K.L. Reich, de Joaquim Amat-Piniella

K.L. Reich, de Joaquim Amat-Piniella | Leonarda Rivera

El infierno sobre la tierra

 

 

Joaquim Amat-Piniella, K.L. Reich, Libros del Asteroide, Barcelona, 2014, 289 p.

 

El llamado cine del holocausto o de la memoria nos ha acostumbrado que al escuchar “campos de concentración” o “genocidio nazi” pensemos en los millones de judíos que fueron victimados por el régimen nazi. Pero no debemos olvidar que en los campos de concentración había personas de muchas nacionalidades, entre ellas españoles. Según datos oficiales, fueron cerca de ocho mil españoles los que ingresaron a los campos de Mauthausen, situados en territorio austriaco. Sobrevivió menos de la tercera parte.

La pregunta es: ¿y cómo llegaron esos españoles a los campos de exterminio? La vida del escritor Joaquim Amat-Piniella, autor de la novela testimonial K.L. Reich, responde muy bien a esta pregunta. Como muchos escritores republicanos, durante los años treinta, Amat-Piniella participó en diversas actividades culturales y políticas en favor de la Segunda República Española. Tras su caída tuvo que salir al exilio y huyó hacia Francia, donde fue capturado e internado en los campos de concentración. Muchos españoles republicanos corrieron con la misma suerte: fueron internados, primero como prisioneros de guerra, mezclados con los franceses, luego conducidos como apátridas indeseables a los campos de exterminio.

Libros del Asteroide ha hecho una excelente apuesta al reeditar este clásico de la literatura concentracionaria. K.L. Reich es una novela, no un libro de memorias. En ella su autor transfiere sus experiencias y sufrimientos a los personajes que van desfilando por ese infierno en la tierra. Francesc y Emili son dos personajes inolvidables, dos ex soldados republicanos que en el exilio comienzan a trabajar para el ejército francés. Cuando éste se rinde ante la comitiva nazi, son capturados y deportados a los campos de Mauthausen junto con otros exiliados españoles.

Emili, el joven protagonista de la historia, es un dibujante que logra sobrevivir haciendo estampas pornográficas para el SS jefe del Kommando en turno. Sus dotes artísticas le ayudan a sobrevivir en los distintos Kommandos por los que va pasando: “Cuando la existencia de un dibujante fue conocida, Emili se ahorró muchos días de trabajo a la intemperie. El comandante, por ejemplo, un sargento de las SS algo maduro, le encargó la reproducción de las fotografías de su mujer y de los siete hijos que tenía, concediéndole permiso especial para que se quedara en el campo hasta terminar el trabajo.” Pero no todos los españoles corrieron con la misma suerte, muchos vivieron el horror que representaba Mauthausen, donde los presos morían por el agotamiento del trabajo en cantera o en las ejecuciones, torturas, falsos suicidios, experimentos médicos mortales, etc.

Estructurado en dieciocho capítulos, el libro es la crónica del horror cotidiano de los campos de concentración. En K.L. Reich, como en el infierno, el tiempo parece estancado en su propia eternidad y más que avanzar se estira hasta casi reventar los propios límites del campo. A veces las noticias llegan (“los norteamericanos están cerca o el ejército ruso avanza”), pero eso parece afectar poco la vida de los internos.

En los campos de concentración también había jerarquías. Había una diferencia abismal entre los que tenían patatas para la sopa del domingo y los que no; entre los que tenían para fumarse un cigarro, los que eran amigos del kapo, etc. Entre las páginas de K.L Reich podemos encontrar desde la historia de una “casa de putas” hasta las historias de los jóvenes españoles esforzándose para salir con el Kommando de las novias, mujeres que manejaban las máquinas y que, en su mayoría, eran francesas “voluntarias” y ucranianas, arrancadas violentamente de sus países y sometidas a la más vergonzosa esclavitud.

En su novela testimonial, Amat-Piniella también nos deja ver la horrenda red de corrupción en el interior de Mauthausen, las distintas clases de reclusos, los accidentes y suicidios inducidos: “los blockältester empezaban por explorar qué enfermos llevaban piezas de oro en la boca. Con mucho tacto y siempre según de quien se tratase, procuraban acelerar la decadencia y la muerte de las víctimas escogidas. Un enfermo con dientes de oro duraba muy poco. En el crematorio se los arrancaban en un santiamén”. La organización tenía un cerebro rector, en el que participaban desde miembros de la SS hasta internos que se habían ganado cierta confianza. Entre ellos aparecía el oficial con una posición única para crear las más favorables condiciones para el negocio. Él era quien repartía a las víctimas entre los Kommandos más duros y organizaba, en algunos casos, los “accidentes fortuitos”, enlazaba las fases de la operación y tenía la información precisa ante la alarma.

Pero la novela testimonial de Amat-Piniella no sólo muestra el horror de los campos de concentración, sino también la esperanza y la solidaridad que había entre los presos españoles. Hay páginas muy emotivas en las que Amat-Piniella logra trasladar la solidaridad entre hombres nacidos en un mismo suelo, una especie de hermandad dentro de la hermandad de los vencidos.

K.L. Reich fue escrita casi al mismo tiempo que Si esto es un hombre de Primo Levi, aunque se publicó hasta 1963, y es menos conocida que la obra de Levi. Pero las dos hablan del mismo infierno, las dos forman parte de ese infierno que se estableció en la tierra. De hecho, podríamos decir que casi toda la literatura testimonial sobre el holocausto reitera una sentencia de Primo Levi: “El infierno ha acontecido”, y cada una de las obras son ventanas que nos permiten mirar el horror escenificado en ese lugar donde parecía que el tiempo, al igual que en el infierno, se había detenido.

 

K.L. Reich, de Joaquim Amat-Piniella