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Conversación con Pablo Paniagua | Por Luis Bugarini

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[Pablo Paniagua (Madrid, 1959) ha ganado notoriedad en internet y la “blogósfera” debido a su interés y esfuerzo por difundir la “literatura fractal”, una modalidad estilística y narrativa que nos explica en esta charla. Naturalizado mexicano, vive en el centro de la ciudad de Guanajuato, desde donde escribe narrativa y ensayo, además de elaborar su obra gráfica. Con cuatro títulos publicados en papel —Palabras fractales, Exex, El mono cibernético y La novela perdida de Borges—, su labor literaria gana terreno y se presenta como una oferta lateral a la discursividad institucional. En el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2013, en donde presentó la edición mexicana de La novela, Paniagua abrió para Revista Crítica el gabinete de curiosidades, y esto fue lo que dijo.]

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—¿Qué es la literatura fractal?

Hay diferentes definiciones, aunque ninguna es buena porque acotan. Diría que es aquella que hace referencia a sí misma, y se reproduce a través de diferentes dinámicas con una tendencia hacia el infinito.

—Leo en Palabras fractales (Literatura Indie*, 2013) que uno de los principales exponentes es Jorge Luis Borges. ¿Desde qué momento puede rastrearse la literatura fractal?

Aparece desde la Biblia, que contiene historias fractales. Pero el concepto teórico aparece hasta 1974, expuesto por el matemático Benoit Mandelbrot. Borges, no obstante, lo prefigura en sus juegos con el infinito, los laberintos, el doble, los espejos, etc. Hay acentos fractales en su obra. Recordemos: “Dentro de un tigre había otro tigre y dentro de él, otro”. También figura en El libro de arena, La biblioteca de Babel: la “inteligencia borgiana” es fractal; es un juego similar al de las cajas chinas y las muñecas rusas.

—Y además de él, ¿a quién podría considerarse como cultivador de esta modalidad literaria, así sea involuntariamente?

Pienso en Franz Kafka, por ejemplo. En El castillo, el protagonista quiere ir al castillo y no puede llegar. Se interpone un muro de circunstancias que no permiten el acercamiento. Acontece una dinámica laberíntica en ese planteamiento. También son fractales algunas obras Georges Perec, Michael Ende en Una historia interminable y Paul Auster en La noche del oráculo. Son estructuras formales con historias dentro de oras historias.

—Se publica la primera edición mexicana de La novela perdida de Borges (Literatura Indie*, 2011), y luego en el 2013 en España con Ediciones Nowtilus y en México con Ediciones Tombooktu. ¿Te asumes como un autor fractal?

No me quiero encasillar. Tengo obras con acento fractal, pero también otras que no lo son. Más que un escritor, me considero un artista conceptual que trabaja con la palabra, y cada obra mía tiene un planteamiento diferente a otra. Trato de huir de un estilo definido y reinventarme con cada novela. Son experimentos, a fin de cuentas. La idea es que cada una de mis novelas sea distinta a la otra. El estilo es la búsqueda.

—¿Por qué venir a México, finalmente?

Porque en España hace mucho frío en invierno, y yo era consciente de que la crisis en España estaba por suceder. No hubo sorpresa para nadie, sin importar lo que digan los diarios. Trato de ver más allá del presente. Salí de España hace diecisiete años, y México ya es mi tierra.

—¿Cuál es tu opinión del medio cultural mexicano? ¿Hay condiciones para desarrollarse como escritor siendo extranjero?

He aprendido a base de cometer errores. He tardado nueve años en enseñarme a escribir. Y esto viene al caso porque si uno escribe bien tiene las puertas abiertas. He notado que muchos autores aún están anclados al costumbrismo mexicano, a las tradiciones, al “rulfismo”. Hay que superar a Juan Rulfo y la identidad mexicana. En el mundo globalizado la discursividad tiene que ser universal; que lo que tú escribas pueda leerse en China, Estados Unidos o Afganistán. No puedes seguir con la vista fija en el ombligo, la milpa, las tortillas y el comal de la abuelita…

—Además de ensayo y narrativa ¿exploras otros registros?

Antes de escritor fui artista visual. He realizado más de catorce exposiciones individuales y otras cuantas colectivas. Pinto desde los años ochenta. Luego me dediqué a escribir. Ser escritor es ser artista, sólo que trabajas con la palabra. Me interesa la novela, la poesía no. La juzgo un medio artificioso de explicar la realidad. La novela le habla más directo al lector y te permite mezclar géneros: ficción y ensayo. Así lo que hace Enrique Vila-Matas, aunque El mal de Montano me decepcionó por su gran cantidad de cacofonías con los participios, por su forma descuidada. Y, en cuanto a la novela, no me interesa el realismo, me preocupo más por renovar el género buscando nuevas formas. Veo el ejercicio literario con el espíritu que se tenía en las Vanguardias Históricas para romper con lo que le precedía.

—México atraviesa décadas de violencia por el narco y el crimen organizado. ¿Cuál es la situación de Guanajuato?

De mi barrio hay dos personas que están en la cárcel: uno por secuestro y otro por homicidio. Pero vivo en un oasis de tranquilidad, en un México irreal: el centro de Guanajuato. Para solucionar la violencia del narco hace falta regular el consumo de las drogas. Antonio Escohotado decía que “de mi piel para adentro yo soy mi dueño, es mi jurisdicción”. Prohibirla es un camino equivocado que afecta a la libertad fundamental de hacer con tu cuerpo y mente lo que quieras…

—¿En qué estás trabajando?

Voy a publicar una novela porno-conceptual, que el autor la comenta según la escribe. Mezclo ensayo con ficción para lograr prosa híbrida. También trabajo en una novela ambientada en los años del peace and love, de la revolución psicodélica y con el fondo de la guerra de Vietnam, para explicar, a través de ella, el poder enajenador de las religiones y las ideologías que persiste hoy en día, y proponer, de algún modo, una transición necesaria hacia el posthumanismo.

Texto exclu­sivo de la ver­sión dig­i­tal de esta revista.


 Escrito por Luis Bugarini

(Ciu­dad de Méx­ico, 1978). Es escritor y crítico literario.

*Fotografía de Luis Bugarini