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Dos Poemas

En el norte ya no hay playas

 

En el fondo verde de las botellas, ensortijados al vuelo de tardes y de Xanates hambrientos, de honduras de la tierra de los días, escucho la respiración del Venado azul.

Ahora lo tengo tatuado en la piel y canta.

 

Abro las ventanas: relámpagos de medianoche; las formas apenas nacen en la comisura de la página; desde el Níger hasta el Nazas he venido silbando la lluvia que no me cobija como una música infinita, y que taladra la cerradura de mi conciencia.

Serpientes, chacales y escorpiones vienen a buscarme por la tarde y no me encuentran.

 

En el norte ya no hay playas.

 

Horas pardas sobre el desierto de las madrugadas y el embiste de vientos brujos venidos quién sabe de dónde: no se detienen hasta llegar a las aceradas puntas de unos pies sólidos…

Entonces el flaco registro de los años se desmaya sobre la línea. Y algo me dice que continuaremos sobre la ruta incierta de las pesadillas tolvaneras; doce soles desde que decidí no esperar más y me he quedado con el aliento marítimo de tus puertos de la Imaginación.

 

Huele a ínsula.

 

La arcilla me ha moldeado el cuerpo y el pensamiento a través de los siglos de nubes.

 

 

 

72 horas con mi madre

 

para Gilberto Prado Galán

 

Las manos de mi madre

encontraron la sangre

devota de la tierra

y mis amanecidas sonrientes

en La Paz,

Puerto de Imaginación, Baja California Sur;

en los descubrimientos del relámpago

de un jueves infinito: azules y más azules agónicos:

último aliento…

(una oración para los que agonizan).

 

La luz ocular fue cediendo.

 

Mi madre tenía peces en el rostro:

un rictus mortífero es la mañana;

el aire huele a cuarto de hospital público

y a orines.

Las sábanas al fin cubrieron

los rigores del destino.

 

 

Ángeles cortando flores de azahar;

cae el ataúd sobre lágrimas,

sin sangre, sin jueves.

 

Tus ojos dejaron de emanar su dulce brillo

y voló tu espíritu sobre nuestras cabezas,

sobre la casa,

el patio,

tu naranjo,

entre las palmeras;

maullaron los gatos…

 

Y te ibas yendo…

te fuiste

en el mismo devenir del tiempo;

cuando crecían los almendros de la casa.

 

Tus manos heladas mutaron

para ser raíz de nuestros pasos sobre el camino;

transformación en el aire de los nogales

y las arenas del Cortés…

Texto publicado en la edición 147 de Crítica


Escrito por Julio César Felix

Nació en Navolato, Sinaloa, en 1975. Estudió Letras Hispánicas en la UNAM y actualmente radica en Torreón, Coahuila. Allí es coordinador editorial de la revista de creación literaria y pensamiento crítico Acequias de la Universidad Iberoamericana Laguna. Autor de los libros de poesía De noche los amores son pardos (Col. Tierra Adentro, CONACULTA, 1999), Al sur de tu silencio (Col.Centenario, DMC, Ayuntamiento de Torreón, 2005), De lagos, lagunas y otras danzas (Crunch editores, Mexicali, 2006) y Desierto blues (Col. La Fragua, Icocult/CONACULTA, 2006). Ha sido becario del FESCA de BCS y ganador del concurso nacional de los juegos florales de La Paz.