eduardo parra ramirez

No tienen prisa las palabras, de Carlos Skliar

Se atribuye a Baltasar Gracián la frase: “Lo bueno, si breve, dos veces bueno.” En literatura, lo complejo, lo profundo y lo significativo sólo se cumplen en lo breve por medio de una operación poética. La fuerza de la imagen, la sensualidad de la sugerencia, la gracia de la ironía, la elegancia de la mesura suelen ser valores que acompañan a los más eficaces textos cortos. La expresión condensada reclama su poeta para elevarse a rango de discurso artístico perdurable. La apuesta por el texto breve es, asimismo, un riesgo que corre el escritor ante la muchedumbre de lectores de desenlaces. No tienen prisa las palabras, del poeta y ensayista argentino Carlos Skliar, libro que acaba de aparecer en España, publicado por la editorial Candaya, pertenece a lo mejor de esta tradición.

Además de una destacada trayectoria como autor de textos filosóficos y pedagógicos, Skliar ha publicado tres libros de poesía: Primera conjunción, Hilos después y Voz apenas. Sobre todo en los dos últimos, se distingue la sutileza, el peculiar punto de vista, la lúdica ternura, la irreverencia y la perplejidad que son constantes de su obra literaria.

No tienen prisa las palabras es un ejercicio del apetito creador que asombra por lo que consigue revelar en corto. Sus textos nos muestran filos, rasgos de algo que suele vivir oscuramente más allá de la forma, en los adentros. En sus indagaciones, intuiciones o estampas convertidas en artefactos verbales, demuestra lo que acaso sea el más importante de los atributos de un poeta: la mirada, el asombro ante las circunstancias de un mundo acaso imposible de aprehender.

En la tiniebla del Ser, en la antesala de la Nada en la que todo principia, está el manantial del pensamiento y la emoción. La sensibilidad invoca lo íntimo, que emerge atraído por una fascinación estética. Semejante a la destilación, el proceso con el que las visiones son puestas en palabras es lento, sin prisa. El resultado es una colección de textos, desiguales en su conjunto, singulares en su unidad, que no son inocuos para el lector. Experiencias plácidas o perturbadoras, los textos de Skliar convidan el asombro, señalan sin mostrar el camino a la revelación, iluminan las cosas de adentro hacia afuera. Se asiste al discurso colmado de síntesis que, en una variedad de registros expresivos, desentraña lo esencial. El resultado de la obsesión por lesionar las convenciones que habitamos, la búsqueda de nuevos cauces expresivos. Decirse en el estrecho instante responde a la necesidad de violentar el tiempo que la inteligencia creadora, asediada por la muerte, experimenta.

Juguetes literarios, pequeños poemas en prosa, mínimas reflexiones, aforismos, provocaciones, parientes de los kenningar, las creaturas verbales de este libro se suceden sin una aparente solución de continuidad, pero con una evidente unidad dada por el estilo, el tono y la estructura. La conciencia que narra, imagina o conjetura no parece profesar una ética o al menos no parece postularla; antes bien, transmite cierta desesperación y escepticismo ante el tema predilecto: el encuentro. El otro es siempre una contradicción, una presencia abominable y fascinante, un ser temible y vulnerable, necesario pero inasible. Las iniquidades del mundo son expresadas sin drama, sin moraleja, sin encono ni prédica. Hay, eso sí, ostensible afán por sostener una interlocución literaria con el canon particular del autor: Tavares, Hanke,  Szymborska, Ajmátova, Noteboom, entre una considerable lista de autores exquisitos y lejanos a las mayorías. Sobre todo, se mantiene presente la influencia y el persistente diálogo con la poeta Chantal Maillard, quien ha inspirado a Skliar desde la concepción de su segundo poemario.

No tienen prisa las palabras es más ambicioso que un correcto ejercicio de estilo. Trabaja en una forma literaria en la que quizá el autor haya encontrado su mejor forma de expresión. Uno de los textos de libro funciona perfectamente para exponer la esencia de esta poética: “Viajar. Trazar un círculo completo. Una línea inexacta. Un espacio de tiempo y viento. Un sitio repleto de fugas incapaces.”


Escrito por Eduardo Parra Ramírez

Parra Ramírez es un escritor mexicano que ha incursionado en diversos géneros de la literatura. Su obra poética y narrativa ha merecido reconocimientos nacionales e internacionales. Su libro Refractario obtuvo el Premio Nacional Ignacio Manuel Altamirano de Poesía y con La ira del filósofo logró el Premio Juan Rulfo para Primera Novela. Es directivo y maestro fundador en la Escuela Mexicana de Escritores.