Argentina

  • Malagueta, Perus y Bacanazo de João Antônio

    Es marketing

     

    João Antônio, Malagueta, Perus y Bacanazo, Adriana Hidalgo, Argentina, 2012, 232 p.

     

    Ciertos libros me obligan a pensar más en las circunstancias de su edición que en su contenido. Algunas veces es precisamente la sensación de falta de sustancia, o su ausencia, la que me empuja a su puerto de origen. Malagueta, Perus y Bacanazo me planteó este problema en dos ocasiones, pues al tratarse de una traducción hay algo así como una repetición de decisiones editoriales que no comprendo del todo. No obstante, me parece que tengo más claras las circunstancias que rodearon a la edición brasileña que las que motivaron a Adriana Hidalgo a publicarlo en español. De alguna manera, lo que pretendo hacer al escribir esta reseña es explorar la pregunta¿por qué reeditar Malagueta, Perus y Bacanazo? Ya sabemos que la recepción de la literatura brasileña, por lo menos en México, no es muy buena. Uno puede culpar a las barreras del idioma, a la falta de interés de las editoriales que puede remitirse a la rivalidad histórica entre España y Portugal o a la falta de lectores de textos que, como este, se presentan con el traje de gran literatura y no dejan de ser el escritor promedio brasileño. Para ponerlo en términos más simples: ¿por qué un alemán elegiría leer a Elena Garro si tiene la posibilidad de leer a Inés Arredondo?, ¿por qué leer a Fogwill si tienes a Borges? O, siendo más dramáticos, por qué elegir a Carlos Fuentes si se tiene un Juan Rulfo. Con esto me refiero a que esperaba más de una editorial como Adriana Hidalgo, que se ha dedicado a difundir en hispanoamerica a Clarice Lispector, Guimarães Rosa o João Gilberto Noll. No sé si estoy exagerando pero las circunstancias que rodean al libro me dan motivos suficientes para cuestionarlo.

    tapa Cuentos Joao Antonio copyJoão Antonio tenía 26 años cuando se publicó Malagueta… Su edad sorprendió a la crítica, que inmediatamente le dio el reconocimiento por su obra excepcional otorgándole dos premios Jabutí —hecho inédito en la historia de la literatura brasileña—. Lo que me llama la atención es que su supuesta excepcionalidad se debe a que “su libro marcaba el fin de una cierta subrepresentación de la capital paulista en la literatura brasileña”, a una envidia por el auge de la literatura en Río de Janeiro donde convivían autores como Machado de Assis y Lima Barreto. Incluso las regiones inhóspitas del Brasil prometían gran literatura: el antes mencionado, Guimarães Rosa y Graciliano Ramos. Pareciera que la crítica paulista necesitaba con desesperación encontrar a su escritor prodigio. Además, un incendio quemó los manuscritos del cuento que cierra el libro y que le da nombre. La verdad es que el cuento no se perdió del todo como algunos quisieron afirmar. Se salvó casi por completo a través de transcripciones que el propio autor había hecho para editores y amigos. Pero los rumores sirvieron como estrategia publicitaria, pues sugerían que la genialidad del autor era tal que había reescrito el cuento de manera perfecta. Cuando un amigo lo cuestionó sobre la situación y el título del libro, João Antônio respondió: “Quédate tranquilo, Caio. Es marketing.”

    Malagueta, Perus y Bacanazo es un libro de cuentos que, a grandes rasgos, hablan de los bajos mundos de la capital paulista. Sus personajes son jugadores de snooker, soldados o aficionados al arte de patear corcholatas. De alguna manera, la mayoría de los textos reunidos pertenecen a la literatura del malandragem, ese género cuyo parentesco sería la picaresca española, pero que en el periodo del modernismo brasileño se convirtió en una estrategia más para representar el folclor: el malandro, más que ser un anti-héroe, es el héroe del bajo mundo por excelencia. Siguiendo la estética malandra, João Antônio presenta a sus personajes por medio de un narrador en tercera persona que en ningún momento los juzga. A diferencia de libros como el Lazarillo de Tormes, en Malagueta… los personajes no aprenden ninguna lección y existen porque son parte esencial de São Paulo. En este sentido, la narrativa de João Antônio me recuerda a Rubem Fonseca, aunque en este último sí se podría decir que existe una crítica a la sociedad burguesa: sus personajes siguen siendo personajes-tipo. Algo que me llama la atención en los textos es la especie de promiscuidad que hay entre el narrador y sus personajes: por medio del estilo indirecto libre y de un lenguaje que no intenta ser fiel al cotidiano sino que busca la estilización para representar, en este caso, su crudeza, borra la noción de alta cultura y cultura marginal, para que tanto narrador como personaje compartan un mismo espacio. Por otro lado, la estructura del libro es sugerente; se divide en tres partes: “Cuentos generales”, “Cuartel” y “Snooker”. Digo esto porque el libro comienza con cuentos sencillos, con personajes poco desarrollados y con un lenguaje promedio, para después pasar a textos más complejos. La verdad es que se trata de una estrategia más de marketing —como en casi cualquier texto literario— que no termina de funcionar. Siento que más que un libro de cuentos, es decir, un libro seleccionado y diseñado por el propio autor que pretende seguir algo —sea lo que sea que este algo signifique—, es el resultado de premios literarios, como bien señala el propio autor: “Podría hablar de todos los cuentos del libro. Citar que casi todos ganaron premios aquí y allí, más allá.”

