El siglo de las mujeres (2)

Sobre El siglo de las mujeres de Gabriel Rodríguez Liceaga

La épica que deriva de la guerra y de las condiciones de vida intrafamiliar, no están lejos. La psique humana también es un campo de batalla.Dentro de sus límites, imprecisos y burlones, se atropellan los deseos, la afectividad y los desórdenes inexplicables del “yo”. Las primeras asociaciones de la infancia, por ejemplo, impregnan el resto del trayecto vital.

Somos los niños que fuimos, en la edad adulta, y nuestros miedos son idénticos, salvo que ya se comprende la lógica envilecidaque hace girar al mundo –lo cual, a fin de cuentas, no sirve de nada.Y aún con estas verdades de Perogrullo, es posible adentrarse de nuevo a perfilar estos misterios. Tal es su riqueza, o tal es nuestra nimiedad.

el siglo de las mujeresAsí lo prueba Gabriel Rodríguez Liceaga (ciudad de México, 1980), quien elige a dos mujeres jóvenes para detallar las paradas de una búsqueda. En la figura del padre pervive nuestra idea del mundo. Su manera de ser, o su ausencia, condicionannuestra forma de asumir el hecho humano. Alma y Dinorah, protagonistas de El siglo de las mujeres (2012), se enredan de manera paulatina hasta reconocerse en la persecución del mismo objetivo. Aquí la vivencia compartida tiene el rostro de la ausencia.

Narrada con humor cáustico y guiño generacional, este relato avanza por esa línea tenue de vivencia compartida que a su vez es un lente de gran angular. Su escenario es la ciudad de México, y no obstante conforme avanza la lectura una galería de espejos vuelve irreconocible el entorno.Todo con el objetivo de centrarse en el fondo de la narración.

De sesgo estrambótico y rocambolesco –las aventuras estallan locamente en la dinámica loca de los días–, Rodríguez Liceagapone de nuevo el dedo en la llaga, a la manera de Jorge Ibargüengoitia, con el mismo sarcasmoaunque para una afrenta distinta, al tiempo que inaugura una forma personalísima de escritura de la vivencia urbana, propia de su generación.

El resultado es una novela cuya extravagancia orbita alrededor de ese acto que al contemplarlo se fractura, acaso sin desearlo, y por tanto nos devuelve a la postura originaria. El resto es flexionarse para lograr que el calendario no se vuelva contra nosotros.

Rodríguez Liceaga acierta en muchas páginas sin haber siquiera disparado: mérito inusual en la narrativa joven.


Escrito por Luis Bugarini

luis-bugarini-autor(ciudad de México, 1978) es escritor y crítico literario.