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Operación al cuerpo enfermo, de Sergio Loo | Francesca Dennstedt

Estar mal hecho

 

Sergio Loo, Operación al cuerpo enfermo, Universidad Autónoma de Nuevo León/Ediciones Acapulco, México, 2015, p. 83.

 

Desde la publicación de Illness as metaphor (1978), de Susan Sontag, han surgido múltiples obras literarias cuyo leitmotiv se centra en desmantelar las fantasías que rodean a ciertas enfermedades. Para la propia Sontag, y teniendo ella misma cáncer, entender la enfermedad en términos metafóricos —como un castigo o una maldición— inhibe tanto al paciente como a los propios médicos la búsqueda del mejor tratamiento posible porque las metáforas ocultan lo que verdaderamente es el cáncer: una enfermedad. Siguiendo esta línea, en Operación al cuerpo enfermo, un libro entre el ensayo literario, el tratado médico y la poesía, Sergio Loo propone entender la enfermedad ya no en términos metafóricos sino performativos. Este ajuste le permite, entre otras cosas, cuestionar si en verdad todo cuerpo debe estar sano —“¿No puede uno simplemente estar mal hecho?”, se pregunta Loo— explorando la relación entre los cuerpos anómalos, la sexualidad y la identidad.

Publicado póstumamente, Operación al cuerpo enfermo es la intervención narrativa hecha por el propio Loo al tumor cancerígeno que se apoderó de su pierna izquierda hasta matarlo a comienzos del 2014. Es la historia de un cuerpo desnudo al ser operado, anestesiado, amputado, diseccionado, manipulado y zurcido para sanar. El relato de este sarcoma y sus manipulaciones se presenta al lector a través de fragmentos sin orden aparente y que remite simplemente a partes corporales. A manera de ejemplo: mientras que las “Fosas nasales” dan la definición de paciente —“el que padece y el que aguarda”— “El apéndice” detecta una mutación en el cuerpo del protagonista: no sólo éste padece cáncer sino que tiene relaciones sexuales con Pedro, provocando un supuesto desequilibrio al rechazar el modelo heterosexual.

Así, la historia del cáncer del protagonista se relaciona con otros cuerpos con otros tipos de enfermedades: Pedro tiene vih y Cecilia ha deformado su cuerpo como estrategia para defenderse de las normas sociales que buscan contenerla en la categoría de mujer: “Ella quería ser otro objeto que no fuera una mujer: el filo de algo”. En la relación que tiene el protagonista con estos cuerpos anómalos —tanto por sus enfermedades como por sus sexualidades no normativas— es en donde encuentra el mejor tratamiento para sobrellevar su enfermedad. Dicho tratamiento implica utilizar el carácter performativo del lenguaje para operar los cuerpos enfermos: “Cuando digo: ‘Yo estoy aquí’, hago que la voz hablante coincida con mi persona: me hace ‘persona’ ‘hablante’ ‘inserta’ en un ‘marco’ ‘espacio-temporal’: ‘aquí’ y ‘ahora’. Es decir, asumo este ‘entorno’ como ‘presente’. Ejemplo: ‘El sarcoma de segundo grado en la pierna izquierda ha invadido mi lenguaje, la visión de mí y de mi entorno’. Es decir: lo que sucede, sucede en el lenguaje, me digo y cierro los ojos. Lo que ‘sucede’ ‘es’ ‘lenguaje’, me digo y cierro los ojos. Cerrar los ojos a lo que sucede: el lenguaje oscuro de no parpadear”.

Haciendo eco de las ideas de J. L. Austin y Judith Butler, la cita anterior ejemplifica la posibilidad de representar a través del lenguaje el carácter performativo de enfermedades como el cáncer y el vih. Al entender la enfermedad como performativa, Loo pone énfasis en el cuerpo como algo construido, que se produce a través de la constante repetición de discursos, actos que terminan por construir supuestos esenciales como lo sano y lo enfermo, lo masculino y lo femenino, entre otros. Y es precisamente esta idea una de las propuestas más sugerentes de Operación al cuerpo enfermo.

 Para Sergio Loo, el cáncer en su pierna izquierda o el vih de Pedro y la probable infección de Cecilia señalan una contradicción entre lo que se ve (el cuerpo) y desde donde se habla. Sin embargo, el discurso médico y la normas sociales anulan dicha contradicción haciendo que el estar enfermo se convierta en ser un enfermo, es decir, en una identidad. Por ejemplo, a lo largo del libro, el protagonista señala el silencio como uno de los métodos más comunes y dañinos en el tratamiento de enfermedades: “No nombrar para que el cáncer, el sida, la infección no vengan (…) Hace mucho que no escucho a mi padre decir mi nombre”. Ahora bien, la propuesta implícita en Operación al cuerpo enfermo es que hay que cambiar tanto la manera en que concebimos los cuerpos como los tratamientos para poder desasociar la enfermedad de la identidad, aspecto que, según el protagonista, perjudica más a los pacientes.

