La filosofía del límite como filosofía de la cultura, de Carlos Girón | Leonarda Rivera

Habitar el limes

 

 

Carlos Girón, La filosofía del límite como filosofía de la cultura, Fondo Editorial Estado de México, México, 2015, 174 p.

 

A finales de los sesenta, Eugenio Trías publicó su primer libro, La filosofía y su sombra, y su irrupción en el escenario intelectual barcelonés coincidió con el nacimiento de las grandes editoriales y la renovación misma de la vida cultural y artística de Barcelona. A Eugenio Trías le tocó ser parte de ese gran proyecto que emprendió la editorial Salvat en los años setenta: la ampliación de su enciclopedia. Y muchos escritores e intelectuales de la época circularon por las oficinas de la editorial para dejar su colaboración. En El árbol de la vida, Trías narra su experiencia como encargado de la sección de filosofía, y de los diversos cambios culturales que fue sufriendo la ciudad en el periodo de la transición posfranquista. Durante esos años, Eugenio Trías fue el introductor de algunos textos del pensamiento francés en el mundo de habla hispana. Por ejemplo, la primera traducción de Jacques Derrida se produjo en una pequeña colección de cuadernos de Anagrama. Él mismo tradujo “La estructura, el signo y el juego en el discurso de las ciencias humanas”.

La primera parte de la obra de Eugenio Trías está marcada por el pensamiento francés. De hecho, nunca negó la fascinación que produjo en él  la Histoire de la folie à l’âge classique, de Foucault. De ahí que sus primeros ensayos estén plagados de referencias a este pensador. Los dos primeros ensayos que conforman su segundo libro, Filosofía y carnaval y otros textos afines (1971), son comentarios a la obra del autor de Las palabras y las cosas. Los títulos de esos apartados son más que evidentes: “El loco toma la palabra” y “Arqueología de la cultura occidental”. A esta época pertenecen también Meditación sobre el poder, Tratado de la pasión, El artista y la ciudad, Lo bello y lo siniestro, así como obras menos conocidas: Teoría de las ideologías y Metodología del pensamiento mágico.

La orientación filosófica de Eugenio Trías comenzó con la conciencia de un olvido o de algo inhibido o censurado que merecía ser considerado filosóficamente. A esto, por lo consiguiente, se refería la palabra “sombras” en su primer libro. Se trataba de ir recorriendo el cerco de sombras que una razón restrictiva y poco aventurera iba dejando tras de sí: el olvido de la metafísica, el pensamiento mágico, la locura y la sin-razón como amenazas a la identidad del sujeto y al ser de máscaras en que podía descomponerse;  la pasión en relación con el sujeto activo y racional; lo siniestro en relación con los cánones estéticos que elevan lo bello y lo sublime;  lo sagrado y lo religioso en la forma de razón ilustrada occidental o lo simbólico en una razón incapaz de establecer un nexo profundo con ello.

Pero si los sistemas filosóficos fueran una especie de escenarios teatrales y cada uno de los conceptos fueran personajes que van apareciendo en escena hasta que de pronto uno de ellos roba todo el escenario, entonces diríamos que en el caso de Eugenio Trías ese personaje es el concepto de límite. La segunda etapa de su pensamiento está marcada precisamente por esta noción, el limes, el límite.  Este concepto se deja ver con toda su fuerza en Los límites del mundo (1985), un libro que tiene una clara resonancia de Wittgenstein. Con este libro la obra de Eugenio Trías sufre un punto de inflexión, pues a partir de él empieza la construcción de todo un sistema filosófico fundamentado en el límite. Pronto aparecerían libros como La lógica del límite, La ventura filosófica, entre otros, en los que Eugenio Trías procedía a pulir el concepto recién descubierto. Sin embargo, hablar del límite en términos filosóficos no era un tema nuevo y, consciente de ello, Trías dialoga con la tradición. Se aproxima, pues, a la idea del límite desde la herencia filosófica moderna, que de Kant a Hegel, y de éste a Wittgestein, se había detenido a pensar el límite. Sólo que para estos autores en la idea de límite primaba siempre un carácter restrictivo y negativo, además de que se le daba únicamente un carácter lógico o epistemológico y lógico-lingüístico. Frente a éstos, Eugenio Trías piensa el límite en términos ontológicos. ¿Cómo se explica el problema del límite desde la ontología? Su teoría de los tres cercos nos proporciona elementos visuales para entender esto. El límite lo es siempre del cerco del aparecer (conocido también como mundo) y en referencia a algo (igual a X) que Eugenio Trías denomina cerco hermético (también podríamos llamar mundo de lo sagrado o el Arcano).  Para explicarlo solía dibujar tres círculos entrelazados, dos de ellos definidos y determinados, aunque uno más estrecho que el otro, y un tercero espectralmente difuminado.  Estos cercos no son estáticos, sino que además de moverse ejercen presiones y embestidas unos respectos de otros, de ahí que los círculos aparezcan con pequeñas flechas que indican esa “agresividad” que le es propia. El límite lo es entre lo que puede decirse y lo que debe callarse; o entre lo decible y lo indecible. Pero ese limes no es sólo un “Muro” (de silencio) que impide todo acceso a lo inaccesible, sino que contempla aperturas, puertas, mediante las cuales se podía promover cierto acceso a lo inaccesible. Ese acceso es, según Eugenio Trías, de naturaleza simbólica.

