Sobre un texto maravilloso de Fadanelli | Alfredo Lèal

(WEB)

Una de las pocas cosas que me sigue impresionando del internet es su capacidad para sorprenderme, para molestarme, para impulsarme a actuar.

Para aquéllos que, como se dice, “nacieron” con el internet, la experiencia de los que lo vivimos (y lo incorporamos a nuestras vidas) hace poco más de diecisiete años debe parecer una especie de mito. En casa era las más de las veces inaccesible, no sólo por los altos costos que implicaba para la clase media tener una herramienta que, seamos honestos, servía para muy poco, casi nada en realidad (entre las tantas formas que encontrábamos para tener internet estaban los discos de AOL que regalaban en los semáforos con un mes de prueba gratis y las claves de Terra que podías conseguir con algún amigo por un pago único; el funcionamiento de ambos, hasta la fecha, sigue siendo un misterio para mí), sino porque, como saben, cuando usabas el internet el teléfono de la casa estaba indisponible: o lo uno o lo otro, porque, por supuesto, los celulares aún eran bastante costosos y la gente seguía hablando por teléfono en su casa. read more