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Brote neurótico | Guillermo Núñez Jáuregui

(WEB)

¿Qué es eso? ¿Crítica? ¿Un berrinche? ¿Un estertor? No alcanzo a distinguir bien, pero en los medios se habla de una polémica. ¿Pero qué fue lo que pasó? ¿Tiene algo que ver con la literatura? Ah, ya veo, un jurado incompetente otorgó un premio. ¿Que no fue eso, me dicen? Me corrijo y miro mejor. ¡Ya veo! Eso ocurrió en otra ocasión, u ocurrirá mañana, da igual. Entonces lo acaecido fue que alguien, en algún lugar, plagió algo y en otro lugar una mente descomunal detectó la copia, ¿pero que no era una copia sino un homenaje, me dicen?, ¿una apropiación? Ah, que tampoco fue eso, me entero. La polémica fue otra. ¿Qué novedad, hay, pues, bajo este sol? Al parecer hubo una antología realizada bajo cierto criterio pero el criterio no fue avalado por alguien que no realizó la antología. Entiendo. ¡Es grave! ¿Pero qué me dicen? ¿Que fue otra cosa? ¿Es más complejo el asunto? Miren, les creo. Da igual. A nadie le importa. Porque la gente, libre al fin de las pasiones tristes, en realidad está interesada en la literatura, no en estas pequeñeces. ¡Pero si es clarísimo! Los lectores corren a las librerías y a las bibliotecas y se arrebatan el espacio, deseos por descubrir lo que hay de nuevo y lo que hay de viejo. Así que me asomo yo tampoco, quiero decir, yo también, me hago paso a empujones, porque soy parte de esa gente, y logro quitarle a una viejecilla el nuevo libro de Robert Walser (era el último). Pago y huyo, ¡triunfante! Desde la oficina, se titula el volumen. ¡Qué curioso, es desde la oficina que yo escribo esto! Veamos. Abramos las páginas. Ahí tenemos que es un libro publicado por Siruela, este año. Maravilloso. Pero un momento, ¿qué es esto? Un poema. ¡La gente lee poesía aún! Se abre el cielo. Nos ilumina el astro rey. Se titula, el poema, “En la oficina”. Primer verso: “La luna nos mira desde fuera / y me ve languidecer como un pobre oficinista / bajo la mirada severa / de mi jefe / Me rasco el cuello, turbado.”. Un momento, esto lo he leído en otro lado. En otro lado leí: “La luna desde fuera nos contempla, / y me ve a mí / pobre criado distraído, bajo / la estrecha mirada de mi patrón, / cómo con timidez me rasco el cuello.” ¿Qué puede significar esto? ¿Un plagio? ¿Una nueva controversia? No lo creo. Sólo significa que el libro, en realidad, ¡no es nuevo! Y que en ningún lado se informa que es una compilación de relatos, prosas y algún poema que ya se habían publicado. ¿Y entonces? Pues que ahora se reúnen bajo un título de acuerdo a cierta temática. ¿Da para algo esto? Da para decir que, al menos, la traducción es nueva (a cargo de Rosa Pilar Blanco quien, al menos puede decirse, ve mejor que los patrones tengan miradas severas y no estrechas). Ah, bella época. ¿Qué comentaremos mañana? A mí, por lo mientras, arrojando estas líneas desde alguna oficina mientras sueño con la posibilidad de hablar de literatura, se me antoja hablar, aunque sea un poco, sobre oficinistas en la literatura. ¿No estaría bien? Francamente, el tema me estremece. Me entusiasma la idea: leer, y leer pronto, a esa minoría silenciosa  (quiero decir, esos cuantos libros) que trata sobre los oficinistas. ¡Espérenlo en la próxima entrega, un texto sobre libros de oficinistas! ¡No se lo pierdan! ¡Respiren! ¡Todo estará bien!

 

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