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Sobras reunidas, de Balam Rodrigo | Víctor García Vázquez

Pasarse de verba

 

Balam Rodrigo, Sobras reunidas (antología de poesías & pensamientos inútiles), Los Bastardos de La Uva/Secretaría de Cultura, México, 2016, 112 p.

Del almácigo de la infancia que frecuentemente compartimo Balam Rodrigo y yo, recuerdo el retrato que hace de un muchacho indocumentado centroamericano, quien trabajaba con sus papás preparando y vendiendo tortas en un puesto ambulante, mientras juntaba recursos para retomar el largo camino del sueño americano o al menos mientras fortalecía el valor para treparse a la barca de Caronte que ahora llaman La Bestia, ese animal que atraviesa los humedales del Soconusco devorando la carne magra de los migrantes.

Este muchacho, mientras picaba la carne, preparaba las tortas y atendía a los clientes, iba juntando pacientemente los restos de migajón y los chingastes de grasa y carne que quedaban sobre la sartén o se pegaban al cuchillo.

Debajo del puesto, a lo largo de toda la jornada, iba formando misteriosamente los dos montoncitos que al final del día colocaba sobre una manta y comenzaba a amasar los restos del migajón, hasta hacer una torta en la que colocaba todos los restos de carne y grasa que había juntado. Frente a la mirada curiosa y atenta de Balam y sus hermanos, el cachuco terminaba el suculento bocadillo y se lo comía con la misma delicia de un náufrago que no ha pisado tierra desde hace mucho tiempo, pero también con el orgullo del chef que degusta con arte su propia creación.

La mirada antojadiza de los niños era el mejor reconocimiento al hermano centroamericano, quien a pesar de poder prepararse y comer una torta completa prefería un platillo gourmet con las sobras reunidas. Balam cuenta esta anécdota con nostalgia centroamericana y con orgullo soconusca, porque tuvo la oportunidad de convivir con nuestra gente más desprotegida, pero al mismo tiempo la más humana.

Ahora no recuerdo si el hermano migrante era cachuco, nica, catracho o guanaco, lo cierto es que este mojado encontró en su familia de Comaltitlán una toalla con qué secarse y un montón de muchachitos para alegrarse el ánimo; pero sobre todo un poeta en ciernes que ya mantenía la mirada atenta al realismo mágico de los adultos.

Sobras reunidas (antología de poesías & pensamientos inútiles) es una suerte de homenaje al hermano centroamericano. Balam Rodrigo también juntó con paciencia las sobras que le fueron quedando a lo largo de sus libros anteriores, las juntó, las amasó y ahora las ofrece al lector para que sepa saciar su antojo con este bocadillo excéntrico. “Los Bastardos de la Uva” son el sommelier para que este bocado no baje solo sino que resbale con gusto y con fluidez. Este platillo es para degustarse con paciencia, pero sin solemnidad; no es un libro de poesía rápida ni un simple snack: es un platillo moderno, bien balanceado, con un montaje perfecto y no empalaga ni causa sobrepeso.

Este banquete está estructurado en cinco tiempos: “Poesías”, “Pensamientos”, “Sobras”, “Pensamientos inútiles” y “Pensamientos útiles”.

“Poesías” es un cocido o puchero que se cocinó con los retazos de hueso, médula y nervios de los poetas que Balam fue mutilando y raleando a lo largo de los años. En esta sección flotan los restos del poeta místico, el narcopoeta, el poeta comprometido, el poeta de pueblo, el poeta experimental, el poeta declamador, el poeta subterráneo, el poeta bohemio, el poeta mundial, el poeta alienígena, el poeta académico y el vate consagrado. Este platillo se sirve muy caliente, pica mucho y nos hace sudar copiosamente; en él flotan los fragmentos mutilados de poetas que conocemos bien, los hemos leído, hemos asistido a sus presentaciones y hemos sido testigos de sus pasos y de sus poses. El cocinero preparó este caldo con mucho valor y cinismo. Desolló y condimentó cada uno de los especímenes que pueblan el parnaso actual y lo ofrece al comensal ahora para su degustación. Sin embargo, no se piense que Balam Rodrigo ejercitó un acto de canibalismo, sino también de autocrítica. Aquí aparece su figura, no como el ave angelical que levita ni como el resto del buchón norteño, ni como el turista mundial que paga por ir al extranjero a leer su poesía, sino como la garganta de oro del mero corazón del Soconusco.