Al menos en dos sentidos todos somos cuerpos enfermos. Esto se ejemplifica de mejor manera a través del cuerpo de Cecilia, personaje que demuestra, por un lado, la imposibilidad de encarnar de manera plena un cuerpo sano y, por el otro, señala el estatus siempre temporal de la salud de nuestros cuerpos. En el libro de Loo, Cecilia es un cuerpo anómalo por múltiples razones: es la única mujer del libro con un rol protagónico y, además, no quiere estar encasillada por las exigencias de su género y termina por “voluntariamente” deformar su cuerpo desencadenando una posible infección. A diferencia de Pedro y del protagonista, el lector nunca sabe si la enfermedad de Cecilia es simplemente social o si de verdad el cuerpo sufre algún tipo de infección que pueda ser diagnosticada en términos médicos. Sin embargo, poco importa esta diferencia y el cuerpo de Cecilia es etiquetado temporalmente como no sano, etiqueta que puede eliminarse según el propio relato del libro, si por ejemplo Cecilia decide tener hijos. Esto demuestra cómo las enfermedades de los personajes están intrínsecamente ligadas al género y a la sexualidad. Además de Cecilia, Pedro tiene vih y no es heterosexual. Es aún más complicado el caso del protagonista, cuyo tipo de cáncer (sarcoma de Ewing) es más frecuente en hombres jóvenes. Sin embargo, su historial clínico señala a la madre del protagonista, quien también padeció cáncer, como posible responsable de su propensión a esta enfermedad, señalando así posibles relaciones entre el género y el cáncer. Tampoco él es heterosexual.

Para Sergio Loo, la heterosexualidad obligatoria está entrelazada con la idea de que los cuerpos deben estar obligatoriamente sanos. De esta manera, Operación al cuerpo enfermo explora la relación que hay entre lo queer y la enfermedad para invocar las resoluciones inadecuadas que nos ofrecen la heterosexualidad y la salud, impuestas de forma obligada a nuestros cuerpos. Si bien Loo encuentra en la idea de la performatividad del género una salida viable para ambos sistemas, el protagonista reconoce el impasse de este discurso como un simple ajuste perimétrico a su cuerpo: “diseccionándola múltiples veces y rearmándola según la multiplicación de una de sus piezas o por la división de todo: teorías estéticas, teorías de género, teorías políticas, teorías evolucionistas impuestas sobre sus órganos, líquidos, músculos y dientes”. Finalmente, el libro no aventura una respuesta definitiva a las cuestiones teóricas acerca de la enfermedad y la sexualidad. Bien podríamos decir que esto se debe al carácter inacabado del libro, pero sería más atinado atribuir esto a la resistencia en los estudios queer de definir, etiquetar y dar respuestas definitivas. Más bien, Operación al cuerpo enfermo funciona como un recordatorio de que, si llegamos a vivir lo suficiente, cada uno de nosotros será un enfermo. De ahí la urgencia por re-articular la noción de cuerpos anómalos para que nuestros cuerpos no sean diseccionados, mutilados, zurcidos, anestesiados, inyectados con la simple intención de estar sanos. Para que finalmente los médicos entiendan que “no estar enfermo no implica querer estar sano”.

Evidentemente, la propuesta del libro no es rechazar la posibilidad de vencer el cáncer ni de aliviarse. La sugerencia de Loo es más sutil: el cáncer y el vih son enfermedades tan difíciles de sobrellevar precisamente por el lenguaje que se utiliza —basta con recordar la definición de paciente: el que padece y aguarda; o bien, el miedo del médico al diagnosticar cáncer— que termina por convertir al paciente en un cuerpo enfermo que necesita ser erradicado. Dicho de otra manera, la sugerencia es dejar de pensar en la enfermedad como una anomalía.

A manera de conclusión, me gustaría resumir las razones estéticas por las cuales vale la pena leer Operación al cuerpo enfermo. Primero, ediciones Acapulco es una editorial que se caracteriza por su cuidadosa atención a los detalles de manufactura y diseño, como se señala en el colofón del libro, el cual replica el formato del colofón de Clinical uses of intravenous Procaine. En este caso, el cuidadoso diseño incluye una selección de dibujos tomados de los libros Traité d’anatomie humanie y Nuevo sistema de curación natural que acompañan los fragmentos corporales de la escritura de Loo. Estos dibujos, sumados a la estructura fragmentaria del libro, cumplen con el efecto previsto de posicionar al lector frente a una mesa de operaciones sosteniendo un manual de anatomía humana. Segundo, y como dejé entrever en la reseña, Operación al cuerpo enfermo es un libro que combina discursos teóricos, métodos del ensayo literario y la poesía, que tiene personajes y una historia que se sale del plano de la ficción, todo con un lenguaje pulcro y elegido con sumo cuidado. Es un libro que, siguiendo su propia lógica y haciendo eco de su influencia queer, invita al lector a re-articular la noción de género literario. Si bien ediciones Acapulco lo clasifica como poesía, la sensación que me queda es que quizá sea hora de abandonar las clasificaciones obligatorias.

 

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