Hay cholultecas desde hace cuatro mil años. De los primeros se sabe muy poco. Algo seguro es que les gustaban las puestas del sol, especialmente las del verano, cuando el sol desaparece entre los dos volcanes que, en aquella época, eran simplemente los dos volcanes. En Cholula los ocasos son apocalípticos, con la fumarola del volcán derramando rosáceos y rojos sobre el cielo, las dos moles de piedra alzándose sobre la noche como centinelas negros que no se dignarán ya a abrir las puertas. Algo se pierde en cada atardecer cholulteca, lucidez, astucia, viveza. Va invadiendo, en cambio, el pasmo, el misticismo.


































