Casa de la noche

 

La gente ya no cree en el infierno, ni en el azufre, ni tan sólo en el Juicio Final. Pero en cambio temen el sufrimiento físico. Por ello la violencia constituye, en la actualidad, un elemento necesario a toda construcción dramática.

Fritz Lang

 

Merisi y Nemrod, dos adolescentes de 16 años, se reúnen durante las noches para hablar de cosas que les atañen. Su lugar de reunión es en las instalaciones abandonadas de una zona industrial y la hora acordada es siempre las tres. Una acera es el sitio donde se acomodan, iluminándolos los focos del alumbrado público. La acera, isla y espacio mítico donde se refugian, los acoge durante veinte noches; al iniciarse el drama han transcurrido quince de ellas.

 

Noche 16

Merisi y Nemrod, sentados el uno frente al otro, tienen ya algunos minutos en el lugar.

merisi: …ella, sentada en una silla, a oscuras y con frío, espera que su esposo regrese. Piensa entonces en lo que podría llevarse…

nemrod: ¿Cómo sabes lo que piensa?

merisi: No puede llevar más ropa que la que tenga puesta. Su marido, además, le ha dicho que debe ir descalza…

nemrod: Llevarán comida, agua…

merisi: No. Deben ir ligeros, deben huir. Ella lo sabe y piensa en alguna fotografía o un pañuelo o unos aretes, algo que no pese, que no se note. Y no se decide. Quiere llevar muchas cosas y eso la bloquea. Piensa en lo que dejará y no quiere dejar nada. Tantos recuerdos, tanta vida que quedará en la casa que fue de sus padres y de sus abuelos, piensa en el patio, en sus animales…

nemrod: No puedes saber todo eso.

merisi: Las lágrimas acuden a sus ojos pero recuerda las palabras de su marido: no llevaremos nada. Y respira hondo para acallar su angustia.

nemrod: El marido, ¿qué hace?

merisi: Él recorre la ciudad con los visitantes. Hacen una inspección en silencio, con miradas cómplices y leves asentimientos de cabeza. Ellos adivinan el desasosiego del marido y le dicen que no se aflija, que él y su mujer estarán a salvo. Él pide regresar con ella. Los visitantes consienten y se aleja caminando con celeridad. La mujer se ha incorporado, avanza hacia la puerta y mira por una rendija. A lo lejos descubre un resplandor rojizo y se amedrenta aun más; quiere abrir la puerta pero viene a su memoria la promesa que hizo y regresa a la silla ahogando su miedo. Acaba de sentarse cuando entra su marido y dice: ¡vámonos! Ella alcanza la puerta de tres zancadas. Él dice: cálmate, estamos a salvo, estamos a tiempo. Ella quiere cerrar la puerta pero él agrega: no importa, el fuego penetrará de todos modos. Salen a la calle y ven hacia el poniente… ¡Oh, Nemrod, es como una puesta de sol, una puesta de sol terrible! ¡Como sila Tierrafuese el Sol! Ahora… Ahora, dice él, no mires atrás. Y se alejan mientras la ciudad arde a sus espaldas y escuchan los gritos de los que perecen dentro de sus casas. No mires atrás, repite el marido, tampoco escuches. Pero cómo no escuchar los alaridos de los que arden y el crepitar del fuego. El marido, presa de pánico, le dice a su mujer: ¡corre! ¡Corre y no te detengas! Y los dos apresuran sus pasos… ¡La ciudad entera arde y ellos corren desesperados! ¡Oh, Nemrod, los pasos de él van dejando atrás a su mujer, sólo cuando descubre que ella no corre a su lado, se detiene y vuelve la cabeza y entonces su cuerpo se paraliza y arde! ¡Ella mira la metamorfosis de su marido y cae a sus pies y grita traspasada por el dolor, y su grito acalla momentáneamente el clamor de la ciudad incendiada…!

(Merisi se ha incorporado y repite el grito de la esposa: ¡Nooo!, moviéndose vehemente de un lado a otro. Nemrod lo sigue tratando de sujetarlo pero la fuerza de aquél lo supera.)

nemrod: Cálmate.

