Rito Aroche 2014 KDykstra web

Rito Ramón Aroche: escribo y nada más | Luis Jiménez Hernández

 

Después de habernos dado una vuelta por Indaya, un barrio pobre en extremo a la orilla del río Quibú, frontera entre Marianao y la Lisa, ambos municipios habaneros, terminamos frente a los arbustos de ajíes picantes en el patio de la casa del poeta Rito Ramón Aroche. En silencio y dejando caer los frutos en una bolsa de nailon, con esa habilidad innata para comenzar cualquier diálogo con mi entrevistado, comenzó este diálogo que bien pudo haber sido una conversación cualquiera entre amigos. Sin embargo, hubo muchas preguntas y respuestas interesantes sobre la creación poética y la presencia de distintas búsquedas en los procesos de la escritura creativa que no podían quedarse en el vacío.

 

Material entrañable es un libro que forma parte de muchos libros y, a su vez, contiene textos que carecen de tiempo. Podríamos decir que son atemporales. ¿Cuál es la perspectiva de Rito sobre el tiempo en la poesía y cómo estos saltos temporales juegan su papel en este libro, y otros libros como Andamios, a través del conocimiento consciente de la creación de un libro?

Todavía sigo sin tener claro si soy el mejor facultado para arrojar algunas luces sobre mi trabajo. Seguro puedes recordar las palabras de Cesare Pavese  cuando al referirse a su libro Trabajar cansa dijo: “Simplemente tengo ante mí una obra que me interesa, no tanto porque la haya compuesto yo cuanto porque, al menos durante cierto tiempo, la he creído lo mejor que se estaba escribiendo en Italia y, hoy por hoy, soy el hombre mejor preparado para comprenderla”. ¿Te imaginas? Y no debes olvidar que eran tiempos en que Ungaretti, Montale, Saba, Quasimodo… Igual pasa con Lorca cuando le expresaba a Gerardo Diego: “De tu poesía no digas nada…” Por ese camino me asientan las de García Márquez en momentos en que le achacaban influencia de William Faulkner: que le gustaba ver a los críticos patinando en la oscuridad, al atribuirle influencias y libros y lecturas que por su cabeza siquiera habrían pasado. Así las cosas, probemos: Dígitos en el óvalo (estamos en 1989) era ya para entonces un hecho consumado. Aun así, Material entrañable vio su definición mejor hacia 1990. Había concluido a la par casi otro que se llamaba Diferencia de la sangre. Siempre me pareció mejor el segundo, quizás porque era más ambicioso pero, mira tú, me dejaba insatisfecho. Era algo que no me permitía estar en paz conmigo mismo. Había un no sé qué en él que había que resolver y yo, entre balbuceos, quizás por estar tan cerca, o ser el padre de la criatura, no podía definirlo. La solución vino con el tiempo. Di a leer Material entrañable a varios amigos de diferentes tendencias y aunque yo notaba que les parecía rara mi propuesta, no lo veían “mal”. El otro no se lo enseñaba a nadie ni muerto. O sí, pero muy poco. Con terror prácticamente. No te diré cómo, pero sí te puedo decir que un día, conversando con un amigo de otros asuntos, en su diálogo comprendí que el problema de Diferencia…, entre muchísimos, era que había dos libros en uno. Creo que no terminé la conversación. Salí corriendo para mi casa (estaba en Centro Habana en ese momento) y apenas entré (vivía, vivo, en Marianao) desarmé el mecanuscrito y lo volví a rearmar. De un lado quedó Diferencia de la sangre y del otro Casa Bermeja. Es obvio que hubo que ocuparse de algunas cosas, sacar definitivamente otras, pero no fue asunto de un día. Hubo que trabajar, y duro, en ello para que el resultado fuera o pareciera al menos orgánico. Y me dije: si Cortázar a partir del capítulo 62 de Rayuela se sacó 62/modelo para armar, por qué no hacer lo mismo con la poesía. La pregunta exacta era: ¿se podría hacer esto con la poesía? Y fue que vine a dar con Puerta siguiente: no es que sea hermanito menor de nada, era sencillamente el intento de tratar de darle densidad a todo un trabajo, un organum, un relato. Intentar construirlo. Tampoco que Historias que confunden fuera una antología. Nada que ver. Y al final, bueno si Faulkner resolvió su saga de Yoknapatawpha, si Balzac su Comedia humana, si Emile Zola su Roger-Macquar, si Proust su En busca del tiempo perdido, entonces la pregunta: ¿se podría adentrar alguien en semejante territorio, en ese que hubiera podido construir este humildísimo servidor, salvando las irremediables distancias?

