Tres poemas de Jorge Ortega

SUBIDA AL MONTE URGULL

 

Al fondo el mar,

el sobrio mar de fondo

que se nos desdibuja.

 

Entre robles y helechos

la espiral de piedra no pulida,

las furtivas

y onduladas

terrazas del musgo.

 

La espuma de la hiedra

trepando por los troncos,

los cauces de hojarasca

crujiendo bajo una pisada en falso.

 

Rampas. Escalones

pacientemente relamidos

por el inofensivo alud del vaho.

 

Y el final en dónde o para cuándo:

la cumbre se escabulle a nuestros ojos,

pirámide borrada por la selva

en una distracción.

 

A mayor esfuerzo, menor la extenuación,

mejor la claridad de los confines

o pronta la llegada.

 

El poema se hace en el trayecto,

trata lo que tardamos

en alcanzar la cima

y descubrir ahí lo perseguido en vano,

la veleidad del aire, el resbaloso pez de las alturas.

 

 

HORTUS CONCLUSUS

 

He mirado de cerca al colibrí

y se ha puesto a flotar, activo en la quietud,

con la velocidad de una milésima.

 

En cada uno de sus aleteos

caben las rotaciones de la luz y el tañido remoto

de la cítara homérica en el jardín de Alcínoo;

 

los viajes del reflejo en la piscina

y las secretas músicas del día

en las hondas cañadas de la hierba,

lo que imaginas y percibes sin levantar un dedo.

 

Qué podría añadir a su destreza

sino estas apostillas, a manera de elogio,

a lo que habla por sí con el hecho de ser.

 

Afuera arde la épica de la sobrevivencia,

marchan las multitudes, discurren los inventos

y la historia se escribe con estruendo.

 

Lejos de perecer en dicho intento

me detengo a observar el picaflor

cuya vivacidad baraja y aglutina los enigmas

de todo el universo.

 

 

BOSQUE DE NIEBLA

 

Desescribir, borrar la exuberancia de esta línea

hasta volver a lo blanco

para decir la selva

de otro modo.

 

Para nombrar sin prodigar sus dones

o tener que acabar de enumerarlos

antes de que la lluvia nos alcance.

 

Como si el lenguaje,

como si la escritura nos bastara

para impedir que el agua.

 

Para reconocer las aves por su canto

o la vegetación

de golpe, a simple vista.

 

Andamos sobrados de nombres

o faltos de saber.

 

Cómo decir lo verde

y no hacerlo brotar en un color.

 

Igual que la belleza, la magnitud del bosque

cabe en la renuncia a proclamarlo.

 

Texto publicado en la edición 145 de Crítica


Escrito por Jorge Ortega

Es poeta y ensayista mexicano. Nació en Mexicali, Baja California, en 1972. Es doctor en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Barcelona. El año de 2007 fue incorporado al Sistema Nacional de Creadores de Arte (SNCA) en la disciplina de letras. Obtuvo el Premio Estatal de Literatura de Baja California en 2000 y 2004 en los géneros de poesía y ensayo literario, respectivamente; el Premio Nacional de Poesía Tijuana en 2001; y en 2005 resultó finalista único del XX Premio Hiperión de poesía convocado en España.

Durante los períodos 2000-2001 y 2002-2003 fue becario en la especialidad de poesía del programa de Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes.

Colabora en diversos medios especializados de Iberoamérica, entre los que cabe destacar las revistas Alforja, Crítica, La Tempestad, Letras Libres, Luvina, Mandorla, Nexos, Quimera y Revista de Occidente.

Actualmente es catedrático del centro de enseñanza técnica y superior CETYS en México.