los huesos, Magenta, México, 2012, 69 p.

     

    Andrés Téllez Parra (Ciudad de México, 1979) construye con oficio un libro sobre el fin del mundo, sobre el mundo de los muertos, pero también sobre el mundo de los vivos, tal vez de los vivos que están aún por morir. Un retrato apocalíptico y onírico que se aleja de los lugares tan comunes como viciados sobre zombis, hecatombes nucleares o pandemias virales que tanto llenan hoy estanterías y mesas de novedades. Como dice Salvador Gallardo Cabrera en la contraportada del libro, se habla de un mundo “en estado de desaparición, de un mundo después del fin del mundo”. read more

  • Una guía por la naturaleza y sus mitos

    Con el altivo y resistente filo de su fuerza simbólica, El hacha de piedra, que ya había sido vislumbrada por el poeta colombiano en “Serranos”, un poema de su libro anterior, Canto rodado (1996), reaparece en este libro como título de un poemario poblado de monstruos y de endriagos, de criaturas fantásticas que, de este modo, es una indagación en las entrañas más profundas del hombre y su dolorosa andadura por el mundo, una alegoría de la lucha del ser humano con sus miedos, con sus demonios íntimos, con los tentáculos de su pasado. read more

  • La escuela del aburrimiento de Luigi Amara

    De las drogas escondidas en algunos libros

    Luigi Amara, La escuela del aburrimiento, Sexto Piso, México, 2012, 287 p.

    En La tempestad, de Shakespeare, Próspero se desplaza de una isla a otra con el tedio como motivo latente. Siendo aún duque de Milán, cede las responsabilidades de su gobierno a su hermano Antonio y se encierra de manera voluntaria en su biblioteca —su primera isla— para ponerse a estudiar sus libros de ocultismo. La segunda isla es real y a ella llegan accidentalmente Próspero y Miranda, su hija, después de que Antonio, aprovechando la distracción del duque en los libros, se alía con Alonso (rey de Nápoles  y antiguo enemigo Próspero), pone a la milicia de su lado, se levanta en armas, usurpa el ducado y, en un barco viejo e inservible, pone a padre e hija. Después de salvarse y rehacer su vida en la isla, Próspero utiliza aquel conocimiento aprendido en los libros como instrumento de dominio sobre sus habitantes, en parte para librarse de las odiosas tareas domésticas (esclaviza a Calibán y condiciona la libertad de Ariel a cambio del cumplimiento de sus órdenes), pero quizá también para escapar del aburrimiento de aquel sitio. Leer y dominar son actividades que no sólo materializan el principio del saber cómo poder, sino que además representan modos de evasión del tedio. Los libros que fueron el remedio contra el aburrimiento de la vida cortesana y los asuntos del gobierno en Milán funcionan algún tiempo en aquella isla fantástica que Próspero conoce, conquista y a la que ya está habituado, pero que al final de la obra abandona porque, según confiesa en el epílogo, se siente viejo y cansado. Ha perdido “el poder de su magia”. read more

  • María del Refugio Barragán de Toscano

    PREÁMBULO

    Toda novela es la autoafirmación de una creencia que se adentra en una visión del mundo, de una sociedad, sus lecturas imperantes, la educación en esa época, la afición hacia ciertos temas, la influencia de la vida en la literatura, la permanencia de la memoria, de la palabra convocada, conjugada en La hija del bandido o los subterráneos del Nevado (Guadalajara, 1887), primera novela escrita por una mujer, María del Refugio Barragán de Toscano. Maestra toda su vida, poeta y dramaturga, escritora de un libro de cuentos, una segunda novela, fundadora del periódico La Palmera del Valle, y más de cien textos —la mayor parte sin recopilar— en publicaciones periódicas del siglo xix. read more

  • Le extendieron una soba

    Al centro de la moneda hay alguien. ¿Sabes

    quién está al centro de la moneda?

    Un hombre insigne que jamás mostró los pies.

    Era una vergüenza traer los pies descalzos.

    Desnudos. Mis pies son ortopédicos.

     

    Quien sí los mostró y los uso para derrotar

    tres veces a Robin fue Kato, el lazarillo de Linterna Mágica.

    Con Bruce todo se ve como en el cine.

    Kato usaba un antifaz que era una prótesis, ¡sh!,

    como el clavo que llevo aquí en la pierna.

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