Crítica 150

  • El arte revolucionario de Emory Douglas

    Revolución mientras estemos vivos

    En la solapa de Mi libro es su libro de Lawrence Weiner, también publicado por Alias, se lee: “Si de hecho todas las cosas deben estar a la disposición de todo el mundo, cada cosa debe ser adaptable a las necesidades de cada grupo de personas (tal vez para enriquecer la vida tal como es o tal vez para cambiar lo que puede ser cambiado).” read more

  • Prosa del Transiberiano y de la pequeña Juana de Francia

    Versión de Raúl Dorra

    dedicada a los músicos

    En aquel tiempo estaba yo en mi adolescencia

    Tenía apenas dieciséis años y de la infancia ya nada recordaba

    Me hallaba a dieciséis leguas de mi lugar de nacimiento

    Me hallaba en Moscú, en la ciudad de los mil y tres campanarios y de las siete estaciones de tren

    Pero mi adolescencia era de tal modo ardiente, de tal modo loca

    Que mi corazón, vuelta a vuelta, se incendiaba como el templo de Éfeso o como la Plaza Roja de Moscú

    Cuando se pone el sol

    Y mis ojos se iluminaban de caminos antiguos

    Y yo era ya tan mal poeta

    Que no sabía  llegar hasta el final.

     

    El Kremlin parecía un inmenso pastel tártaro

    Todo crocante de oro

    Con las grandes almendras de las catedrales enteramente blancas

    Y el oro meloso de las campanas…

     

    Un viejo monje me leía la leyenda de Novgorod

    Tenía sed

    Y descifraba caracteres cuneiformes

    Luego, repentinamente, las palomas del Espíritu Santo volaron sobre la plaza

    Y mis manos volaron también con un rumor de albatros

    Y esto fue el recuerdo último del último día

    Del último viaje

    Y del mar.

     

    Sin embargo era yo demasiado mal poeta

    No sabía llegar hasta el final

    Estaba hambriento

    Y hubiera querido beber y quebrantar

    Todos los días y todas las mujeres en los cafés y todos los vasos

    Y todas las vidrieras y todas las calles

    Y todas las casas y todas las vías

    Y todas las ruedas de los coches de plaza rodando en torbellino sobre el mal pavimento.

    Hundirlos hubiera querido en una hoguera de espadas

    Y hubiera querido triturar todos los huesos

    Arrancar todas las lenguas

    Licuar esos grandes cuerpos extraños bajo enloquecedores vestidos…

    Yo presentí la venida del gran  Cristo rojo de la revolución rusa…

    Y el sol era una herida maligna

    Abriéndose como un brasero.

     

    En aquel tiempo estaba yo en la adolescencia

    Tenía apenas dieciséis años y de mi nacimiento ya nada recordaba

    Estaba en Moscú, donde intentaba alimentarme de llamas

    Y no había suficientes torres ni estaciones que constelaran mis ojos

    En Siberia tronaba el cañón, era la guerra

    El hambre el frío la peste el cólera

    Y las aguas cenagosas del Amor acarreando millones de carroñas

    En las estaciones veía la partida de los últimos trenes

    Nadie conseguía viajar pues estaba cancelada la venta de boletos

    Y los soldados que se iban bien hubiesen preferido quedarse

    Un viejo monje me cantaba la leyenda de Novgorod.

     

    Yo, el mal poeta que no quería ir a ningún lado, podía ir a todos

    Y también los mercaderes conservaban dinero suficiente

    Para tentar fortuna

    Su tren partía en la mañana cada viernes

    Se comentaba que había muchos muertos

    Uno de aquéllos llevaba cien cajas de despertadores y relojes cucú originarios de la Selva Negra

    Otro, ataúdes de Malmoe llenos de latas de conserva y de sardinas en aceite

    Pero había además muchas mujeres

    Mujeres cuyas entrepiernas de alquiler podían asimismo servir

    Como ataúdes

    Todas ellas estaban patentadas

    Se decía que había muchos muertos

    Las mujeres viajaban por precios reducidos

    Y cada una era dueña de una cuenta bancaria.

