Reseña literaria de Paso del Macho

Paso del macho de Juan Carlos Bautista

Hace algunos meses, en la presentación de un libro, un escritor se quejaba de que gran parte de la crítica se había dedicado a señalar lo cómico y divertido como una de las principales virtudes de su narrativa. Con supuesta profundidad, el autor intentaba explicar al público que la verdadera importancia de su obra radicaba en la complejidad de la misma y no en unos cuantos chistes. Con estos comentarios, el autor parecía afirmar que lo cómico no puede ser complejo, que la buena literatura es aquella donde el lector rara vez disfruta la primera lectura porque está demasiado preocupado por entender de qué trata el libro; o más bien, parecía sentenciar que la literatura no puede plantearse como finalidad ser un texto divertido. Se quejaba, en suma, de que su libro no se había leído con el cuidado ni con la seriedad debidos. Paso del macho apuesta por esa otra clase de lectura, que invita al lector a dejar la seriedad de lado y sumergirse en la putería. Es un libro que espera —como ya lo mencionó Juan Carlos Bautista en una presentación— ser definido como un texto divertido y jocoso.

Paso del macho de Juan Carlos Bautista

Como gran parte de la llamada literatura gay 1Paso del macho es un libro que se traviste tanto de otros géneros como de diferentes corrientes literarias para crear un juego narrativo: una parodia del realismo mágico y de la literatura apocalíptica 2. Para comenzar, Bautista marca las pautas de la lectura, advirtiendo al lector que se encuentra ante una fábula tropical. Por definición, una fábula es un texto corto que busca transmitir una enseñanza, por medio de personajes que son casi siempre animales u objetos con características humanas. Sin embargo, en Paso del macho parece que la fábula funciona al revés: los personajes se describen con instintos animales y su función no es transmitir una moraleja —quizá ni siquiera exista— sino desembocar en un final apocalíptico. Siguiendo de manera general la estructura de las narraciones apocalípticas, Bautista divide su historia en dos partes. En la primera, todos los personajes logran satisfacer su deseo sexual: las locas se masturban hasta cubrir a Ulises con “una lluvia espesa, blancuzca”; la Culomacho sueña con la inauguración de la carnicería La Vaca Humana, y la Gallina logra seducir a Ulises con una hoja de macay, hierba que parece curar todo. De alguna manera, todos los personajes saben que Ulises los conducirá a la muerte, pero en una ciudad de clima infame, donde se han acabado los machos, coger como loco es una buena forma de morir. La segunda parte del libro tiene como escenario el carnaval, donde todo el pueblo se reúne para festejar la carne: el gobernador se viste de primera dama; el jefe de policía, de Lola la trailera; hasta el cura le sube el dobladillo a la sotana y va de mujer de la vida alegre. Como es de esperarse, el carnaval termina en una orgía provocada por la “Santísima Vergade Ulises, hasta que la muerte, vestida de loca, origina una gran ola, borrando del mapa este pequeño pueblo tropical llamado Paso del macho.

El libro de Bautista se burla de la idea misma del apocalipsis, reconstruyendo de manera exagerada los lugares comunes del juicio final de Sodoma: “Y entonces, como una corriente que se sostiene y estalla, todo el mal, todo el deseo, toda la locura, se desataron. Los perros se montaron sobre las personas, las mujeres sobre los muchachos, los muchachos sobre las doncellas, las doncellas se le fueron a mordidas a las viejas, las madres que habían sobrevivido brincoteaban en la playa y se destapaban el sexo y los tremebundos pechos… Los hombres taladraban con sus sexos el tronco de los árboles, lo metían en tierra, sodomizaban a las mujeres propias y a las ajenas.”

Por otro lado, rompe con la orientación decididamente masculina del mito y con la imagen de crisis colectiva que representa el apocalipsis. Siguiendo las ideas de René Girard, en los periodos de crisis hay un debilitamiento de las instituciones normales, así como una suspensión de las diferencias en las relaciones humanas; es decir, se da un estado similar al carnaval sólo que no planeado ni placentero. En Paso del macho es significativo que la crisis se desarrolle a la par del carnaval y que no tienda a la histeria sino al placer colectivo. Además, el dualismo moral del apocalipsis no está encarnado en los opuestos comunes como el bien y el mal; más bien, el narrador se burla de esta dualidad al contrastar personajes como las locas y la caníbal, cuya oposición descansa en las diferentes formas de obtener placer. Para las locas, el placer está en ser sometidas por Ulises, mientras que para la caníbal, está en la idea de comérselo. Sumado a esto, las dosis paródicas de realismo mágico acentúan las intenciones narrativas de Bautista, presentan al lector una fantasía moderada para mantenerlo en el plano de lo real y enfatizan que Paso del macho no es más que una sola carcajada: “Y ella supo lo que tenía hacer. Maceró con los dientes un amasijo de hojas de macay y escupiéndoselo en la palma de la mano, comenzó a untárselo en los bordes del culo. Pronto el esfínter alcanzó una amplitud de puerta catedralicia. La gallina sonrió enternecida. Comenzó a succionar al muchacho como una boa constrictor. Sudaba a mares y creía morir. Se estiraba y se contraía como un reptil auténtico, la barriga inflándose y desinflándose como un globo, haciendo silbidos y eructos, hasta que al fin pudo deglutirlo.”

