50 cuerpos extraordinarios de Carmen Boullosa

29
nov

Enu­mero cin­cuenta cuer­pos extra­or­di­nar­ios sin inten­ción de crear una tax­onomía o mar­car un rango. Mez­clo imag­i­nar­ios con reales, dioses con humanos, fic­ciones y men­ti­ras con inobjetables.

1. El primero es el cuerpo extra­or­di­nario por exce­len­cia: el de Gre­go­rio Samsa, responde en su trans­for­ma­ción al soplo vital de un dios cen­troeu­ropeo con agruras. En su cuerpo aparece la huella del padre que lo dio a luz y la de su deseo per­verso (el afán de no dejar ser al hijo).

El que se ha tor­nado en mon­struo (o en insecto extra­or­di­nario) habla con nues­tra misma gramática, el suyo es el idioma de nues­tra especie, Samsa somos nosotros, los humanos desde el siglo XX, amanec­i­mos tor­na­dos en eso al tér­mino de la Primera Guerra. Su cuerpo for­mi­da­ble nos rel­ega al papel de espejo. Todos somos Gre­go­rio Samsa.

2. Los cuer­pos de las hijas de El Cid Campeador. ¿Qué había en ellos que invitaba a las ter­nuras de una noche de amor en la cámara conyu­gal y a ser apor­readas a la mañana sigu­iente en despoblado hasta con las espuelas, quesque porque no eran bue­nas ni para bar­ra­ganas? ¿Por qué esos cuer­pos son el blanco del ren­cor, la humil­lación que les ganó su cobardía? ¿Por qué ellas, las amadas? No basta el sen­tido común o la lóg­ica para com­pren­derlo, debe haber algo que se con­sid­era extra­or­di­nario en estos cuerpos.

3. El cuerpo extra­or­di­nario de la Coatlicue, la diosa azteca de la falda de ser­pi­entes y las gar­ras de águila, mon­strua pavorosa y lec­ción de arte: com­pro­bación de la ausen­cia de armonía en las fuerzas con­nat­u­rales al humano y a la Tierra.

La Coatlicue no es una forma ideal, es el arte que no maquilla sino rep­re­senta. Supe verla a mis 16 años, entendí su poder como objeto de arte. Además, estaba car­gada para mí; me alineé en su grey, aban­do­nando el cobijo del ideal mar­i­ano. Me ayudó a enfo­car mis obse­siones y a despren­derme de un orden que oculta la vio­len­cia al tiempo que la alienta.

4. El cuerpo extra­or­di­nario del Vam­piro, poseído por poderes supre­mos, a prueba de la ley de gravedad y resistente al hacha de la muerte, siem­pre y cuando se ali­mente de san­gre de vírgenes.

5. El cuerpo extra­or­di­nario de la Vir­gen que nece­sita el Vam­piro. La Vir­gen es fuente de vida eterna para el Vam­piro en su san­gre. Con lo mismo atrae su propia muerte (o su con­ver­sión en vam­pira, en tornarse en la muerte de otros). Todo en ella me parece paradójico: que sea fuente de vida siem­pre y cuando sea deseo incumplido, y que en cuanto cumpla el deseo del Vam­piro se torne la por­ta­dora de muerte.

6. El cuerpo extra­or­di­nario de la mujer que no está herido y san­gra, que san­gra de salud gen­er­a­tiva. Este cuerpo es fasci­nante. Es la puerta para dar vida a otros.

7. Pero entre los cuer­pos de la mujer mar­ca­dos por su edad, me atrae aún más el extra­or­di­nario cuerpo otoñal que se cierra al der­rame de san­gre y se abre a la melan­colía. Una melan­colía que algo tiene de ilógico: a ella, sea Vir­gen o no, ya no la ame­naza el temi­ble Vam­piro, está a toda prueba de ser la trans­misora de muerte.

8. El cuerpo extra­or­di­nario de santa Teresa, ansia de mar­tirio desde la infan­cia, éxta­sis, enfer­medad, y así y todo efi­ca­cia admin­is­tra­tiva (no cualquiera que levita funda una orden reli­giosa y abre cuán­tos con­ven­tos). Y, extra­or­di­nario en lo extra­or­di­nario, sus escritos, dulzura, fres­cura, con­cen­trada ter­re­nal­i­dad en el puño de una volada.

