Luis Bugarini

Poética y la palma de una mano: Kawabata

Lector de Akutagawa y después consejero y amigo de Yukio Mishima, polígrafo y cineasta de vanguardia, solitario proverbial y acaso el glosador más entendido en La historia de Genji, organizador y principal artífice de la Escuela de la Nueva Sensibilidad, Yasunari Kawabata (1899-1972) rebasa con mucho la calidad de souvenir literario de oriente en tierras occidentales y se instala, con una delicadeza que sin ser impresionista no puede negar su trazo atmosférico, en el corazón de la modernidad literaria, amante de la pincelada y el dibujo suelto.

Historias en la palma de la mano fue la última parada del rescate editorial que emprendió Emecé con la publicación de obras como Lo bello y lo triste, El Maestro de Go o la correspondencia que mantuvieron Mishima y Kawabata por espacio de 25 años de amistad, crítica generosa, magisterio recíproco y confesiones de ansiedad. Historias es una obra miscelánea, escrita a lo largo de casi cincuenta años (1923-1972) y que puede leerse como un diario de sueños, entusiasmos y rencores, pasando de la viñeta surrealista a la consignación de un hallazgo súbito en medio de la nada cotidiana y, de ahí, al esbozo de la novela que jamás pudo escribirse.

Quizá sea la obra más personal de Kawabata, y es bocado para el tanto para el erudito que pretende cartografiar cambios de estilo a lo largo de las décadas, como deleite pleno para el visitante ocasional de sus páginas. Y es, qué duda cabe, Kawabata en estado puro: una prosa transparente, plena en sus límites, oceánica en sus vaivenes.

Kawabata, se sabe, recibió en Nobel en 1968. Y se recuerda como una de las premiaciones que no provocaron el rumor, el comentario sañudo, la suspicacianecesaria. Fue el primer japonés en recibirlo y después de él la academia sueca sólo ha premiado a otro connacional, Kenzanburo Oé (1935), autor copioso y explorador atípico de la tradición japonesa.

De una línea del discurso de premiación de Kawabata, texto que a un tiempo es escaparate de lecturas y retrato sesgadamente autobiográfico, es posible extraer la síntesis de su poética: “Una sola flor brilla más que un ciento”. Síntesis, concentración, misterio. Kawabata se ocupa en narrar los detalles en que nadie repara: el movimiento de la realidad que se antoja imperceptible al ojo distraído, el flujo de la inquietud que sólo la delicadeza de espíritu puede entrever.

Resulta oportuno consignar que el nombre de la obra nada tiene de metafórico ni de figurado. Está lejos de ser un capricho autoral. Amalia Sato, traductora y prologuista del volumen, refiere que el propio Kawabata redujo, poco antes de su muerte, su novela País de nieve a un “relato en la palma de la mano”, dejando fuera lo accesorio para concentrarse en las esencias, el trazo, la idea. Al final, los capítulos aparecían dibujados en apenas un par de imágenes y secuencias, sin eslabones ni entramados. Todo muy cinematográfico y muy poético a un tiempo.

El devoto de la miniatura, de la talla fina, encontrará pasto fértil en estas Historias, pues están armadas tal y como declaró Alejandro Rossi que escribió el Manual del distraído: “con amor al detalle”.


Escrito por Luis Bugarini

luis-bugarini-autor(ciudad de México, 1978) es escritor y crítico literario.