Georges Simenon | Fotografía: letteraturatattile.it

Cálculos | Guillermo Núñez Jáuregui

(WEB)

Comentarios personales: una nueva mudanza me motiva a rasurar de nuevo mi pequeña biblioteca. Pero ocurrió algo curioso: decidí llevar varios títulos que ya no me interesan a una librería de viejo, con la esperanza de conseguir a cambio otros que me llamen la atención (ya casi nadie compra libros usados). Di con una colección de seis tomos de las novelas que Georges Simenon dedicó a los casos de Maigret, publicada por Aguilar. Algunas de esas novelas, como cualquier interesado debe saber ya, han vuelto a circular, desde 2012, gracias a Acantilado; el primer tomo de la colección de Aguilar, por ejemplo, incluye Pietr el Letón (1931), título que la editorial barcelonesa también puso a circular recientemente, en una traducción de José Ramón Monreal. Económicamente la colección de Aguilar, calculé, es una ganga. Cada tomo incluye entre cuatro y cinco novelitas Maigrety comprarla completa debe costar unos cincuenta y cuatro euros (en promedio, dependiendo del estado y el año de la publicación, según veo ahora en Internet) mientras que cada ejemplar publicado por Acantilado (que aún no lanza la colección completa, sólo han aparecido cuatro, si no me equivoco, de las setenta y dos novelas Maigret) oscila entre los ocho y los veinte euros. Claro, el cálculo resultó inútil: no llevaba dinero suficiente para conseguir la colección completa (que, encima, daban al doble de lo que promedia en Internet) sino que tuve la mala idea de preguntarmepor qué me encontraba de pronto calculando y si realmente estaba interesado en leer las novelas de Maigret. He leído ya algunas y, para ser sinceros, es como si hubiera leído la misma. Al final, me llevé, en intercambio, una colección completa de los ensayos de Ralph Ellison (autor de El hombre invisible de 1952), en la edición de la Modern Library of America, publicada en 1995. Las novelas de Simenon tendrían que esperar.

Sigue la anécdota: ya en casa, con una ridícula sensación de triunfo, abrí el Ellison y leí el prólogo, escrito por SaulBellow. Las primeras líneas dicen: «Ralph Ellison, quien falleció el año pasado a la edad de ochenta, publicó una sola novela en su vida. En 1953, durante una cena del simposio en el BardCollege asistieron celebridades extranjeras. George Simenon, quien se sentó en nuestra mesa, le preguntó a Ellison cuantas novelas había escrito, y cuando descubrió que sólo había sido una le dijo “Para ser un novelista uno debe producir muchas novelas. Por lo tanto, no eres un novelista”».

No sólo me sorprendió la coincidencia sino el curioso silogismo del belga,quienhacía una petición de principio: “novelista” como un término valorativo.

Bellow abunda: «Simenon continúa siendo legible y disfrutable, pero el inspector Maigret es, finalmente, como una mina sobre-explotada. Las novelas del género del suspenso desarrolladas por Simenon pueden ser consideradas capítulos de una sola y gorda novela. Maigret pertenece a una familia de policías y detectives, genios de la investigación como Sherlock Holmes o los héroes de DashiellHammett, Raymond Chandler, et al. Estos talentosos hombres trabajaron honorablemente en la profesión del escritor. No fue lo que hizo Ellison. Tenía una vocación, no una profesión».

Por supuesto nada de esto ayuda a minusvalorar la complicidad exitosa que se ha dado en la prolífica y admirable obra de Simenon y el anónimo público lector, especialmente porque hasta ahora (como lo hizo Bellow) he pasado por alto las novelas no-Maigret del belga (más de cien; sobre ellas y el lugar príncipe que puede ocupar Simenon en un catálogo serio de una editorial importante, recomiendo leer “Los libros únicos” de Roberto Calasso, incluido en La marca del editor que acaba de salir en Anagrama), ¿pero no ayuda a que se asome una reflexión? No lo tengo claro, obviamente, pero cada vez me impresiona más la forma chocante en que, comúnmente, se identifica al escritor, al escritor de literatura, con el corsé del novelista profesional.

 

Georges Simenon | Fotografía: letteraturatattile.it

Georges Simenon | Fotografía: letteraturatattile.it