9. Blan­canieves y La Bella Dur­miente. Como el de Samsa, respon­den con vida y anom­alías a la envidia, al impulso destruc­tivo, al deseo de causar­les el mal. Pero no se defor­man, sus­penden la vig­ilia, inter­rumpen el san­grado ruti­nario, se vuel­ven otoñales para que el varón que las despierte no sea el Vampiro.

10. El cuerpo extra­or­di­nario de Delmira Agus­tini, que ella vuelve sujeto erótico: “las mil bocas de mi sed maldita”. Es con esa “sed maldita” que su boca habla, y de lo que habla. “Soy flor o estirpe de una especie oscura”, Vam­pira de sí misma —y de otros—, a prueba de vic­tim­ización porque “come lla­gas” y “bebe el llanto”. Ella no es para ali­men­tar a otros (el Vam­piro, o los hijos) porque ella tiene ham­bre. Inter­cam­bia su lugar con la Vir­gen, se apropia (sin dejar de ser la Vir­gen) del Vam­piro, revoca el orden imag­i­nario. El cuerpo de Delmira, su “Pico rojo del buitre del deseo”, es extraordinario.

11. El cuerpo de Amado Nervo que frente a la Amada Inmóvil, a la deseada muerta, se dice: “Oh, vida mía, vida mía!, / 
ago­nicé con tu agonía / y con tu muerte me morí.”

Nervo es el Vam­piro que muere: “tú no eres el fan­tasma: el fan­tasma soy yo”.

¿Por qué muere este Vam­piro? ¿Porque la amada no era Vir­gen cuando la encon­tró? En vida, Cecilia, su futura Amada Inmóvil, era su amante escon­dida, su amada de closet —muerta se con­vir­tió en su favorito objeto erótico, alen­tado este sen­timiento por el remordimiento del (empon­zoñado) Vam­piro. La muerte e Cecilia le entrega el poder a ella. Es ella el Vam­piro: “Tú lo sabes hoy todo… ¡yo, en cam­bio, no sé nada!”

Dando otra vuelta de tuerca a su his­to­ria, Nervo pasa de desear a Cecilia, a obse­sion­arse con la hija de Cecilia (extraño que no tenga nada de hija de él, porque la niña tenía un año y medio cuando empezó la relación entre la futura Inmóvil y el poeta). La hija de Cecilia había sido desde el prin­ci­pio la prueba viviente de que no había Vir­gen para el Vam­piro. Pero ahora ha cre­cido: ella es una Vir­gen posi­ble. Al poeta no lo con­tiene el remordimiento. Corto la his­to­ria, el poeta muere, ¿se lo habrá lle­vado la Vam­pira? (hago uso de una licen­cia lit­er­aria bas­tante manga ancha, porque el cólico nefrítico no es exac­ta­mente lo mismo que una mordida).

12. El cuerpo extra­or­di­nario de la pin­tura “unos cuan­tos piqueti­tos”, de Frida Kahlo (una mujer desnuda en una cama, recién apuñal­ada por su com­pañero amoroso). Como otra hija de El Cid, como una de cada tres mujeres, la pro­por­ciónn que ha sufrido vio­len­cia domés­tica. (Cito a cuento nota redac­tada por Car­los Rubio en Madrid:

 

Según el Tri­bunal Supe­rior de Jus­ti­cia de Madrid (TSJM), que esta sem­ana acaba de fal­lar una sen­ten­cia al respecto, si una mujer recibe a manos de su pareja 37 puñal­adas repar­tidas en la cara, cuello, hemitórax izquierdo, dorso y ambas extrem­i­dades, le luxan un codo, le gol­pean el men­tón provocán­dole que se le per­fore el labio supe­rior con la den­tadura y a con­se­cuen­cia de todo ello muere, se puede con­sid­erar homi­cidio, pero no se puede decir que hubo asesinato con agra­vante de ensañamiento.

La razón de mayor peso es, según la defensa del acu­sado, que… “no cabe deducir nece­sari­a­mente que tam­bién tuviera como propósito incre­men­tar su sufrim­iento”… la inten­ción del agre­sor… “acabar con la vida de su com­pañera, por lo que parte de las lesiones ante­ri­ores a las mor­tales se debieron a la nat­ural resisten­cia de ésta ante la agre­sión de que estaba siendo objeto”.

