Enumero cincuenta cuerpos extraordinarios sin intención de crear una taxonomía o marcar un rango. Mezclo imaginarios con reales, dioses con humanos, ficciones y mentiras con inobjetables.
1. El primero es el cuerpo extraordinario por excelencia: el de Gregorio Samsa, responde en su transformación al soplo vital de un dios centroeuropeo con agruras. En su cuerpo aparece la huella del padre que lo dio a luz y la de su deseo perverso (el afán de no dejar ser al hijo).
El que se ha tornado en monstruo (o en insecto extraordinario) habla con nuestra misma gramática, el suyo es el idioma de nuestra especie, Samsa somos nosotros, los humanos desde el siglo XX, amanecimos tornados en eso al término de la Primera Guerra. Su cuerpo formidable nos relega al papel de espejo. Todos somos Gregorio Samsa.
2. Los cuerpos de las hijas de El Cid Campeador. ¿Qué había en ellos que invitaba a las ternuras de una noche de amor en la cámara conyugal y a ser aporreadas a la mañana siguiente en despoblado hasta con las espuelas, quesque porque no eran buenas ni para barraganas? ¿Por qué esos cuerpos son el blanco del rencor, la humillación que les ganó su cobardía? ¿Por qué ellas, las amadas? No basta el sentido común o la lógica para comprenderlo, debe haber algo que se considera extraordinario en estos cuerpos.
3. El cuerpo extraordinario de la Coatlicue, la diosa azteca de la falda de serpientes y las garras de águila, monstrua pavorosa y lección de arte: comprobación de la ausencia de armonía en las fuerzas connaturales al humano y a la Tierra.
La Coatlicue no es una forma ideal, es el arte que no maquilla sino representa. Supe verla a mis 16 años, entendí su poder como objeto de arte. Además, estaba cargada para mí; me alineé en su grey, abandonando el cobijo del ideal mariano. Me ayudó a enfocar mis obsesiones y a desprenderme de un orden que oculta la violencia al tiempo que la alienta.
4. El cuerpo extraordinario del Vampiro, poseído por poderes supremos, a prueba de la ley de gravedad y resistente al hacha de la muerte, siempre y cuando se alimente de sangre de vírgenes.
5. El cuerpo extraordinario de la Virgen que necesita el Vampiro. La Virgen es fuente de vida eterna para el Vampiro en su sangre. Con lo mismo atrae su propia muerte (o su conversión en vampira, en tornarse en la muerte de otros). Todo en ella me parece paradójico: que sea fuente de vida siempre y cuando sea deseo incumplido, y que en cuanto cumpla el deseo del Vampiro se torne la portadora de muerte.
6. El cuerpo extraordinario de la mujer que no está herido y sangra, que sangra de salud generativa. Este cuerpo es fascinante. Es la puerta para dar vida a otros.
7. Pero entre los cuerpos de la mujer marcados por su edad, me atrae aún más el extraordinario cuerpo otoñal que se cierra al derrame de sangre y se abre a la melancolía. Una melancolía que algo tiene de ilógico: a ella, sea Virgen o no, ya no la amenaza el temible Vampiro, está a toda prueba de ser la transmisora de muerte.
8. El cuerpo extraordinario de santa Teresa, ansia de martirio desde la infancia, éxtasis, enfermedad, y así y todo eficacia administrativa (no cualquiera que levita funda una orden religiosa y abre cuántos conventos). Y, extraordinario en lo extraordinario, sus escritos, dulzura, frescura, concentrada terrenalidad en el puño de una volada.
9. Blancanieves y La Bella Durmiente. Como el de Samsa, responden con vida y anomalías a la envidia, al impulso destructivo, al deseo de causarles el mal. Pero no se deforman, suspenden la vigilia, interrumpen el sangrado rutinario, se vuelven otoñales para que el varón que las despierte no sea el Vampiro.
10. El cuerpo extraordinario de Delmira Agustini, que ella vuelve sujeto erótico: “las mil bocas de mi sed maldita”. Es con esa “sed maldita” que su boca habla, y de lo que habla. “Soy flor o estirpe de una especie oscura”, Vampira de sí misma —y de otros—, a prueba de victimización porque “come llagas” y “bebe el llanto”. Ella no es para alimentar a otros (el Vampiro, o los hijos) porque ella tiene hambre. Intercambia su lugar con la Virgen, se apropia (sin dejar de ser la Virgen) del Vampiro, revoca el orden imaginario. El cuerpo de Delmira, su “Pico rojo del buitre del deseo”, es extraordinario.
11. El cuerpo de Amado Nervo que frente a la Amada Inmóvil, a la deseada muerta, se dice: “Oh, vida mía, vida mía!, / agonicé con tu agonía / y con tu muerte me morí.”
Nervo es el Vampiro que muere: “tú no eres el fantasma: el fantasma soy yo”.
