Crítica 143

  • Una finestra che guarda tramontana de Gabriel Bernal Granados

    El viaje, la mirada y el desencanto

     

    Los libros de viajes han sufrido varias metamorfosis a lo largo de la historia. Desde los descubrimientos deslumbrantes consignados en El libro de las maravillas, de Marco Polo, a la guía de turistas actualizada, que ofrece al viajero una experiencia uniforme, controlada y libre de sorpresas, quedan varias preguntas para un lector que afronta un libro del género: ¿qué queda por descubrir? ¿Cómo rescatar para la literatura un mundo cada vez más estrecho, que ofrece sus enigmas en televisión o, etiquetados, tras un escaparate? La respuesta en las páginas de Una finestra che guarda tramontana, libro de Gabriel Bernal Granados (México, DF, 1973), que mezcla el ensayo, la entrevista y la crónica de viajes, es el escepticismo, una mirada íntima que, al estilo del flâneur de Baudelaire, se sumerge en los desgastados engranajes de la civilización apartándose de cuando en cuando para reflexionar, para cultivar en cada paso un saludable sentido de extrañeza. La mirada de Bernal Granados concuerda con una prosa que transcurre sin sobresaltos, privilegiando a veces la imagen, añadiendo un dato, la luz de un detalle mínimo pero trascendente en el peso total de la obra. read more

  • Mi nombre de guerra es Albión de Sergio Ernesto Ríos

    De cómo no tengo una presencia humana

    Es común en el imaginario de la República mexicana de la letras que se acepte como experimental a cierto tipo de poesía que se aleja del tronco grueso, inamovible y muy aburrido de la lírica tal y como la entendió el siglo xx. Sabemos que toda escritura de poesía desde el inicio de la Modernidad experimenta, dado que busca formas novedosas para que el poema se presente. Al reventar los moldes tradicionales, el poema tiene el gran problema, bendito problema, de nacer indeterminado. La poca imaginación y el desconocimiento del arte contemporáneo hace que la autodenominada Poesía Mexicana se perpetúe en formas convencionales que se repiten hasta el hartazgo. Las búsquedas que más interesan en la última década son aquellas que están a la orilla, construyendo, reventando y reformulando un campo de acción para el poema, en diversos soportes y por distintas vías. read more

  • Eloísa de Silvia Eugenia Castillero

    Amores difíciles, pasiones desastrosas

     

    Qué suerte la mía encontrarte esperándome.

    El mundo se desintegra y nosotros enamorados.

    Líneas de Ilsa Lund (Ingrid Bergman) en Casablanca

     

    Eloísa de Silvia Eugenia Castillero

    Desde sus primeros versos, la Eloísa de Silvia Eugenia Castillero se instaura en un tiempo suspendido que “se alarga” como una gota de agua hasta formar una maleable estalactita verbal… He aquí la materia de su discurso: el tiempo sin tiempo, sin principio visible ni fin probable, del amor ideal(izado): “Eloísa espera. / Un silencio de quilla de barco / al romper las aguas atraviesa cada/ trazo del tiempo, / allí suspendida una gota se alarga / se alarga, / la espera inconclusa/ colgando / de cualquier veta. / Puede ser una rama / rodeada de vacío, / queriendo volcarse en algo, / caer por fin, romperse.” (Las cursivas son de sec). A partir de un puñado de palabras llave (tiempo, espera, silencio, vacío), Castillero construye un ámbito crepuscular doblemente signado por la ausencia y la espera. Una espera erigida en el apocalipsis íntimo que supone la partida del amado (Abelardo tácito, elidido, fantasmal) bajo “un cielo incendiado / —lejanísimo y superficial— / un espectro provisional de luces” que evoca la plasticidad ominosa de los paisajes de Edvard Munch en los que, como en uno de los versos de Silvia Eugenia, “el mundo se caía”. Es interesante confrontar las imágenes desoladoras de esta Eloísa contemporánea con una anotación del Diario del artista noruego fechada en 1892 para constatar de qué misteriosas maneras los lenguajes y sus símbolos se corresponden: “Paseaba por un sendero (…) —el sol se puso— de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio —sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad— (…) yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza”. “Allí me ahogue, / en ese azul desbordado / que tú volviste fin del mundo”, prosigue Eloísa en perfecta consonancia con el apunte del artista. Más allá de la fijación del locus poético en un oscuro y lejano referente pictórico (la Oslo de Munch, con su incandescente cielo de fondo), el escenario evidente de la dilatada espera de la amante es la ciudad de su célebre pasión, un París pluriforme y multitemporal, paisaje interior antes que real, en el que confluyen las voces que habitan estas páginas (diferenciadas por distintas familias tipográficas): la de la poeta cuyas palabras insuflan vida a su heroína trágica; la de la propia Eloísa-Penélope que teje el sudario verbal de su paciente espera hecha de “instante[s] partido[s] en muchos tiempos”; otra más, Eloísa futura o visionaria, que apostilla el discurso de su gemela histórica desde la reconocible urbe contemporánea en que el descenso de la Torre Eiffel es “una trampa del futuro” y los semáforos, los jardines, los bulevares, los canales y las plazoletas se vuelven símbolos aciagos de un naufragio latente, del amor amenazado que es, en realidad, todo amor.

