El espíritu de la materia cromática de Arturo Rivera*

Cuando Antonio Machado habla de la pintura de Velázquez, afirma que la única estética posible para el pintor español sería la estética trascendental kantiana; incluso, el poeta sevillano va más lejos con tan singular aseveración pues agrega unas líneas más al asunto: “si Kant hubiera sido pintor, habría pintado algo muy semejante a Las Meninas”. Lo que podría considerarse una humorada, sin embargo posee elementos tan sólidos y propositivos para comprender, desde un ángulo poco visitado, las correspondencias entre el filósofo y el pintor. Por eso mismo, Machado agrega: “Convengamos en que, efectivamente, nuestro Velázquez, tan poco enamorado de las formas sensibles, a juzgar por su indiferencia ante la belleza de los modelos, apenas si tiene otra estética que la estética trascendental kantiana. Buscadle otra y seguramente no la encontraréis. Su realismo, nada naturalista, quiero decir nada propenso a revolcarse alegremente en el estercolero de lo real, es el de un hombre que se tragó la metafísica y que, con ella en el vientre, nos dice: (…) la pintura es llevar al lienzo esos cuerpos tales como los construye el espíritu con la materia cromática y lumínica en la jaula encantada del espacio y del tiempo. (…) He aquí el secreto de la serena grandeza de Velázquez. El pinta por todos y para todos; sus cuadros no sólo son pinturas, sino la pintura.

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