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Humilde instructivo para leer poesía (primera parte) | Por Gabriel Rodríguez Liceaga

1.

Todo el tiempo la gente dice cosas. Algunos ejemplos:

Mira qué grande se ve la luna.

Quiero un aumento de sueldo.

¿Cuántas olas tiene el mar?.

La chica de la mesa de la esquina ya anda peda.

¡Ya que se termine la Edad Media!

En todas esas frases duerme roncando la poesía.

 

2.

Es muy frecuente escuchar a la gente decir también cosas como: no me gusta la poesía o peor aún yo no sé de poesía. Y hacen cara de fuchi cuando cae en sus manos una página llena de oraciones separadas por apresurados enters. ¿Saber de poesía? Como si hubiera alguien que sabe de prosa. O de relámpagos o de olas del mar o de catarinas muertas. Todos ejemplos inabarcables o acaso infinitos. Nadie sabe de poesía. Si me apuran: mucho menos los poetas (Keats afirma que un poeta es la cosa menos poética del mundo). Quien esto escribe se registra en ese tumultuoso grupo de humanos que no saben lo que es la poesía. Acaso mi única ventaja es que yo no le he puesto cara de fuchi. La almaceno en casa y visito de vez en cuando, a veces la llevo debajo de mi sobaco: lista para ser leída en la mesa menos visible de la cantina en turno. Y si algo he aprendido de ella es que: hay que estar de humor para leer poesía.

Miro una página versificada. Los caracteres negros y los espacios en blanco.  Un poema asemeja los deltas de un río. Un río de sangre. ¡Laten los poemas! Los he visto estremecerse. Y además resulta que el lector también tiene algo adentro del pecho. Es cuando laten al mismo ritmo los corazones de poeta y lector cuando acontece la poesía.

Ese es el humor para leer poesía del que hablo.

Pensar que, antes de que yo naciera, alguien ya escribía al ritmo de mi corazón es una de las escasas gangas que aún me mantienen de pie en este mundo tan ridículo. Afirmo sin miedo a errar que no hay alma humana que no disfrute de la poesía, es sólo que no ha caído a sus manos el poema entre todos los poemas.

 

3. Nota:

El adjetivo “humilde” que aparece en el título de esta columna desea serlo de forma literal. Escribo y las teclas me parecen plataformas frágiles sobre las que hacen equilibrio mis ideas, ideas aún más frágiles. Declaro que le temo a la poesía, la respeto como a un padre golpeador. Obviamente he intentado escribir poesía. Todos intentos fallidos y en estado de tránsito en algún rincón con clave en mi computadora. La clave es: salmonela23.

 

4. Ahora sí, el instructivo:

La poesía no es la que te escribía tu ex en las páginas finales de su cuaderno en los años escolapios, ni la que escribe tu cuate que ya publica en revistas especializadas, ni la que reparten los sidosos en el metro a cambio de unas monedas. La poesía es la que escribieron Octavio Paz, Rubén Bonifaz Nuño, José Gorostiza, Efraín Huerta, Ramón López Velarde y Jaime Sabines. Evidentemente, son sólo ejemplos.

 

5.

¡Falso! La poesía no es ese listado de sujetos. La poesía es Libertad Bajo Palabra, es Los Demonios y Los Días, es Muerte sin Fin, es Los Hombres del Alba, también La Suave Patria y Los Amorosos.

 

6.

Otra mentira. La poesía es:

“Fluyen ríos sonámbulos”

“Hiervan los ruidos”

“Sabe la muerte a tierra”

“Y los monumentos son más estériles que nunca”

“Para cortar a la epopeya un gajo”

y: “llorando la hermosa vida”.

 

7.

Me explico: lo que estoy haciendo es un ejercicio de reducción. Una persona no acostumbrada a leer poesía no debe aspirar a conmoverse con el total de un poema. Es cuestión de ubicar una línea. Siempre la hay. ¡Esa! La que nos edifica una imagen trascendental en la cabeza, la que al día siguiente evocamos de memoria y por accidente. Una línea. Un verso.