–Hay mucha riqueza en los sujetos poéticos, en la obra de Rito Ramón Aroche. Son muchos de estos sujetos poéticos parte del vuelo creativo, o experiencias cruzadas que se entrelazan para dar el imaginario cuasi bestiario de su obra. Por ejemplo, ¿nos hablarías de tu experiencia con Kimani y cómo aparece convertido en poema en el libro El río que durando se destruye?

–Kimani es hijo de la pintora Clara Moreira y de Walterio Carbonell, el autor de Cómo se formó la cultura nacional. Sé que son varios hermanos, sólo que a mí me tocó conocerlo a él y nada más. Pero suficiente. Creo que escribía poesía y cuentos. Nunca los vi. Nunca me los enseñó. Alérgico a los devaneos de la ciudad letrada, entiéndase dimes y diretes. Lo perdimos como perdimos a muchos de los nuestros con esto de la Diáspora. No era de hablar mucho. Pero no dudo que nos siga influyendo con toda su carga de positividad, su visión transversal de la realidad, lo cual hacía que uno tuviera que volverse a replantear todo con un simple señalamiento que te hiciera. Verdaderamente aplastante su carga de humanismo. No parecía ser de este mundo, no parecía vivir en este mundo. ¿Realidad o ficción? Nunca lo sabremos. El poema a él dedicado en Del río que durando se destruye es porque en los tiempos en que yo era sereno se me aparecía en la guardia en bicicleta, tarde en la noche. Y en una de esas apariciones le pregunté de dónde venía y me dijo que de ver una obra de teatro. Le pregunté de quién y me dijo que de un grupo extranjero. Nombre del grupo. No sabía. Título de la obra, tampoco. Solo de qué trataba. Y fue lo que busqué que contara el poema. Así que cómo no se lo iba a dedicar. Puedo decirte que por mucho que indagué jamás encontré información acerca de ese grupo. Y menos de que hubiera un grupo extranjero de teatro en Cuba en ese momento. ¿Lo inventó? Nunca lo sabremos. Nunca tuvimos noticias de un Kimani mentiroso. Lo que sí parecía era ser alguien que reflexionaba mucho sobre cuanto veía, escuchaba y leía. Ahora bien, en tanto sujeto poético, tal como bien le llamas, no es el único dentro de mi trabajo. Son tantos. ¿Otra? Margarita Santana, mi abuela, un puntal muy importante dentro de mi vida. Casi todo un imaginario recogido en Puerta siguiente a la misma vez que su vida se iba apagando. Tengo actualmente algo más que un hermano en la figura de mi albañil (Mariano Hechavarría) quien trabaja en mi casa desde el 2003 siempre que el escurridizo derecho de autor hace guiño a mi puerta. Un guantanamero reyollo, de esos que no pierden el acento y que me oxigenan la vida y mi visión libresca de la realidad al ofrecerme detalles del más bajo acontecer de nuestra cotidianidad. Y te lo dejo aquí, ya que la lista puede hacerse demasiado larga y hasta tediosa.

–¿Ronda tu obra poética en este último espacio creativo los límites de otros géneros o es sólo parte del ejercicio creativo, esta belleza que te devela en los símbolos que irradia?

–Debería decirte que con apenas unos pocos libros publicados (conozco algunos de mi tiempo que cuentan con varias y varias y varias…decenas de títulos publicados) y lo difícil que se me ha hecho dar a la luz editorial el resto, de modo que cuanto he ido publicando se ha visto como un trabajo muy complejo, por no decirte hermético, denso y todo lo que quieras. Así me han ido las cosas pero así las he ido asumiendo. Apenas he logrado que se pueda ver con alguna nitidez (pobre, si tú quieres) desde y hacia donde los objetivos de mis “búsquedas”, vocablo que dejo entrecomillar con rubor / con pudor.

