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Las maneras del agua, Minerva Margarita Villarreal | Hugo Hiriart

Dios a través del cuerpo

 

Minerva Margarita Villarreal, Las maneras del agua, Fondo de Cultura Económica/ Instituto Cultural de Aguascalientes/Instituto Nacional de Bellas Artes, México, 2016, 84 p.

 

Es común que se tenga a la mística como cosa enigmática, escondida, difícil. Sin embargo no, es fácil entender qué es la mística; lo difícil puede ser poner en práctica eso que se entiende fácilmente. Pero puede intentarse, cualquiera puede hacerlo. Basta estar solos y en silencio en algún lugar recóndito y tratar de comunicarnos con el Dios que sentimos que está dentro de nosotros. Dios es prima un sentimiento, no una idea, y no hay que olvidar que la comunicación con Dios es a través del amor, y el amor no aparece o aumenta a voluntad. Nadie dijo que fuera fácil la comunicación. Pero recomienda Teresa: “háganlo con alegría, sin apurarse, ni apresurarse y sin ningún temor”.

Religión, una definición, la de Schleiermacher: es el sencillo sentimiento de una relación de dependencia con algo superior a nosotros y el deseo de entablar relaciones con esta misteriosa potencia. El correlato del sentimiento de Dios es el sentimiento de criatura, no se da el uno sin el otro.

Misticismo es, según Tomás el Aquinate, cognicio Dei experimentalis (conocimiento de Dios a través de la experiencia). Esta experiencia consiste, según dijimos, en la percepción inmediata, directa, inexplicable de la presencia de Dios.

“Místico es aquel al que se ha concedido una expresión inmediata, sentida como real, de la divinidad, de la realidad última, o bien, aquel que cuando menos la busca conscientemente”.

‘Tal experiencia puede haberle venido al místico por medio de un repentino resplandor, una iluminación, o bien como resultado de largas y acaso complicadas preparaciones, a través de las cuales ha intentado alcanzar o efectuar el contacto con la divinidad”.

¿Cómo es Dios para nosotros? Aunque de Dios no sabemos nada, recordemos que, como decía san Agustín, Dios no está afuera sino está dentro de nosotros. Ahí está, lo sentimos, podemos comunicarnos con Él, le hablamos de algún modo y de algún modo nos enteramos de lo que nos dice. Todo sin pronunciar una sola palabra. Y, esto es lo decisivo, sentimos que Dios nos ama, le debemos todo, nuestra vida. No es Él el ser todopoderoso, distante, el juez que acecha, el que arroja gente al infierno. Podemos entender estos pensamientos: Dios está en el cielo, ¿qué es lo que nos impide vivir también en el cielo? El cielo existe. ¿Por qué no habría de vivir en él? Pero aquí es donde la mística a todo le da vuelta y se acerca a Dios: de hecho es más bien lo contrario, es el cielo el que vive en mí.

La experiencia mística, como se sabe, es inefable. Inefable no quiere decir otra cosa que no puede ponerse en palabras porque si una experiencia mística es entendida racionalmente, entonces ya no es experiencia mística. No puede ponerse en palabras ordenadas y comprensibles, pero sí puede ponerse en poemas que, si son buenos, tampoco pueden entenderse racionalmente. Dice el poeta: “Porque de el fondo del río/he sacado mi mano y la he puesto a cantar”.

Dice inexplicablemente el poeta. Para quien dude, ahí está para probar el carácter incomprensible racionalmente de la poesía, el Cantar de los cantares o estos admirables poemas de Minerva Margarita Villarreal:

 

y de cuatro maneras germinará lo plantado:

Agua del pozo

Agua de noria sin anegar el huerto

Agua de río o del arroyo

Lluvia del cielo

 

A partir de esta imagen se combina el agua con la sangre de Cristo. Agua purificadora, pero también medio que transporta el éxtasis divino. Agua y sangre fluyen y se contienen dentro del cuerpo, como en un vaso. “Dios por mi sangre como un pez”, dice la poeta.

Se registran, además, imágenes cotidianas del siglo xvi, y estas imágenes se mezclan con el Monterrey actual, pues si el cuerpo es vaso que contiene al agua y al éxtasis, también es una forma de conectar el tiempo de la autora con el tiempo de santa Teresa. Vaso comunicante.

 

Seré una alcantarilla en manos de Teresa

una fiebre de oro de las llagas de Cristo

un cielo desprendido del siglo dieciséis

una viuda oscilante    un dominico en ascuas

una familia perseguida

 

En el Monterrey actual, violencia y nostalgia por lugares que ya no existen. Surge la conexión con drogadictos en una especie de comprensión por medio del éxtasis divino. En una brillante muestra del arte de enumerar, dice la poeta:

 

Los autobuses plañideros

y el alcohol

las muchachas

al borde de las vías

las alamedas

desaparecidas

las bebidas

adulteradas

las benzodiacepinas

 

Imágenes de la infancia. Imágenes extrañas que no pululan en todo el libro. Como si fueran mensaje cifrado, una culpa, como si escribir entre líneas sobre el tema fuera, por sí mismo, una forma de lavar la conciencia. A través de estas imágenes evoca a otras mujeres y es el habla de muchas mujeres, todas las mujeres.

 

Había muerto de infarto

pero pudo haber muerto de asfixia

pudo haber muerto ahogada

o de un golpe en la sien

dadas las altas dosis de alcohol

que la perdían

encerrada en su celda

o la dormían

anestesiando su impotencia

la rabia   el coraje

 

Las imágenes cotidianas se van hacia los campos, la lluvia y el riego. El agua se convierte en vida y en éxtasis.

 

Entonces mientras mi hermanito cuidaba mi cuerpo

como Lázaro

me levanté

y volví

 

Imágenes sensuales.

Pero hay mucha sensualidad en varios poemas, sobre todo cuando el cuerpo se sumerge en el agua o cuando se expone al viento:

 

y mis cabellos se alargan de orilla a orilla

como una red castaña que se desteje

bajo el lento ritmo de la guirnalda

que hace bailar el agua

 

Y aquí se me acaba la cuerda. Entre los hábitos flotantes de Teresa de Jesús y el erotismo de Las maneras del agua.