    Parafraseando la célebre sentencia de Tolstói, podría afirmarse que si todas las parejas felices lo son cada cual a su manera, los amores desdichados parecen todos cortados con la misma tijera. De una intuición similar parte el poeta Eduardo Chirinos al afirmar en la cuarta de forros del volumen que: “Admitir que el París contemporáneo es un palimpsesto del París medieval es admitir que cualquier historia de amor que ocurra en esta ciudad es un palimpsesto de la que sufrieron Abelardo y Eloísa”. En este sentido, la historia de los trágicos amoríos de los amantes filósofos es, de algún modo, modelo y emblema de todos los amores malogrados. Conocida o no la historia de Pedro Abelardo y su pupila Eloísa, su impronta subsiste en los cimientos de la ciudad emblema, resplandece en sus tabiques: “De la piedra, Eloísa, / vuelves incandescente, de cada piedra / eres extraída en un cúmulo de años (…) / Pero la piedra te arrebata, / sólo mis sensaciones te reconocen, ruedas / entre los bloques extraídos del suelo, cantos / agudos y esculpidos te arrastran del detalle / hacia el tiempo tumultuario y amorfo.”

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    Más aún: esa huella de los amantes y de la ciudad que los contiene pervive también, además, en la tradición romántica de los amores difíciles y las pasiones desastradas, en la morosa relación histórica de sus relatos, de Rojo y negro a El diablo en el cuerpo.

    En la confluencia en que pasado, presente y futuro se superponen y se confunden hasta formar un único espacio atemporal y abigarrado, una Ciudad Luz crepuscular iluminada por la espera y el deseo, Silvia Eugenia Castillero alza un monumento a los amores sin ventura, a todos los amantes a quienes, como a Abelardo y Eloísa, como a Oliveira y La Maga, como a Ilsa y Rick, siempre les quedará París.

    Texto publicado en la edición 143 de Crítica


    Silvia Eugenia Castillero, Eloísa, Aldus-Universidad de Guadalajara, México, 2010, 80 p.

    Escrito por Víctor Cabrera

    (Arriaga, Chiapas, 1973) es peatón metido a fabulista, poeta y editor. Ha publicado la plaquette Diez sonetos (edición de autor, 2004) y el libro de fábulas y ficciones breves Episodios célebres(Instituto Mexiquense de Cultura, 2006). Algunos de sus versos han sido recogidos en la muestra Un orbe más ancho (UNAM, 2005) y las antologías Los mejores poemas mexicanos Edición 2005 (Planeta/Joaquín Mortiz-FLM, 2005) y Anuario de poesía mexicana 2005 (FCE, 2006). Autor del libro de poemas Signos de traslado, (en prensa). Actualmente es becario del programa Jóvenes creadores, del Fonca.

  • Los disidentes del universo de Luigi Amara

    Luigi Amara: cazador de infamias

    Los disidentes del universo, de Luigi Amara, es un libro de ensayos cuyos temas son apasionantes, aunque en su conjunto propongan una visión excéntrica de la pasión. El título y su epílogo lo plantean claramente: los personajes que protagonizan estos perfiles son, por sus historias, características y manías, seres infames en el sentido doble que adopta el término, de descrédito y de injusto anonimato al que conduce, entre otras causas, el propio descrédito. read more

  • La sombra y la apariencia de Andrés Sánchez Robayna

    Un sol oscuro

    Aunque en la solapa del volumen se nos dice que Andrés Sánchez Robayna (Las Palmas, 1952) nos ofrece “su nuevo y esperado libro”, de La sombra y la apariencia ya conocíamos algunas partes, que habían ido apareciendo en los últimos años en catálogos laterales, de menor difusión. Son cuatro de las siete secciones del poemario: “Correspondencias” y “Sobre una confidencia del mar griego”, publicadas en la colección “Signos”, de Huerga & Fierro, en 2005, con ilustraciones de Antoni Tàpies; “En el centro de un círculo de islas”, en la Fundación César Manrique, en 2007, con dibujos de José Manuel Broto; y “Reflejos en el día de Año Nuevo”, por el Museo Internacional de Arte Contemporáneo, de Lanzarote, en 2008, con ilustraciones de José María Sicilia y traducción al inglés de Stephanie Frances Flood. read more