imagen

Tres poemas de Balam Rodrigo

JOB PADECE GASTRITIS O DOBLE EPIFANÍA POR UN PLATO DE MOLE

 

Llorar la digestión…

Oliverio Girondo

 

En el dolor, duele hasta la luz:

 

He leído, Dios, la dulce llaga de tu ira

el díptico amargo de tu sílaba

reescrita con mole en mis entrañas.

 

He leído, sí, tu luz, tu ácido punzón

que labra en mi carne la impura cifra

de mi breve sino, el signo terco del glotón.

 

Caigo dentro del corazón del plato

ahogado en luz.

 

Ah, bilis de mi larva oscura

el pájaro de amargo canto que silba

en la mi tripa bebe tus cántaros de pus:

 

La hiel de tu mercurio negro fatiga

el aire en mis riñones

cava señales de alquitrán

y anuda fuegos de hulla

en mis cansados intestinos.

 

He leído, Dios, la dulce llaga de tu ira

el díptico amargo de tu sílaba

que muerde ¿para siempre?

mis tripas, mis entrañas.

 

(Las mismas vísceras que anhelan

a pesar de los prazoles y el ardor

su enésima ración de mole

su masoquista pasión por el dolor).

 

 

ESQUIRLAS

 

Varado el corazón entre la niebla

arrastra el hombre su muerta y esquirlada sombra.

 

Pétrea opacidad de ángeles le tañe

—fiel tañido— los moros, los ebúrneos labios.

 

Piernas lleva sobre hombros:

 

Ensueña y no camina, late.

 

¿Acaso no otra soledad más grande

que la de sombrada bestia nos espera?

 

Sueña entre la niebla y no camina:

 

Posregresa.

 

¿Varados latidos le yerguen y pernoctan?

 

Hundes la mano en esta página

y azabachadas saltan sus esquirlas.

 

Trina(r) o murmura(r)

zurda sombra que latida, es:

 

Reptante y nocticida, solo animal

de ciego andar muy mudo:

 

Vera solitud de pájaro cardígrado.

 

 

EL PESO DEL DOLOR

 

Un hombre. Su espalda atravesada

por una alta constelación de vidrios

que brillan como dientes o espinas de sangre

en un espejo de agua.

 

El cielo de su dorso lleva grabado

un nombre de letras inconclusas.

 

No sé qué aúlla ese glifo mordido por sus lomos.

 

Quizá diga la noche o la forma de una daga.

 

Echa en el piso —arúspice de sol—

semillas de vidrio para germinar

un peso o el peso del dolor.

 

Dice que sólo nos pide una moneda.

 

Un puñetazo —quizá tintineante—

que alguien pudiera darle en el estómago

para quitarle el hambre.

 

De reojo y de resuello lo observa su hija

recostada en una banca.

 

Brinca en su pecho una mujer con los pies juntos

y ensaya un doble paso

para hundir límpidas esquirlas.

 

Los tres nos miran: famélica trinidad.

 

Él grita de nuevo lo del peso

pero el peso del aire nos asfixia.

 

Saca el cantor del bolsillo una paleta.

 

Nada más amargo que un vidrio de miel

ante el martirio:

 

El poeta es el puñado de astillas

que atraviesan la piel de aquel hombre

y escriben un nombre sin acentos

en su espalda.

Texto publicado en la edición 154 de Crítica


Escrito por: Balam Rodrigo

Balam Rodrigo (Villa de Comaltitlán, Chiapas, 1974). Exfutbolista, diplomado en teología pastoral y biólogo por la UNAM. Ha publicado seis títulos de poesía: Hábito lunar (2005), Poemas de mar amaranto (2006), Libelo de varia necrología (2006), Silencia (2007), Larva agonía (2008) e Icarías (2008). Algunos de sus poemas forman parte de varias antologías. Ha obtenido diversos premios entre los que destacan el de Poesía Joven Ciudad de México 2006, el Regional de Poesía Rodulfo Figueroa 2007, el Nacional de Poesía San Román 2007 y el Nacional de Poesía Ciudad del Carmen 2008. Fue becario del Programa de Estímulo a la Creación y el Desarrollo Artístico (PECDA) del Coneculta-Chiapas, en el área de poesía, en 2005 y 2007. Ejerce la docencia en materia de Bioética, Religiones y Tradiciones de la muerte en México en instituciones del sector salud.