Todos los filósofos tienen un laboratorio personal en el que experimentan o discurren sobre temas diversos. Para Eugenio Trías ese lugar siempre fueron las artes, la música, la literatura. Pero también hay que decir que Eugenio Trías siempre se negó a aceptar lo que llamaba “especialidades filosóficas” y sostuvo que la filosofía era sólo una con la posibilidad de mirar hacia muchos lados. Su obra misma se despliega bajo la imagen de una ciudad fronteriza, que cuenta con cuatro barrios, a saber: 1. el de la razón fronteriza (que comprende las temáticas relacionadas con la ontología y la teoría del conocimiento); 2. el del uso práctico de la razón (encargado de la filosofía cívico-política que se desprende de la filosofía del límite); 3. el barrio de la cita (simbólico-religiosa) del hombre con lo sagrado y, por último, el barrio correspondiente al arte (donde se da la formación simbólica del mundo a través de la poiesis).

La filosofía del límite como filosofía de la cultura, de Carlos Girón, es una introducción a la magna obra de este pensador catalán. Para quienes no la conocen, el libro de Carlos Girón es una gran guía para recorrer la ciudad del límite, barrio por barrio. Aunque la mayor parte del libro esté centrado en La edad del espíritu, Carlos Girón no permite que esa gran vía opaque aquellas callejuelas que conforman la ciudad del limes. Como todo buen viajero que recorre una ciudad, Carlos Girón se pierde o se detiene demasiado tiempo en un solo espacio o barrio, pero el lector comprende porque desde el comienzo se advierte que, en ese paseo por la ciudad, se buscará la probabilidad de encontrar en la filosofía del límite una filosofía de la cultura.

Carlos Girón es tal vez el discípulo más joven que dejó Eugenio Trías; estuvo muy cerca de él en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, donde éste dio clases durante los últimos veinte años de su vida. Y este libro es, hasta dónde sé, el segundo trabajo que un mexicano escribe sobre la obra de Eugenio Trías. Hace unos años Ediciones sin Nombre publicó La existencia y sus sombras, de Crescenciano Grave, otro de los expertos en la obra del pensador catalán. Este libro de Carlos Girón se suma a una serie de trabajos en torno a la filosofía del límite que, desde hace más de diez años, han ido apareciendo. El primero de ellos, de José Manuel Martínez Pulet, Sobre las variaciones del límite, seguido por los libros colectivos El límite, el símbolo y las sombras, dirigido por Andrés Sánchez Pascual y Juan Antonio Rodríguez Tous, en el que colaboran doce escritores, y La filosofía del límite. Debate con Eugenio Trías, coordinado por Jacobo Muñoz y Francisco José Martín. También hay que mencionar ese amplio estudio, Razón y revelación sobre la filosofía de Trías desde la óptica de su vertiente metafísica (ontología y filosofía de la religión), escrito por Arash Arjomandi, así como La otra orilla de la belleza, de Fernando Pérez Borbujo.

Si bien es cierto que el libro más ambicioso de Eugenio Trías fue, en su momento, como él mismo lo manifestó, La edad del espíritu, creo que las obras cumbres de su filosofía son El hilo de la verdad, Ciudad sobre ciudad. Arte, religión y ética en el cambio del nuevo milenio, y El canto de las sirenas, ya que son obras que sintetizan los entramados principales de la filosofía del límite a la vez que recuperan el discurso festivo y la preocupación por las artes presente en los primeros libros. De hecho, en Ciudad sobre ciudad, Eugenio Trías se contempla a sí mismo bajo la metáfora de un viejo agur que inaugura su ciudad ideal. Recordemos que en los ritos de fundación de las ciudades antiguas la figura del agur representaba a una especie de sacerdote que trazaba los límites de la ciudad. En Ciudad sobre ciudad podemos leer pasajes como “Esa ciudad entre tanto se me ha ido construyendo en sus principales barrios y arterias, y ahora se trata de inaugurarla. Es una ideal, tal como corresponde a una propuesta filosófica; pero que intenta convalidarse en el orden de las exigencias y apremios de la ciudad real (sociedad, cultura) hoy en curso. Esa ciudad, como se verá, posee cuatro circunscripciones. Cada una de ellas se me ha ido formando de manera espontánea en mi creación filosófica. No ha sido un crecimiento planificado. No se trata de una ciudad filosófica en el sentido en que ese gesto inaugural se produce en la tradición que Descartes inaugura. No es una ciudad racional, al modo de Le Corbusier, urbanista y planificador. No es una ciudad cartesiana que se impone sobre la palabra y la escritura. Es, más bien, como señala Wittgenstein en sus Investigaciones filosóficas, una ciudad que al estilo de las viejas ciudades europeas posee sus barrios y suburbios sobre los que se edifican nuevos acomodos urbanos, y en donde conviven viejos barrios con expansiones o ensanches de nueva planta.”

El libro de Carlos Girón, La filosofía del límite como filosofía de la cultura, es un mapa que invita a recorrer la ciudad del limes a través de ciertos puntos y sugerencias. El capítulo primero está dedicado a la categoría del símbolo desde una perspectiva ontológica, mientras que el segundo se centra en los conceptos de Eros y poiesis. El tercer capítulo por su parte intenta responder la pregunta inicial: ¿es posible ver en la filosofía del límite una filosofía de la cultura?

En España y en Latinoamérica hay muy buenos historiadores de la filosofía, exégetas de los clásicos, muy buenos profesores, pero muy pocos se atreven a hablar por sí mismos, desde un pensamiento propio, y Eugenio Trías fue uno de estos. Trías construyó un sistema filosófico fundamentado en la noción de limes, límite, un concepto ontológico pero que tiene una dimensión claramente pragmática. El límite es donde se vive, el lugar donde vive el hombre: “Los límites del mundo somos nosotros mismos, con un pie implantado dentro y otro fuera. Somos los límites mismos del mundo”, como está dicho en Los límites del mundo.