Obra gráfica de Alejandro Barretto

Dos poemas | Adalber Salas Hernández

IL MIGLIOR FABBRO

Es cosa rara, la sombra. Pertenece al cuerpo, brota

de él, pero no está hecha de la misma

materia sorda, sino de su distancia, su falta:

es el cuerpo a contracorriente. Aparece sin

aviso, cuando la luz nos golpea y derriba

algo en nosotros, algo que no hace ruido

al caer, que permanece en el suelo, humillado. Por

eso prefiero salir de noche, cuando el sol

no cuelga sobre la cabeza como un hacha o

un grito al que alguien ha sacado filo, con esa

claridad que lo vuelve transparente a uno y

descubre todos los andamios mal juntados bajo

la piel, la enramada desquiciada de las venas.

Cuando puedo pagarlo, me gusta ir a uno que

otro bar. El Pullman, por ejemplo, allá en la

Solano, sobre todo los martes de música retro. Me

siento en la barra, pido una de tercio y me la

tomo poco a poco, rindiéndola. Casi nunca paso

de tres. Antes íbamos al ZZ o La Fragata y bebíamos

whisky, cuando al salir después de las siete a uno

no le mordía la espalda ese sudor frío, ese sudor perro.

Los amigos se murieron o se fueron del país, son

los garabatos de la memoria, las astillas que

dejo por donde paso; ahora pido cerveza y bebo

solo, porque en esta vaina basta pedir etiqueta

negra para recibir vat69. Llego y busco un

espacio donde los bombillos no puedan

ejercer su estupidez y donde sea fácil

espiar a las parejas. No atraigo la atención

de nadie, quién va a querer escuchar mi voz

arrugada mientras cuento las nimiedades del día,

cómo cada vez escribo menos porque las letras

saltan de la página como pulgas y se esconden

después paso todo el día rascándome las

picadas, mira. Quién va a querer, ¿ah? Ya no

tengo ganas de robarle el sueño a las palabras.

Así que me siento en el Pullman y me dedico

a amasar el aire. Pero esta noche alguien se me

acercó. Un chamo delgado, moreno, no más

de treinta años. Me tocó el hombro y sonrió,

esperando que le invitara algo. Daniel Arnaldo, estás

hecho: le gustaban los tipos mayores, imagino.

Conversamos no sé de qué,

me está costando recordar las cosas. Estoy seguro

de que lo invité a mi apartamento y aceptó. Tengo

claro el tacto de sus manos remedándome la piel,

su cuerpo bajo el mío, hundiéndose en la cama

como un pez que busca fondo. Después, debo

haberme dormido sobre nuestra saliva cansada.

De esto no tengo duda porque me despertaron

unos ruidos. El muchacho estaba registrando el

cuarto con prisa. Me senté y lo llamé. No le habré

dicho su nombre, porque no lo sabía. Se volteó y

vi que tenía un cuchillo que habrá sacado de

mi cocina. La luz, la puta luz de la mañana se

reflejaba sobre él. Y fue ese brillo que me hundió

callado en el estómago. Creo que no reaccioné, ni

siquiera puse cara de sorpresa, todavía no tenía

el cuerpo de este lado de la vigilia. Me vi la raja,

no parecía algo que pudiera pasarle al cuerpo, una

boca mal formada, una boca a la que le comieron

los labios. Miraba desorientado, esperando que

saliera otra cosa, no ese caldo rabioso que yo

tenía por dentro, sino algo más, mi sombra,

expulsada de su escondite, sin saber dónde meterse. 

CURSO INTENSIVO DE BIOPOLÍTICA

Reportan los principales periódicos que hoy

un grupo de empresarios, en colaboración con

la Alcaldía Mayor de Caracas, acaba

de fundar una compañía que ofrece, por un módico

precio, la posibilidad de hondos recorridos a través

de la ciudad. Emigrados nostálgicos y extranjeros

curiosos podrán investigar las zonas agrestes de la urbe

y entrar en contacto con sus habitantes nativos

en una camioneta blindada conducida

por un profesional armando. El vehículo estará

abastecido con alimentos y bebidas de

primera calidad, así como productos

de las empresas patrocinantes. Tras firmar una

serie de autorizaciones, los exploradores podrán

participar de excursiones para buscar el origen

del Guaire, nuestro Nilo, y fotografiar la fauna

exótica que se apuesta en las terrazas de los

edificios u observa desde las ventanas

con ojos quietos como charcos de agua

tiesa. Varios políticos prominentes, tanto

de izquierda como de derecha, han reservado ya

sus pasajes. El folleto promete a los expedicionarios,

en un tono más bien lírico, que el trayecto les

descubrirá los mecanismos leves, casi

tiernos, de la misericordia.” Inmediatamente

después aconseja a los participantes que

no saquen las manos del vehículo durante

el recorrido, ni den de comer a los

caraqueños, pues sus cuerpos ya no están

adaptados a ciertos productos. También

se les pide guardar silencio o hablar

en voz baja, pues el aislamiento ha convencido

a los habitantes de la ciudad de que su lengua

es la única hablada en el mundo –y una cadena

de ruidos insólitos podría ahuyentarlos. Además,

añade el documento, así podrán escuchar

el susurro que intercambian los venezolanos

cuando creen que nadie los observa, un sonido

desvencijado, como una moneda vieja que pasaran

de mano en mano”. Numerosas celebridades han

manifestado frente a las cámaras su interés por conocer

estos parajes insólitos, donde el sol es una gota

de aceite y, cuando llueve, el agua avara roba la memoria

de los pobladores: ese yermo

donde los pájaros vuelan sin sombra.

Obra gráfica de Alejandro Barretto

Obra gráfica de Alejandro Barretto