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Márgenes de Bolaño

Padecemos el sesgo temeroso de una cultura orientada hacia la monumentalidad. Algo repercute en la historia de las formas, llega a pensarse, cuando es necesario levantar la vista para contemplar el brillo de ese acto materializado. Ecce el Acto. El suspiro de lo inalcanzable, de lo inaudito y por tanto de la santidad de la dedicación, acompaña por lo regular a la valoración de obras. Aún la fuga de una lágrima se considera el sello de una calidad sublime. Otro traspié de la crítica de cabaret.

Caso ejemplar: la obra de Roberto Bolaño (1953-2003).

Roberto-BolañoNo es difícil escuchar que logró su “obra mayor” con Los detectives salvajes (1998) o 2666(2005) —cito la cuarta de forros de La literatura nazi en América (1996), aunque todas dicen lo mismo—, y si por “mayor” nos entregamos a la comodidad de estimarsóloun criterio de volumen esto podría ser cierto. Aunque si en esa valoración se incluyen criterios igualmente estéticos, se abre otro terreno, inexplorado y sorpresivo, ya que con el autor chileno nos encontramos ante el ejercicio continuado de unculto público que pocas veces está sustentado poruna lectura efectiva.

Leído a la distancia es dable imaginar que el mejor Bolaño está en las obras escritas sin ese aliento balzaciano, tan codiciado en los últimos años. Pienso en Nocturno de Chile (2000) o en Una novelita lumpen (2002). También en los volúmenes de relatos –cuatro, si consideramos la escritura dispersa de El secreto del mal (2007)–, aunque no pocos se leen con incredulidad y hasta fatiga.Y la poesía, claro: confesional, arponera, dolorida y no pocas veces húmeda de llanto.

En las obras “menores”–y por tales entiendo los libros que apenas se han hojeado por sus lectoresmás leales–, destella un Bolaño susurrante y familiar, tan lejos de las líneas que se han vuelto portátiles.Amberes (2002), por ejemplo, contiene una forma de prosa indefinible. Frases aisladas que oscilan entre la poesía en prosa, la autobiografía y la estilización de una vivencia que de tan abrumadora no es posible reducir a palabras.Encuentro hallazgos similares en Estrella distante (1996) o Amuleto (1999).

A diez años de muerto urge emprender el rescate del Bolaño íntimo, ese que habita en los márgenes. El que escribió los libros antes de que la editorial de Barcelona lo proyectara hacia el estrellato. Esos que garrapateó en la penuria de cuartos rentados, en largos periodos de soledad/enfermedad, escritos todos en la zozobra. La forma inusual del Bolaño monumental ya es pasto para congresos de literatura, tesis doctorales en universidades americanas, el estante de familias pretensiosas que compran libros y éstos quedan envueltos en su empaque prístino. Y ahí están bien.

La proclividad por este monumentalismo es una rebaba cosificantedesde donde se edifica la “cultura oficial”, en el peor sentido del término. Enfrentamos el riesgo de que su obra sea patrimonio exclusivo de aulas y estrados, memoriales y mesas redondas que no cesan de botar, aquí y allá. También ahí tiene un lugar, claro. Una obra literaria es germinal por definición. Aunque, al ser lector suyo de años, dudo que esta inminente desconexión con los jóvenes le hubiere dejado tranquilo.

Este Bolaño de los bordes y también de las fisuras:

 

Esperas que desaparezca la angustia

Mientras llueve sobre la extraña carretera

En donde te encuentras

 

Lluvia: sólo espero

Que desaparezca la angustia

Estoy poniéndolo todo de mi parte[1]

 


[1] Roberto Bolaño. La Universidad Desconocida. Anagrama: Barcelona, 2007. Pág. 15.

 

 


Escrito por Luis Bugarini

luis-bugarini-autor(ciudad de México, 1978) es escritor y crítico literario.