Releo tu pregunta y vuelvo a mi respuesta. Esto es: que escribí un par de libros muy largos y se me dijo que era poesía y no un relato otro, que era lo que yo pretendía. Escribí algo parecido a un ensayo, se me dijo que era poesía. He escrito ensayos y se me ocurren otros. Necesito sosiego y eso sí que me falta. Cuando logro alguno, en ocasiones lo leo en público durante un tiempo y luego lo doy a las gavetas. He dicho siempre que soy un crítico y un ensayista de pasillo. Me doy a la crítica, si así podría llamársele, por compromiso. Pero luego viene la presión de que debe ser publicado, y aquí no quiero invocar nombre en este asunto.

–¿Andamios es uno de los libros más cortos que se han publicado en Cuba, ¿qué piensas acerca de la extensión de los libros en la literatura actual y en general?

–Dudo que sea uno de los más cortos. Desde principio de los años noventa he defendido el criterio de por qué el libro no puede coexistir con el plaquette. ¿Cuál es la motivación para que las editoriales no pueden contar con una colección de plaquettes? Morgue, de Gottfried Benn, fueron ocho poemas y no hizo falta más en lo esencial. En nuestro medio le hubieran dicho: cuarenta o cincuenta poemas más para… y etcétera. He visto a los propios creadores sentirse un poco descolocados ante tal idea cuando les escucho decir que su libro no tiene lomito. La colección Vagabundo del Alba, que fue donde salió Andamios, era sólo para la Generación del cincuenta. Pregunté que si la nuestra podía publicar en ella y se me dijo que sí. Busqué amigos que solían compartir mis criterios. ¿Sabes cómo terminó el cuento? Cuando las imprentas se opusieron a doblar las solapas so pretexto de que la máquina no podía hacerlo aun cuando se les estaba pagando. ¿Te imaginas? Sólo en un contexto como el nuestro puede darse algo como eso. La editorial no cuenta con su propia imprenta. Por tanto, ves la contradicción. Unos que piensan en dinero fácil y otros que piensan en tratar de hacer arte y cultura. Puedo decirte que el concepto de la colección estaba tan bien acabado/definido/diseñado que no vi a nadie decir que su libro tenía unas presillas. El problema no son las presillas ni el lomito: es lo que está dentro unido al trabajo del editor, a contrapelo muchas veces de las posiciones del autor, a la hora de defender el concepto de la colección. Me dicen ahora que Vagabundo del Alba volverá. ¿Tú lo crees? Soy de los que si se me ocurre un plaquette lo escribo. Si un libro de trescientas páginas, lo asumo. El problema después, ya tú sabes cuál será: dónde y cómo publicarlo.

–Últimamente se ha estado hablando del palenque y el palenquismo, acerca de ti y otro grupo de escritores, ¿qué son y qué representan? ¿Acaso no existe el palenque y es un apócrifo, una de estas tantas bromas literarias de la actualidad?

–Ésta es una de las preguntas que más problemas me ha traído, incluso con mis propios amigos, cuando la he tratado de responder. Lo cual no es malo porque aporta las necesarias diferencias a la hora de ver un fenómeno. Y desde mi punto de vista es algo que nos enriquece más. O, al menos, eso supongo. Y esto explica muchas cosas. Lo primero es que, entre nosotros mismos, se da el hecho de que no veamos un mismo fenómeno de la misma manera a través del ojo de la cerradura. Por otra parte, los que ven el hecho desde fuera falsean su apreciación considerando que somos elitistas, excluyentes. A los cuales hay que aclararles, una vez y siempre, que no tenemos una editorial, manifiestos, tampoco revistas donde expresarnos (aunque sí un blog, lo cual no es poco). Hay entre nosotros conceptos que sí nos identifican, pero esto sería allanarle el camino a la ya de por sí muy perezosa crítica, o críticos de nuestro entorno. Con esto te respondo que el Palenque existe y está abierto, los apalencados también están. El trabajo, por suerte, ha ido saliendo. Te adjunto lo que hace un tiempo di como información acerca de parte de la labor en que se enfocan de tiempo en tiempo sus integrantes:

“De la serie Poetas en su voz Producciones del Palenque y para… No ha que puso a circular, ¡por fin!, siempre de manera underground, no faltaba más, el cd ¡Sirigañaaa…! (2000) con parte de la obra de Domingo Acosta y Julio Moracen.

