Francisco Gálvez

Dos poemas | Rodolfo Häsler

 

FORMENTERA

 

Agarra el reflejo, sin pensarlo, un salto infinito eleva el lecho de la ola, la estrechez de la luna y la suma del calendario, adéntrate en una turquesa mexicana, zambúllete y mira, mira en todas direcciones, desnuda osamentas, una higuera que no puedes abarcar. Ves pinaza y fruta en la boca de los más atrevidos, parpadea, no pierdas a nadie de vista en el vendaval que achicharra los cuerpos, no dejes de insistir, quítate los pantalones.

Vives sin oficio aparente, vas derecho hasta el mar, la aventura del ojo hace que todo suceda, apura la infusión de geranio.

Lame el pómulo mojado, mide su tibieza y anuncia que algo se acerca, una higuera más, una sepia muerta, un caballo de mar delirante. No es un modelo a seguir, sólo sirve para un momento, pero aprovecha y bebe champagne transparente hasta lograr la transfiguración, la obsesión de la palabra trouvadour.

Sigue cabalgando su lomo, el mar se escurre en las piedras y la piel se reconoce al sol, a esa distancia no sabes qué te vas a encontrar, no olvides el anzuelo, exprime el triunfo del deseo, afuera languidece el orégano, el esqueleto de un náufrago, el aceite en el pan y poco más. Todo se altera y aumenta el peso del entusiasmo.

 

 

 

ANDANZA

 

Sobrevolamos el paso de los vientos, un instante

a solas y puede que nos destinaran un lugar dañado,

por debajo de la sangre y la distancia.

Habíamos estado allí, pasamos calor, siglos atrás,

con el estallido del látigo y el sudor, en el fango del mercado,

ellas, acuclilladas bajo anchos sombreros de palmilla,

ellos mirando,

pero yo no veía nada de eso,

sólo aumentaba el saber en el recuerdo,

en la picadura del mosquito, tanto calor y un ápice de miedo

en la primera andanza sobre las baldosas de aquel hotel afrancesado,

gateando volvemos al horror,

ungido en el frescor del ventilador, del eterno girar,

bordeando el camino de la negación, borrando la línea patria,

mi padre siempre comunicando en francés,

esa sonoridad que vibra en el oído,

créole en todos los susurros, on se méfie des étrangers,

mi madre asustada, vestida maravillosamente bien

se perfuma de un miedo atroz, esa punzada que queda,

para nunca más desear lo que allí fuimos.

 

(Haití, 1958)

 

Francisco Gálvez

Francisco Gálvez