Eugenio Trias

Pensando desde las sombras

In memoriam Eugenio Trías.

La filosofía es tradición y mundo individual; esa impronta que es el sentido que, consciente o inconscientemente, le damos a la vida en nuestro vivirla individualmente. Eso que nos hace percatarnos de nuestra existencia y gozarla con, y a pesar de los enigmas que conlleva nuestra condición. Pasión maravillosa y terrible; indagación ante todo lo que somos, pero también respecto a lo más inhumano que forma parte de nuestro ser y encarnamos. Filosofía como analgésico para el dolor y la injusticia; como tónico de libertad y emancipación; estimulante del erotismo y nuestra sexualidad emancipadas; y exaltación del misterio que encierra nuestra vida y nuestra muerte.

Eugenio Trias

Eugenio Trias

La filosofía es nuestra propia vida y así podemos y debemos leer nuestra historia, como diría Eugenio Trías, uno de los grandes exponentes de la filosofía hispanoamericana contemporánea y a quién hoy celebramos a pesar de su muerte. Esto en parte por el hecho de que ha sido uno de los pocos pensadores actuales capaz de crear un universo filosófico; una arquitectura o sistema de pensamiento cuyo resultado abarca todos los grandes temas filosóficos, a los cuales estructura en barrios a la manera de una ciudad. Filosofía que es metafísica, pero inevitablemente es también estética, ética y religión, dependiendo del terreno en el que nos adentremos con nuestras inquietudes y del texto que hayamos seleccionado dentro de su vasta obra. Filosofía no ensimismada, sino en diálogo con otras disciplinas y con la cultura en la que se inscribe y de la que nace. Filosofía que es conocimiento y sin embargo (y aún a pesar de todos sus esfuerzos), es también misterio y enigma ante lo inestable y frágil de nuestra condición. Un pensara fondo fundado en su carencia de totalidad y sustentado en el carácter simbólico de ese lenguaje que somos. Pensamiento y creación filosófica que nace con la emoción del asombro ante lo que somos y ante todo lo que nunca alcanzaremos a comprender; filosofía en ese sentido esencial de la palabra que nos refiere a  la aventura racional pasional que implica la vida del hombre.

 

Pues bien, es sobre estas premisas que Trías construye ese edificio que constituye su Filosofía del Límite. Límite que comienza por definir a ese hombre que la filosofía persigue obstinada y que se convierte en su eje conceptual. Límite como eso que separa, pero también une, y que en su carácter medianero determina nuestra condición. Límite entre lo sagrado (a lo que aspiramos y proyectamos) y la naturaleza (de la que sólo somos parcialmente parte); límite entendido también desde el lenguaje, ese que nos impone,a la manera witgensteiniana, un límite a nuestro mundo racional y categórico(ese mismo que habitamos). Límite representado como ese espacio-luz que le sirve a Trías de metáfora para expresar esa frontera entre eso que conocemos y todo aquello que nunca alcanzaremos a comprender y que únicamente intuimos: lo desconocido que sólo se deja pensar, pero no podemos, como la muerte, entender en un sentido integro y categorial. Trías, pensador de las sombras y la luz, de lo bello y lo siniestro como elementos simbióticos; de las pasiones en su carácter de fuente de conocimiento.

Es consecuente con este límite inherente al ser humano,que el pensamiento de Trías encuentra uno de sus distintivos, pues se nos presenta en estrecha relación con eso simbólico que es reflejo de  la insuficiencia de nuestra razón, y que encuentra en la religión y en el arte manifestaciones preferentes como lo vemos en su obra, la cual siempre se hace acompañar de referencias de esta índole. Arte verdadero y espiritualidad como acompañantes permanentes de sus meditaciones;belleza que acoge eso terrible que nos enfrenta a nuestra condición y que va desde Calderón a Duchamp pasando por Hölderlin y Eliot, dejando un espacio espacial a sus reflexiones musicales. Un arte siniestro que habla de ese “vértigo” que nos causa nuestra existencia siempre lidiando con la muerte y que Trías ilustra con el poema trágico de Hitchcok, lo cual nos explica también esa pasión cinematográfica que Trías convierte también en filosofía y sobre la que trabajó en sus últimos años como lo veremos en ese libro póstumo que se publicará este año. Pensamiento simbólico que nos lleva a plantearnos también lo sagrado como un viaje que va desde lo ideológico hasta lo teológico; relación con lo sagrado incluso coincidente con el declive de lo que él denomina esa“vulgata marxista” (tanto positiva como negativamente), que en cierto sentido,llegó a sustituir el mundo de lo religioso en un mundo más contemporáneo.Diálogo con la religión, pero en un sentido crítico y obviamente no confesionalmente institucionalizado. Razón que no puede excluir el ámbito de lo sagrado y de la condición espiritual, a los cuales no asume como pura irracionalidad, sino como parte de su propia sublimación–de la razón y sobre todo de sus sombras. Razón que da cuenta de esa contradicción que hoy vemos entre una cultura que cada vez se manifiesta más laica y volcada al consumo, y que deja aparcada la relación con nuestro pensamiento y espiritualidad.  Pero como sostenía Hegel, las contradicciones o nos matan o son el signo más claro de la racionalidad y vitalidad; son fuente misma de la vida.

Estos días llegaron a su fin esos años en los que Trías ha sido anfitrión de la enfermedad de la vida y de su ahora presente muerte. Años escritos en su obra que queda como un legado de esa reflexión sobre la finitud y el pensamiento que, a la manera nietzscheana, nos habla de la imposibilidad que engendra al superhombre en su eterna enfermedad de vida que apunta inevitablemente hacia la muerte como ese enigma que determinó y en el cual concluyó su vida. Su Filosofía del Límite se nos presenta así como una filosofía que no haya resolución, sino que se resume a ser esa gran pregunta que marca el punto de partida de todo aquello que este texto solo intenta poner brevemente en papel y es que hay cosas que nunca entenderemos.

Ahora Trías habita la muerte y con ello su obra está completa; ahora mora ese cerco hermético inaccesible y al que sólo se llega abismándose en ese arcano que nos encerrará por siempre en el silencio del lado inverso al mundo; en ese misterio que siempre le fascinó y que hoy le acoge como su hogar. Descanse en paz, Eugenio Trías.


Escrito por Javier Lomelí