(Merisi se retuerce, luego, como embrujado, mira a los ojos a Nemrod.)

merisi: Ella cree escuchar aún a su marido que le dice: ¡corre!, se levanta sin mirar atrás. Corre veloz mientras su rostro va cambiando, desaparece de sus ojos el miedo y la impotencia para aparecer la furia, el odio…

(Merisi llora incontenible, Nemrod logra abrazarlo.)

nemrod: No lo sabes.

merisi: Lo sé. La veo correr llena de rencor, mirando adelante, apretando la mandíbula, tensando el cuello, los hombros…

nemrod: Merisi, no sabes.

merisi: La miro como te veo a ti, tan cerca que escucho sus pasos, su agitada respiración… (Se estremece.) ¡Nemrod, protégeme, se ha dado cuenta que la miro!

nemrod: Merisi… Merisi…

merisi: ¡Protégeme, por favor…!

nemrod: Sentémonos

merisi: ¡No, no!

(Nemrod, sin soltarlo, lo va sentando junto a él. Merisi, repitiendo: no…, no…, va obedeciendo.)

nemrod: Ya pasó. Mira, todo está en calma.

(Merisi observa el lugar pero tarda en reaccionar.)

merisi: Sí, ya pasó, sólo dejó este olor.

nemrod: ¿Este olor?

merisi: No me crees, ¿verdad?

nemrod: Es el olor fuera del tiempo de una fundidora. Un olor encerrado tal vez por mucho tiempo y que ahora se escapa.

merisi: ¿Quieres decir que el olor me llevó a imaginar todo?

nemrod: Te dejaste llevar. Sólo somos nosotros. Únicamente nuestra acera y nuestras voces. ¿Lo ves?

merisi: Te juro…

nemrod: Nada de juramentos.

merisi: Pero, ¿si fuera cierto?

nemrod: No lo es.

merisi: ¿Me protegerás?

nemrod (soltándolo): ¿Lo dudas?

merisi (dudando): No.

nemrod: Yo, Nemrod, juro…

merisi: Nada de juramentos.

nemrod: Prometo entonces…, ¿podemos prometer? (Merisi asiente.) Prometo proteger a…, ¿debo prometer? (Merisi asiente.), ¿hace falta? (Merisi asiente.) Prometo proteger a Merisi de cualquier peligro eminente.

merisi (riendo): Inminente.

nemrod: Eso.

merisi: Yo haré lo mismo por ti.

nemrod: Yo estoy bien.

merisi: ¿Yo no?

nemrod: Ahora sí.

(Merisi saca varios billetes de su pantalón y se los alarga al otro.)

merisi: Cuéntalos.

nemrod (contándolos): Mil doscientos.

merisi: ¿Y tú?

nemrod: Ochocientos cincuenta.

(Nemrod guarda el dinero.)

merisi: Nos faltan únicamente doce mil trescientos pesos. ¿Crees que los reunamos en cuatro días?

nemrod: Cinco.

merisi (extendiéndole un papel): Él llega el sábado.

(Nemrod lee.)

nemrod: Debemos reunir la cantidad en tres días. No podemos esperar hasta el viernes. Tenemos que irnos antes.

(Nemrod le devuelve el papel. Merisi lo dobla y guarda.)

nemrod: El jueves nos quedaremos aquí. A las nueve de la mañana iremos al banco y retiraremos todo el dinero. Y nos iremos directamente a la terminal. No podemos correr riesgos. (Merisi asiente.) Ahora debemos irnos. ¿Estás bien?

merisi: Sí.

(Nemrod se incorpora.)

nemrod: ¿Qué esperas?

(Merisi se levanta.)

nemrod: Hasta mañana.

merisi: Sí.

(Caminan hacia direcciones opuestas, antes de salir Nemrod se detiene, se vuelve y grita.)

nemrod: ¡Merisi!

(Merisi se vuelve.)

nemrod: ¡Recuerda: nada de besos!

(Merisi se encoge de hombros. Salen. Oscuro.)

 

Noche 17

Nemrod, sentado en la acera, mira en dirección por donde debe llegar Merisi y hace una mueca de dolor. Llega Merisi y se sienta frente al otro.

merisi: Ya estoy aquí.

nemrod: Sí. Llegué un poco antes.

merisi: ¿Te pasa algo?

nemrod: ¿Como qué?

merisi: No sé.

nemrod: No me pasa nada.

merisi: ¿Te pegó otra vez?

nemrod: No.

merisi: ¿Te pegó?

(Silencio.)

nemrod: Sí.

merisi: Déjame ver.

nemrod: Hace frío.

merisi: Está bien, no me enseñes.

nemrod: ¿Cuánto hiciste?

