ulises-y-polifemo[1]

Incitación a la lectura de ‘Ulises Criollo’ | Por Gabriel Rodríguez Liceaga

(Web)

Hay tanto que decir acerca del licenciado don José Vasconcelos. No es mi intención en estas escasas líneas hacer un estudio total acerca de su compleja y monumental figura histórica, mística, filosófica, educadora, pasional y política. Simplemente quiero hablar desde el humilde asombro de un lector y con la carne de mi cuerpo colmada de entusiasmo. Y es que la simple evocación del “Ulises Criollo” me exalta el alma.

Espero no me tomen por apologético cuando afirmo que los cuatro tomos que unánimemente podríamos llamar “Ulises Criollo” te enseñan a ser humano, a ser hombre, a amar a una mujer, a amar a todas las mujeres, a amar el paisaje, la nación; a ser un ente pensante, a comportarte como mexicano y a nunca olvidar que estás vivo y con la posibilidad de salvarte.
Pienso en José Vasconcelos y la imagen que inmediatamente viene a mi mente es la que tan bien ilustra la portada de sus memorias en la colección de Lecturas Mexicanas de la SEP: Vasconcelos serio y firme pero con el rostro adornado por sendas marcas de labial rojo, turbulentos besos de dama en sus mejillas.

José-Vasconcelos
El poeta Xavier Villaurrutia escribió que las personas que habían consolidado el mundo ideológico mexicano podían contarse con una mano. Y que a Vasconcelos le correspondería el índice porque es el dedo que “como la flecha incansable de la brújula, vigila y orienta”.
La pregunta es: ¿Hacia dónde señalaba, vigilaba y apuntaba José Vasconcelos? ¿Hacia dónde nos señala ahora a los mexicanos? Quizá la respuesta a esas preguntas la canta Carlos Pellicer en su “Elegía Apasionada”.

Cuando abro sus libros
es como cuando uno a la vuelta de un camino
descubre el mar…

El mar: es decir el infinito, el origen. Es decir la aventura.. El mar que el Ulises Homérico sorteó de regreso a su hogar. Transformado en un Odiseo nativo, el licenciado Vasconcelos -siempre protegido por las invisibles y constantes intervenciones de Minerva- sobrevive a la desventura de ser mexicano.
Estoy hablando de pasión. Es hacia la pasión que nos vigila y orienta José Vasconcelos. Transformar la pasión de toda una vida en arte narrativo.
“Ulises Criollo” es un libro que se lee de pie, que “nos levanta como si sintiésemos revelado un nuevo aspecto de la creación…” Él mismo advierte que la suya no es una obra escrita para caer en manos inocentes. Yo descarto que alguien siga comportándose como un inocente después de leerla. Hay que empaparnos con su lectura. Empaparnos de ese mar antes referido. “Ulises Criollo” es el libro que todo mexicano debería de llevar consigo bajo el brazo. Lo malo es que casi nadie lleva libros bajo el brazo hoy en día. Precisamente Vasconcelos es quien más luchó para contrarrestar eso. Una tarde, entre guasa y no, le comentó a Álvaro Obregón:

“Lo que este país necesita es ponerse a leer la Iliada. Voy a repartir cien mil Homeros, en las escuelas nacionales y en las bibliotecas que vamos a instalar…”

 

La idea de Vasconcelos era conformar una colección con los cien mejores títulos existentes en la historia humana. Criticaron su selección porque estaba destinada a los cerebros de una nación que sencillamente no sabía leer. Con mucho en contra consiguió unificar diecisiete clásicos con un tiraje de cincuenta mil ejemplares. Todos hemos tenido en nuestras manos una de esas ediciones, las de tapas verdes. Verde bandera. Destartaladas, pajizas, abiertas como hocico floreado y en la mayoría de los casos con la portada llena de estrías y el título nebuloso. El tiempo las ha malherido. Son el intento de Vasconcelos de inocular en el corazón nacional el sentir de que la acción educadora era tan apremiante como saciar la sed o matar el hambre. Palabras de Daniel Cosío Villegas.
El país que Vasconcelos soñó sigue sin existir. Nadie lee la Iliada. He aquí mi propuesta: si sólo vamos a leer medio libro al año (esa cifra cliché y tal vez mágica), que sea la mitad de “Ulises Criollo”. Se lo debemos al autor.
Por último, se me pidió que hablara acerca de la importancia de José Vasconcelos en la actual cultura mexicana. Sergio Pitol habla sobre el milagro Vasconcelista y escribe:

“…(Vasconcelos) llamó a todos los artistas a colaborar con él y no los convirtió en burócratas.”

Creo que ahí está la herencia y el ejemplo a seguir a que deberían aspirar todos los involucrados en hacer, apoyar, generar y fomentar la creación artística en México en este jovencito siglo veintiuno. Y leer la Iliada.

ulises-y-polifemo[1]