     

    Así, un viernes de mañana, llegó por fin mi turno

    Yo partía además  para acompañar al mercader de alhajas que debía llegar hasta Karvina

    Teníamos dos compartimentos del expreso y treinta y cuatro cofres con joyas de Pforzheim

    Baratija “Made in Germany”

    Mi ropa era nueva pero subiendo al tren perdí un botón

    -Lo recuerdo, lo recuerdo, he pensado a menudo este incidente-

    Me recostaba contra los cofres y era feliz pues podía jugar con la browning niquelada que el viajante de joyas me había regalado.

     

     

    Estaba muy feliz despreocupado

    Imaginaba jugar a los ladrones

    Habíamos robado el tesoro de Golconda

    E íbamos, gracias al transiberiano, a ocultarlo del otro lado del mundo

    Debía defenderlo de los ladrones del Ural que habían atacado a los saltimbanquis de Julio Verne

    De los kunguzes, de los bóxers de la China

    Y de los rabiosos pequeños mongoles del Gran Lama

    Alí Babá y los cuarenta ladrones

    Y los fieles del terrible Viejo de la Montaña

    Y, sobre todo, debía defenderlo contra los más modernos

    Las ratas de hotel,

    O los especialistas de expresos internacionales.

     

    Y sin embargo, sin embargo

    Iba triste como un niño

    Los ritmos del tren

    La moëlle chemin-de-fer de los psiquiatras americanos

    El ruido de puertas de voces de ejes chirriantes sobre rieles congelados

    El oro de mi porvenir

    Mi browning el piano las maldiciones de los jugadores de cartas en el compartimento vecino

    La sobrecogedora presencia de Juana

    El hombre de anteojos azules que se paseaba nerviosamente en el corredor mirándome al pasar

    Roce de mujeres

    El silbido del motor

    El eterno ruido de las ruedas en locura por los carriles del cielo

    Los vidrios estaban congelados

    ¡Nada de naturaleza!

    Y detrás la planicie siberiana el cielo bajo y las grandes sombras de los Taciturnos que suben y descienden

     

    Estoy acostado sobre una manta escocesa

    Y la Europa entera observada de pronto desde un tren expreso a todo vapor

    Apenas es más rica que mi vida

    Mi pobre vida

    Esta manta

    Deshilachada sobre los cofres repletos de oro

    Con los cuales ruedo

    Sueño

    Fumo

    Mientras el único fuego del universo

    Es apenas un pobre pensamiento…

     

    Desde lo íntimo de mi corazón las lágrimas acuden

    Si pienso, Amor, en mi querida

    Ella no es sino una niña que encontré así de

    Pálida, así de triste en el fondo de un burdel.

     

    No es sino una niña, rubia, reidora y triste

    Que jamás sonríe, que no llora jamás;

    Pero en el fondo de sus ojos, cuando ella, ahí, les permite  beber,

    Tiembla un dulce lirio de plata, la flor del poeta.

     

    Ella es dulce y callada, sin ningún reproche

    Con un prolongado sobresalto cuando alguno de ustedes se aproxima

    Pero cuando soy yo quien va hacia ella, de aquí, de allá, festivo

    Hace entonces un paso, después cierra los ojos  -y hace un paso

    Porque ella es mi amor y las demás mujeres

    No tienen sino ropajes de oro sobre grandes cuerpos flameantes

    Mi pobre amiga en cambio está tan abandonada,

    Toda desnuda, no tiene cuerpo –ella es tan pobre.

     

    Mi amiga no es sino una flor cándida, delicada

    La flor del poeta, pobre lirio de plata

    Un lirio frío, solitario y tan marchito

    Que vienen a mí las lágrimas si pienso en su corazón.

     

    Y esta noche es semejante a otras cien mil noches cuando un tren  horada la oscuridad

    -Los cometas caen-

    Y el hombre y la mujer, todavía jóvenes, se entretienen haciéndose el amor.