(Merisi saca de su pantalón algunos billetes y se los tiende a Nemrod.)

nemrod: ¿Cuánto es?

merisi: Cuéntalos.

nemrod: ¡Dime cuánto es! (Avergonzado.) No puedo contarlo.

merisi: Mil quinientos ochenta.

(Merisi deja en el piso el dinero.)

nemrod: Yo no hice nada.

merisi: ¿Te pegó con el cinturón? (Nemrod calla.) ¿En la espalda?

nemrod: Es mejor a que me pegue en las nalgas.

merisi: Nunca es mejor.

nemrod: Mañana estaré bien. Trabajaré sin quitarme la playera.

(Merisi trata de desabotonarle la camisa pero Nemrod dice: No, déjalo así. Merisi continúa y lo despoja de la prenda con mucho cuidado, después le sube con tiento la playera, se desliza hacia su espalda y mira el daño e inclinándose le sopla con la boca y besa delicadamente los verdugones. Nemrod llora en silencio.)

merisi: ¿Te sientes mejor?

nemrod: Sí. Creo que sí.

(Merisi viste al otro procurando no lastimarlo. Vuelve a sentarse frente a él.)

merisi: Mañana no trabajarás.

nemrod: Debo hacerlo.

merisi: Ni pasado mañana.

nemrod: No reuniremos la cantidad.

merisi: La reuniremos, ya verás.

(Silencio.)

nemrod: Mientras me golpea dice que lo hace por mi bien, luego para de pronto, como si comprendiera que obra mal y se encierra en su cuarto.

merisi: Ellas no saben qué hacer.

nemrod: No siempre fue así. Antes era cariñosa.

merisi: Antes… Antes… Hemos crecido y ellas han envejecido. Cuando vayamos en el autobús, tan pronto como nos sentemos en nuestros respectivos asientos numerados, pensaremos en lo que viene, no en lo que dejemos.

nemrod: Sí, todo nuevo: nuestros pensamientos, nuestros pasos, nuestros planes…

merisi: Ella me dice que si yo cambiara las cosas serían diferentes, yo le digo que si ella cambiara las cosas también serían diferentes.

nemrod: Ellas no cambiarán.

merisi: No. (Ríe.) Es curioso.

nemrod: ¿Qué?

merisi: Que ella y yo tengamos la misma profesión.

nemrod: No te estarás arrepintiendo, ¿verdad?

merisi: Digo que habiendo algo en común entre nosotros, eso mismo nos separa. Aunque pensar en ello hace que la vea menos maligna.

nemrod: No es maligna.

merisi: ¿No lo es? Dejarme en las manos de él es una acción maligna. Hace años que no lo veo. No lo conozco. No lo recuerdo. ¿Por qué me reclama ahora?

nemrod: Ella no debería renunciar a ti.

merisi: ¿Ves como sí es maligna?

nemrod: Maligna es la otra mujer.

merisi: ¿Ella? No sé. Tal vez no vuelva a verla.

nemrod: ¿Es bella?

merisi: Supongo que sí.

nemrod: Dices que la has visto bien.

merisi: Pero el odio la transfigura. Cuando está sentada en el cuarto, envuelta en la penumbra, es bella, frágil, misteriosa, y aunque tiene miedo sus ojos brillan como luciérnagas, pero después se transforma y ya no es bella. Y cuando me mira es un demonio.

(Nemrod lo mira incómodo.)

nemrod: Quiero irme.

(Merisi recoge el dinero, lo mete en la camisa de Nemrod, se incorpora y ayuda al otro a levantarse.)

merisi: Te llevaré a tu casa.

(Apenas han avanzado unos pasos cuando Merisi detiene bruscamente al otro.)

nemrod: ¡Ahora no!

merisi: Escucha… sólo escucha…

nemrod: Ahora no, por favor.

merisi: No hables.

(Silencio.)

merisi: Pasa de largo, junto a nosotros. No la veas.

nemrod: No la veo.

merisi: Te digo que no hables.

(Silencio.)

merisi: Ha pasado ya.

nemrod: No vi nada.

merisi: Ella sí nos vio. Notó que estabas lastimado y nos dejó. Me dejó.

nemrod: ¿De verdad la viste?

merisi: Te dio miedo, ¿no es cierto?

nemrod: No. ¿Mentiste?

merisi: Te dio miedo.

nemrod: A veces me hartas.

merisi: A veces miento.

nemrod: ¿Esta vez?

merisi: Vámonos.

nemrod: No volveré a creerte.

merisi: A ti no te mentiría, nunca.