O sea, que ella no se dejó matar y por eso su homi­cida tuvo que insi­s­tir en ello sin que esa acción sea cal­i­fi­ca­ble como ensañamiento…

…Por tanto, el citado TSJM ha reducido de 17 a 12 años de cár­cel la pena impuesta a ese hom­bre que, sola­mente, mató a su mujer, porque, ya ven, no quiso hac­erle más daño.

 

13. El cuerpo extra­or­di­nario de las San­tas Már­tires, tor­tu­radas, muti­ladas. Obse­sion­aron mi infan­cia. ¿Cómo era posi­ble que la ruta de dolor y tor­mento con­du­jera a las puer­tas del Cielo? Nunca pude enten­der el enigma que los cuer­pos de las San­tas me plante­aba, y que no dejó de tor­tu­rarme. ¿La respuesta estaba en sus cuer­pos, que al ser desmem­bra­dos se extendían como una cinta prodi­giosa que con­duciría y guiaría segura hacia la Luz? ¿Sólo podían haber accedico a su reden­ción y san­ti­dad a lomo de su propia tor­tura y mutilación?

14. El cuerpo extra­or­di­nario que el mex­i­cano González Camarena pintó para rep­re­sen­tar a la Patria mex­i­cana: el de una her­mosa mes­tiza (tan india como de otras razas, los gor­dos labios algo africanos, el largo cabello suelto) vistiendo toga griega. En una mano lleva un libro, en la otra el asta de la ban­dera. Atrás de ella la cus­to­dia un cuerno de la abun­dan­cia, ima­gen tam­bién del Méx­ico “visto por sí mismo” de esas décadas.

Ese cuerpo ilus­tró las por­tadas de 523 mil­lones de ejem­plares de libros gra­tu­itos, repro­ducido en sus por­tadas desde 1962 hasta 1972. Tre­scien­tos cin­cuenta títu­los la lle­varon de cubierta. Fue la Patria.

15. El cuerpo extra­or­di­nario de la mod­elo que posó para la Patria de González Camarena. Mesera, se cuenta que Diego Rivera la apodó “La Doré” porque aspiraba a ser pin­tora, hacía dibu­jil­los en las servil­letas. Nació en Tlax­cala, que tenía un alto por­centaje de población indí­gena. ¿Cuál fue la primera lengua que habló ese cuerpo de la Patria? ¿En qué lengua soñaba la mod­elo de mi Patria? ¿Náhu­atl, otomí, lenguas que no com­prendo? (Se dice que fue la amante del pin­tor, casado con una mujer euro­pea. La Patria murió joven, alco­holizada y en la pobreza.)

16. El cuerpo extra­or­di­nario del cadáver de la poeta puer­tor­riqueña Julia de Bur­gos, caído en Nueva York, en las calles del Bar­rio, sin iden­ti­fi­cación. Cuenta la leyenda urbana que su cuerpo era tan largo que hubieron de cor­tarle las pier­nas para que cupiera en el ataúd. De camino a la fosa común, en lugar de últi­mos pasos —aquí no sólo licen­cia lit­er­aria, sino cronológ­ica—, ese cuerpo dejó un ras­tro de san­gre, en un país ajeno, la huella de sus sueños per­di­dos. La un día insur­genta puer­tor­riqueña, per­dida su razón de ser, sin pies aun cuando estaba en vida, varada en isla ajena: ahí su cuerpo extraordinario.

17. El cuerpo extra­or­di­nario de “fem­i­nidad encabri­tada” de Doña Bár­bara, la per­son­aja de Rómulo Gal­le­gos. Femenina, pero no mater­nal o dulce. Doña Bár­bara es la nat­u­raleza y es la devo­rador de hom­bres. La fiera inde­pen­di­ente. Ella es la magia negra y la men­tira, pero tam­bién el poder gen­er­ador, la fun­dadora o la destruc­tora. Es el orden de su tierra y quien cor­rompe. Es la bar­barie, “la plen­i­tud del hom­bre rebelde a toda lim­itación”, en pal­abras que Rómulo Gal­le­gos pone en boca de San­tos Luzardo.

[La dotó de una corte: las 99 avi­ado­ras (The ninety nines) que, el mismo año de la pub­li­cación de la nov­ela (1929) se reú­nen en su Con­greso de Avi­ado­ras (vivo hasta la fecha].