Yo lo que hago es subrayar versos. Los que atiborran de sangre nueva a mi cuerpo (de nuevo el corazón), despabilándolo, haciéndome prescindir de la realidad. Subrayo sin miedo a que la página se enoje. Ojo: no estoy diciendo que lo relevante en un poema es un verso, no; estoy diciendo que para entrarle al poema hay que leerlo y releerlo. Hay que irlo haciendo nuestro de a poco.

Y es que el verso que selecciono hoy no será el mismo que seleccionaría mañana. Cambian, son inestables e inquietos; como las pizarras en los aeropuertos. La poesía es, a la par, un viaje. Siempre provoca nuevas sonrisas. La piel se enchina queriendo llamarse distinto.

 

8.

Propongo un ejercicio: lee un poema, el que sea, y piensa: ¿con qué verso titularías algo escrito por ti? Un libro de cuentos, un relato, una novela, un blog…

“Fluyen ríos sonámbulos” por Fulano.

“Sabe la muerte a tierra” por Sultano.

“Por Quién Doblan Las Campanas” por Ernest Hemingway.

“El Vino de los Bravos” por Luis González de Alba.

Creo que tiene que ver con la inspiración. Un poema inspira.

 

9.

Dicho sea de paso: la poesía sí es la que escribía tu exnovio en las páginas finales de su cuaderno, sí es la que escribe tu cuate que ya publica en revistas especializadas, sí es la que reparten los sidosos en el metro a cambio de unas monedas. La que escriben Fulano y Sultano.

Es la que escribes tú.

Escribe poesía pero no la muestres, guárdala abajo de tu cama hasta que sea el momento indicado. Que ahí se quede hasta que mueras y alguien la descubra y así asegurarás que siempre habrá flores coloridas, frescas y erguidas en tu tumba. Esto, por supuesto, es un chiste.

 

10.

Entonces retomemos. La gente dice cosas. Algunos ejemplos:

Mira qué grande se ve la luna.

Quiero un aumento de sueldo.

¿Cuántas olas tiene el mar?.

La chica de la mesa de la esquina ya anda peda.

¡Ya que se termine la Edad Media!

En todas esas frases duerme roncando la poesía, probablemente soñando con su poeta.

(429 días)

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Texto exclu­sivo de la ver­sión dig­i­tal de esta revista. 


Escrito por Gabriel Rodríguez Liceaga

@El_neb) Nació en la ciu­dad de Méx­ico en 1980, ganador del Pre­mio Bel­las Artes de Cuento San Luis Potosí 2012 y autor del libro de cuen­tos “El Demo­nio Per­fecto” (BUAP. 2008) y las nov­elas “Balas en los ojos” (edi­ciones B — Zeta Bol­sillo, 2011) y “El siglo de las mujeres” (edi­ciones B — Zeta Bol­sillo, 2012).

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  • X

    ¿Así que ahora quieres publicar en Almadía, Gabriel? Déjalo ya, por favor, por piedad, por tu mamacita santa. A lo mejor tus cuates no te lo han dicho por no herirte, pero eres malísimo 🙂 ¿Y por qué desprecias a @santos_protones por @JACKIE_FELIX? JACKIE está más buena, es cierto, pero santos_protones parece más inteligente. Qué superficial. En fin.

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    • Brad Pittudo

      Tal vez el señor X es el mismo gabriel en una de sus multiples personalidades…digo esto por que el wey sabe a quien sigues y aquien no en tweeter.
      hay algunas veces que simplemente no te entiendo y eso tiene que ver mas conmigo que contigo, soy del tipo de gente que prefiere cientos de veces que el autor explique su obra, lo que sea que haga, prefiero la explicacion directa de los labios del creador que dilucidar sobre que carajos me quiso decir,no quiero interpretar el significado de los poemas de sor juana ( la cual te falto creo yo ..o tal vez no leas aun )no quiero suponer que chingadamadre significa el final de THE MASTER, de Anderson, si lo se !! mi pinche cabeza debio de haber captado todos los puntos y aristas que nos dio con su pelicula la cual me encanta ..
      cantinflee un chingo , por favor lee a sor juana

  • Mei Manzanero

    Me gustó este post; muy auténtico y cercano.

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