    Volvamos a la edición de Adriana Hidalgo. Es la primera vez que me encuentro un libro de esta editorial con apartado crítico. Mi primera impresión fue grata porque creo que las editoriales interesadas en publicar literatura no comercial deberían de prestar más atención a esto tipo de detalles y brindarle al lector algún tipo de contexto. Aquí haré una interpretación maliciosa: ¿por qué elegir Malagueta, Perus y Bacanazo como el libro que necesita contextualizarse?, ¿por qué abrir con un ensayo —bastante superficial, por cierto— de António Cândido, el crítico brasileño por excelencia? No lo sé. Me suena a que, de alguna manera, los editores sabían que el libro podía ser un riesgo y necesitaban que algo más lo sustentara. Y ahora voy a ser más maliciosa. Aparte del ensayo de Cândido y el epílogo escrito por Rodrigo Lacerda, hay un texto del propio João Antônio que se publicó por primera vez en la tercera edición del libro. Copio un fragmento:

     

    Sobre mi nombre podrán oírse las mejores y las peores cosas. Jamás las crean. Unos suelen decir: “No sirve para nada.” Otros: “Es una buena persona.” Incluso hay quienes dicen que escribo bien. Estén tranquilos, que esos tres tipos son inofensivos como pajaritos. Sólo buena gente que habla de más. Ahora, hay un grupo que se expresa: “Es un lindo muchacho.” En cuanto a estos, yo les recomiendo, en confidencia, “¡mucho cuidado!” Allí están los que hacen elogios tontamente y traición crudamente.

    Para comenzar, diré que temo el juicio de esta conversación de quien esto escribe. Probablemente dirán que estoy posando y armando una burda fanfarronada para entretenerlos y, una vez aparecido mi libro, encuentre en las prosas blandas aquí expuestas un vehículo que los llevará a las librerías.”

    Me permito la cita larga porque es un excelente ejemplo que resume mi postura ante el libro. Debo admitir que el autor entiende de mercadotecnia y sabe que no puede ser fanfarrón deliberadamente o perderá credibilidad. Pero ahí está: todo lo que rodeó a la publicación del libro en Brasil fue un vehículo para llevarlo a las librerías. Obviamente, estamos hablando de un mercado editorial con necesidad de la publicidad para sobrevivir. Pero ¿qué pasa con la publicación en español?, ¿por qué publicar un libro cuyo éxito literario reside en el orgullo paulista? Y más relevante aún, ¿hay lectores reales para Malagueta, Perus y Bacanazo? Supongo que la estrategia de markenting seguida por la editorial argentina tendrá que ser muy buena, por lo menos en México, si quiere que Malagueta, Perus y Bacanazo llegue a las librerías[1].

     


    [1] Ignoro cuál sea la recepción en Argentina. De entrada, puedo decir que el libro tiene más posibilidades de ser leído puesto que la relación entre ese país y Brasil es mucho más cercana. Además, tiene una tradición de literatura picaresca mucho más fuerte que en México. Pienso, por ejemplo, en Roberto Arlt. Sin embargo, y tomando esto en cuenta, sigo dudando de que Malagueta, Perus y Bacanazo sea un escritor impresindible en lengua castellana que se pueda equiparar a los otros autores brasileños publicados por la editorial.

    Texto publicado en la edición 153 de Crítica


    Escrito por Francesca Dennstedt

    (Tijuana, 1988) es estudiante de Literatura en la Universidad de las Américas Puebla. Ha publicado crítica en la revista Separata. Revista de pensamiento y ejercicio artístico. Ha participado en diversos talleres de creación literaria. Actualmente trabaja en una tesis sobre la poesía de Luis Felipe Fabre.

  • Nanina de Germán García

    Contemporáneos posteriores

    Germán García, Nanina, Fondo de Cultura Económica, Argentina, 2012, 297 p.

    Colecciones editoriales a cargo de escritores: oportunidad para los descubrimientos, la reiteración o incluso, claro, la explotación de un nombre, una firma. No era eso exactamente aquella Biblioteca Borges, según recuerdo que se llamaba. Oscilaba entre las varias posibilidades: textos de los que Borges se había cansado de hablar y que por fin sus fanáticos lectores tendrían en las manos, unas cuantas perlas desconocidas y también mucho clásico obvio, cuya compra valdría la pena en todo caso por el prólogo borgiano. Pero sí: la firma, en letras doradas sobre fondo gris, acaparaba toda la responsabilidad simbólica del producto comercial, y lo mismo habría funcionado de haberse estampado, digamos, en una serie de discos de milongas, a la venta en puestos de periódicos. read more