    El cielo es como la desgarrada tienda de un circo pobre en una aldea de pescadores

    En Flandes

    El sol es un quinqué humeante

    Y en lo alto del trapecio una mujer forma la luna

    El clarinete el pistón una agria flauta y un mal tambor

    He aquí mi cuna

    Mi cuna

    Que estaba siempre meciéndose cerca del piano cuando mi madre, como Madame Bovary, tocaba las sonatas de Beethoven

    He pasado mi infancia en los jardines colgantes de Babilonia

    Y las horas de pinta en las estaciones viendo partir los trenes

    Ahora hago correr los trenes a lo largo de mi vida

    Madrid-Estocolmo

    Pero he perdido todas mis apuestas

    Y no queda para mí sino la Patagonia, la Patagonia que conviene a mi inmensa tristeza, la Patagonia y un viaje por los mares del Sur

    Estoy en ruta

    He estado siempre en ruta

    Estoy en ruta con la pequeña Juana de Francia

     

    El tren hace un salto peligroso y rebota sobre sus ruedas

    El tren rebota sobre sus ruedas

    El tren rebota siempre sobre todas sus ruedas.

     

    “Di, Blaise, ¿es que estamos muy lejos de Montmartre?”

     

    Estamos lejos, Juana, tú ruedas desde hace siete días

    Estás lejos de Montmartre, de la Butte donde te has alimentado, del Sacré-Coeur contra el cual te acurrucabas

    París desapareció y su inmensa llamarada

    No hay sino la continua ceniza

    La lluvia que cae

    La turba que se infla

    Siberia que gira

    Pesadas capas de nieve más altas cada vez

    Y el cascabel de la locura que tintinea como un último deseo en el aire azulado

    El tren palpita en el corazón de plomizos horizontes

    Y tu tristeza insiste…

     

    “Di, Blaise, ¿es que estamos muy lejos de Montmartre?”

     

    Preocupaciones

    Olvida las preocupaciones

    Las agrietadas estaciones se inclinan sobre la ruta

    Los postes gesticulantes se contonean y las estrangulan

    El mundo se alarga se recoge y de nuevo se estira igual que un acordeón atormentado por una mano sádica

    En las desgarraduras del cielo las locomotoras en furia

    Se escapan

    Y en los huecos

    Las ruedas vertiginosas las bocas las voces

    Y los perros de la desgracia ladrando a nuestras grupas

    Se han desatado los demonios

    Chatarra

    Es todo un falso acorde

    El brun-brun de las ruedas

    Choques

    Rebotes

    Somos una tormenta en el cráneo de un sordo…

     

    “Di, Blaise, ¿es que estamos muy lejos de Montmartre?”

     

    Sí, me enervas, lo sabes bien, estamos lejos

    La locura sobrecalentada aúlla en la locomotora

    La peste el cólera se interponen en nuestra ruta como brasas ardientes

    En plena guerra desaparecemos por un túnel

    La hambruna, la puta, se aferra a las nubes en desbandada

    Y al excremento de las batallas, los malolientes montones de cadáveres

    Haz como ella, haz tu trabajo…

     

    “Di, Blaise, ¿es que estamos muy lejos de Montmartre?”

     

    Oh sí, lo estamos, lo estamos

    Las víctimas propiciatorias han reventado sobre este desierto

    Escucha el cencerro de la tropa sarnosa

    Tomsk Cheliabinsk Kansk Obi Taijet Verjne Udinsk Kurgán Samara Pensa-Tulún

    La muerte en Manchuria

    Y nuestro desembarcadero y nuestro último reparo

    Terrible es este viaje

    Ayer en la mañana

    Iván Utlich tenía los cabellos blancos

    Y Kolia Nicolai Ivanovitch roe las uñas de sus dedos desde hace quince días…

    Haz como ellas la Muerte la Hambruna, haz tu trabajo

    Tu trabajo cuesta cien monedas, en transiberiano, cuesta cien rublos

    Fiebre en las banquetas, enrojecimiento debajo de la mesa

    El diablo está al piano

    Sus dedos nudosos excitan a las mujeres

    Naturaleza

    Gubias

    Haz tu trabajo

    Hasta Karvina…

     

    “Di, Blaise, ¿es que estamos muy lejos de Montmartre?”