(Caminan. Merisi detiene nuevamente a Nemrod.)

nemrod: ¿Ahora qué?

merisi: Ahora nada.

(Nemrod mira interrogante a Merisi. Merisi sonríe. Oscuro.)

 

Noche 18

Nemrod sentado frente a Merisi, de pronto éste hunde la cabeza entre el sexo de aquél.

merisi: ¡Protégeme! ¡Protégeme!

(Nemrod, incómodo, recula.)

merisi: ¡Protégeme! ¡Protégeme!

nemrod: Cálmate.

(Nemrod coloca una mano sobre la cabeza de Merisi y lo acaricia.)

nemrod: No permitiré que te toque.

merisi: ¡No dejes que me mire ni que se acerque!

nemrod: No lo hará.

merisi: ¡No permitas que él me lleve!

nemrod: ¿Él?

merisi: Él quiere llevarme, ¿no te acuerdas?

nemrod: No te llevará.

merisi: Lo prometiste.

nemrod: Merisi, no quiero ser ni él ni ella.

(Merisi se separa violentamente.)

merisi: ¿Por qué lo dices?

nemrod: No sé. Creo que abusas de mí.

merisi: Nos conocemos desde que teníamos cuatro años y crees que abuso de ti, ¿es así?

nemrod: A veces te desconozco.

(Silencio.)

nemrod: No puedo ser ella.

merisi: No quiero que lo seas.

nemrod: Tampoco él.

merisi: Tonto, más que tonto.

nemrod: Te estás emputeciendo.

merisi: Necesito siempre la cercanía de un cuerpo, su calor, sentir una mano acariciándome la cabeza o la espalda o la parte que sea…

nemrod: ¿Lo ves?

merisi: ¿No lo disfrutas tú?

nemrod: No. Es un trabajo.

merisi: El trabajo también se disfruta. No somos máquinas. Y contigo es otra cosa. Tú eres mi amigo. No quiero que seas ni mi amante ni mi madre ni mi padre. No debes confundir las cosas. ¿Tú no necesitas ternura?

nemrod: No. Soy más fuerte que tú. Y cuando alguien me coge sólo pienso en hacer bien mi trabajo, porque eso es, un trabajo.

(Merisi se arrodilla ante el otro.)

merisi: Mírame a los ojos.

(Nemrod mira el piso.)

merisi: Mírame y dime que no sientes nada.

(Nemrod continua eludiéndolo.)

merisi: ¡Mírame!

(Nemrod lo mira a los ojos.)

nemrod: Fuera del dolor o de la incomodidad, no siento nada.

merisi: Mientes.

nemrod: Te digo la verdad.

merisi: Te haces el fuerte.

nemrod: De los dos soy el más fuerte, lo sabes.

merisi: Quiero que lo seas, pero no lo eres.

nemrod: Quieres… quieres… Soy, seré el más fuerte puesto que tú lo quieres. Te protegeré de todos, hasta de ti mismo.

merisi (vencido): Yo haré lo mismo por ti. Lo hago.

nemrod: Entonces ya no discutamos.

merisi: Está bien. Hagamos cuentas. (Le tiende unos billetes.) Tres mil, cerrados. (Los mete en la camisa de Nemrod.) ¿Cómo va tu espalda?

nemrod: Mejor. Mañana volveré al trabajo.

merisi: No lo harás. Ya lo hablamos.

nemrod: Merisi… (No puede contener las lágrimas.)

merisi: ¿Qué pasa?

nemrod: ¿Me perdonas por llamarte puto?

merisi: ¿Y qué somos entonces?

(Ríen.)

nemrod: Ya no rías. Quiero decirte algo. Voy a construir un puente.

merisi: ¿Qué dices?

nemrod (ensoñador): Voy a construir un puente. Seré ingeniero y maestro de obras y obrero, todos al mismo tiempo, y construiré el puente más largo y más seguro por donde podamos huir. Nadie podrá cruzarlo, excepto nosotros. Será un puente de madera para que pueda arder e irá cayendo metro a metro tan pronto como nos desplacemos a la otra orilla. Y cuando hayamos recorrido el último tramo, el resto del puente caerá al vacío y nosotros estaremos a salvo. Y nos alejaremos sin prisa con nuestro dinero ahorrado.

merisi: Eso me recuerda que debo comprar los boletos. Mañana, antes de vernos, lo haré.

nemrod: Merisi, ¿te puedo dar un beso?

merisi: Un hombre no pide permiso.