”¿Más sobre Producciones del Palenque y para…? cds Materia alucinante (2004), de Caridad Atencio; Casa Quebec (2005), de Antonio Armenteros; Bola de leche (2008), de Ismael González Castañer, y Los negros galantes o Dime si te sobrepones de Julio Mitjans, aparecido en el 2010. Llama la atención que las notas al cd de Caridad Atencio aparecen escritas por Julio Moracen; el de Antonio Armenteros por Julio Mitjans; el de Ismael González por Antonio Armenteros. Y el de Julio Mitjans por Caridad Atencio. Los discos de Dolores Labarcena y Rito Ramón Aroche se encuentran aún en estado de gestación. Casi por concretar del mismo modo un ambicioso dvd nombrado desde hace ya Del Palenque y para… donde se pretende resumir poéticas, entrevistas, action poetry, performance, publicaciones, spoking word, poesía visual, fotos, poesía actuante, lecturas, programas de radio y televisivos”.

Como bien puedes observar, cimarronaje y más cimarronaje es lo que nos ha caracterizado durante todos estos años. Nada nos ha podido doblegar. Dime si no.

–¿Cuales son las inquietudes creativas en este momento de un poeta del calibre de Rito Ramón Aroche?

–Lo primero es ¿qué calibre? Pero como creo entender adónde quieres llegar, admito haber trabajado una serie, o un tríptico si así prefieres, denominado Una manada, compuesta por Libro de imaginar I y El nuevo signo II y Libro de imaginar III. Hay otra colección un poco más extensa: Lugar llamado Hölgan, que puede estar compuesta por otros tantos si por fin logro reducir el último de ellos a partir de mis preocupaciones y no dejarlo que se me vaya de las manos. He trabajado tanto en él. Y esto dice que he encontrado resistencia. Demanda riesgo en las decisiones/reparaciones y suerte en la “inspiración”. Pero tengo calma. Según Bordieu, las grandes obras se hacen lentamente. Ignoro aquí lo de grande o lo de obra maestra (¿capolavoro no es como se dice en italiano?). Anda sujeto a riesgo Lugar llamado Hölgan, si es que termino por tener en cuenta una especie de epílogo a manera de plaquette con el cual se le daría un cierre definitivo al hecho. Y te dije riesgo, y no considero que sea algo patético si es que apuesto a un trabajo bien hecho y no para complacer a nadie. En eso ando y en cómo de una vez acabo de ver publicada la trilogía donde se inserta Andamios. Libro de las profesiones, primera parte; Límites de Alcanía, la tercera. A propósito, te cuento que la editorial Bokeh, a cargo de Waldo Pérez Cino, se ha ocupado de su publicación (2016) luego de la jodida tibieza con que por años lo han tratado las editoriales cubanas. Peor camino no han podido tener en ese sentido.

–Que ha sucedido con Historias que confunden?

–¿Desde el punto de vista editorial? Un desastre. Faltan hasta poemas.

¿Cuál es el espacio que media, estéticamente hablando, entre Las fundaciones y Una vida magenta?

–Las Fundaciones fue un libro que prácticamente vino a mí. Y tuve el placer de escribirlo, sin dejar de sentir la misma insatisfacción que te produce abandonar su escritura, sus infinitas correcciones, sus interminables dudas y reparos. Pude combinar experiencias de vida, muchas reminiscencias, introspecciones y subjetividades que por motivos obvios no me gustaría develar. Cerrar las costuras en la búsqueda de algo que pudiera ser orgánico, si es que esta palabra por sí misma se ajustara a ello. Libro intermedio entre Las fundaciones y la serie Lugar llamado Hölgan, podría ser considerado Una vida magenta. Con éste el trabajo fue, no por inesperado más despacioso y, como todos mis libros, llevó años. Artesanales todos en el fondo. Un día lo envié a cierto concurso y estuvo a punto de ganar. El criterio de uno de los jurados, después en su contacto personal conmigo era que el libro tenía mucha “guata”. Nunca le pedí su criterio pero él me lo quiso dar, acerté el reto y se lo agradecí. Guata. Así que ya sabes. “Cuando me señalan algo técnico –diría más o menos Salvador Dalí– eso me preocupa”. Así que por más que volvía sobre el libro no había forma de que le encontrara la consabida “guata”. Lo tiré y seguí con otros asuntos. Un día me tropiezo con él en mi “fantástico reguero”, lo abro y… ¡Zas! Otra vuelta de tuerca, pero esta vez de una manera que no te puedo explicar, al punto de hacerlo tomar la dimensión actual. Muy diferente la versión de hoy con la que tenía hasta hace algunos años. Libro intermedio al fin, lo veo un tanto como anuncio de esa empresa de la cual te dije Dios quiera ha de venir: Lugar llamado Hölgan.

