Júpiter 1 copy

Jupiter y la placidez escatológica | Por Víctor Roberto Carrancá

En este caso, abandonaremos el planeta. Dejaremos por un momento el territorio joviano y nos trasladaremos a Ganémides, el tercer satélite de Júpiter y la luna más grande de nuestro sistema.
Ahí, en esta superficie gélida, encontramos el hogar de Lord Running Clam, un hongo ganimediano filatélico, importador de gemas sin tallar, comerciante de oro y, como descubrimos, de ciertas sustancias prohibidas.
Este es el personaje que describe Phlip K. Dick en su desestimada novela Los clanes de la Luna Alfana. En ella, encontramos una civilización que nace en el Sistema Alfano cuando convirtien a una de sus lunas en un hospital psiquiátrico para los inmigrantes provenientes de la Tierra.
Algunos años después, el asentamiento, abandonado a su suerte, crea una sociedad conformada por enfermos mentales, cuyas profesiones y clases sociales son definidas según la psicopatología que padecen.
La demencia se convierte en un factor sociológico determinante.
Mientras tanto, en la superficie terrestre, el hongo ganimediano se encarga de manipular a los personajes con sus poderes telepáticos. Ofrece estimulantes talámicos de tipo hexoanfetamínico mismos que, aunque ilegales en la Tierra, el hongo puede obtener a través de sus contactos extraterretres.
Aunque la trama se intrinca hasta el límite de lo risible, leer a K. Dick siempre implica, de alguna manera, conciliar la visión escatológica de un soñador (quizás un demente) que sabe romper cualquier prejuicio sobre la ciencia ficción.
Aun así, la presencia de este hongo, narcotráficante a niveles interplanetarios, nos lega este mensaje: K. Dick es religión. Su obra conforma un tratado sobre las verdades últimas, las Postrimetrías, el dogma y el cosmos, a través de una ligera (e innegable) dosis de psicodelia. Leer a este autor es, por tanto, ingerir una sustancia más extraña que cualquiera que pueda proveernos un hongo ganimediano.
Si trasladamos esta facultad de extrañamiento (en donde la droga sirve de vehículo de conocimiento) al terreno de la escatología, encontramos que Philip K. Dick es una especie de Dante que crea un universo durante su ascenso/descenso por la (ir)realidad humana.
En este sentido, donde la extrañeza y cognición se suman en el tema de la ciencia ficción, es imposible no transponer otra imbricación religiosa, relacionada con Júpiter.
En la visión de Arthur C. Clarke (superada, creo yo, por la genialidad cinematográfica de Kubrick), aparece una estructura negra de dimensiones matemáticamente perfectas, que apela, por completo, a la inconmesurabilidad divina.
El insólito “monolito” de 2001, Odisea en el espacio, que aparece en cuatro momentos cruciales de la película (uno de ellos, en la cercanía de Júpiter, cuando la nave Discovery, en compañía del célebre HAL, se dirige hacia allá), se nos muestra como una presencia sublime que supera, incluso, cualquier ámbito de religiosidad humana.
En el monolito está la evolución, el desarrollo, el temor, la eternidad.
Esta figura enigmática termina, de hecho, por suplir el mismo concepto de Dios, puesto que lo sujeta a las posibilidades paradimensionales que existen en un Universo, tan infinito como desconocido.
Aunque es difícil pensar que Arthur C. Clark tenía “visiones” similares a las de K. Dick, lo cierto es que ambos encuentran un sentido teológico en lo que algunos calificarían como simple Space Opera.
El mensaje, empero, es mucho más grande.
La psicodelia se une al horror sobrenatural y dan muestra de que el sentido de la existencia (se encuentre en Júpiter, Ganimedes o en cualquier otro sitio del Universo), supera, por completo, la racionalidad humana.

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Escrito por Víc­tor Roberto Carrancá

(Ciu­dad de Méx­ico, 1984).  Egre­sado de la Escuela de Escritores de la SOGEM, tiene estu­dios de Maestría en Letras Iberoamer­i­canas y diver­sos cur­sos y diplo­ma­dos en cien­cia fic­ción, ter­ror, así como en crim­i­nología apli­cada al cine y la literatura.

Ha obtenido diver­sos pre­mios lit­er­ar­ios, como el Primer Lugar en el Cuarto Con­curso de Cuen­tos sobre Ale­bri­jes (INBA y MAP), Men­ción de Honor en el Primer Cer­ta­men Pan­his­pánico de Relato Breve Letra Tur­bia (España), entre otros.

Ha pub­li­cado en diver­sas revis­tas y antologías de cuento e impar­tido talleres de creación lit­er­aria, cien­cia fic­ción y ter­ror. El espejo del Soli­tario (Fic­ti­cia, 2014), es su primer libro de cuento

Fotografía de Mónica Resa