(Nemrod se inclina sobre Merisi, hace un gesto de dolor que pasa inadvertido para el otro y lo besa en la mejilla.)

merisi: Te llevaré a tu casa.

nemrod: Sí. Debemos descansar.

(Oscuro.)

 

Noche 19

Nemrod y Merisi entran al mismo tiempo. Se sientan y se miran en silencio.

merisi: No trabajaste, ¿verdad?

nemrod: No.

merisi: ¿Tu espalda cómo va?

nemrod: Mejor. Ya no tengo fiebre.

merisi: Y ella, ¿qué dice?

nemrod: Nada. Pero siente pena o me desprecia tal vez, en todo caso no hablamos.

merisi: Mejor.

nemrod: Sí.

merisi: Ella recogió todas mis cosas y las metió en unas cajas, menos la muda que me pondré mañana.

nemrod: No nos llevaremos nada.

merisi: Como la mujer que me persigue.

nemrod: Olvídala.

merisi: No me deja tranquilo. Hoy, en cada cliente veía la cara de ella. Opté por darles a todos la espalda. ¿Sabes a quién se parece? A Barbara Steele.

nemrod: No la conozco.

merisi: Me mira como reprobándome o como burlándose, no sé, pero ahí está, hambrienta…

nemrod: ¿Hambrienta?

merisi: ¿Dije eso? Persiste aunque cierre yo los ojos. Si al menos me dijera qué quiere de mí o por qué me odia. Y me distraigo mientras trabajo y los clientes me reclaman por no poner pasión, o por lo menos entusiasmo, en lo que hago. Me dicen: ¡putito, mueve las nalgas!, y caigo en la cuenta que hago mal mi trabajo.

nemrod: Mañana acabará todo esto.

merisi: Un cabrón  me dio una bofetada mientras me decía: ¿no se te para, pinche maricón?

nemrod: Mañana trabajaré yo y tú me esperarás aquí.

merisi: Una noche más no importa; además tú no puedes trabajar porque estás lesionado.

nemrod: Te digo que ya estoy bien. Y mañana estaré mejor. Después de las tres, seremos libres.

merisi: Pero no trabajarás.

(Merisi saca de sus bolsillos algunos billetes que entrega al otro, éste los cuenta.)

nemrod: Mil ochocientos. No está mal.

merisi: Está mal.

nemrod: No mucho.

merisi: En mi gráfica laboral hubo un descenso.

nemrod: No importa.

merisi: Sí importa. (Silencio.) ¿Nos vamos?

(Lentamente empiezan a incorporarse. Oscuro.)

 

Noche 20

Nemrod, sentado, espera. Llega Merisi tambaleándose y dejándose caer. Inmediatamente Nemrod se acerca a él, se arrodilla y lo examina.

nemrod: ¿Bebiste?

merisi: Un poco.

nemrod: ¿De dónde sacaste esta chamarra?

merisi: Me la dio un cliente.

nemrod: ¿Qué tomaste?

merisi: ¿Importa? Dos martinis.

nemrod: Y eso, ¿qué es?

merisi: No lo sé.

(Merisi mete la mano en uno de sus bolsillos, saca unos billetes arrugados que entrega al otro.)

merisi: Mira bien… ¡Diez mil pesos!

(Nemrod cuenta el dinero.)

nemrod: Ocho mil.

merisi: Espera…

(Merisi busca en otro bolsillo, encuentra otros billetes, Nemrod los coge.)

nemrod: Tienen sangre.

merisi: Debe ser…

nemrod: ¿Debe ser?

merisi: Tomé dos martinis.

nemrod: ¿Y por eso tienen sangre?

merisi: Estoy borracho. (Silencio.) Me siento mal.

nemrod: Esperemos a que se te baje la borrachera.

merisi: ¿Estás enojado?

nemrod: No soy tu novio

merisi: No, no lo eres, pero no me has dicho si estás enojado. (Silencio.) ¿Tu silencio quiere decir que sí?

nemrod: Duérmete.