–Ser un escritor en Marianao, ser un poeta en La Habana, ser un negro en Cuba hoy, con un ritmo y unas necesidades poéticas distintas ¿qué ha significado y cómo ha influido en tu obra? 

–Marianao es el municipio que me vio nacer. Los pueblos originarios que la habitaban le llamaban Mayanabo, que significa tierra entre dos ríos (el Almendares y el Quibú). Lo he visto crecer pero también decaer en mucho, y te digo que no hay un marianense de mi tiempo que –y no dudo que de otras generaciones– no se haya visto afectado por el mismo fenómeno. Un solo caso: los cines. Recuerdo que sólo desde 100 y 51 hasta el puente de La Lisa (once cines en tu trayecto), uno podía salir de uno caminando y entrar en el otro antes de que comenzara la función y daba tiempo. Hoy oyes hablar del Proyecto 23 y nada sobre el Proyecto 51. Ni siquiera existe la posibilidad en la mente de nadie de que pueda ser. Los inmuebles están ahí y ya algunos (el cine Alfa, por ejemplo) han pasado a almacenes, a shopping otros (El Gran Cine). Y no hablemos de lo mal explotado que se encuentra el Anfiteatro. Con pesar vimos cómo le colocaban durante el periodo de la Timba unas vulgares cercas de cabilla corrugada para poder cobrar la entrada. Todavía se mantienen. También en él, durante los buenos tiempos, se proyectaban filmes en la noche. No había que pagar nada. Y si te hablo del estado actual del Castillo de la Durañona parte el alma. El castillo es la sede de Probanza que dirige la maestra Laura Alonso. Pero como han demorado en sacar a los vecinos del fondo, éstos han terminado por ampliarse y demoler parte de sus muros coloniales dejando “encerrada”, y de milagro, la puerta cochera. Esto ha sucedido a la vista de todos. Discúlpame la catarsis, pero creo que Marianao tiene cuanto se necesita para lograr el mismo espíritu que uno observa entre personas que se acercan al Proyecto 23, pienso en el cine Chaplin. Vi por televisión la intervención, o el proyecto (engavetado, por demás), de unos estudiantes de arquitectura del antiguo central Martínez Prieto. Convertirlo en un centro cultural pudiera hasta devenir en un museo de arte naïf o de la fotografía, ausente en nuestro país. Disculpa que te hable con fervor de mi municipio. Pero es que nací aquí, en la calle 124, a un costado de la fábrica de toalla. Luego nos mudamos a casa de mis bisabuelos en esta misma calle pero entre 35 y 37. De ahí mi madre encontró permuta para Samá por terror a una zanja que corría, y aún corre, al fondo de la casa y de muchas viviendas. Pocos saben que escribo. Muchos no saben bien en qué ando. Algunos se asombran de mi biblioteca y de la esposa e hija que tengo. Admiran (desde sus puntos de vista) el ambiente “sano” en que me desenvuelvo. Tomo alcohol en la esquina cuando puedo, y les invito a una cerveza si tengo algo de dinero. Me preguntan por mis viajes, ¿te imaginas? Pero no han leído nada mío. Creo verlos orgullosos de mí, que jugué bola y pelota con ellos y tumbé y vendí mangos y me bañé y pesqué en playas y presas y represas y… Esto es: que ser un negro en Marianao y todo eso que me dices no me hace sentir superior a nada ni a nadie, aquí ni en ningún otro lugar, llámese como se llame. Leo y punto. Escribo y nada más.