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Cinco poemas | Anthony Seidman

Versiones de Jorge Ortega

 

 

Mezcal

 

Festival de la Guelaguetza;

medianoche en el zócalo.

 

Luego de que la roja

araña de la sed

rasguñara

mi garganta

y tejiera ahí

su red de ácido,

me bebí una botella.

La borrosa película

se expuso tal cual

ante mí:

las sombras se volvieron humo,

un torrente sanguíneo de color

roció el cielo

durante el apogeo

de la pirotecnia,

los fervorosos

envases

mientras

los dedos del xilófono

cavaban

en mis ojos,

la desplumada luz

de la memoria.

De este modo, espabilado

tropecé con las mujeres zapotecas

que arrodilladas

frente a un árbol

hacían libaciones para

el hombre-raíz,

la dama-pez,

y la pródiga muerte.

 

 

mezcal // Guelaguetza festival, Oaxaca; / midnight in the zócalo. // After the red / spider of thirst / scratched / down my throat / & wove / her web of acid, / I drank a bottle. / The salt film before / my eyes / peeled: / shadows turned to smoke, / a bloodstream of color / sprayed / in the boom / of fireworks, / the faithful / raised / bottles while / fingers of xylophone / dug / into my eyes, / plucked daylight / from memory, / thus, unblinded, / I stumbled by / the Zapotec women who / genuflected / before a tree, / poured libations for / man-root, / woman-fish, / and the prodigal dead.

 

 

 

El pacto a las afueras de chihuahua

 

Fue en una parada de autobús, pasada la medianoche,

en una fonda 24-7 con vestigios de hollín

en el azulejo de las paredes, y tinajas de puerco

hervido en salsa roja.

Salí; la luz vino hacia mí

desde las estrellas y las supernovas. Un viento

con tufo a orín movió las nubes de cobalto,

y los relámpagos cuartearon la noche, pegaron

donde el cielo se junta con la tierra, donde lo negro

toca lo negro, y se vuelve ni una cosa ni la otra.

 

 

making the pact outside chihuahua // It was a bus stop, and past midnight / at a 24 diner with smoke / basted on tile walls, and vats of pork / boiled in red chili sauce. / I stepped outside; light sped towards / me from stars and supernovas. A rust- / flavored wind stirred cobalt clouds, / and lightning cracked the night, struck / where sky meets earth, where black / touches black, and becomes neither.

 

 

 

Dios hostiga de nuevo lo infecundo

 

Después de leer a Joaquín Pasos

 

La tarde en Juárez. Las cantinas, vacías.

Un taxi repleto de soldados estadounidenses cruje sobre la grava.

Es la hora de la hojarasca

cuando los propietarios cierran las puertas y

las jóvenes maduras aún sin hijos

salen a la calle,

rompen sus camisas de tal modo

que ofrecen al viento sus senos desnudos, que él se encarga

de afilar como volcanes.

 

 

god torments the barren once again // After Joaquín Pasos // Evening in Juárez. The cantinas, empty. / A taxi stuffed with American soldiers crackles over gravel. / It is the hour of the leaf-storm / when homeowners lock their doors and / the childless, aging young woman / steps out into the street, / rips open her blouse so that / the wind will hone her breasts like volcanoes.

 

 

 

Alhaja de la sed

 

La puerta del fuego es un harpa de sangre.

La puerta del fuego son hojas de palma tendidas, suplicantes, frente las pezuñas de una cabra.

La puerta del fuego es la esperanza en una espina de maguey.

La puerta del fuego es una aguja enhebrando el agua por el ojo de un camello.

Mas tú eres una puerta de fuego con estómago de trigo,

Tú con tu lengua de fango,

Tú con tus dedos de lluvia,

Tú con un hacha reventando el sol,

Tú con tus pies de leche,

Con tus pechos de hiedra,

Con tus cejas que crujen de noche y tejen una fronda para la luna,

Con tus ojos del color de la melena de un león.

Oh mundo siempre comido por la sed,

La puerta del fuego es agua y

Palabras desbordando un cielo sin pájaros.

Oh sed nunca saciada por la vida,

La puerta del fuego es Tiempo que desova, amamanta, y luego me devora.

 

 

jewel of thirst // The door of fire is a harpsichord of blood. / The door of fire is palm leaves thrown supplicant at the hooves of a goat. / The door of fire is hope in a maguey thorn. / The door of fire is a needle threading water through the eye of a camel. / But you are a door of fire with your stomach of wheat, / You with your tongue of mud, / You with your fingers of rain, / You with an ax splitting open the sun, / You with your feet of milk, / With your breasts of ivy, / With your eyebrows that rustle at night and weave a frond for the moon, / With your eyes the color of lion’s mane. / Oh world forever eaten by thirst, / The door of fire is water and / Words brimming over with a sky no birds contain. / Oh thirst never slaked by life, / The door of fire is Time that spawns, suckles, then devours me.

 

 

 

Vermeer

 

Incluso el polvo y un tallo de paja en el suelo de la cocina resultan visibles. La lechera vierte un hilo de seda, cuajado a la boca del cántaro. En la mesa, porciones de pan de trigo barnizadas por el oro de la memoria, mientras la mujer contempla fijamente su faena, los músculos de los codos tensados por el peso del cántaro. Detrás hay una pared blanca jaspeada de amarillo, con un clavo y su menuda sombra de microbio. Fuera del lienzo, yo sólo tengo la paciencia de pintar un desnudo de unos cuantos brochazos, pero Vermeer incluye las costuras de la ropa mostaza de su criada. Y me lleva de vuelta a la lenta deriva después del amor, cuando una cabellera roja arde contra la almohada blanca; me remite a una tarde de la adolescencia en la que estoy sentado junto a una ventana, siento el sol a mi espalda, y observo las piruetas de las partículas del polvo en una ingravidez más antigua que la primera manzana en caer de la rama.

 

 

vermeer // Even the dust and spear of straw on the kitchen floor are visible. The milk-maid pours a silken thread, clotted at the pitcher’s mouth. On the table, loaves of wheat bread varnished by the gold of memory, while she gazes down at her chore, muscles around her elbows straining from the pitcher’s weight. Behind her is a white wall, yellow-spotted, with one nail and its microbe-thin shadow. Outside the canvas, I only have patience to paint a nude with a few brush strokes, but Vermeer includes the stitches on his maid’s mustard-colored blouse. And he brings me back to slow light drifting after love, when her red hair burns against the white pillow; he brings me back to a boyhood afternoon where I sit by a window, feel sun on my back, and watch dust-specks pirouette in a weightlessness older than the first apple falling from the bough.