¿Por qué muere este Vampiro? ¿Porque la amada no era Virgen cuando la encontró? En vida, Cecilia, su futura Amada Inmóvil, era su amante escondida, su amada de closet —muerta se convirtió en su favorito objeto erótico, alentado este sentimiento por el remordimiento del (emponzoñado) Vampiro. La muerte e Cecilia le entrega el poder a ella. Es ella el Vampiro: “Tú lo sabes hoy todo… ¡yo, en cambio, no sé nada!”
Dando otra vuelta de tuerca a su historia, Nervo pasa de desear a Cecilia, a obsesionarse con la hija de Cecilia (extraño que no tenga nada de hija de él, porque la niña tenía un año y medio cuando empezó la relación entre la futura Inmóvil y el poeta). La hija de Cecilia había sido desde el principio la prueba viviente de que no había Virgen para el Vampiro. Pero ahora ha crecido: ella es una Virgen posible. Al poeta no lo contiene el remordimiento. Corto la historia, el poeta muere, ¿se lo habrá llevado la Vampira? (hago uso de una licencia literaria bastante manga ancha, porque el cólico nefrítico no es exactamente lo mismo que una mordida).
12. El cuerpo extraordinario de la pintura “unos cuantos piquetitos”, de Frida Kahlo (una mujer desnuda en una cama, recién apuñalada por su compañero amoroso). Como otra hija de El Cid, como una de cada tres mujeres, la proporciónn que ha sufrido violencia doméstica. (Cito a cuento nota redactada por Carlos Rubio en Madrid:
Según el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM), que esta semana acaba de fallar una sentencia al respecto, si una mujer recibe a manos de su pareja 37 puñaladas repartidas en la cara, cuello, hemitórax izquierdo, dorso y ambas extremidades, le luxan un codo, le golpean el mentón provocándole que se le perfore el labio superior con la dentadura y a consecuencia de todo ello muere, se puede considerar homicidio, pero no se puede decir que hubo asesinato con agravante de ensañamiento.
La razón de mayor peso es, según la defensa del acusado, que… “no cabe deducir necesariamente que también tuviera como propósito incrementar su sufrimiento”… la intención del agresor… “acabar con la vida de su compañera, por lo que parte de las lesiones anteriores a las mortales se debieron a la natural resistencia de ésta ante la agresión de que estaba siendo objeto”.
O sea, que ella no se dejó matar y por eso su homicida tuvo que insistir en ello sin que esa acción sea calificable como ensañamiento…
…Por tanto, el citado TSJM ha reducido de 17 a 12 años de cárcel la pena impuesta a ese hombre que, solamente, mató a su mujer, porque, ya ven, no quiso hacerle más daño.
13. El cuerpo extraordinario de las Santas Mártires, torturadas, mutiladas. Obsesionaron mi infancia. ¿Cómo era posible que la ruta de dolor y tormento condujera a las puertas del Cielo? Nunca pude entender el enigma que los cuerpos de las Santas me planteaba, y que no dejó de torturarme. ¿La respuesta estaba en sus cuerpos, que al ser desmembrados se extendían como una cinta prodigiosa que conduciría y guiaría segura hacia la Luz? ¿Sólo podían haber accedico a su redención y santidad a lomo de su propia tortura y mutilación?
14. El cuerpo extraordinario que el mexicano González Camarena pintó para representar a la Patria mexicana: el de una hermosa mestiza (tan india como de otras razas, los gordos labios algo africanos, el largo cabello suelto) vistiendo toga griega. En una mano lleva un libro, en la otra el asta de la bandera. Atrás de ella la custodia un cuerno de la abundancia, imagen también del México “visto por sí mismo” de esas décadas.
Ese cuerpo ilustró las portadas de 523 millones de ejemplares de libros gratuitos, reproducido en sus portadas desde 1962 hasta 1972. Trescientos cincuenta títulos la llevaron de cubierta. Fue la Patria.
15. El cuerpo extraordinario de la modelo que posó para la Patria de González Camarena. Mesera, se cuenta que Diego Rivera la apodó “La Doré” porque aspiraba a ser pintora, hacía dibujillos en las servilletas. Nació en Tlaxcala, que tenía un alto porcentaje de población indígena. ¿Cuál fue la primera lengua que habló ese cuerpo de la Patria? ¿En qué lengua soñaba la modelo de mi Patria? ¿Náhuatl, otomí, lenguas que no comprendo? (Se dice que fue la amante del pintor, casado con una mujer europea. La Patria murió joven, alcoholizada y en la pobreza.)
16. El cuerpo extraordinario del cadáver de la poeta puertorriqueña Julia de Burgos, caído en Nueva York, en las calles del Barrio, sin identificación. Cuenta la leyenda urbana que su cuerpo era tan largo que hubieron de cortarle las piernas para que cupiera en el ataúd. De camino a la fosa común, en lugar de últimos pasos —aquí no sólo licencia literaria, sino cronológica—, ese cuerpo dejó un rastro de sangre, en un país ajeno, la huella de sus sueños perdidos. La un día insurgenta puertorriqueña, perdida su razón de ser, sin pies aun cuando estaba en vida, varada en isla ajena: ahí su cuerpo extraordinario.
