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Poemas de terror y de misterio de Luis Felipe Fabre | Por Francesca Dennstedt

Poesía sin agujeros

 

Luis Felipe Fabre. Poemas de terror y de misterio. México: Almadía, 2013. Pp. 102.

 

Ya se ha comentado que el último libro de Luis Felipe Fabre, Poemas de terror y de misterio, presenta –en palabras de Sergio Téllez-Pon– una poesía en rigor mortis: el uso de dos puntos, el corte abrupto de los versos, la reiteración, las enumeraciones, el humor predecible y demás recursos estilísticos tradicionales de su poesía, invaden el texto con una soltura problemática. Quiero decir: lo que antes se presentaba como una especie de ruptura, hoy parece ser el espacio de lo tradicional. Utilizo esta palabra a propósito porque el autor comenzó a ganarse un lugar especial en la poesía actual mexicana al presentarse como un poeta que atentaba contra la tradición, como un poeta que estaba dispuesto a tirar el último cascarón del tabú al piso. A mi juicio, este afán por atentar contra la tradición es uno de los aspectos que alimenta el ingenio de su poesía. Por ejemplo, una de las lecturas que admite La sodomía en la Nueva España es que el travestismo genérico –juego de disfraces entre el teatro, el ensayo y la poesía– resulta novedoso cuando se dialoga con la tradición barroca, estética culta por antonomasia. A su vez, el barroco cobra sentido cuando se piensa como una estrategia para reivindicar al sodomita en la historia. En Poemas de terror y de misterio los zombis y otra clase de monstruos, como la propia sor Juana, son las herramientas que pretenden desestabilizar la poesía. Pero se necesita algo más que una catástrofe zombi para sacudir el texto de su monotonía: parecer ser que la madurez poética no le ha sentado del todo bien a Fabre.
El problema mayor del libro no es el uso abusivo de una retórica conocida sino que parece ser que los agujeros se han llenado. Para Fabre la poesía siempre ha sido una herramienta para ensayar la propia poesía: ¿esto que estoy leyendo es un poema?, ¿cómo se sostiene un “bello decir” dadas las circunstancias? En sus anteriores libros ha quedado claro que la poesía en la actualidad tiene que ser algo más que lenguaje. Quizá sea cierto que Poemas de terror y de misterio es el texto de Fabre donde mejor se ajusta la necesidad poética a la realidad del mundo, sin embargo ésta última parece devorar todo intento por ensayar la poesía: no hay huecos –salvo los que dejan los zombis– para leer en el poema. O más bien, no me gusta la respuesta que parece llenar el agujero: la poesía ha dejado de ser lenguaje y se ha convertido en un remake, en película gore. Mientras que en La sodomía… Fabre apostaba por travestir la poesía, por hacer un juego transgenérico donde lo barroco y el sodomita fueran los principales participantes, en Poemas de terror y de misterio la apuesta queda en manos de seres putrefactos y en un par de rimas desgastadas. Por otro lado, en el texto, se deja entrever una necesidad meramente mercantil, una voluntad por convertir la poesía en un best seller. No me queda del todo claro hasta qué punto Fabre pensó el tema de lo comercial. De entrada, no hay un diálogo con el género del best seller ni se nos presenta como una estrategia para desmantelar el poema: los zombis aparecen porque pueden aparecer. Y es justo en este punto donde el libro comienza a funcionar un poco.
Al igual que en el cine gore, Fabre se aprovecha de los códigos visuales del zombi para hacer del miedo un exceso risible. Cuando hablo de miedo no me refiero a estos monstruos sino a la situación específica de violencia que se vive en México: “ahora setenta mil zombis asolan México según cifras oficiales”. El zombi representa a la humanidad desconocedora de sí misma, ese miedo a perder toda idea de sujeto y perderse en la colectividad. El zombi es un ser que ya no busca el placer sino la necesidad, que representa el estado putrefacto de las cosas. Fabre nos indica que somos muertos vivientes acostumbrados a vivir en un estado de alerta constante, una alarma que se ha convertido en mera ficción narrativa:
Dicen
que los zombis
son una estrategia del narco
para aterrorizar al gobierno. Dicen que
los zombis son una estrategia del gobierno para
aterrorizar

a la población. Dicen que los zombis son una estrategia
de la población para aterrorizar al narco. Dicen
que los zombis son una estrategia del gobierno
para aterrorizar al gobierno. Dicen
que los zombis son una estrategia
del narco