     

    Pero no… déjame en paz… déjame ya tranquilo

    Tus caderas angulares

    Tu agrio vientre, tu gonorrea

    Es todo lo que París ha puesto en tu regazo

    También un poco de alma… puesto que eres desdichada

    Siento piedad, piedad, ven hacia mí, ven sobre mi corazón

    Las ruedas son molinos de viento en el país de Jauja.

    Y los molinos son las muletas que un mendigo hace girar

    Somos nosotros los baldados del universo

    Rodamos sobre nuestras cuatro heridas

    Devoradas nuestras alas

    Las alas de nuestros siete pecados

    Y el diablo juega al balero con los trenes

    Corrales

    Mundo moderno

    Pero la velocidad ahí no puede

    Mundo moderno

    Las lejanías son demasiado lejanas

    Y en el final del viaje resulta terrible ser un hombre junto a una mujer…

     

    “Blaise, di, ¿es que estamos muy lejos de Montmartre?”

     

    Siento piedad, piedad, ven hacia mí, te contaré una historia

    Ven a mi cama

    Ven sobre mi corazón

    Te contaré una historia…

     

    ¡Oh ven!, ¡ven!

     

    En las Fidji reina la eterna primavera

    La pereza

    El amor detiene a las parejas entre la alta hierba y la cálida sífilis rueda bajo los bananeros

    Ven a las islas perdidas del Pacífico

    Ellas llevan el nombre del Fénix, de las Marquesas

    Borneo y Java

    Y Célebes tiene la forma de un gato.

     

    No podemos llegar hasta el Japón

    ¡Ven a México!

    Sobre sus altas mesetas florecen los tulipanes

    Las lianas tentaculares forman la cabellera del sol

    Se diría la paleta y los pinceles de un artista

    Los colores aturden como el sonido de un gong

    Rousseau ha estado ahí

    Ahí su vida fue un deslumbramiento

    Es el país de los pájaros

    El ave del paraíso, el pájaro-lira

    El tucán, el pájaro burlador

    Ahí el colibrí anida en el corazón de los lirios negros,

    ¡Ven!

    Nos amaremos en las ruinas majestuosas de un templo azteca

    Serás tú mi ídolo

    Un ídolo pintoresco infantil un poco feo y peregrinamente extraño

    ¡Oh ven!

     

    Si prefieres tomaremos un aeroplano y sobrevolaremos el país de los mil lagos

    Allí las noches son desmesuradamente largas

    El ancestro prehistórico se espantará de mi motor

    Aterrizaré

    Y con los huesos de un mamut construiré un hangar para mi avión

    El fuego primitivo entibiará nuestro pobre romance

    Samovar

    Y muy burguesamente nos amaremos cerca del polo

    ¡Oh ven!

     

    Juana Juanita Niñita niní ninón nichón

    Mimí miamor mimuñeca mi Perú

    Dodó dondón

    Carita caquita

    Consentida

    Putita

    Mi querida cabrita

    Pecadito pequeña

    Cucú

    Concón

    Se duerme

     

    Ella duerme

    Ella, de todas las horas del mundo, no ha atrapado una sola

    Los rostros entrevistos en las estaciones

    Los relojes

    La hora de París la hora de Berlín la hora de San Petersburgo y la hora de todas las estaciones

    Y en Ufa el rostro ensangrentado del cañonero

    Y el cuadrante idiotamente luminoso de Grodno

    Y la marcha perpetua del tren

    Todas las mañanas se corrige la hora del reloj

    El tren avanza mientas el sol va retardándose

    Nada que hacer, oigo el sonido de las campanas

    El pesado bordoneo de Notre-Dame

    La agridulce campana del Louvre que tocó la Barthélemy

    Los oxidados carrillones de Bruges-la-Morte

    Las sonerías eléctricas de la biblioteca de Nueva York

    Las campanas de Venecia

    Y las campanas de Moscú, el reloj de la Port-Rouge que me contaba las horas cuando estaba en una oficina

    Y mis recuerdos

    Truena el tren sobre las plazas metálicas

    Rueda el tren

    Un gramófono gangosea una marcha gitana

    Y el mundo, como el reloj del barrio judío de Praga, gira perdidamente, a contrapelo.

