Francisco Gálvez

Alba | Gabriel Bernal Granados

Si contestaras una sola de mis cartas,

sería prueba suficiente

de tu existencia allende la palabra (alba)

 

Si mi frente declinara frente

a la debilidad inoperante (del lenguaje)…

El silencio, la más hostil de las palabras junto al fuego…

 

Contra el fuego me declaro indefenso

Contra el muro inoperante del silencio

Cuando nada pasa (sólo abril,

sólo fluye la palabra beso).

 

Y entre los árboles, el viento:

 

 

Nada dice nada

Nada encima de la nada

Nada glosa de la nada

 

Noches como guaridas descuartizadas para el insomne

Y el mundo y sus sonidos —metidos en un desierto

lapso parentético

bramido de perro aniquilado

(astillas)

que ladra cien veces contra el viento

enlutado de la noche

 

el bosque, el aroma, el veneno, ¿los colores?

 

(ella) ha cancelado los colores

los ha cincelado en el muro

rojo oscuro del silencio insomne

 

la piedra el olvido el muro

(ondas me arrullan con el agua clara)

 

el ritmo es ajeno al silencio

y pasan mis dedos por los eternos contornos de tus labios

y asientes —vociferas— con una leve inclinación de algas

 

Un elenco se organiza. Una parvada de pájaros salvajes.

Vaga cintilación de ideas. Papel que desciende planeando de una ventana y se detiene

antes de tocar el suelo (palabra fiel como instrumento)

antes, mucho antes de modificar el suelo

 

Si leyera lo que piensas,

lo que piensas no sería tan complejo como lo que sientes o lo que dices o lo que haces

—todo esto puedo verlo, pero no es como la hoja de mi cuerpo

 

antes de horadar con el alma el suelo

 

—tan liviana—

 

y el suelo

 

tan insomne

 

 

Desciendo por los costados de un desfiladero (es tu cuerpo). Y se pierde. Todo se pierde y desmorona y termina pareciendo algo menos que un imperio derruido por la lenta destrucción del tiempo. Los desastres, como hilos de lluvia por las orillas del lenguaje. Caída libre de rumores de sangre entre las rendijas de una alcantarilla (el torrente sanguíneo de mi cuerpo). De cuando el sonido se adelgaza. Si algo de todo esto permanece. Si algo de todo esto se equilibra. Abolición de la narrativa y sus goznes. Nada entre los bordes de una flor —que discierno con las yemas de unos dedos. Monumento al desconsuelo: el color escarlata: la sonata: de una flor

[Hace años,

era noviembre.]

  • ERES

    Bravo! Bello poema. Gran ritmo