merisi: No tengo sueño.

nemrod: Descansa entonces.

merisi: La vi nuevamente.

nemrod: Siempre la ves.

merisi: Algunos días no la veo. Y hoy estuvo junto a la cama con el último cliente.

nemrod: ¿El que te hizo beber?

merisi: Estuvo atenta a todo lo que hicimos.

nemrod: No quiero que me cuentes.

merisi: Me hizo tomar dos martinis…

nemrod: No quiero saber.

merisi: Después, mientras me cogía con brusquedad, me propuso algo que me dio miedo. Me dijo: te doy quinientos pesos más si me dejas herirte con esta navaja, y me la mostró; alarmado bajé mis piernas pero me detuvo con fuerza y agregó: no te asustes, no quiero hacerte daño, solamente quiero que la adrenalina nos motive. Me separé de él, y él, golpeándome, me tiró a un lado de la cama y presionando mi nuca con su pie, amenazó con acusarme que lo había robado. Ella, bajo la cama, me sonreía. Tenía mucho miedo, Nemrod, tanto que casi me orino. Ella se acercó a mi cara y me dijo al oído que aceptara, que el dinero que el desgraciado me ofrecía favorecería nuestros planes…

nemrod (asustado): ¡Merisi, no quiero oír!

merisi: No quería llorar, te lo juro, pero las lágrimas me traicionaron…

nemrod: Merisi, Merisi, no jures…

merisi: Quitó su pie, me levantó, me sentó en sus piernas y secando mis lágrimas me dijo: no tengas miedo, te haré un corte pequeño, insignificante, superficial. Le dije que no quería morir y él, sonriendo, agregó: eres tan frío, tan amateur… Y me cortó entre las costillas. ¿Lo ves?, dijo, no duele. Y de verdad que no me dolió… Me recostó boca arriba, y volvió a penetrarme… Le pedí que fuera cariñoso, que me dijera palabras amorosas… Me hirió del otro lado, también entre las costillas, mientras decía: amor… amor…

nemrod: ¡No quiero oír!

merisi: Me cortó cuatro veces más, en el abdomen y en las piernas… (Orgulloso.) Quinientos pesos por cada herida y dos mil pesos por el servicio… Ella no se apartó de mí, sostenía mi cabeza, acariciaba una de mis manos, y lamía mis heridas, sellándolas con su saliva…

(Nemrod abre con cautela la chamarra que viste Merisi y se horroriza al ver la sangre que mancha la camisa y el pantalón de éste.)

nemrod: ¡Estás loco!

merisi: No digas eso. Estoy borracho.

nemrod: ¡Estás herido!

merisi: Por eso me dio su chamarra…

nemrod: ¡Debemos denunciarlo!

merisi: No, no, recuerda que debemos irnos. Sólo déjame descansar un poco para que se me pase la borrachera.

nemrod: ¡Te llevaré al hospital!

merisi: ¿No entiendes? Si nos quedamos en la ciudad él me llevará mañana.

nemrod: Necesitas que te vea un médico.

merisi: Déjame descansar. Déjame dormir una hora. Solamente una hora, por favor…

nemrod: ¡No cierres los ojos!

merisi: Media hora…

nemrod: ¡No te duermas!

merisi: Quiero descansar…

nemrod: ¡Merisi! ¡Merisi!

merisi: Quince minutos…

nemrod: ¡Abre los ojos! Si los cierras tal vez no vuelvas a abrirlos. ¡Merisi, no me dejes solo!.¡Merisi!

merisi: No grites.

nemrod: Descansa pero no cierres los ojos.

merisi: Me duelen las heridas, sobre todo las de las costillas…

nemrod: No hables.

merisi: Me arde el cuerpo.

nemrod: Cállate. Déjame pensar.

merisi: ¿Pensar en qué? Solamente dame quince minutos para que se me pase el efecto de los martinis, porque no fueron dos sino tres…, ¿o fueron cuatro? No lo recuerdo bien…

nemrod: Cállate, Merisi, cállate. Déjame pensar en lo que debemos hacer.

merisi: Voy a cerrar los ojos un momento… Sólo un momento.

nemrod: Pero no te duermas.

merisi: No tengo sueño… Tengo frío…

(Nemrod le cierra cuidadosamente la chamarra.)

merisi: No la abotones. (Se queja.) Completamos la cantidad, ¿no es cierto?