     

    Deshoja la rosa de los vientos

    He aquí que resuena la tormenta desatada

    Ruedan los trenes en torbellino sobre las embrolladas redes

    Monigotes diabólicos

    Hay trenes que jamás volveremos a encontrar

    Y otros que se extravían en su ruta

    Jefes de estación jugando al ajedrez

    Tric-trac

    Billares

    Carambolas

    Parábolas

    La vía férrea es una nueva geometría

    Siracusa

    Arquímedes

    Y los soldados que lo decapitaron

    Y las galeras

    Y los navíos

    Y los prodigiosos aparatos que inventó

    Y todas las matanzas

    Y la historia antigua

    Y la historia moderna

    Los torbellinos

    Los náufragos

    Aun los del Titanic sobre los que he leído en el periódico

    Tantas imágenes-asociaciones que con mis versos no alcanzaré a nombrar

    Pues todavía soy tan mal poeta

    Que el universo me desborda

    Y he olvidado asegurarme contra los accidente del camino

    Y no he aprendido a llegar hasta el final

    Y tengo miedo.

     

    Tengo miedo

    No sé llegar hasta el final

    Como mi amigo Chagall podría componer cuadros dementes

    Pero no he tomado notas de viaje

    “Perdonen mi ignorancia

    Perdónenme porque desconozco el antiguo arte de los versos”

    Como dijo Guillaume Apollinaire

    Todo lo que concierne a la guerra puede leerse en las Memorias de Kuropatkin

    O en los periódicos japoneses tan cruelmente ilustrados

    Entonces a qué documentarme

    Mejor yo me abandono

    A los sobresaltos de la memoria.

     

    A partir de Irkutsk el viaje se hizo muy lento

    Bastante más largo

    Íbamos en el primer tren que contorneaba el lago Baikal

    La locomotora lucía adornada con banderas y faroles

    Quedaban en la estación los tristes acentos de un himno cantado para el Zar

    Si yo fuese pintor derramaría mucho rojo, mucho amarillo sobre el final del viaje

    Pues tengo la seguridad de que estábamos un poco locos

    Y que un inmenso delirio hacía subir la sangre a los rostros enervados de mis compañeros

    Como nos aproximábamos a la Mongolia

    Que crepitaba como un incendio,

    El tren había retardado su paso

    Y yo percibía en el perpetuo chirrido de las ruedas

    Los locos acentos y los sollozos

    De una eterna liturgia.

     

    He visto

    He visto los trenes silenciosos que regresaban del Extremo Oriente y que pasaban como fantasmas

    Mi ojo, como el fanal trasero, corre aún persiguiéndolos

    En Talga cien mil heridos agonizaban por falta de cuidado

    He visitado los hospitales de Krasnoiarsk

    El Kilosa pasamos frente a un largo convoy de soldados dementes

    He visto en los lazaretos las llagas abiertas de heridos que sangraban ostentosamente

    Y miembros amputados danzando alrededor o desapareciendo en el aire enronquecido

    El incendio estallaba sobre todas las caras y en todos los corazones

    Dedos idiotas tamborileaban sobre los cristales

    Y bajo la presión del miedo las miradas reventaban como abscesos

     

    En todas las estaciones se prendía fuego a todos los vagones

    Y he visto

    He visto trenes de sesenta locomotoras escapar a toda velocidad  perseguidos  por el horizonte y por bandadas de cuervos que volaban desesperadamente  atrás

    Desaparecer

    En dirección a Puerto Arturo.

