Grupo Mira

Cuatro poemas | Silvia Eugenia Castillero

 

Fuga

 

Meditabunda, salvaje,

te has vuelto una flor perfecta con sus sueños intactos.

Envuelves la nada. Dejas burbujas con tu aparición

de nenúfares.

Tu fuga parece una exploración imaginaria,

geométricos rayos solares

invadidos por el suspenso y ese paso fugaz del agua.

La memoria se vuelve un resumen:

excluye rostros y retiene sólo la mirada,

somnolencia de la mente;

un resquicio donde puede guardarse

el secreto de tus pies que corren,

tu falda atrapada en una ortiga,

tu indiscreta presencia en las hojas.

 

 

 

Permanezco

 

Tu partida temprana

en un febrero glacial

fue el intervalo entre el hueco

y una vegetación dormida.

El tiempo de todos los días se estrechó

hasta volverse riachuelo de recuerdos.

En el borde de la hierba

improviso los buenos días, las buenas noches.

Y un imparcial arbusto se refleja en las ondas mínimas

de una mínima corriente de agua.

A mitad de mi recorrido un mechón colorido

irrumpe; es un rosal, un código.

Se extiende el lapso de mi deambular.

Un estanque: mis dudas se pliegan.

 

 

 

Intervalos

 

Escanciar el propio tamaño del corazón

será estar de frente al intervalo

con dudas y ruidos escalonados.

Las sombras

harán boquetes hacia nuevos muros

y el intervalo será de noches futuras.

Un cáliz dentro de una recámara

frente a un arco

será el reflejo de escaleras exteriores

idénticas.

¿Y el escalofrío del corazón?

Encajes de pura luz plegados en la orilla.

 

 

 

Simetría

 

Tu certeza se vuelve angustia bajo los arcos opuestos,

uno contra otro, idénticos a sí mismos,

piedra tras piedra en arcoiris de formas.

La simetría nos turba más allá de cualquier idea;

arquitectura arácnida tu templo, corredores donde

tienes atrapados los sonidos,

luego lanzas ese como canto de pájaro

y el estremecimiento se expande.