Martín Peregrina

Tres poemas | Daniel Bencomo

 

 

Las áreas de descanso en la cabeza de Gamoneda

 

Yeguas fecundas en la fosforescencia.

Yeguas de un azul muy óseo.

En otra falla de intensidad.

En la señal de alarma.

 

¿Es un colmillo magenta

o es un láser que desafía al láser alfa

para robarle su sitio?

 

Yeguas fecundas en la fosforescencia.

Yeguas abiertas por lo alcalino inminente.

 

De cabo a cabo de su relincho.

 

En la señal que todo el edificio roba.

 

La crin de una lluvia

de alta radioactividad.

 

 

 

Estatus de modulación

 

La menor variación de gotas ambarinas,

maples

praderas

y arces,

deforma el pensamiento de manera infinita.

 

Hay un equívoco en la ecuación de este paisaje.

Un error subtropical en cada verso.

 

El instante es una geoda arquitrabe

y el pájaro cae en su imán inmanente.

 

Un párpado huichol se hace cámara oscura

y levita asteroide

sobre un núcleo de plantas.

Las cuida por cuatro meses.

Tiende sobre ellas un cosmos fumigante.

Las torna invisibles.

 

Las noticias indican todo lo contrario.

Una trama de distinta violencia.

Un fulgor de extraños

barniza con baba la palabra polis.

 

Detecta el radar

una pulsión de cabezas

cortadas

a la base de los pinos.

 

Flamean esos árboles, nadie los llama a presencia.

Lo expresarán en la red.

Narcosis profunda de otro eco mundano

que no encadene los cuerpos.

 

Atrás de las montañas.

En el agua en penumbras.

 

 

 

Cementerio de baterías[1]

 

en el traslado a otros cuerpos, ideados en agua mecánica,

en el torno de control sobre el músculo, sobrevuelo a lo suave,

 

lo muerto pixel

en la biósfera medusario:

 

nitidez sobre nitidez, más delgada que una triza en el hielo:

su ácido hiere, limpia el cuerpo de errores políticos

 

pone a golpe de opinión pública:

 

contusiones, espuelas cowboy en el rostro,

rayos de hemisferio por un nudo polifémur

 

se quiebran zonas de contención, flujo de viola,

de violencia en el pulso

sobre el tañido en confusión del doping

 

you watch America off in the distance

 

el hemisferio desconectado el húmero en cañón:

la soga ráfaga de tiempo en tres incinerados

 

zonas voltaico-paranoides, un decir tribal inane,

una falla en las alarmas

 

copula con la arquitectura,

con la caries en el diente de león:

 

you learn the language

 

que no está, que no se ve, que ha sido desgastado

como la palabra rubí

 

al margen de esto, ¿qué hacer

 

para evitar el tráfico de la palabra a la imagen,

hacia lo afónico en imagen?

 

poco, líneas de gravedad y gigas extra en el espacio;

poco, entre las vísceras más lentas

 

you learn the language

 

y llegas a él como a un extenso manicomio de caballos:

un pony piensa en luz

 

en un lejano cementerio de baterías:

 

al igual que un micrófono

que registra el fraseo de la lluvia digitando

 

you have America at the back of your minds

cogitando

 

indaga el agujero en el ojo más público

ojo de esmeril que afila cuerdas

 

las vocales

con que rasga los tobillos.

 

En el traslado a otros cuerpos, nuevas virtualidades, un viejo vecino,

con un hijo imaginado en un infarto en Arizona,

 

te informa de los búnkers recientes

 

en Estados Unidos

mientras roba tus zapatos.

 

[1] Las notas provienen de la pieza sonora “The American Gift”, de Vito Acconci.