nemrod: La sobrepasamos. Trabajé ayer y gané tres mil cuatrocientos cincuenta pesos. Fue mi mejor día.

merisi: Te prohibí…

(Merisi, aterrado, abre los ojos y coge con fuerza una mano de Nemrod.)

merisi: ¡Viene por mí!

nemrod: ¿Quién?

merisi: ¡No dejes que me lleve!

nemrod: ¡Quién!

merisi: ¡Lo prometiste, Nemrod…! ¡La ciudad arde a sus espaldas, corre nuevamente con su marido…! ¡La historia se repite, Nemrod, su marido se vuelve y se convierte en tea y ella extiende su mano pero la retira inmediatamente porque le quema, él mueve los labios, como lo veo hacer siempre, y sin palabras, porque no puede hablar, le dice que corra, que se ponga a salvo y ella niega con la cabeza…! ¡Él, con la mirada la urge, y ella gritando lo deja…! ¡Y maldita, transformándose en demonio, como cada noche, viene corriendo por la calzada, ligera como la voz, con los cabellos de fuego y con la mirada del odio, incendiando todo a su paso: árboles, pájaros, aire, dejando ascuas sobre el terreno que pisa! ¡Viene corriendo por la calzada, diciendo mi nombre, no Merisi, sino el otro, el verdadero…! ¡Viene por mí, Nemrod, viene por mí! ¡Ayúdame a levantar!

(Nemrod trata de moverlo, Merisi hace muecas de dolor y gime.)

nemrod: ¡Pon de tu parte, Merisi!

merisi: Sí, sí…

(Nemrod logra poner en pie al otro.)

nemrod: ¡Ayúdame! ¡Herido pesas más!

merisi: Tengo mucho frío…

(Merisi coloca su brazo en la espalda de Nemrod, éste aúlla de dolor.)

merisi: ¿Qué pasa?

nemrod: Nada.

merisi: ¿Te golpeó otra vez?

nemrod: No preguntes eso

merisi: ¡Apresúrate, Nemrod, ella acaba de penetrar en la zona! ¡Crucemos el puente y pongámonos a salvo!

nemrod: ¡No puedo contigo!

merisi: ¡Camino, Nemrod, camino!

(A duras penas se mueven un poco. Repentinamente Merisi grita lleno de espanto. Nemrod deja caer a Merisi, éste se encoge para protegerse y el otro queda paralizado por el terror.)

merisi: ¡No me lleves! ¡No me lleves!

(Nemrod tira golpes en derredor suyo mientras se desplaza tratando de proteger a Merisi y gritando para ahuyentar aquello que los amenaza y no ve.)

merisi: Nemrod, ¿la ves?

nemrod: No la veo.

merisi: Enreda su cuerpo al mío y me besa en la boca…

nemrod: ¡No lo permitas, Merisi! ¡No lo permitas! ¡Aléjate, maldita, aléjate!

merisi: ¡Me bebe y me come! ¡Quítamela, Nemrod!

nemrod: ¡Llévame a mí! ¡Llévame a mí!

merisi: ¡Nemrod, ahora está dentro de mí!

(Nemrod cae de bruces.)

nemrod: Dame la mano Merisi…

merisi: Nemrod… Nemrod… quiero confesarte algo…

nemrod: Después.

merisi: No habrá después…

nemrod: Dilo entonces.

merisi: Besé a todos los hombres…

nemrod: Cállate, Merisi.

(Nemrod se incorpora junto con Merisi, abrazándolo para que no caiga.)

merisi: Viene por los dos, Nemrod.

(Merisi le echa el brazo en la espalda y Nemrod grita adolorido.)

nemrod: No toques mi espalda, Merisi, por favor no toques mi espalda.

(Merisi se afianza de la cintura de Nemrod, casi desmadejado, llevado por su amigo con gran esfuerzo y avanzando con dificultad extrema. Apenas se mueven un poco.)

nemrod: Aguanta, Merisi, aguanta, cruzaremos el puente y la burlaremos… Pronto amanecerá e iremos al banco. Llevaremos a cabo nuestros planes y tomaremos martinis. Únicamente te pido que no toques mi espalda…

(Nemrod continúa caminando, llevando casi a rastras a Merisi, lentamente, muy lentamente.)

Oscuro.

 


Texto publicado en la edición 147 de Crítica

Escrito por Alejandro Ferrero