Dentro de la catástrofe zombi, una de las preguntas clásicas es: ¿saben los zombis que están muertos, que son zombis? En Poemas de terror y de misterio pareciera que la respuesta es no, que el zombi se erige como articulación del cambio. Evidentemente no estamos hablando de un cambio en la realidad sino en la escritura. En su ensayo Filosofía zombi, Fernández Gonzalo habla del zombi como un problema de escritura, como una manera de infectar nuestros códigos culturales y sus signos para pensarlos nuevamente. El zombi como articulación del cambio: no se sustituye lo viejo con lo nuevo sino que se fragmenta, se recompone. Así, el zombi se erige como una nueva forma de pensar la poesía, el poema sobre la violencia:

Últimas noticias: cerca de ochenta personas
que se manifestaban en pro de los derechos de los zombis
frente a las puertas de Palacio Nacional
fueron devoradas por una horda de muertos vivientes
sin que la policía ni el ejército interviniesen en su auxilio.

La burla y el carácter zombificado no sólo del espectador sino del propio poeta que se entrega a esa horda de seres putrefactos, de poesía sin agujeros. Es evidente que Fabre se preocupa por el destino de la poesía. De alguna manera, intuye que no puede desligarse totalmente de la violencia en México, pero hacer un poemita más de este tipo parece absurdo: propone un cambio, una literatura z; es decir, apuesta por un pop real, intenta borrar la línea entre alta cultura y cultura popular. El problema está en que ya no hay una propuesta formal: el poema se ha sacrificado ante la tradición para entregarse, sin medir consecuencias, a este famoso pop de lo real. A mi juicio, debe de haber otro camino donde el fondo no sacrifique a la forma.
Un último aspecto llama mi atención. Hay un poema titulado “El poema de mi amiga”, que habla del interés del público por este nuevo género de la poesía mexicana: el poema de violencia. La amiga interroga a la voz poética: “¿qué a ti no te importa lo que pasa en este país?” Le recrimina su falta de lágrimas y deduce que el poco interés en los secuestrados, en los desaparecidos, se debe a simple envidia: la voz poética no puede escribir un poema sobre la violencia. Poemas de terror y de misterio es una respuesta a ese poema, parece ser que todo se resume a la imposibilidad de escribir la violencia, de contar los muertos con versos y rimas. El poema llama mi atención porque no se si la voz poética, que a estas alturas bien podemos identificar a Fabre en ella, se ha entregado con resignación a la nueva moda y ha escrito su poemita sobre la violencia o erige la resistencia al convertir el horror en risa. Ninguno de los dos puntos me convence: me niego a pensar en Fabre como un poeta entregado a la tradición, que ha dejado de ser propositivo, pero tampoco encuentro una resistencia satisfactoria. Fabre necesita sacudir su poesía de ese rigor mortis. Mientras tanto, espero con ansias su siguiente trailer.

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Escrito por Francesca Dennstedt

  • Julio Mejía III

    Aunque no concuerdo del todo con la reseña, reconozco aquí una lectura informada e inteligente del libro. Lo único que no admito es lo siguiente:
    “Es evi­dente que Fabre se pre­ocupa por el des­tino de la poesía. De alguna man­era, intuye que no puede desli­garse total­mente de la vio­len­cia en Méx­ico, pero hacer un poemita más de este tipo parece absurdo: pro­pone un cam­bio, una lit­er­atura z; es decir, apuesta por un pop real, intenta bor­rar la línea entre alta cul­tura y cul­tura pop­u­lar. El prob­lema está en que ya no hay una prop­uesta for­mal: el poema se ha sac­ri­fi­cado ante la tradi­ción para entre­garse, sin medir con­se­cuen­cias, a este famoso pop de lo real. A mi juicio, debe de haber otro camino donde el fondo no sac­ri­fique a la forma.”

    A mi parecer, el “Trailer 2”, el “Informercial” y la sección de “Sor Juana y otros monstruos” son muestras de una actitud crítica ante la tradición. En el caso de los dos primeros textos que menciono, lo “pop” constituye la forma, pero en el fondo, los referentes de “alta cultura” dotan al poema de sentido. De la impertinencia formal (o, mejor dicho, ante la falta de correspondencia entre forma y fondo) sucede el humor. Como en “La sodomía en la Nueva España”, estamos ante textos transgéneros: un soneto hecho trailer y una tragedia hecha infomercial. Textos, además, que están agujerados: necesitan de sus referentes para estar completos.

    El caso de los poemas de Sor Juana es todavía más particular: la ponencia en verso es otro poema transgénero: una ponencia que no es ponencia pero sí lo es; un poema que no es un poema pero sí lo es. Y con los mashups la cosa se complica: poemas en donde, sin conocimiento de las fuentes, se desdibuja la distancia entre Fabre y Sor Juana hasta fundirse y confundirse. Poemas intervenidos post-mortem: post-poemas.