Con el espíritu mordaz y efectivo de Witold Gombrowicz que sabía arremeter contra los excesos de los poetas, Balam realiza con sus “Poesías” un ejercicio de ética literaria. Porque el motivo principal no es despelucar, descuartizar y mofarse de esa pléyade que deambula y se reproduce como si fueran seres de otros planetas, sino que, sobre todo, el poeta ofrece un espejo donde todos nos sintamos avergonzados por haberle otorgado al poeta un aura divina y haber depositado nuestra fe en estos seres que son tan comunes y corrientes, a grado tal que debieran bajarse de la banqueta y no nosotros:

 

Poco sabe del hambre o de la sangre derramada

por los poetas combatientes que fueron hombres

antes que llamarse poetas a sí mismos.

(Porque la mala poesía también es culpable

de que se pierdan algunas guerras.)

 

“Pensamientos”, el segundo tiempo de esta gran comilona, es una charola de tacos. Después del puchero anterior, el poeta se propone ofrecernos un alimento más ligero y más popular. Tacos de lengua, de ojo, de signos, de ubres y de insectos. Esta taquiza tiene el espíritu tutelar de Chava Flores y Roberto López Moreno; pero además este bardo taquero se permitió la experimentación sobre la tortilla de la escritura. Otro soconusquense le proporciona la estrategia de que “todo cabe en el Poemural sabiéndolo acomodar”, así Balam se atreve a colocar los signos sobre la banda de la tortillería para que sobre el lienzo blanco del maíz vayan apareciendo signos, símbolos e imágenes. La salsa que debe colocarse sobre estos tacos tiene la sazón y la picardía del poeta Chava Flores. Al parecer, estas sobras son las más antiguas de este poemario, porque reconocemos temáticas y un estilo muy semejante a algunos de sus primeros libros. Poemas de maíz, lejos de endurecerse o llenarse de moho han adquirido la consistencia del totopo.

La tercera sección de este ágape, “Sobras”, es una serie de bocadillos afrodisiacos. Con estos poemas, el poeta se quitó el delantal y dejó de lado el cuchillo cebollero para colocarse la impecable filipina con la que escribe los poemas eróticos, o “Canciones de brama y ardor”, como los titula el propio autor. En estas canciones, el lector puede palpar la consistencia de budín, de crema danesa, o bien, para ponernos agustinos, la textura de nogada que cubre estos versos. La tesitura de estos versos se debe al perfecto crisol de las labiales, nasales, líquidas y vibrantes. Algunos de estos bocadillos pueden partirse y comer sólo el relleno o los bordes; ofrezco la degustación de algunos de ellos:

 

si solo días bebiera entre tu pecho (…)

cuando te palpo y dejotodaensalivada con mi canto (…)

tus pechos me mutilan con su andar como si nada (…)

a lo dulce de su grupa/ a la sabrosa muerte en su atarraya (…)

yazgo en tu grupa que detiene al mundo (…)

 

Imposible no relamerse los labios con esta lujuriosa sección, la única donde el lector no sentirá el peso del pecado sino el regusto a miel de lo erótico.