Ahora bien, los personajes de Paso del macho no acaban de desenvolverse, principalmente porque la historia no requiere su desarrollo ni ninguna complejidad psicológica. Sin embargo, son personajes que atraen precisamente por esta falta de desarrollo. Me gustaría distinguir a dos de ellos: la Dama del Beso Negro y la Triste Aurora. La primera es una loca que vive vestida de luto perpetuo porque ha probado todos los culos varoniles de Paso del Macho, pero al hacerlo termina con su hombría. De esta manera, la Dama del Beso Negro, “metáfora exacta de la pasión verdadera”, es la única loca activa de la historia que, por su apetencia irrefrenable, aniquila toda posibilidad de realizar su deseo porque “cuando el varón accede a abrir su arca y se deja perforar por la lengua, al momento mismo dejaba de ser macho. Está destruido y, al derrumbarse, arrastra a la loca a su caída. Dialéctica de la mayatez que deviene putería, de la putería que se torna macharranería de oropel”. Por otro lado, la Triste Aurora es un personaje mencionado ocasionalmente, pero que se distingue por ser la única mujer del grupo de locas. De ella se sabe que es una mujer enorme y sombría y que, al igual que la Dama del Beso Negro, tiende a ser fatalista. Sin embargo, no sabemos el porqué de su tristeza: ¿es la razón la inevitable pérdida de todo macho del pueblo? ¿Es posible que su fatalismo esté ligado a su condición de mujer? A lo largo de mi lectura, mellamó la atención la poca presencia de mujeres. No es que el autor esté obligado a hablar de ellas —especialmente si es un libro que se centra en un grupo de locas—; más bien es curioso que el narrador se limite a mencionarlas con fines casi decorativos, o quizá como una manera inconsciente —¿o será consciente?— de decir que Paso del macho no es una utopía gay. Sin embargo, el personaje de la Triste Aurora me incomoda y me deja muchas dudas. Hay una escena donde las locas se encuentran en un camión lleno de machos desnudos y cada una procede a engullir al que tiene enfrente. El narrador deja ver que cada una lo hace por placer y menciona: “Hasta la Triste Aurora tuvo lo suyo” ¿Qué significa esta pequeña frase? A lo largo del libro, pequeñas intromisiones de este tipo me hacen pensar que la Triste Aurora no disfruta de su sexualidad, y en muchas ocasiones sólo accede a ella porque se encuentra en presencia de las locas. Si éste es el caso, lo que yo en un principio pensé como un libro que pertenece a esa nueva generación de literatura gay que no busca justificarse ni mucho menos fomentar la división de géneros, podría resultar que, entre líneas, promueva la utopía gay: un lugar donde el placer sólo se da en el cuerpo masculino. Sin embargo, es difícil que un texto que no tiene miedo de romper tabús —como la antropofagia— ni de invitar al lector a sentarse a la mesa y degustar platillos mexicanos como el Tamal de Pitopinto, las Nalgas de Criolla sazonadas con hoja de aguacate, chile mulato y crema de cacahuate, o los pechitos de Chamaca en su miel; y que se sale de la visión heteronormativa para presentar a los lectores una alternativa a la historia —ya desgastada— del fin de los tiempos, esconda una vertiente claramente misógina. No creo que la elección de palabras y las breves descripciones de la Triste Aurora sean un simple descuido; forman un personaje que, aunque casi inexistente en la trama, está para crear polémica.

Juan Carlos Bautista, Paso del macho, Quimera Ediciones, México, 2011, 64 p.

Texto publicado en la edición 146 de Crítica


Utilizo el término literatura gay consciente de las implicaciones y polémicas tanto de la palabra gay como de la pregunta, bastante frecuente y difícil de responder, ¿se puede hablar de una literatura gay?  Sin embargo, aquí empleo el término con fines prácticos y con la intención de agrupar textos que, desde mi punto de vista, en menor o mayor medida abordan la problemática de género desde una perspectiva literaria, grupo que incluiría a escritores como Manuel Puig o Luis Zapata.

2 Aquí pienso en los ejemplos estudiados por Lois Parkinson Zamora en su libro Narrar el apocalipsis. La vision histórica en la literatura estadunidense y latinoamericana contemporánea.


Escrito por Francesca Dennstedt

(Tijuana, 1988) es estudiante de Literatura en la Universidad de las Américas Puebla. Ha publicado crítica en la revista Separata. Revista de pensamiento y ejercicio artístico. Ha participado en diversos talleres de creación literaria. Actualmente trabaja en una tesis sobre la poesía de Luis Felipe Fabre.

  • Emmanuel

    Decir que cuando el autor explica que “la ver­dadera impor­tan­cia de su obra rad­i­caba en la com­ple­ji­dad de la misma y no en unos cuan­tos chistes” está diciendo que “lo cómico no puede ser com­plejo” es una falacia. Una cosa no implica la otra. Lo que (dices que) el autor explica sólo defiende la que considera una de las virtudes de su obra, y acusa de sumaria la lectura que otros han hecho de ella.