17. El cuerpo extraordinario de “feminidad encabritada” de Doña Bárbara, la personaja de Rómulo Gallegos. Femenina, pero no maternal o dulce. Doña Bárbara es la naturaleza y es la devorador de hombres. La fiera independiente. Ella es la magia negra y la mentira, pero también el poder generador, la fundadora o la destructora. Es el orden de su tierra y quien corrompe. Es la barbarie, “la plenitud del hombre rebelde a toda limitación”, en palabras que Rómulo Gallegos pone en boca de Santos Luzardo.
[La dotó de una corte: las 99 aviadoras (The ninety nines) que, el mismo año de la publicación de la novela (1929) se reúnen en su Congreso de Aviadoras (vivo hasta la fecha].
18. Otro cuerpo creado por Rómulo Gallegos: el de su prosa telúrica, prosa generadora, prosa en la que respira el planeta de 1929, aún no herido por la mano del hombre. Una prosa que ya no puede ser, y que es un cuerpo extraordinario: su gramática es la Tierra.
19. El cuerpo extraordinario de México, también desmembrado. Cuando joven nación, los vecinos del norte le cortaron la tercera parte de su territorio, lo que es hoy Texas, California, Nuevo México, Arizona y más. No las piernas ni la cabeza: le arrebataron el Lejano Norte. Quedó marcado por esta mutilación.
20. El cuerpo extraordinario del México de hoy, bañado (hasta la fecha en que escribo estas líneas) en treinta y cuatro mil cadáveres, los caídos en la llamada Guerra contra el narcotráfico.
21. El cuerpo extraordinario de una mujer que se llamó la Güera Carrasco, apodada la Coronela, una de las revolucionarias mexicanas, amiga de Felipe Ángeles e Isidro Fabela, cuya única esperanza era tener dinero para hacer de su hija “una ilustrada”. Entendió, como pocos de sus colegas varones, que sin esto no sería dueña de su propio destino. Supo usar el fusil, pero entendió que la defensa real estaba en otras armas.
22. Inevitable: el cuerpo extraordinario de Frida Kahlo, su columna vertebral, rota pero sólida, recompuesta al ser pintada, a prueba de cualquier fatalidad, en el lienzo. Sherezada de sí misma, reta con suerte cada noche a la muerte, y gana. Hasta hoy sigue de pie.
23. El cuerpo excepcional de la computadora, o el ordenador —a fin de cuentas es neutro, como el de otra grande—. El cuerpo que es inteligencia, memoria, orden, captura, dominio, archivos, imágenes, texto. El cuerpo virtual de todo. El cuerpo universo. Universal y doméstico.
(Libera, y también esclaviza. Quedamos atados a la maquinaria industrial y económica de la factura y mercadeo de estos cuerpos robóticos. Nuestro cuerpo, nuestra mente, están sujetos a ellos, atados a sus dominios. La semiesclavitud en China, donde se fabrican las computadoras, la inflación del precio real a escala estratosférica, en lugar de tomar un bolígrafo y navegar con tinta en la página se requiere de una memoria de dos gigas para acercarnos a nuestra propia frase… Ese cuerpo monumental de la computadora plantea sumisiones y exigencias —económicas, laborales, energéticas—, pero no retiro lo primero que dije.)
24. El cuerpo extraordinario, “neutro” por excelencia, de la primera poeta mexicana, la creadora de la idea misma de esta identidad: el de la escritora sor Juana, que eligió ese género. (Ya llegó la hora de volverla a llamar como la mentaba Amado Nervo: Juana de Asbaje, arrancándola del convento, el único recodo social donde podía trabajar sin tapujos.)
(Un paréntesis: el diálogo entre dos cuerpos extraordinarios de vírgenes: Juana de Asbaje escribe: “mi corazón deshecho entre mis manos”. Delmira Agustini contesta, cambiando el orden de los factores: “Y exprimí más, traidora, dulcemente / Tu corazón herido mortalmente, / Por la cruel daga rara y exquisita / De un mal sin nombre, hasta sangrarlo en llanto.” Juana de Asbaje describe el llanto que es su corazón derecho (la Virgen que sangra por los ojos, una sangre pura, redención del deseo vampírico). Delmira contesta: “Copa de vida donde quiero y sueño / Beber la muerte con fruición sombría.” Delmira beberá, no se entregará, adoptará el papel “activo” del vampiro, sin renunciar a su cuerpo femenino: “Surco de fuego donde logra Ensueño / Fuertes semillas de melancolía.”)




































