mujer mirando un espejo

Cuatro poemas de Silvia Eugenia Castillero

ULRICA

Ulrica habría de morir,

de un lado se creaban nuevas esferas,

el tic-tac del mundo,

del otro Ulrica amaba al último hombre.

Habría de morir.

Predecía en sus pasos por la nieve

los futuros hallazgos. Sabía ir pasando

hacia el futuro: descorrer el umbral

neblinoso del después, donde hay un instante

como espada que aguarda y contundente

se hace piedra, y la vida queda muda.

Ulrica habría de morir pero la saga del amor

la hizo perdurar. Y ahí se quedó en los caminos

de York, amando a los caminantes. Les dedicaba

sus últimos momentos. Presa en el intersticio,

entre lo que no ha sucedido y las veredas nevadas

del presente. Allí conquistó la suavidad ganada a la muerte.

 

 

FRIEDA

Las ventanas muestran la noche, Frieda frente al espejo cruza la penumbra del ángulo de su propio cuerpo. Las ventanas regresan el vaho del frío nocturno. Noche cerrada y su tacto. Fea y seca, de cabellos cortos y ralos; hacedora de misterios. Percibe lo ancho en su frente y lo profundo del espejo frente a ella; un temblor, la desdicha; un temblor, el cansancio; un temblor, la miseria hasta de sus rizos trenzados. Frieda frente al armario de tres pisos de su cuarto, ahí donde no pasa nada ni nadie pasa. Sólo el miedo abrazado a las rodillas. Y los pasos de afuera que no cesan. Frente al espejo delicado el tiempo mediocre y sucesivo de  la luz eléctrica –que no cesa– agobia y se caldea entre las piernas de Frieda. Y siempre el agotamiento. Más allá en su memoria, infinitos cantos. Más allá en su memoria el ángel aparecido entre sus ropas. Cuando ella era Agar huyendo, perdida en el desierto.

 

 

LA MIRILLA

Frieda llega turbia a la habitación: llega a qué. Mirarlo a él por la mirilla. Frieda no lo ve, lo sueña. Dice decir, qué. Dice que la llama, que la seduce. Dice cuándo, dice para qué. Frieda se detiene en el muro, entre la cerradura y la invención. Va del cero al hombre, del nombre a él. Pero dentro él duerme. O distraído dormita. Dentro hay un bosquejo de hombre. Una idea de aquél que consiguiera existencia gracias al nombrar de Frieda. Alrededor los otros la miran, la creen, la sienten. Todos saben del misterio. Todos ignoran de Frieda su procedencia. Tiene como rostro de ángel. Lleva como un rastro de miseria. Una fealdad seca; una sonrisa forzada. La obstinación de imponer su sueño la vuelve bella.

 

 

LA CASA ROSADA

Frieda adapta su forma a la forma de la fotografía,

su vacío a la sombra del muro sobre ella,

ahí mismo en la esquina donde esperó tanto.

Adapta su gesto a la dicha, en la parte

interior de sus párpados. Frieda reanuda

un sueño perdido. Allí alguien la ve, alguien

la encuentra, en esa esquina cubierta de escarcha.

Entra en la casa rosada cerrada para siempre

sobre el candil de la esquina, en la puerta

donde todos los días esperaba que alguien entrara.

La esquina y el candil, el color rosado

sobre la escarcha. El recuerdo reducido al polvo

de los años de camarera, la tierra muda del salón

donde los días eran oscuros, encerrados y nadie venía,

nadie acudía, nadie.

Siete candiles, siete sueños unidos en una sombra

con siete dobleces, siete formas en la fotografía.

La esquina.

Texto publicado en la edición 151 de Crítica


Escrito por Silvia Eugenia Castillero

(Ciudad de México, 1963). Poeta y ensayista. Estudió la licenciatura en letras en la Universidad de Guadalajara y posteriormente un doctorado en letras hispanoamericanas en la Universidad Sorbonne Nouvelle de París. Tiene un libro de ensayos: “Entre dos silencios, la poesía como experiencia” (Tierra Adentro, Ciudad de México, 1992). En poesía ha publicado: “Como si despacio la noche” (Secretaría de Cultura de Jalisco, Guadalajara, 1993), “Nudos de luz” (con serigrafías de Rigoberto Padilla, Ediciones Sur y Universidad de Guadalajara, Guadalajara, 1995), “Zooliloquios” (edición bilingüe, traducción al francés de Claude Couffon, Indigo Editions, París, 1997) y “Zooliloquios – Historia no natural” (CONACULTA, colección Práctica Mortal, Ciudad de México, 2003). Ha sido becaria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en los períodos 1993-1994 y 1998-1999. En 2000 obtuvo la beca de estancia para traductores, otorgada por el Ministerio de Cultura de Francia, para traducir una muestra de “Nueva Poesía Francesa” de próxima aparición. Actualmente es directora de la revista literariaLuvina de la Universidad de Guadalajara.