El cuarto tiempo, “Pensamientos inútiles”, es, en cambio, un picadillo atroz y sanguinario. Con los cuerpos destrozados por el hacha de la fe, los restos purulentos de la decapitación y con trozos de piel tatuados con la palabra muerte, estos pensamientos inútiles nos recuerdan que la violencia no tiene nacionalidad. En cualquier puente vehicular, en la hielera de una fonda, en alguna de nuestras ciudades o en los desiertos de la fe fundamentalista, el asesinato entre hermanos es la flor de la infamia. Representa esta sección una galería del horror. Aquí ya no tenemos al poeta aprendiz de narco gritando “tomen, vatos, para que aprendan a poetizar”, sólo para colgar su hallazgo verbal en su muro de Facebook y espantar a sus rivales, sino los escalofriantes y realistas encabezados: “Rescatan vivo a colgado en puente”; “Encuentran cabeza en hielera” y “México tiene forma de horca”. Los versos cortos, las frases parentéticas y las imágenes tajantes que empleó el poeta en estos versos sugieren que no hay un metro regular para emular a la metralla. Estos pensamientos pueden parecer inútiles cuando sabemos que el monstruo ya decidió

 

a quienes debe

odiar/ matar/ violar

torturar/ despellejar

 

Y, sin embargo, podemos darle utilidad si aceptamos el hecho de que toda poesía alumbra una nueva esperanza.

Por último, el postre, “Pensamientos útiles”. Este menú delicatessen será recordado porque algunos lectores la traerán siempre en la punta de la lengua, si no es que de por sí algunos ya han degustado estas perfectas piezas de confitería. “Vergario” es el subtítulo que el poeta le ha dado, y enseguida nos advierte que se trata de sus “Erecciones afectivas”. Son apenas cinco bocadillos que deben tomarse con cautela, porque si se degustan con premura se corre el riesgo de padecer un duradero malestar en el vientre. Sin embargo, no se aplauda a este repostero por el finísimo amasado, por la textura de la crema o por la perfección de las cerezas; estas dulzuras son del pueblo, fueron rescatadas de los mingitorios públicos, del trajín de las cenadurías, del espacio sagrado de las cantinas, de un bucólico hogar del Soconusco y de las entrañas de un político. No me resisto a darles una prueba de esta sección de repostería, aunque la sirvo con guantes para no contaminarla:

 

grito de guerra de un borracho costeño al entrar a una cantina y sentirse acorralado por la presencia y la mirada indiscreta de otros alcohólicos en multitud que, convidados a un “mitin político”, invadieron la privacidad de su otrora lugar favorito en la palapa:

¡Culos a la pared,

que llegó la verga!

 

Una segunda prueba:

 

lección de onanística: hermoso adagio de un político de mi pueblo con marcada ambidextría ideológica y orgánica -dúctil tanto con la izquierda como con la derecha- ante la insistencia de su entrevistador, al cuestionarle ”sus rivales políticos afirman que usted, por corrupto e iletrado, perderá las próximas elecciones, ¿qué tiene qué decir al respecto?”:

Manos les harán falta

para pelarme la verga.

 

Ya sabemos que Balam Rodrigo es un pícaro posmoderno, un soconusca cínico, un poeta deslenguado, pero con este poemario sí se pasó de verba. Su lengua neologista, anacrónica y feraz, ahora se presenta dura y directa para confrontar al lector. Este poemario integra ya la perversa trinidad de la poesía chiapaneca: El cantar del Marrakech (1993), de Juan Carlos Bautista, sentido homenaje homoerótico al dios del falo; Caldo de verga para el alma (2012), de Máximo Cerdio, canto genitálico contra las buenas costumbres, y Sobras reunidas (antología de poesías & pensamientos inútiles), de Balam Rodrigo. Poesía procaz y desenvuelta que atenta contra la urbanidad y las buenas maneras. Sin embargo, los poemas de estos tres libros mencionados no buscan su hogar cómodo en las páginas del libro, sino que también reclaman su espacio en las paredes públicas y, sobre todo, en la memoria colectiva de los versadores espontáneos y callejeros; aunque también se adaptan bien a las exigencias del intelectual que requiere de frases punzantes y espontáneas para relajar la tensión del ambiente.

Sobras reunidas (antología de poesías & pensamientos inútiles) es un libro diferente en la producción de Balam Rodrigo, pero reconoce pronto su parentesco con la tradición de la poesía mexicana humorística, provocadora, alburera, coloquial y espontánea. Esta poesía hace mucha falta porque, en la era del bótox, es difícil que la poesía nos provoque un gesto auténtico y duradero.