     

    En Chita tuvimos algún tiempo de descanso

    Detenidos durante cinco días por la obstrucción de los rieles

    Lo pasamos en casa del Señor Yankelevitch que insistía en darme en matrimonio a su única hija

    Luego el tren volvió a partir

    Y esta vez fui yo quien tomó su lugar frente al piano, enfermo de los dientes

    Ahora, cuando quiero, veo otra vez este interior tan calmo, el almacén del padre y los ojos de la hija que llegaba de noche hasta mi cama

    Mussorgski

    Y los lieder de Hugo Wolf

    Y las arenas del Gobi

    Y en Kailar una caravana de camellos blancos

    Seguramente estuve borracho durante más de quinientos kilómetros

    Pero me senté ante el piano y esto es todo lo que vi

    Cuando se viaja se debería cerrar los ojos

    Dormir

    Tanto hubiese querido dormir

    Puedo reconocer cualquier país con los ojos cerrados por su olor

    Puedo reconocer todos los trenes por su ruido

    Los trenes de Europa son de cuatro tiempos mientras que los del Asia son de cinco o siete tiempos

    Algunos marchan en sordina como canciones de cuna

    Y otros con el monótono ruido de sus ruedas me hacen pensar en la prosa de Maeterlink

    He descifrado todos los textos confusos de las ruedas y he reunido los elementos dispersos de una violenta belleza

    Que poseo

    Y que hace fuerza en mí.

     

    Sisika y Karvina

    No iré ya más lejos

    He aquí la estación terminal

    Desembarqué en Karvina en el momento en que acababan de incendiar las oficinas de la Cruz Roja

     

    Oh París

    Gran hogar cálido con las entrecruzadas ascuas de tus calles y con tus viejas casas que se inclinan y toman calor

    Como ancianos

    Y he aquí carteles, el rojo y el verde multicolores como mi breve pasado amarillo

    Amarillo, el orgulloso color de las novelas de Francia leídas en el extranjero

    Me gusta frotarme en las grandes ciudades con autobuses en marcha

    Los de la línea Saint-Germain-Montmartre me llevan al asalto de la Butte

    Braman los motores como si fuesen áureos toros

    Mientras las vacas del crepúsculo pacen el Sacré-Coeur

    Oh París

    Estación central desembarcadero de voluntades encrucijada de inquietudes

    Sólo los boticarios tienen todavía un poco de luz en su puerta

    La Compañía Internacional de Coches-Cama y de los Grandes Expresos Europeos me ha enviado su prospecto

    La iglesia más bella del mundo

    Tengo amigos que me rodean como parapetos

    Pues cuando cada vez que me voy ellos temen que jamás regrese

    Todas las mujeres que encontré se dirigen hacia los horizontes

    Con gestos de lamento y con miradas tristes como semáforos bajo la lluvia

    Bella, Inés, Catalina y la madre de mi hijo en Italia

    Y ésta, la madre de mi amor en América

    Hay gritos de sirenas que han desgarrado mi alma

    Y en Manchuria hay un vientre que todavía se agita como en un parto.

    Quisiera

    No haber jamás realizado mis viajes

    Pero esta noche me atormenta un gran amor

    Y a mi pesar recuerdo a la pequeña Juana

    Y es por una noche de tristeza que he escrito este poema en su homenaje.

     

    Juana

    La pequeña prostituta

    Estoy triste, triste

    Iré al Lapin agile a recordar mi juventud perdida

    Y a beber unas copas

    Para volver más tarde, solo.

     

    París

     

    Ciudad de la Torre Única del Gran Patítulo y de la Rueda.

     

    Texto publicado en la edición 150 de Crítica


    Escrito por Blaise Cendrars

    Cuyo nombre real era Frédéric-Louis Sauser, fue un escritor suizo en lengua francesa. Adoptó la nacionalidad francesa en 1916.

    Sus viajes, reales e imaginarios, son la fuente de inspiración principal de su poesía (La Prosa del transiberiano y de la pequeña Jehanne de Francia un magnífico poema de dos metros de altura en su edición original, ilustrado con colores simultáneos por Sonia Delaunay, 1913) y de su prosa (El oro, 1925, el trágico destino de Johann Augustus Sutter, millonario que se arruinó al encontrarse oro en un terreno de su propiedad; Bourlinguer, 1948).