18. Otro cuerpo creado por Rómulo Gal­le­gos: el de su prosa telúrica, prosa gen­er­adora, prosa en la que res­pira el plan­eta de 1929, aún no herido por la mano del hom­bre. Una prosa que ya no puede ser, y que es un cuerpo extra­or­di­nario: su gramática es la Tierra.

19. El cuerpo extra­or­di­nario de Méx­ico, tam­bién desmem­brado. Cuando joven nación, los veci­nos del norte le cor­taron la ter­cera parte de su ter­ri­to­rio, lo que es hoy Texas, Cal­i­for­nia, Nuevo Méx­ico, Ari­zona y más. No las pier­nas ni la cabeza: le arrebataron el Lejano Norte. Quedó mar­cado por esta mutilación.

20. El cuerpo extra­or­di­nario del Méx­ico de hoy, bañado (hasta la fecha en que escribo estas líneas) en treinta y cua­tro mil cadáveres, los caí­dos en la lla­mada Guerra con­tra el narcotráfico.

21. El cuerpo extra­or­di­nario de una mujer que se llamó la Güera Car­rasco, apo­dada la Coro­nela, una de las rev­olu­cionar­ias mex­i­canas, amiga de Felipe Ánge­les e Isidro Fabela, cuya única esper­anza era tener dinero para hacer de su hija “una ilustrada”. Entendió, como pocos de sus cole­gas varones, que sin esto no sería dueña de su pro­pio des­tino. Supo usar el fusil, pero entendió que la defensa real estaba en otras armas.

22. Inevitable: el cuerpo extra­or­di­nario de Frida Kahlo, su columna ver­te­bral, rota pero sól­ida, recom­puesta al ser pin­tada, a prueba de cualquier fatal­i­dad, en el lienzo. Sherezada de sí misma, reta con suerte cada noche a la muerte, y gana. Hasta hoy sigue de pie.

23. El cuerpo excep­cional de la com­puta­dora, o el orde­nador —a fin de cuen­tas es neu­tro, como el de otra grande—. El cuerpo que es inteligen­cia, memo­ria, orden, cap­tura, dominio, archivos, imá­genes, texto. El cuerpo vir­tual de todo. El cuerpo uni­verso. Uni­ver­sal y doméstico.

(Lib­era, y tam­bién esclav­iza. Quedamos ata­dos a la maquinaria indus­trial y económica de la fac­tura y mer­cadeo de estos cuer­pos robóti­cos. Nue­stro cuerpo, nues­tra mente, están suje­tos a ellos, ata­dos a sus domin­ios. La semi­esclav­i­tud en China, donde se fab­ri­can las com­puta­do­ras, la inflación del pre­cio real a escala estratos­férica, en lugar de tomar un bolí­grafo y nave­gar con tinta en la página se requiere de una memo­ria de dos gigas para acer­carnos a nues­tra propia frase… Ese cuerpo mon­u­men­tal de la com­puta­dora plantea sum­i­siones y exi­gen­cias —económi­cas, lab­o­rales, energéti­cas—, pero no retiro lo primero que dije.)

24. El cuerpo extra­or­di­nario, “neu­tro” por exce­len­cia, de la primera poeta mex­i­cana, la creadora de la idea misma de esta iden­ti­dad: el de la escritora sor Juana, que eligió ese género. (Ya llegó la hora de volverla a lla­mar como la mentaba Amado Nervo: Juana de Asbaje, arrancán­dola del con­vento, el único recodo social donde podía tra­ba­jar sin tapujos.)

(Un parén­te­sis: el diál­ogo entre dos cuer­pos extra­or­di­nar­ios de vír­genes: Juana de Asbaje escribe: “mi corazón deshe­cho entre mis manos”. Delmira Agus­tini con­testa, cam­biando el orden de los fac­tores: “Y exprimí más, traidora, dul­cemente / Tu corazón herido mor­tal­mente, / Por la cruel daga rara y exquisita / De un mal sin nom­bre, hasta san­grarlo en llanto.” Juana de Asbaje describe el llanto que es su corazón dere­cho (la Vir­gen que san­gra por los ojos, una san­gre pura, reden­ción del deseo vam­pírico). Delmira con­testa: “Copa de vida donde quiero y sueño / Beber la muerte con fruición som­bría.” Delmira beberá, no se entre­gará, adop­tará el papel “activo” del vam­piro, sin renun­ciar a su cuerpo femenino: “Surco de fuego donde logra Ensueño / Fuertes semi­l­las de melancolía.”)

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