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Más allá de la distopía | Por Víctor Roberto Carrancá

(Web)

Suspender la realidad. Suspender la realidad. Suspender las circunstancias que impiden desmembrarla y, con ello, comprender las posibilidades de una literatura sin ataduras.

Es difícil identificar las condiciones que permiten diferenciar la ciencia ficción latinoamericana de esa otra canónica (dentro de un sistema anticanónico), de origen primermundista. En ese sentido, la distopía se ha convertido en un subgénero que encuentra una vastedad temática en nuestro ámbito territorial, no solo por permitir una crítica velada a los sistemas políticos, sino también porque reprocha lassoluciones ideológicas planteadas para reparar los errores de los primeros. Su doble discurso termina por derrotar el postulado de la lejanía utópica (que dice, en pocas palabras, que el mundo perfecto existe, aunque no sea aquí ni ahora) para aproximar una realidad anti-utópica.

Una de mis primeras incursiones a la ciencia ficción chilena (difícil aproximación desde tierras mexicanas) me permitió conocer un claro ejemplo de esta disquisición filosófica: me refiero a Los altísimos, novela del chileno Hugo Correa que narra la historia de un hombre que despierta, al parecer, en el submundo de la Tierra, para descubrir la existencia de una galaxia que se aloja, aparentemente, en el interior de nuestro hogar. La sociedad en Cronn (nombre que lleva este sistema intraplanetario) se rige por un desarrollo tecnológico sin precedentes, así como el de un sistema social perfecto (basado en la limitación de las relaciones personales) que nos recuerda a los mundos creados por Huxley o, antes que él, por el médico yucateco Eduardo Urzaíz en una de las primeras novelas de CF mexicana: Eugenia: esbozo novelesco de costumbres futuras (1919).

Ahora bien, como en el resto de las novelas distópicas, durante el desarrollo de la trama comienzan a esbozarse, paulatinamente, las desventajas de este mundo cuasiperfecto. El velo empieza a descorrerse y descubrimos, así, que la utopía cronniana se transforma, a todas luces, en una distopía que crítica, desde un punto de vista particular, esa imposibilidad de establecer una sociedad igualitaria desprovista del dominio de otros superiores.

A pesar de acudir a una temática cienciaficcional recurrente, Hugo Correa se sitúa como un autor que rompe los paradigmas literarios al establecer hipérboles de esa crítica social y política que impera en la literatura latinoamericana para que, en este caso, se trasladen a ese campo donde convergen dos términos tan opuestos: ciencia ≠ ficción.

Algo similar sucede con las páginas de Identidad suspendida, novela del chileno Sergio Alejandro Amira, quien, a través de los tópicos más convencionales de la CF (el viaje en el tiempo, la superposición de dimensiones, la vigilancia alienígena, los autómatas) crea un collage de crítica adusta y, en igual manera, plagado de un humor negro que rara vez se explota con tanta efusividad en el género.

Ciertamente, una pregunta prevalece a lo largo de toda la lectura de esta nouvelle: ¿cuál es el discurso (¿literal, alegórico o cualquiera que quepa en este collage de impresiones?) de Identidad suspendida? Difícil establecerlo puesto que las concatenaciones (i)lógicas, producto del delirio (o, más adecuado, de la dispersión de identidad) del personaje (o su autor) impiden encuadrar la línea argumental en un espacio definido.

Aunado a lo anterior, la lógica amirana, manifiesta en el salto de ideas, memorias e hipótesis de Vicentico, su protagonista, se transforma en un juego divertido que a veces nos recuerda a las conversaciones entre el Sombrero Loco y la Liebre Marcera de Lewis Carroll (dispénsese la causalidad para que este autor siempre encuentre una referencia carrolliana; pero lo cierto es que el autor de Identidad suspendida mezcla lo que podría ser hard science fiction con el absurdo y el sin sentido existencial de Wonderland) y, en otras, a la paranoia existencial, traducida en complots de dimensiones inimaginables, de Philip K. Dick.

Si agregamos las constantes disertaciones de una situación política chilena (ambivalenteante la interpretación del pensamiento democrático contemporáneo), encontraremos una obra de lectura compleja, plagada de reflexiones que se explotan a través de situaciones que parecen un pastiche de la ciencia ficción moderna. La distopía, pues, traspasa las fronteras de lo convencional para situarse en un más allá de lo antiutópico.

Si quisiéramos resumir, de algún modo, la trama de Identidad suspendida, podría decirse que la novela narra la historia de Vicentico, un agente de “La Compañía” a quien, durante un atentado, le ha sido extraído el nódulo akhásico, especie de parásito que permite descargar información de la memoria colectiva de los agentes. Junto con un GAP (Guerrero Autómata Personalizado) de nombre Gabriel, Vicentico comenzará a discernir los verdaderos alcances (y objetivos) de esta ominosa institución.

Resumir, de algún modo, puesto que esta síntesis solo permite describir una parte minúscula de la compleja trama. Por momentos, el libro parece inspirado por la influencia de seres invisibles que controlan la narrativa y tergiversan la estructura novelística hasta lo indecible. Las cosas son y dejan de ser, las justificaciones sobran.

Identidad suspendida puede ser, por acudir a alguna asociación cinematográfica, una historia dirigida por el Cronemberg de Naked Lunch o Existenz. Los agentes de “La Compañía” igual pueden transformarse en ciempiés que el protagonista en un ñandú, durante una persecución policiaca. Y aquí el meollo del asunto: la paranoia universal encuentra una manifestación a través del rompimiento de la línea argumental convencional. Los complots y las intrigas (reales o imaginarias) van sumándose hasta construir muros infranqueables. La trama no se ciñe solo a una posibilidad discursiva, sino que fluctúa entre la presencia de autómatas, saltos dimensionales, implantaciones de memoria y demás tópicos que identifican a la ciencia ficción global solo que, en este caso, transfiguran las estructuras narrativas convencionales. Si este experimento resulta “bueno” o “malo” (en un nivel más moral que crítico), en todo caso podremos citar lo que alguno de los personajes comenta dentro de la historia: “¿existe tal cosa como la buena ciencia ficción?”.

P.D. Para cualquier interesado, Identidad suspendida se encuentra disponible en su versión “director’s cut”, en formato electrónico, en Amazon.com

 

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Fotografía: Alejandro Zetina Modelo: Lola Ancira