  • El lay de Aristóteles

    El poema Le lai d’Aristote ha sido atribuido de manera tradicional al trovador normando Henri d’Andeli, activo entre 1220 y 1240 (aunque en los últimos años esta atribución ha sido refutada y se ha propuesto la autoría de Henri d’Valenciennes, que nació hacia 1170 y murió hacia 1230). read more

  • El señor Cementerio y el troll

    Traducción y nota de Gabriel Bernal

    Kierkegaard, que debe pronunciarse como si las dos a fueran una sola o, es el equivalente en inglés de Churchyard, me dijo una vez Davenport en una de sus cartas; y su equivalente en español sería por lo tanto cementerio, esto es, el panteón que se encontraba en el patio de las iglesias europeas. read more

  • Tres poemas

    neolatino es el cinc

    que toca tesituramente.

     

    neolatino es el óxido

    que canta vihuelamente.

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  • Primera visita al tesoro de libros de la Biblioteca Histórica de Medicina Nicolás León

    In memoriam Enrique Cárdenas de la Peña

     

    a la presencia y lección de Ruy Pérez Tamayo

     

    He aquí tesoros ante los cuales el oro, la plata y las

    ricas mercaderías  descubiertas en la gruta

    por Alí Babá no podrían considerarse

    más que escoria

    H.H. Bancroft[1]

     

    Biblioteca Histórica de Medicina Nicolás León

     

    La vida pasa y el mundo rueda/

    Siempre hay algo que se nos queda/

    de tanto y tanto que se nos va.

    Juan de Dios Peza

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  • La difícil convivencia

    En febrero de este mismo 2012, la artista mexicana Marcela Armas (Durango, 1976) obtuvo el premio Beep de arte electrónico que se otorga durante ARCOmadrid, auspiciado por la Feria Internacional de Arte Contemporáneo de España, con la pieza Máquina Stella. Se trata de una escultura —basada en un dodecaedro— con brazos mecánicos eléctricos interconectados, por medio de los cuales se distribuye energía de forma inequitativa. El objetivo de Armas al montar esta pieza fue pasar del orden a la entropía y provocar la fundición de uno de los brazos de la escultura-máquina hasta el colapso, por su fallida repartición energética. Según dijo en distintas entrevistas, se trata de buscar una metáfora de la distribución inequitativa en nuestra sociedad, “demostrar metafóricamente la insostenibilidad de nuestra sociedad actual”. read more

  • Lengua apócrifa

    Traducción de Juan Soros

    para Jean-Paul Michel

    Jean-Luc-Nancy

    Manipulación obstinada de una lengua apócrifa: tal es el ejercicio, la práctica admitida bajo el nombre de poesía, a veces reverenciada y a veces recusada bajo ese mismo nombre, denigrada, recelada, aclamada, injuriada, siempre apuntando más lejos que todo lo que se puede decir de ella, deshonrada o magnificada. read more

  • Contraépica

    No hay nada en el interior de esta historia

    que otros no hayan contado

    Nada que el silencio no pueda atravesar con una avispa ahogada

    Ni verdad ni mentira que no se puedan quemar

    junto a esta carpa cubierta de aceite

    Ciudad imantada

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  • Formas de lo siniestro cubano

    En varias páginas desbordadas de síntomas y arquetipos de Los años de Orígenes (1978), Lorenzo García Vega afirmaba escribir aquellas amargas memorias de su juventud insular desde cuatro ciudades del exilio: Madrid, Caracas, Nueva York, Miami. Como en su anterior, Rostros del reverso (1977), el paisaje de cada ciudad parecía emerger entre las páginas de los libros que por entonces leía García Vega: La doctrina suprema del psiquiatra zen Hubert Benoit, Growing up absurd de Paul Goodman, Life against death. The psycoanalitic meaning of History de Norman O. Brown, The denial of death de Ernest Becker o The making of a counter culture de Theodore Roszak.[1] read more